jueves, 17 de enero de 2013

El sentido de urgencia y la Europa Federal




Este año más que nunca es evidente el contraste, no sólo climatológico, entre los inicios del verano y del invierno. Si en junio se produjo una aceleración del debate federalista a tenor del nerviosismo en los mercados del euro, estas semanas de enero nos traen una relajación que se constata en la patente pérdida del sentido de urgencia, contra la que, por cierto, alertó Barroso en días previos al Consejo de diciembre.

La sensación de que las elecciones europeas de primavera de 2014 marcarán un punto de inflexión pierde fuerza estos días, en un marco de aparente calma. La complacencia siempre deriva en laxitud, y si dejamos que esta se apodere del ambiente, perderemos otra oportunidad histórica.

La era de la disciplina común se ha instalado en el imaginario colectivo europeo. La crisis sigue abriendo heridas, y se da por sentado que el pueblo se resigna a la cura. Administrada la austeridad por decreto, ahora las instituciones comunes, intentan imponer una nueva era de regulaciones sobre el mercado. Baste echar un vistazo a la reforma para constreñir a las agencias de calificación que puso en marcha ayer el Parlamento Europeo. Y pendientes estamos de ver el impulso que es capaz de dar el BCE a su rol de supervisor de los bancos de la zona euro, y lamentablemente no promete demasiado.

A todo esto, se anticipan jornadas informativamente jugosas. Por un lado, conoceremos nombre y apellidos del nuevo (¿y holandés?) presidente del Eurogrupo, cargo que deja un Juncker con polémicas palabras; al tiempo que manifiesta sentirse preocupado por la alta cotización del euro, se apunta al carro de la autocrítica sobre la política de austeridad, emulando al serio (¿o no?) de Blanchard del FMI. Ante la austeridad impuesta la recesión se empecina. 

El otro foco estará puesto en David Cameron, que despierta simpatías y antipatías a partes iguales, y adelantó a mañana (por presión de doña Angela, dicen...) su “discurso” (#thespeech) sobre la posición del Reino Unido y la Unión Europea. Valiente lo es. Lo dice el amigo Wishart en una reflexión que muchas tildan de extraña y que refleja esa ambivalencia tan angustiante de sentirse europeo, pero no poder. Le reconozco a Cameron sus agallas políticas para lidiar todos los toros, vengan de Bruselas o de Edimburgo. La pregunta es si saldrá del jardín en que se ha metido o se hundirá más en la densidad de la hiedra…

Entretanto, la Comisión sigue en su acostumbrada línea de presentar comunicados y largos documentos con planes detallados para profundizar la integración económica. Mientras Merkel piensa en otoño, y el Bundesbank reclama su oro, justamente cuando en unos días, se cumplen 50 años de la alianza franco-alemana.

Volviendo a la unión federal y los informes de centenares de páginas, la idea central de nuestros amigos que habitan el Berlaymont es dotarnos de capacidad redistributiva o antíciclica, a gusto del consumidor, y de un presupuesto único que evite las perturbaciones asimétricas, es decir de un gobierno federal como mandan los cánones. Hay que insistir en la idea, a riesgo de hacernos pesados, pero este es el verdadero y espinoso debate para las elecciones de 2014. 

El parlamento elegido entonces (en una labor nada menor que sería bueno emular en los parlamentos nacionales a la hora de elegir Ministros y demás cargos de estructura del Estado) hará de juez y aplicará el tercer grado a los Comisarios propuestos, que tendrán más y más poder, porque Alemania ya ha asomado “la patita” con la idea de un control centralizado de todos los presupuestos nacionales; no es casual que Merkel y sus acólitos, con Schäuble a la avanzadilla, hayan apuntado a la necesidad de una reforma de los Tratados, en primer lugar para colocar a un supercomisario económico al frente. Se supone que el resto de Estados miembros exigirán garantías de solidaridad financiera o fiscal para tamaña cesión.

Para Alemania, al estilo hamiltoniano, la solidaridad va indisolublemente unida al control. Lo practican de puertas adentro y están legitimados. Causalmente, decía una encuesta de Handelsblatt esta semana que el 63 % de los franceses desean que en su país se aplique el modelo económico alemán. Muy revelador. Tal vez se empiece a romper el muro invisible entre estas dos concepciones de la política.

En un momento en que la casta política está en máximos en cuanto a su distanciamiento de los ciudadanos, los que deciden no puede seguir en ese mundo paralelo a caballo entre la impunidad y el tancredismo. El realismo nos impide creer en que la renegociación de los Tratados llegue en 2013, pero sí se pueden plantear las elecciones de 2014 de otra forma, con un pacto transnacional desde los partidos que demuestre si es real su compromiso europeo, o si sólo es ese fingimiento tan propio de la política. El debate no debe quedar enterrado, simplemente porque los mercados hayan desviado el punto de mira o hayan dejado de sobreactuar atacando a la periferia y aupando las primas de riesgo. Más allá de las Bolsas, de Bruselas y de Frankfurt, la Unión Europea tiene pendiente su proceso de democratización real, y ello pasa, no lo olviden, por la letra F. 

[Picture: Bloomberg]