miércoles, 11 de diciembre de 2013

La relevancia económica de la unidad educativa en la UE







La movilidad laboral (que permite a los trabajadores reubicarse según sus preferencias) tiene una mayor presencia en la agenda política europea. Se empieza a asumir, por fin, la importancia de los movimientos migratorios dentro del territorio de la UE, elemento esencial para el funcionamiento del mercado interior, en un escenario de disparidad creciente entre países en términos de empleo.

Los estudios internacionales destacan que uno de los factores más evidentemente relacionado con la movilidad laboral es la Educación. A mi juicio, esta variable sería la principal, dado que en los mercados locales o nacionales con mucha mano de obra poco preparada técnica o académica, la movilidad es escasa.

El hecho de que haya una mayor movilidad entre Estados miembros en el Norte que en el Sur de la UE refuerza el peso de la variable educativa (por ejemplo, la indicencia del conocimiento de idiomas extranjeros), restando importancia a la segunda variable que se suele manejar en los estudios sobre movilidad, y que se refiere a los costes de la movilidad, tanto en términos fiscales, como del coste de la vida o el nivel de renta.

Entrando más a fondo a analizar las características educativas en los páises más móviles, veremos que la duración de la Educación obligatoria es una variable relacionada directamente con la movilidad laboral regional. Este tipo de conclusiones revelan la necesidad de que las reformas educativas, que actualmente son competencia exclusiva de los Estados miembros, pasen a coordinarse a nivel supranacional, en una primera fase, para asegurar la coincidencia en contenidos de las materias troncales (las competencias básicas en idiomas y matemáticas) y la duración de la educación obligatoria. Ello tendría como primera consecuencia la homologación de las titulaciones y del sistema de calificaciones, por lo pronto, en la Primaria, Secundaria y Bachillerato.

Esto es lo que se pretende, sin éxito alguno, con los instrumentos (Europass) y con las directivas (sobre las cualificaciones profesionales) que ha ido introduciendo la UE para crear un área común de calificaciones ycompetencias.

Sin embargo, la homologación no existe, ni siquiera el reconocimiento mutuo de las cualificaciones. La experiencia indica que los Estados miembros rechazan ese reconocimiento, no por cuestiones técnicas, sino aduciendo motivos sociológicos, que, en realidad son ideológicos.

Por decirlo de un modo suave, los Estados se resisten a perder su capacidad de influencia sobre la Educación, que, como hemos constatado aquí, sigue siendo un arma de uso político (o de construcción nacional en algunos casos). El consenso en esta área ha de ser muy elevado, como los incentivos.

En este sentido, la unidad educativa en la UE podría tener un sentido funcional. Lo que se pretendería con esta homologación es evitar que el nivel formativo sea un obstáculo a la movilidad, lo que supondría una barrera no visible a la libertad de movimiento (una de las cuatro libertades que protege el Mercado Común).

Si no se realiza esta reforma de base, programas como ERASMUS o Leonardo da Vinci (programa de la UE para ofertar puestos de trabajo en prácticas en toda la Unión) poco impacto real podrán tener. La solución pasa por una integración de los programas de las universidades, junto con el pleno reconocimiento de las titulaciones, como base para los programas de formación continuada, que los mercados laborales actuales requieren.
Esta idea permite un desarrollo, en tanto en cuanto asumo que los cambios que se están produciendo en los paradigmas económico y social, tendrán un efecto spillover que alcanzará a la Educación más pronto que tarde, entendiendo que nunca se conseguirá un consenso a través de una directiva o una regulación comunitaria.
Es preciso entender que las regulaciones pueden encontrar resistencias en el ámbito nacional y pueden ser de complicada implementación, precisamente por ese empeño de los gobiernos nacionales en tutelar el sistema educativo. 
En cambio, la unificación de contenidos y calificaciones a escala UE puede ser un incentivo para el profesorado (mal remunerado, por ejemplo en nuestro país), y para los estudiantes, que tendrían la motivación de poder continuar sus estudios en cualquier universidad de su elección en todo el territorio de la UE, incentivando, no sólo la movilidad, sino su rendimiento académico. 
De este modo, sin privatizar y manteniendo un sistema universitario público, se fomentaría la competencia de forma natural, entre centros y entre estudiantes, generando un entorno win-win, tanto desde el punto de vista del mercado laboral, en claro declive, como del desarrollo de una Educación a escala europea.


* Imagen: "Camino del aire" (de: La nave de los locos)