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lunes, 28 de marzo de 2011

Transparencia, mala conducta y fraude en el Parlamento europeo, ¿cómo afrontarlo?

Este fin de semana nos ha dejado una de las más sonadas polémicas en la burbuja bruselense, de los últimos tiempos. El diario británico The Sunday Times nos desvela (con las prescriptivas pruebas documentales) los nombres de un puñado de eurodiputados implicados en casos de corrupción y sobornos. Esta brillante labor de periodismo de investigación abunda en el tradicional debate sobre la falta de transparencia en las instituciones europeas, rifirrafe que ha derivado en acusaciones contra los privilegios de la que algunos denominan eurocracia. Acepto las acusaciones y alabo la encomiable tarea periodística. Ahora bien, la poca transparencia no es exclusiva de la Unión, sino que es la tónica habitual en la mayoría de instituciones donde se legisla o se toman decisiones que afectan a la industria, la banca u otros sectores económicos.

Como era previsible, la noticia ha degenerado hacia la crítica a la excesiva presencia de lobbies en las instituciones comunitarias. Desde mi punto de vista, merece la pena observarlo todo con cierta perspectiva. Las instituciones de la Unión Europea responden a la formulación jurídico-política que se refleja en los tratados, en su vertiente de síntesis institucional, así como de consolidación progresiva de los procesos de decisión y acción común.

Si se analiza el papel político de las instituciones de la UE podemos llegar a una aproximación sobre la gran capacidad de decisión, que se concentra y se dispersa, de estos organismos, enfatizando un sistema que, a nuestro entender, no se sustenta -hasta ahora- sobre liderazgos, sino sobre la capacidad y la confianza institucional.

La presencia de lobbies es un ingrediente más que incide sobre la toma de decisiones, y no tiene -necesariamente- una connotación negativa, siempre que su actuación se ajuste a unos parámetros de transparencia y a unos requisitos de carácter normativo. Ocurre en todas las democracias, aunque en las nuestras de un modo absolutamente opaco y pernicioso. Si bien es cierto que en la norteamericana se hace de una forma ostensible y evidente, donde grupos y sectores con intereses privados financian las campañas políticas, aportando todo tipo de datos sobre nombres, fondos, etc., algo que, sin embargo, no impide que la acción de gobierno esté contaminada en exceso por la lucha de intereses contrapuestos. Un efecto no deseable.

Esto no sucede en la Unión Europea. De un modo general, puede decirse que la interacción del agente central con grupos de interés, expertos o funcionarios nacionales o europeos, facilita la búsqueda de soluciones que sean preferibles al status quo, al menos para una mayoría cualificada, y esto afecta a la Comisión, y también al Consejo y al Parlamento, que tienden a legislar (o incluso a sobrelegislar en algunos casos).

El problema es que es difícilmente justificable esa opacidad decisoria, cuando se acompaña de un creciente traspaso de poder hacia Bruselas, lo que incrementa el gap mental entre ciudadanos e instituciones de la Unión.

Esta circunstancia va en paralelo con las crecientes medidas de control que se autoimponen estas instituciones para promover la transparencia. Es una sana tradición consultar a los grupos industriales sobre cuestiones de carácter específico, especialmente las técnicas, y parece razonable tener en cuenta su opinión en leyes que tendrán impacto sobre sus actividades.

Algo muy distinto es legislar a medida, y máxime a cambio de una regalía. Obviamente, estamos lidiando con un asunto moral que va más allá de la legitimidad del sistema político. Desde el punto de vista de la legitimidad, se ha criticado la excesiva influencia de los grupos de interés que actúan sobre los legisladores en Bruselas, con presiones más o menos indirectas. Si se analizan las leyes europeas y su proceso de tramitación, se observa que son habituales múltiples enmiendas. También hay presiones que acaban traduciéndose en una demora en la entrada en vigor de una ley.

Existen numerosos documentos fácilmente accesibles y analizables. Por ello han trascendido algunas incidencias. Por ejemplo, Reuters daba cuenta del caso de la tramitación de una ley sobre productos químicos que afectaba a la industria bávara. También se han observado algunas anomalías en las tramitaciones de leyes financieras que afectan a grandes bancos, e incluso se han producido denuncias que apuntan a favores económicos a los diputados a cambio de la introducción de enmiendas. De hecho, desde la explosión de la crisis de la deuda en 2007, sólo se han aprobado tres leyes europeas para regular las finanzas, una cifra notablemente baja. Otros han señalado la introducción de algunas enmiendas en la ley de fondos de cobertura que correspondían con la postura defendida por la Asociación Europea de Mercados Financieros (AFME).

