lunes, 15 de septiembre de 2014

La Comisión Juncker: equilibrio y símbolo


El nuevo gobierno europeo ya se ha configurado, casi cinco meses después de las elecciones al Parlamento. La Comisión es aquella institución pulcramente independiente y consagrada en exclusiva al interés común de la Unión.

Según Juncker, los comisarios renuevan el reto del Colegio de Barroso, poner en marcha la economía europea. Técnicamente hay cambios bastante sorprendentes. La nueva Comisión tendrá 7 vicepresidentes, llamados a tener autoridad sobre los comisarios. Esta importante novedad señala que son 7 las grandes áreas temáticas, dejando en evidencia el sinsentido de que exista un comisario por cada Estado miembro.

Uno de los vicepresidentes viene por mandato expreso del Tratado, es la Alta Representante de Exteriores (Mogherini). Pero esta vez, Juncker ha designado a un vicepresidente primero (Timmermans), responsable de la rama legislativa y las Relaciones entre instituciones, quien, a su vez, tendrá supremacía sobre los otros seis. Cada una de esas seis vicepresidencias será responsable de un gran proyecto europeo (mercado único digital, unión energética, unión presupuestaria, etc.)

Para Juncker la responsabilidad política es más importante que la administrativa, y por eso se espera un carácter más potente en las decisiones y una mayor movilización en la comunicación política de este organismo.

El lema de Juncker es que lo accesorio debe suprimirse, aunque su interpretación personal de la frase es que la UE solo debe consagrarse a lo imprescindible. Es la reedición de una frase que Barroso pronunció en varios de sus discursos, que venía a decir que la UE sólo actuará “cuando sea necesario” y los Estados “cuando sea posible”. Para entendernos, Juncker tiene una obsesión por regular “poco y bien”.

A efectos prácticos, lo más llamativo por ahora es que esta nueva Comisión la firmar cinco ex primeros ministros, con éxitos reconocidos en sus respectivos mandatos, siendo además de Estados miembros pequeños. Ellos son los que ostentan las seis vicepresidencias mencionadas.

Se ha dicho que ello es un guiño a a la meritocracia. El hecho es que se da mayor relevancia a los países pequeños, al tiempo que los grandes (léase Francia, con Moscovici en Finanzas, y Alemania, con Oettinger en Economía y Sociedad Digitales) se llevan las carteras de mayor enjundia, porque hay 27 carteras (más el Presidente), tantos puestos como Estados miembros. Nada es casual, y no se nos debe escapar que no hay 28 materias políticas relevantes, pero que ningún gobierno está dispuesto a renunciar a estar representado en la Comisión. Por si fuera poco, se ha de mantener un cierto equilibrio en cuanto a la representación del género, aunque finalmente solo hay 9 mujeres en la Comisión Juncker. Ningún nombramiento es fruto de la casualidad.

El Parlamento Europeo votará el Colegio de Comisarios en su conjunto, ergo probablemente ningún nombre caiga de la lista final.

A finales de octubre tendremos el veredicto de la Eurocámara, aunque lo relevante es ir viendo si esta novedad es decisiva y no se queda en un simple cambio simbólico. Cabe ver si estas vicepresidencias son realmente operativas y configuran un gobierno europeo de carácter federal.