jueves, 31 de julio de 2014

En busca del arca perdida

Hoy inicio un pequeño lapso vacacional, y a la espera de tener las fotos y la publicación oficial (prometo publicarlo a la vuelta) quiero dejar constancia de que hace ya un par de semanas tuve el honor de participar como ponente en el curso de verano de la Universidad del País Vasco, convocada por Eurobask, en el Palacio Miramar de Donostia. Faltan palabras para describir el marco único, acogedor y con vistas espectaculares a la bahía de la Concha. Y sobre todo, el reto de exponer ante un estupendo y diverso público. Destacable presencia estudiantil, jóvenes interesadísimos a lo largo de la jornada, que aportaron una batería de preguntas y cuestiones extensas en la ronda de debate. Todo un reto para mí. Me siento feliz por haber compartido esta experiencia, y por haber aprendido tanto de mis contertulios: los profesores Iñigo Bullain y José Antonio González Alcantud, así como de Joao Diogo Pinto, actual presidente del Movimiento Europeo Internacional.

Os dejo un pequeño extracto de mi presentación, a la espera de poder compartir con vosotros la publicación completa del programa. 


 “Europa frente a los europeos: populismo, deseducación y ¿muerte de la política?”


Hace unos meses me invitaron a participar en este curso de verano, para contribuir a la reflexión sobre los problemas que Europa genera en el ciudadano, la sensación de cierto rechazo, la deseducación, y la desinformación, o incluso el exceso de sesgo en la información política.

Es importante realizar un análisis con honestidad y con capacidad de crítica sobre la Unión Europea y el momento crucial que vive. Es un logro a valorar positivamente que hoy el debate europeo tiene mayor amplitud y cada vez se centra más en las inquietudes de los ciudadanos. Ahora bien, los fenómenos que estamos viviendo ahora no son tan nuevos. Recordaremos, por ello, algunos hechos puntuales de nuestra historia reciente.

En mi intervención dejo constancia de que se está dando demasiada relevancia al fenómeno del populismo. Vemos en qué consiste ese populismo, y tratamos de ver cuáles son sus claves y matices (analizando las distintas fuerzas por espectro ideológico y por países), preguntándonos también por qué cada cierto tiempo resurge el extremismo.

En esta coyuntura, es muy  fácil denunciar que la UE es una organización ineficaz, no sólo incapaz de corregir la crisis, sino incluso responsable de la decadencia económica de los Estados miembros. Sin embargo, vemos la paradoja y la incongruencia en el discurso de los que se muestran contrarios a la integración europea. No parece que los líderes europeos hayan renunciado a la soberanía nacional para debilitar a los propios europeos. Este argumento se desmonta por sí solo, como la mayor parte de las tesis euroescépticas.

Valoramos también el papel de la opinión pública y por qué hay ciertos grupos receptivos a algunos mensajes, incompatibles con la realidad del mundo globalizado en el que estamos inmersos. Cabe distinguir entre el argumento económico y el argumento identitario, pero ambos entroncan en la eurofobia y tienen una dinámica negativa, debilitadora de las instituciones y de los mecanismos que la UE ha ido generando para crear la zona de libre circulación, y de derechos y libertades, más grande del mundo.

Por ello, planteamos un nuevo marco de debate en Europa para afrontar este reto, siendo autocríticos, y reconociendo las limitaciones. No ignora mi reflexión la importantísima batalla y el gran reto que afronta Europa en los próximos años, que no es otro que la desaparición de los paraísos fiscales, un elemento de transparencia que puede ser muy vertebrador en una Europa con tendencias desintegradoras.

Una parte de la intervención se destina al examen de conciencia, valorando las cosas buenas que nos ha aportado la UE. Para ello es útil trabajar con documentos, como el Informe Sapir y los datos que arrojaron sus conclusiones, ya hace unos años, pero que siguen muy vigentes. Hay que aplicar correcciones que ya se apuntaban entonces.  

Vamos a reivindicar el sueño de Europa, partiendo de que la UE se sitúa en un punto de equilibrio entre los dos grandes extremos globales, del individualismo norteamericano y el colectivismo asiático.  

En este contexto, el auge euroescéptico puede ser una oportunidad, hay que analizar muy bien cómo reaccionan los partidos mainstream, y si se produce algún tipo de crisis institucional, denunciando lo limitado del papel del Parlamento Europeo y criticando también la tarea desarrollada por el Consejo y la Comisión, puesto que todo ello es muy susceptible de crítica constructiva.

Presento una serie de contraargumentos para desmontar las tesis euroescépticas. En resumen, la UE no coarta la libertad, no es un monstruo burocrático regulatorio, el tribunal juega un papel esencial en la defensa de los derechos de los ciudadanos, y presentamos una serie de logros europeos objetivos, elementos que han mejorado la capacidad competitiva de los Estados miembros de la UE en un contexto de fuertes presiones mundiales.


Finalmente, me refiero a la necesidad de recurrir al federalismo para reforzar la naturaleza democrática, y mejorar la eficacia política y económica de la UE; por tanto, desde el prisma del euro, y desde el prisma de la democracia deliberativa. Esto concluye con una reflexión sobre hacia dónde debe dirigirse el futuro de la Unión, un proceso llamado a estar liderado por la generación más europeizada de la historia.