De forma general, se justifica la influencia de algunos grupos con el argumento técnico, del mismo modo que los think-tanks redactan informes, y, por tanto, tienen influencia en la redacción de las leyes. Realmente el punto de conflicto se da cuando el legislador favorece a un sector o una empresa, y además lo hace a cambio de una retribución económica, como ha sido el caso de estos eurodiputados que han caído en la trampa tendida por los periodistas de investigación.

Más allá de exigir la dimisión de estos parlamentarios, ¿qué sugerir? Parece que las normas de control interno y los códigos éticos existen, pero tal vez en este punto es donde sea pertinente plantearse si no será necesario revisar la coherencia de la acción política global. Lo digo porque lo del liderazgo se da por supuesto. En este caso, Buzek ha sido muy contundente en sus afirmaciones acusadoras, aunque por ahora son declaraciones de intenciones. En principio, existe un registro de lobbies, ahora bien, de momento es un registro voluntario y, aunque está previsto que a finales de 2011 se aplique un nuevo sistema de registro conjunto, no será obligatorio revelar el presupuesto y las demandas del grupo de presión.

No obstante, y regresando al código moral o ético, cierto es que éste funciona en algunos casos, ya que según el mismo estudio de The Sunday Times, intentaron enredar a 60 diputados, lograron tentar a 14, y finalmente 4 han sido los que han llegado hasta el final. Pero parece no ser suficiente. Por ejemplo, a mí no me cabe duda de que debe empezarse por restringir o eliminar los regalos que reciben los cargos electos, por no hablar de alguna ley que instaure la incompatibilidad, ya que actualmente los diputados pueden tener otras fuentes de ingresos profesionales, sin menoscabo de posibles conflictos de intereses.

Resulta especialmente llamativo que algunos de los diputados implicados afirmen ahora no ser conscientes de haber incurrido en alguna ilegalidad. Incluso lamentan la intencionalidad perversa de los periodistas. Visto esto, difícilmente podremos esperar que un código ético tenga efecto.

Es más, un código de conducta –como el actual- que se limita a imponer el compromiso de no desvelar información confidencial dista mucho de ser el ideal de la transparencia. Más allá de la evidente vergüenza, las pruebas prescriben medidas tajantes. Es decir, un funcionario o un cargo público han de tener meridianamente claro dónde está la línea roja que no pueden cruzar.

Honestamente, el código de conducta dista mucho de ser suficiente, no tiene concreción, del mismo modo que los sistemas de supervisión interna fallan. Es decir, tampoco sé si sería adecuado aumentar las medidas de supervisión y contrasupervisión, centradas en una detección de irregularidades del tipo que describimos (sobornos o concesiones). De hecho, existe una teoría demostrada de que un exceso de control regulatorio en la función pública genera mayor opacidad, y por tanto multiplica las opciones para las conductas irregulares o la corrupción. Sin desmentir o corroborar dicha teoría, es evidente que la eliminación de los regalos y la introducción de las incompatibilidades profesionales serían un paso adecuado. Ahí tenemos ya dos frentes donde actuar.

En un enfoque meramente institucionalista hay opciones tal vez más interesantes. Es decir, si la UE legisla, pongamos por caso, para promover la igualdad de género en los consejos directivos de las empresas, o si impone ciertas restricciones a productos para consumo de dudosa toxicidad, no debería ser complicado detectar las injerencias de los lobbies para mitigar, o incluso anular, el efecto de esas leyes. Probablemente en este contexto sería adecuado un consejo de supervisión, con miembros del cuerpo de funcionarios de la UE, ajenos al control de los diputados. Difícilmente un consejo de este tipo permitirá el trámite de regulaciones que sean contrarias a los principios generales de la Unión, definidos en los tratados y en el Derecho derivado. Es más que probable que este consejo actúe con cierta hostilidad hacia este tipo de conductas, y para ello debería tener la potestad de sancionar –incluso ejemplarmente- a los diputados implicados en irregularidades, o contradicciones con los principios del acervo comunitario, e iniciar un proceso de retirada definitiva del acta de diputado. Esta capacidad punitiva sería especialmente eficaz en un contexto de listas abiertas, muy distinto al actual proceso de elaboración de las listas electorales. En todo caso, incluso con el actual sistema de elección, la posibilidad de expulsar a un parlamentario de su escaño de forma irreversible sería la más eficaz “presión competitiva” para evitar estos comportamientos irregulares.

