miércoles, 20 de marzo de 2013

La troika vista desde la periferia



En el desarrollo de la eurocrisis, el episodio chipriota no puede decirse que fuera inesperado, pero llega en el peor momento y en la peor de las formas. En verano ya se rumoreó un rescate, pero el Eurogrupo de Juncker esperó, tal vez alentado por la calma en los mercados, tal vez esperando los comicios en la isla. Este 2013 empezaba con la promesa de una Unión Bancaria y unos mercados tranquilizados, aflojando el ataque especulativo a que nos tenían acostumbrados en la periferia, especialmente encarnizado contra España e Italia desde el verano pasado. Ni España ni Italia están intervenidas oficialmente, aunque sufren las consecuencias de las políticas de austeridad que se dictan desde el entorno de Bruselas.

Chipre se unió a la Eurozona en 2008, representa apenas el 0,2 % de la economía de la UE, y tiene algo más de 800.000 habitantes (como una capital de provincia mediana), sin contar la República Turca del Norte de Chipre, solo reconocida por Turquía, y que está fuera del euro. Su adhesión se produjo tras la aprobación por parte del FMI de sus cuentas y su sistema bancario. Evidentemente, no hay responsables directos de ello, y respondería más bien a la obsesión expansionista de los decisores. 

Desde 2008 el deterioro de la solvencia bancaria chipriota ha sido creciente, y el del empleo, que ha pasado del 4% al 12% actual. Estos desequilibrios económicos son similares a los observados en la periferia de la zona euro. Mientras Grecia, Portugal e Irlanda se han sometido al mando de la troika (Comisión, FMI y BCE), en el caso chipriota se optó inicialmente por inyectar 10.000 millones de euros para salvar a la ahogada banca (expuesta en depósitos griegos entre otros) y poder evitar la quiebra de bancos y la incapacidad financiera del propio Estado. 

Así, dada las reducidas dimensiones de la economía chipriota, en lugar del rescate estándar, el Eurogrupo, la noche del viernes pasado, propuso la penalización del ahorro privado como mal menor, estableciendo entonces una tasa única del 9,9% para los depósitos de más de 100.000 euros, afectando a unos depositantes con poder adquisitivo elevado (y con dudas y rumores sobre la dimensión del blanqueo de dinero) especialmente rusos. También se proponía una tasa del 6,5% a los ahorradores con menos de 100.000 euros. Se trata de un impuesto y no de un rescate, o de un rescate interno a la banca (bail-in), pero en caso alguno de una intervención como las que se han producido en Grecia, Portugal e Irlanda.

Los críticos apuntan a que, medidas así, condenan al euro a ser una moneda deflacionaria, al confiscar parte de sus fondos a los ahorradores. Ello por no hablar del riesgo de que se acelere la fuga de depósitos en otros países de la periferia. Sin embargo, la medida podría ser un mal menor. En la reunión del lunes se retiró la tasa para los depósitos de menos de 100.000 euros, según rumores sin confirmar, a instancias de algunos Estados miembros (como España) e incluso de la propia Comisión.

No es nada grato ver cómo se confisca parte de los ahorros de la gente, pero, como dijo Schäuble anoche en un medio alemán: “hay dos grandes bancos chipriotas en quiebra”, para acto seguido confirmar que Chipre no puede financiarse en los mercados, que su sistema bancario está totalmente expuesto y que o bien se las apañan ellos, o tendrán que someterse a los ajustes estructurales que marca la troika. Dicho en Román paladino, alguien tiene que pagar.

La noche de ayer martes, el Parlamento chipriota vota en contra de la decisión, probablemente presionado por el escándalo público y el cierre de los bancos durante dos días consecutivos. No me cabe duda de que los parlamentarios son conscientes de lo que supondría un rescate y la dolorosa intervención de la troika, pero no es descartable que jueguen a forzar la situación. 

No sé hasta qué punto es entendible que prefieran una intervención, que penaliza el crecimiento, a un impuesto bancario, que sí, es negativo pues tiene impacto sobre el ahorro, pero no sobre el trabajo. Cierto que es la medida no es la deseable, ya que la penalización sobre el ahorrador tiene un efecto psicológico pernicioso sobre la demanda y el consumo, pero sorprende que olviden que todas las economías de la Eurozona han de someterse a ajustes para corregir sus posiciones fiscales, y que esto produce devaluaciones internas y empobrecimiento generalizado.

Otra cuestión es si los ciudadanos están dispuestos a asumir la ideología que hay tras esos ajustes. Si algo es cierto es que en la Unión Económica y Monetaria ha habido una obsesión por la norma del déficit público, pero las medidas de austeridad draconianas que supervisa la troika van mucho más allá, y se han venido justificando en el pánico irracional que se produjo en los mercados de deuda. Por ahora, no se han justificado con éxitos económicos.

Con estos sustos, la asimetría se reaviva, y lo vemos al observar los datos de la Bolsa, la prima de riesgo española e italiana al alza desde que se tomó la medida de Chipre. Sigue el oscurantismo de las reuniones de los Ministros de Economía, y la sensación de improvisar sobre la marcha, sin entendimiento entre los Estados miembros, y con la Comisión y el BCE de comparsas en una toma de decisiones del todo punto inflexible. El resultado es la ausencia de credibilidad institucional, en un contexto de austeridad fiscal que no termina de dar resultados, cuando cada mes se supera el record de desempleo del mes precedente, creando un escenario socialmente insostenible, en el que los costes se pagan vía contribuyente, incluidos pensionistas y empleados públicos, mientras el crecimiento se está resistiendo. No sé hasta cuándo la opinión pública aceptará la austeridad “orientada al crecimiento” que proclama la troika, cuando toda la carga del ajuste recae justamente sobre una parte de la Eurozona, que es justamente la periferia.

Este viernes volverá a reunirse el Eurogrupo, y Chipre tendrá que acabar sometiéndose al régimen draconiano a la griega, aunque tímidamente amague con la carta rusa, para librarse del efecto troika. Entretanto, y no por casualidad, ayer se selló un acuerdo trilateral con las normas de funcionamiento del Mecanismo Único de Supervisión, destinado a la resolución de crisis bancarias (ojo, que lo deben aprobar todos los Estados miembros) y que se aplicará vía Directiva de la Comisión este verano y tendrá que incluirse en los tratados. Sabemos que las cosas de palacio van despacio. El gobierno chipriota, a las pocas semanas de llegar al poder, se entrega a los dictados de Bruselas, austeridad a granel, descontento social y paciencia infinita. Posiblemente se salve a la periferia de la temida fuga de depósitos, pero el proyecto del euro tendrá una herida de guerra más.