jueves, 18 de abril de 2013

Qué fue de la economía de la gente normal


Ayer, voces autorizadas de la Unión Europea (como el presidente del Eurogrupo y el supercomisario Rehn) publicaban en NY Times un argumentado artículo de opinión, defendiendo tanto las medidas tomadas para resolver la crisis del euro, como las consecuencias de las mismas. El mensaje oficial es que la zona euro va en la buena dirección y que se están corrigiendo la fragmentación bancaria y la espiral de deuda. Ahora bien, no hay nada prometedor en el texto, al margen de citar algunas cifras que el Banco Europeo de Inversiones va a poner en circulación para inyectar dinero en la economía productiva. Como yo suelo decir, la economía de la gente normal, la de aquel que se levanta y se niega a quedarse atontado en casa, el que quiere una vida mejor... Lo cierto es que institucionalmente sólo se está atajando el problema macroeconómico, y no el del ciudadano.

La coincidencia histórica de la puesta en circulación del euro, hace ya once años, con la era de la gran apertura de los mercados financieros mundiales ha tenido consecuencias funestas que todos conocemos, a saber, la creación de constantes burbujas, sean inmobiliarias, financieras, tecnológicas, etc. Lo cierto es que todas estas burbujas no serían posibles sin esa gran apertura de los mercados financieros, dicho de otro modo, sin la gran liberalización y desregulación de las finanzas, que propicia que personas y entidades bastante opacas jueguen con el dinero y lo multipliquen sin generar ningún tipo de valor añadido.

En uno de sus últimos encuentros con Hollande, Merkel dijo que uno de sus grandes retos políticos era conseguir que los mercados financieros no volvieran a caer en los mismos errores. Las intenciones son loables, pero a fecha de hoy, no se ha tomado ninguna medida en esa dirección. Al contrario, se está atajando el problema de la deuda, se maquillan las cifras del déficit para calmar a los acreedores y entretanto las economías europeas se van paralizando, y algunas están ya prácticamente al borde del ahogo. Entretanto, los paraísos fiscales siguen existiendo, los mercados financieros siguen especulando y parece que nunca pierden. Incluso algunas reestructuraciones les salen rentables, al menos más rentable que al ciudadano medio, y a las pruebas me remito, véase las consecuencias de los recortes en los países intervenidos.

Oficialmente, la UE sigue siendo una "economía social de mercado", pero ni siquiera desde las instituciones se da contenido a ese mantra. Para colmo de males, tras el rescate bancario chipriota, se abre la veda a las quiebras bancarias, olvidando que el dinero de los bancos es de los ciudadanos. Cuando un banco cae, se perjudica al depositante, que puede ser también un ciudadano medio o un pequeño ahorrador, tan respetable como todo contribuyente. Mientras la sombra de la corrupción, la evasión y el despilfarro sigue ensombreciendo la realidad política, no sólo en España, el ciudadano tiene que asimilar su dosis de morfina vía recortes y resignación. 

No hay ser humano al que no haya dejado exhausto la cruel exprimidora de la austeridad y la subida de impuestos. Algunos han ganado mucho con la eurocrisis, los actores del mercado financiero especulando con los bonos periféricos unos, y los Estados miembros del grupo líder (Alemania sobre todo) financiándose a coste cero. ¿A quién interesa, en estas circunstancias ganadoras (no para el ciudadano medio), que la economía vuelva a su cauce? Tal vez va siendo hora de cambiar el foco de la macroeconomía a la economía real. 

Este debate lo tienen que plantear los partidos políticos ante las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, y los ciudadanos debemos exigir un cambio de perspectiva. Estamos tan cansados de los mensajes automáticos de los políticos, como de la tensión artificial que fomentan los grupos mediáticos para fomentar la confrontación (sea norte-sur, sea ricos-pobres) que enciende a la gente y ayuda a vender periódicos. Yo llegué a creer que tras esta gigantesca crisis, el modelo de sociedad iba a transformarse de verdad, que cada uno sería responsable de sus hechos, que la economía sería un medio para alcanzar una sociedad más justa, pero temo que volvamos a lo de siempre.