domingo, 17 de octubre de 2010

El síndrome de la red social ataca a los políticos europeos

Sabemos que desde la Unión Europea lo tenemos muy difícil para comunicar. Las instituciones y los diputados europeos sufren de una total carencia de la cobertura mediática tradicional acerca de sus actividades. Machado nos señaló acertadamente que necio es confundir valor con precio, pero sin duda el valor de esa red social donde estamos todos (o casi) tiene adosado un precio, el coste de la necesidad de estar siempre ahí, menester que puede ser el reverso de ese afán de la omnipresencia, síndrome del que no están libres las instituciones europeas, todas presentes en Facebook o Twitter, e incluso sus representantes, comisarios, los presidentes de la Comisión y del Parlamento y, por supuesto, eurodiputados, ya que prácticamente todos tienen un perfil personal en Facebook, y que además en tiempos recientes se han apuntado a twittear en masa, tras la puesta en marcha este verano de una plataforma de diálogo continuo con los ciudadanos. A finales de septiembre empezaron las entrevistas a eurodiputados vía Twitter a través de ese proyecto Tweet your MEP, pero sigue creciendo la presencia de Facebook, una plataforma que ya se usó en las pasadas elecciones europeas de 2009.

Precisamente estos días se estrena en España la película La Red Social, dirigida por el brillante Robert Fincher, donde se narran las peripecias del padre de Facebook, ese gran invento de un alumno aventajado de Harvard (Zuckerberg) que ha cambiado nuestras vidas, ya sea porque ha magnificado nuestra visibilidad, ha abierto ventanas al reconocimiento público, y hasta ha amparado la explosión de nuevas afectividades, o por esa extraña proximidad del contacto online y las enormes posibilidades comunicativas de una red que funciona como una gigante conexión neuronal de más de 500 millones de usuarios en todo el planeta.

A los que estamos habitualmente conectados, siguiendo la información de Bruselas, no nos sorprende nada ver a los eurodiputados actualizando su información en Facebook en los plenarios. Lo que nos extraña son precisamente sus ausencias. La información online permite captar la atención y la posibilidad de movilizar a centenares o miles de personas. En el caso del Parlamento Europeo, en su página de Facebook se da cuenta de todas las disposiciones y leyes aprobadas, de los debates, temarios, reuniones, comisiones, visitas, etc. aunque nunca se profundiza en los debates ni se analiza a fondo la cuestión política. Uno de los puntos fuertes de la página oficial del Parlamento Europeo en Facebook son las imagines (fotos del día) que suelen generar debates espontáneos entre los seguidores, normalmente y de forma espontánea esos comentarios son en inglés, yo misma suelo comentar allí, aunque muchos comentan en su propio idioma, generando una suerte de Babel bastante ilustrativa de un multiculturalismo y de un multilingüismo muy presente, a pesar de que el inglés se vaya imponiendo de forma natural, también en las redes sociales, algo favorecido probablemente por las posibilidades sintéticas de este idioma. En la página además se difunde la tarea del presidente Buzek y se desarrolla la vertiente de relaciones institucionales, mediante imágenes y noticias breves. Aunque también es ilustrativo ver que en esa miscelánea de usuarios, países y temas, la mayoría de comentaristas tienen inquietudes parecidas, y que siendo más o menos europeístas, e incluso los extremadamente críticos con el proyecto político europeo, todos abogan por una mayor armonización, coordinación, por la puesta en común de objetivos y medios, claramente este es el caso de una energía gestionada en común, porque en definitiva reclaman que la acción política europea se concrete en resultados visibles, cuando no se vislumbra otra alternativa en los ámbitos nacionales. La mayoría de los participantes en los debates en Facebook son jóvenes menores de entre 18 y 35 años, que reclaman más transparencia y cercanía, y menos lenguaje burocrático.

