lunes, 7 de julio de 2014

Tributo

Por fin he podido encontrar unos minutos para una reflexión y homenaje necesarios. Me pilló la noticia en Inglaterra, fue el pasado 25 de junio cuando mi buzón de entrada me puso sobre aviso. Recuerdo con exactitud la sensación de recibir una sucesión de alertas del whatsapp. He de agradecer a nuestra amiga común, Martha Mackay, quien me ha mantenido al día de la situación, con mucho cariño y respeto, y también a mi compañera en el grupo de investigación EuGov, Ana Mar Fernández, por sus palabras. La última ocasión que hablé con Francesc fue un miércoles de mayo por la noche, cuando me propuso ir a sustituirle en un acto en Sabadell. Tuve que decirle que no por la dichosa agenda de compromisos. Y esa conversación sigue hoy grabada a fuego en mi mente… pero así se teje la vida, con decisiones pequeñas, y con la labor de una conciencia que nos lanza toques de atención. Así evolucionamos, y entendemos que tomar decisiones es elegir, y que ello conlleva un precio.  

Todos conocíamos sus problemas médicos, pero lo veíamos tan fuerte, con tamaña voluntad, que era imprevisible que este verano ya no lo pasara aquí. Habíamos planeado presentarnos a un congreso internacional de GIGAPP en octubre en Madrid. De hecho, fue él el que instigó nuestra participación y me puso sobre la pista. Es sólo una muestra de ese espíritu de trabajo que le caracterizaba, y de esa voluntad de hierro. Recuerdo en octubre de 2013, un encuentro en la biblioteca del CDE, en nuestra querida Autónoma, donde comentábamos cada uno de los detalles de mi tesis. Ahí se podía percibir ya su dolor físico y su sufrimiento. No dejaba de admirarme su valentía, hacer el esfuerzo de acercarse a la Universidad, atender a los alumnos, dar clases, corregir con pulcritud, mimando cada uno de los detalles, cambiando hasta comas de lugar. Mi admirado Doctor Francesc Morata, quien ha sido mi director de tesis, mentor y referente académico, ya no está con nosotros.

Hace ya un año y medio que ganamos juntos un premio de investigación. De ese trabajo todavía nacen frutos. Se hacen nuevas publicaciones, me proponen nuevas conferencias. Apenas hace tres meses que defendimos juntos mi tesis doctoral. Me considero afortunadísima y privilegiada por haberlo conocido, por haber trabajado con él, y por el montón de enseñanzas que me deja. Sigo aprendiendo de sus textos, de sus libros, de sus análisis y de sus múltiples comentarios. Centenares de correos electrónicos y de anotaciones en mis libretas. Recuerdo un día cómo se sonrió cuando vio la cubierta de mi libreta verde donde reza: “ni una palabra de esto a nadie”… ese humor sutil y su complicidad, y su clase y su elegancia. Qué decir. A nadie se le ocultaba su personalidad única, su capacidad de saber vivir bien, de apreciar lo bueno, había recorrido todo el mundo, y así se dejaba entrever en cada una de sus conversaciones, su don de lenguas, su capacidad de empatía con los alumnos… se me queda corto el espacio de este blog, pero en mi interior sé muy bien cuánto valoro lo que el Dr. Morata me ha ofrecido en esta vida.



Por fortuna, pude llegar a tiempo a su funeral, el sábado 28 de junio. Un acto discreto y sobrio, como era Francesc, elegante, donde sonaron apenas dos piezas, una de jazz y un bolero sobre la ausencia, que activó el lagrimal de los presentes. La elegancia de su hijo Tilman, de su familia, las palabras en italiano, francés, catalán y castellano de personas que dejaron testimonio de sus distintas facetas, la académica, la familiar, la viajera, la humana, la política, y, la europeísta. Ahí está el gran legado europeísta del Dr. Francesc Morata. Para siempre. Y como escribí en un blog para honrar su memoria, espero que encuentre un destino de luz en la otra vida. Bon viatge, benvolgut Francesc!