miércoles, 11 de diciembre de 2013

La relevancia económica de la unidad educativa en la UE







La movilidad laboral (que permite a los trabajadores reubicarse según sus preferencias) tiene una mayor presencia en la agenda política europea. Se empieza a asumir, por fin, la importancia de los movimientos migratorios dentro del territorio de la UE, elemento esencial para el funcionamiento del mercado interior, en un escenario de disparidad creciente entre países en términos de empleo.

Los estudios internacionales destacan que uno de los factores más evidentemente relacionado con la movilidad laboral es la Educación. A mi juicio, esta variable sería la principal, dado que en los mercados locales o nacionales con mucha mano de obra poco preparada técnica o académica, la movilidad es escasa.

El hecho de que haya una mayor movilidad entre Estados miembros en el Norte que en el Sur de la UE refuerza el peso de la variable educativa (por ejemplo, la indicencia del conocimiento de idiomas extranjeros), restando importancia a la segunda variable que se suele manejar en los estudios sobre movilidad, y que se refiere a los costes de la movilidad, tanto en términos fiscales, como del coste de la vida o el nivel de renta.

Entrando más a fondo a analizar las características educativas en los páises más móviles, veremos que la duración de la Educación obligatoria es una variable relacionada directamente con la movilidad laboral regional. Este tipo de conclusiones revelan la necesidad de que las reformas educativas, que actualmente son competencia exclusiva de los Estados miembros, pasen a coordinarse a nivel supranacional, en una primera fase, para asegurar la coincidencia en contenidos de las materias troncales (las competencias básicas en idiomas y matemáticas) y la duración de la educación obligatoria. Ello tendría como primera consecuencia la homologación de las titulaciones y del sistema de calificaciones, por lo pronto, en la Primaria, Secundaria y Bachillerato.

Esto es lo que se pretende, sin éxito alguno, con los instrumentos (Europass) y con las directivas (sobre las cualificaciones profesionales) que ha ido introduciendo la UE para crear un área común de calificaciones ycompetencias.

Sin embargo, la homologación no existe, ni siquiera el reconocimiento mutuo de las cualificaciones. La experiencia indica que los Estados miembros rechazan ese reconocimiento, no por cuestiones técnicas, sino aduciendo motivos sociológicos, que, en realidad son ideológicos.

Por decirlo de un modo suave, los Estados se resisten a perder su capacidad de influencia sobre la Educación, que, como hemos constatado aquí, sigue siendo un arma de uso político (o de construcción nacional en algunos casos). El consenso en esta área ha de ser muy elevado, como los incentivos.

En este sentido, la unidad educativa en la UE podría tener un sentido funcional. Lo que se pretendería con esta homologación es evitar que el nivel formativo sea un obstáculo a la movilidad, lo que supondría una barrera no visible a la libertad de movimiento (una de las cuatro libertades que protege el Mercado Común).

Si no se realiza esta reforma de base, programas como ERASMUS o Leonardo da Vinci (programa de la UE para ofertar puestos de trabajo en prácticas en toda la Unión) poco impacto real podrán tener. La solución pasa por una integración de los programas de las universidades, junto con el pleno reconocimiento de las titulaciones, como base para los programas de formación continuada, que los mercados laborales actuales requieren.
Esta idea permite un desarrollo, en tanto en cuanto asumo que los cambios que se están produciendo en los paradigmas económico y social, tendrán un efecto spillover que alcanzará a la Educación más pronto que tarde, entendiendo que nunca se conseguirá un consenso a través de una directiva o una regulación comunitaria.
Es preciso entender que las regulaciones pueden encontrar resistencias en el ámbito nacional y pueden ser de complicada implementación, precisamente por ese empeño de los gobiernos nacionales en tutelar el sistema educativo. 
En cambio, la unificación de contenidos y calificaciones a escala UE puede ser un incentivo para el profesorado (mal remunerado, por ejemplo en nuestro país), y para los estudiantes, que tendrían la motivación de poder continuar sus estudios en cualquier universidad de su elección en todo el territorio de la UE, incentivando, no sólo la movilidad, sino su rendimiento académico. 
De este modo, sin privatizar y manteniendo un sistema universitario público, se fomentaría la competencia de forma natural, entre centros y entre estudiantes, generando un entorno win-win, tanto desde el punto de vista del mercado laboral, en claro declive, como del desarrollo de una Educación a escala europea.


* Imagen: "Camino del aire" (de: La nave de los locos)

lunes, 25 de noviembre de 2013

La Ucrania europeísta

Durante el fin de semana, hemos visto imágenes que nos retrotraen a la Revolución Naranja que aquel país vivió en 2004. Una marea proeuropeísta ha invadido las calles de varias ciudades ucranianas. Lo atestigua twitter bajo el hashtag #euromaidan #EuropeanSquare (#євромайдан). En Kiev, de forma espontánea 100. 000 personas han protestado, alrededor de la Plaza de la Independencia (Maydan Sq.).

Cuando se estaba cerrando el acuerdo de integración política y económica entre Ucrania y la Unión Europea, el pasado jueves, el gobierno ucraniano anunció que rompía las negociaciones, solicitando inopinadamente, e in extremis, al comisario Füle que cancelara su viaje a Kiev.