Siendo cierto que el usuario de Facebook está altamente motivado para recibir información, también lo es que al político le ocurre otro tanto, y puede entrar en una suerte de competición por esa visibilidad o por trasladar la imagen de estar en constante movimiento. ¿Cómo hacer que una votación o una audiencia parlamentaria sea una noticia interesante? ¿Cómo puede hacerse más atractiva la información parlamentaria? ¿Hasta qué punto ha de ser atractiva esa información? ¿Están los eurodiputados afectados por el síndrome de Facebook, es decir aquello de que si no lo dices en Facebook no estás haciendo nada? En ese sentido, la red social es exigente, pero mucho más intensa es la exigencia en el entorno Twitter, donde se esperan y se ofrecen observaciones, pensamientos y reacciones totalmente inmediatas, lo que genera un fenómeno veloz y multiplicador cuyos efectos a menudo se escapan de los objetivos del propio emisor del mensaje, que debe condensar en unos 140 caracteres un pensamiento o una narración completa sin demasiadas posibilidades de contextualizar, más allá del uso de esas etiquetas precedidas de la almohadilla, lo que se conoce entre los internautas como hashtag, que de un vistazo nos ponen al corriente de los miles de asuntos que se twittean a lo largo y ancho del planeta cada minuto. En un comentario hace unos días en la página del personal del Parlamento Europeo se barajaba la posibilidad de que en las salas de reuniones parlamentarias se introduzca en breve una red wi-fi que permita colgar un resumen de los eventos en tiempo real, con el uso masivo de las hashtags, para reconocer al instante el carácter de un evento, de una reunión y sobre todo las opiniones al respecto de cada uno.

Salta a la vista que la inmediatez de estas redes supone un verdadero reto para los viejos sistemas de partidocracia donde todo se decidía en bloque y a puerta cerrada, ya que abre las ventanas a un nuevo aire fresco en la acción política, que en caso alguno debe banalizarse, a pesar de que se caiga a veces en la tentación del chismorreo o en el puro exhibicionismo de la vida personal. Lo cierto es que la comunicación en red es una herramienta con capacidades increíbles en términos de cercanía entre político y ciudadano. En la Unión Europea se lo están tomando muy en serio y lo que para algunos es un síndrome, o adicción, para la ciudadanía resulta alentador y abre posibilidades en el ámbito de la exigencia, la responsabilidad y, en definitiva, la rendición de cuentas de los cargos públicos. Los eurodiputados están en el corazón de la Europa política y queremos una Unión Europea más cercana, ágil, transparente. Estas son muchas de las razones para alegrarnos de la proliferación de este fenómeno que (hoy es Facebook pero mañana pueden ser otros) han dado en llamar la red social.

martes, 2 de febrero de 2010

Bruselas hacia el régimen parlamentario

La próxima semana el Parlamento europeo ratificará al nuevo colegio de Comisarios como ejecutivo de la Unión, una vez superado el trámite de control parlamentario, que ha dejado en la cuneta a la búlgara Jeleva el pasado 19 de enero. Se ha consagrado así la potestad de control parlamentario sobre la Comisión, que emana de un acuerdo interinstitucional que había sido firmado el pasado mes de junio de 2009, pero que se ha revisado para adaptarse al Tratado de Lisboa, otorgando algunos poderes añadidos a la cámara parlamentaria.

Ciertros observadores prevén inestabilidad en los próximos meses, no sólo por las "ganas de marcha" que hay en el Parlamento en el control sobre el Ejecutivo, sino también por algo que se visibilizó durante las audiencias parlamentarias, las contradicciones entre las responsabilidades que hasta ahora recaían sobre los comisarios, derivadas de la aparente duplicidad de competencias entre algunas carteras (por ejemplo, las competencias de Ashton se solaparían con las de Füle, comisario de Ampliación). Un análisis de las comparecencias del mes de enero, nos permite concluir que Barroso va a ejercer un mandato bastante más presidencial que el anterior, precisamente para evitar discrepancias entre sus comisarios.

En todo caso, las relaciones entre Parlamento y Comisión ahora mismo no están perfectamente definidas, y está previsto que el próximo 9 de febrero se vote en la cámara un nuevo marco que regule las relaciones entre ambos. Posiblemente se incluirá la posibilidad de solicitar la dimisión de un solo comisario, sin tener que hacerlo la Comisión en bloque en plena legislatura, como ha ocurrido hasta ahora. También se pretende reforzar los vínculos informales entre las dos instituciones, de manera que Buzek podrá asistir a la reunión semanal de la Comisión, donde se realizan las grandes propuestas de ley por parte de los comisarios; mientras que Barroso acudirá a las reuniones bimensuales de los jefes de los grupos parlamentarios, donde se debaten aspectos legislativos y presupuestarios; y aún más, la sesión de control mensual sobre el presidente de la Comisión incluirá desde ahora a otros comisarios, y en especial a la ministra de Exteriores, Ashton.

