martes, 29 de abril de 2014

Viva los debates presidenciales

Ya llevamos dos. La campaña electoral europea está adquiriendo un nuevo giro bastante imprevisible. Recordemos que hace un par de meses todos los análisis se centraban en el auge de los extremismos y las fuerzas euroescépticas. Hoy, el mundo mediático está "europeizado", como lo está la nueva generación de votantes. No sólo por las redes sociales, sino por el giro de tuerca que han dado los discursos de las fuerzas políticas más centradas. La prensa tradicional está tardando en reaccionar, pero la ciudadanía va muy por delante esta vez (el debate de ayer fue TT en la mayoría de Estados miembros).

Ayer tuvo lugar el segundo gran debate entre los principales candidatos a presidir la Comisión Europea durante la próxima legislatura, auspiciado por euronews. Si bien el primero fue un cara a cara entre el socialista Schulz y el popular Juncker en la televisión francesa, el de ayer incorporó al liberal Verhofstadt y a la ecologista Keller. Obsérvese que los adjetivo, y que ello no es anecdótico, puesto que si algo destaca del debate de ayer, es el empeño de cada uno de los líderes por resaltar sus diferencias ideológicas y por establecer visiones contrapuestas sobre lo que debe ser la Unión Europea.


La buena noticia es que estas cuatro fuerzas se aproximan a lo que se conoce como federalismo europeo, coincidiendo también en su defensa del espacio Schengen a carta cabal. Ello marca su primera gran diferencia con las fuerzas populistas. Ahora bien, hubo pelea dialéctica, algo totalmente nuevo en este ámbito. Por fin, se han dado cuenta de que un discurso demasiado homogéneo también desideologiza el debate y amenaza con hacer peder fuelle al interés que está ganando esta contienda electoral.


El interés genuino de los candidatos debe responder a la necesidad de provocar en el votante una reacción rápida, que además ha de ser contundente, para superar, no tanto la oleada nacionalista o eurófoba, como la superación de esos intereses particulares, la confrontación entre Estados y el alejamiento de esa idea de la UE democrática, que supere muchos de los límites, bastante arbitrarios, y de los temores, que existen.


El intento de los líderes por fijar diferencias, que se visualizó ayer por primera vez de forma muy clara, va en la buena dirección para que la ciudadanía despierte del letargo. Lo que empiezo a notar es que la gente percibe que la Comisión Europea es algo politizado, que van a votar a una lista y que eso tendrá implicaciones, y que lo que está en juego es cómo se va a liderar Europa. 


¡Adelante! Este planteamiento del debate precisamente deja KO a los euroscépticos, que no presentan ninguna alternativa estimulante, sino que sólo ofrecen el pasado, el vacío, la imposibilidad de una Europa unida.