martes, 26 de marzo de 2013

Chipre: la última crisis del euro


La intervención en Chipre era inevitable, ya que el sistema bancario de la isla aunaba una falta de liquidez con una crisis de solvencia. Chipre había sufrido las consecuencias de la reestructuración de los bancos griegos, aunque se intentó evitar la intervención europea hasta pasadas las elecciones chipriotas en febrero. El acuerdo de la madrugada del 16 de marzo contemplaba un rescate, amparado por la troika (EU, FMI y BCE), que imponía una tasa sobre todos los depositantes en bancos chipriotas. La noche del 17 de marzo se rectificó. Alguien presionó para que los depositantes pequeños quedaran exentos, no así los grandes depositantes, considerados objeto clave del acuerdo, y con conexiones rusas, para más señas.

El presidente chipriota estaba incómodo con la idea de penalizar a los inversores extranjeros y, paradojas, pidió castigar a todo depositante, también a los pequeños.
Esa postura evidenció lo que sospechábamos, que el modelo económico de Chipre se basa en un sistema bancario sobredimensionado, algo parecido a lo que sucede en Luxemburgo.

La posición de Anastasiadis fue avalada incluso por Merkel, tal vez minusvalorando el riesgo que supondría amenazar la seguridad de los depósitos, aplicando tasas confiscatorias, por ejemplo sobre las clases medias, no sólo en Chipre, sino en toda la periferia.

Había antecedentes similares, ya que en noviembre de 2010 se intentó lo mismo en Irlanda, donde la troika intentó penalizar a los depositantes de los bancos fallidos. Finalmente, igual que en Chipre, no se aplicó la medida. Es pertinente recordar que en España el FROB garantiza hasta 100.000 euros por depósito, cifra calcada en los otros Estados miembros del euro, y que por tanto está armonizada. Hasta este mandamiento llegó a ponerse en cuestión durante el tenso fin de semana del 16 de marzo…

Sea como fuere, la presión mediática hacía casi inviable el plan acordado en el Eurogrupo el sábado, y no sorprendió demasiado que el parlamento chipriota lo rechazara el domingo.

La imagen del parlamento chipriota votando era un dardo envenenado, tanto hacia el sistema decisorio en la Eurozona, como hacia Alemania, acrecentando esa percepción de la brecha entre países acreedores y deudores.

Finalmente, el 24 de marzo se alcanza el acuerdo final, que contempla una solución mixta, que incluye la intervención de la troika, se liberan 10.000 millones de euros para que Chipre pueda financiarse en los mercados y se penaliza hasta el 30% para los grandes depositantes.

Ante estos hechos, cabe preguntarse qué fue del compromiso sobre la unión bancaria y el acuerdo para crear el Mecanismo Único de Supervisión (SSM, por sus siglas en inglés), llamado a garantizar el sistema bancario de la zona euro, evitando los riesgos de fuga de capitales y los tan temidos “corralitos”.

Ahora bien, hemos de ser conscientes de que probablemente los países acreedores todavía no están lo suficientemente maduros como para comprometerse con esa unión bancaria, en tanto en cuanto ésta implicaría la recapitalización de bancos “dudosos”, como algunos de los bancos chipriotas sin ir más lejos. 

Se trata de la presión mediática y de esa brecha psicológica entre cumplidores e incumplidores que ha ido calando en el imaginario colectivo europeo.

Está por ver si los bancos serán capaces de recapitalizarse a través de los mercados (incluyendo pérdidas y reestructuración) y cuánto tiempo durará ese proceso.

Se entiende que para poder llegar al seguro de depósitos común y a la unión bancaria, primero hay que sanear los bancos y corregir su sobredimensionamiento. En principio, esto es lo que afrontan ahora las entidades chipriotas y, por ende, podemos arriesgarnos a afirmar que Chipre será el último episodio de la eurocrisis, dado que (y gracias al episodio chipriota) el seguro de depósitos europeo pasará a ser el primer punto en la agenda de la unión bancaria (posiblemente incluya control de capitales).

El objeto definitivo de la unión bancaria será separar ese estrecho y peligroso vínculo entre bancos y gobiernos. Sólo cuando se rompa ese círculo vicioso, podrá superarse la crisis de deuda y normalizarse el mercado de la deuda soberana en la zona euro. En este sentido, Chipre marca un inicio y podría ser el último episodio de la eurocrisis.