¿Hasta qué punto suponen estos cambios una evolución hacia el régimen parlamentario federal? Evolución sin duda, y la muestra evidente ha sido el duro y exigente proceso de audiencias a que se sometieron los candidatos a la Comisión, en que los eurodiputados demostraron su voluntad de ejercer un verdadero control al poder ejecutivo. No obstante, existe una limitación crucial, el Parlamento no tiene potestad para iniciar un proceso legislativo, quedando reservado este poder de forma exclusiva a la Comisión. Recordemos que una vez aprobada una iniciativa legislativa por el Parlamento, será el Consejo el que dará la aprobación definitiva. Si el Consejo no aprobara la propuesta, el Parlamento debería votar en segunda lectura, de modo que un texto no será aprobado si no hay acuerdo del Parlamento y del Consejo (de no haber acuerdo se resolvería en un comité de conciliación).

En el caso del presupuesto, el poder parlamentario es mayor, ya que el voto del Parlamento es posterior al del Consejo de la UE, y es el Parlamento quien aprueba el presupuesto comunitario por mayoría simple. Lástima que el presupuesto esté limitado a ese famoso y paupérrimo 1% de la riqueza total de la Unión, a todas luces insuficiente para que poder emprender las políticas que esperamos lidere la Unión Europea, pero ese debate es harina de otro costal y lo afrontaremos a su debido momento.

martes, 15 de septiembre de 2009

Challenges ahead for Jerry Buzek

Today Jerry Buzek (the former Polish Prime Minister) will make his inaugural speech in Strasbourg, you can watch it Live Online. The new Chairman of the EP, has set out his key priorities for this two-and-a-half-year mandate. Quite obviously he states that his first priority is to tackle the financial and economic crisis, and that is why he thinks the European Parliament must act to set the conditions so that the EU can create sustainable jobs. So further stages of the economic recovery plan will be debated and voted on in Parliament.

Firstly, from the economic point of view, in the coming months MEPs will have to decide how to apply capital requirements to all types of financial institutions, including hedge funds and private equity vehicles. In this sense, the EU summit next Thursday will be an acid test of the European will to continue to take measures to support the green shoots of economic recovery.

Secondly, on climate change, the EP has played a crucial role in adopting the EU's climate change package in record time, just 11 months, which aims to ensure that the EU will achieve its climate targets by 2020, i.e. a 20% decline in greenhouse gas emissions, a 20% improvement in energy efficiency and a 20% share of renewables in our energy mix. The EP will have an active oversight role, as soon as there is the new mandate after the Copenhagen Summit next December. Also energy security will be a key point...

"When one turns the tap, one expects the gas to run"... Well, maybe, because the recent energy crisis has proved that we can't take this for granted. The answer is diversification of energy supply, as well as routes and sources.

Thirdly, there are two immediate institutional changes, 1) the approval process for the European Commission, and 2) the ratification of the Lisbon Treaty. Once Lisbon enters into force, the European Parliament will have 751 MEPs, bearing in mind that the Treaty raises the minimum number of members to be returned by any Member State to 6 so as to ensure that all countries are effectively represented. No Member State can return more than 96 MEPs. Also the Parliament’s role has been enhanced, for example in relation to the EU budget and through the extension of areas to which co-decision with the Council of Ministers will apply. In fact, the EP currently votes on only 80% legislation, the Treaty of Lisbon increases this to 95%; this is known as the ordinary legislative procedure.

In a recent interview Buzek has pointed out that "the EU is based on the values of democracy, freedom of speech, respect for human rights and the rule of law, and solidarity with those less fortunate. I myself fought for these values through my work in the Solidarity movement in the 1980s".

Can the European Parliament legitimize the European Union? It can help, as the EP is the only direcly elected body, and thus the most democratic. Best luck for Buzek and hope the MEPs do their work and really think of new ways, new answers, value-added politics to the benefit of us all the Europeans.