sábado, 6 de julio de 2013

Advertencia del BCE para evitar una década perdida

En este agitado mes de julio, en que la Unión acoge al vigesimoctavo miembro, Croacia, y ante el incipiente lanzamiento de las negociaciones sobre el acuerdo comercial transatlántico la semana entrante, leo una importante advertencia a los líderes políticos, procedente del Banco Central Europeo. 

Nos deja el francés Coeuré, miembro del Consejo Ejecutivo en Frankfurt, un discurso que llama la atención por las continuas comparaciones entre la década perdida en Japón y la actual Eurozona. Se trata de un documento perfectamente articulado donde se diagnostican los flecos pendientes para la definitiva resolución de la crisis del euro. 

La ponencia arroja dos cubos de cal y dos de arena. Entre los primeros, la preocupación por el desconocimiento sobre la cantidad de bancos zombies que pueden existir en la eurozona, que quedarían ocultos en las cifras agregadas del conjunto. Alarman, además, las carencias en la gobernanza económica de la UEM, que impiden garantizar que la supervisión funcione. Las buenas noticias son, por un lado, el compromiso definitivo de que los intereses se mantendrán bajos, al haberse descartado por parte del BCE el riesgo de inflación, y, especialmente, la confirmación de que la zona euro mantiene a lo largo de la crisis un buen nivel de productividad.

Detecto en el consejero cierta inquietud que atañe al vínculo entre las entidades bancarias y los Estados, es decir a la exposición de los bancos, mediante la compra masiva de deuda soberana a bajo interés (comportamiento idéntico al de los bancos japoneses en los noventa). Admite que este comportamiento está incentivado por las regulaciones existentes, del mismo modo que se incentiva a los gobiernos a intervenir en los bancos.

Para el BCE este círculo vicioso evita la recuperación económica en la Eurozona, ya que no se consiguen sanear ni las cuentas públicas, ni los balances de los bancos, de modo que el crédito no fluye hacia las empresas y personas, deprimiendo las economías y evitando la creación de empleo. Así se generó la década perdida en Japón.

La respuesta es, por tanto, puramente política, y consiste en que el Mecanismo Único de Supervisión (SSM, por sus siglas en inglés) pueda, primeramente, obligar a los bancos a reconocer pérdidas ocultas, forzando a que el crédito se centre en los usuarios productivos, y, en segundo lugar, eliminar los incentivos para que los bancos sean actores principales en el mercado de las deudas soberanas nacionales. 

Ello liberará recursos, que quedarán disponibles para la economía real. Sumemos un fondo común de garantía de depósitos para toda la zona euro. El BCE da la receta, el reto está lanzado, y sólo falta el compromiso político. Se espera para junio de 2014.