Este acuerdo está llamado a alejar a Ucrania de la influencia rusa. La presión del gobierno ruso, que ha tratado de impedir el acuerdo con la UE, se deja sentir sobre el gobierno. Moscú aspira a que Ucrania forme parte de una unión aduanera Rusia-Bielorrusia-Kazajastán, incompatible con el pacto de integración con la UE.

Para muchos ucranianos esa unión tiene reminiscencias soviéticas, mientras ambiciona liberarse de un pasado represor y abrazar a una Unión Europea, vista como adalid de la libertad, en su sentido más pleno, y del progreso económico y social.

La tensión ha alcanzado tales dimensiones que Putin ya acusa a la UE de practicar chantaje sobre Ucrania. Los hechos probados son que Yanokuvich ha viajado a Moscú este mes de noviembre, y fuentes aseguran que la amenaza real procedería de una guerra comercial con la subida del precio del suministro del gas ruso. La consecuencia es que el primer ministro Azarov y el presidente Yanukovich han dejado patente que desean evitar que su país se integre en el pacto con la UE.

Si inicialmente fueron partidarios del acuerdo con la UE, más tarde evolucionaron a una posición intermedia, apoyando un pacto comercial a tres bandas - por decirlo así - que uniría a Moscú con Bruselas, vía Kiev, teniendo en mente que los gasoductos que atraviesan Ucrania llevan gas de Rusia a la UE (debemos recordar los problemas de suministro ocasionados en varios países de la UE en invierno 2009).

Dicha postura es insostenible, y consciente de ello, la ex primera ministra Tymoshenko, ha afirmado desde prisión, que está dispuesta a renunciar a su libertad (una condición que la UE ha exigido desde el primer momento), a cambio de que Ucrania firme el acuerdo con la UE.

Más preocupante es que las fuerzas de seguridad hayan gaseado a los manifestantes proeuropeistas, muchos de los cuales enarbolaban pancartas del estilo “Queremos estar unidos a Europa”.  Ello hace temer un posible giro autoritario por parte de un cuestionado gobierno, electo tras repetir unas polémicas elecciones en 2010.

Este jueves se inicia la cumbre de Vilnius, en la que los representantes de la UE esperan poder contar con más apoyos para incrementar su influencia hacia el Este. Por lo pronto, los presidentes del Consejo y de la Comisión ya han manifestado su contundente desaprobación al gobierno ruso.  

Los oficiales y líderes de la Unión Europea tienen la ocasión de apostar por la transparencia plena, revelando los detalles del acuerdo, de manera que se visibilice qué parte es el "jugador honesto" en esta disputa.

La UE se juega mucho, pero sobre todo, son muchos los ucranianos que perciben que tienen la oportunidad de pasar página, de poner fin a una historia de sometimiento y emprender un nuevo rumbo político y económico, entrando a formar parte algo más que un pacto comercial, una unión de ciudadanos, como es la Unión Europea. Aquí, los ucranianos defensores de la libertad serán bienvenidos siempre.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La importancia de las mayorías en las elecciones europeas 2014

El próximo mes de mayo elegiremos a 751 eurodiputados. Parecen muchos. De hecho, los euroescépticos suelen establecer un paralelismo entre la Eurocámara y el Congreso Galáctico de Star Wars. Bromas al margen, esos diputados son la voz legítima de los 510 millones de ciudadanos de la UE. Cada uno de estos ciudadanos tiene sus agobios y motivaciones. Probablemente, hostigados por la crisis, reparten su desconfianza entre las élites políticas nacionales y, en menor grado, las instituciones europeas. 

La experiencia indica que el hartazgo con respecto a la mala praxis política doméstica se traduce en abstencionismo en las europeas. Así ha sido desde las primeras elecciones, en 1979, en las que se movilizó a un nada desdeñable 62% del electorado, a pesar de que entonces el poder real del Parlamento Europeo era mucho menor al de hoy. Con todo, la participación ha ido en leve descenso, aunque hay tres pequeños países con voto obligatorio: Bélgica, Luxemburgo y Grecia.

El debilitamiento del Parlamento Europeo pone en riesgo los avances democráticos que la UE necesita para compensar el abismo que media entre las exigencias en materia de gobernanza económica y la legitimidad necesaria para poder llevarlas a cabo.

En la actualidad el poder real del Parlamento es débil, básicamente porque no elige al poder ejecutivo, en este caso, la Comisión, sino que simplemente tiene capacidad de ejercer veto sobre el colegio de Comisarios, que proponen los Estados a través del Consejo. Digamos que el Parlamento ejerce un voto de investidura sobre la Comisión (TFUE, art. 17.7), sobre lo que los Gobiernos proponen. Donde el Parlamento sí decide es en el Presupuesto de la Unión, aunque sabemos que su dotación apenas alcanza el 1,24% de la Renta Nacional Bruta de la UE, y que no va a ser decisivo sobre las economías y las vidas de los europeos.

Con estos mimbres, no es de extrañar que el elector no perciba que votar en las elecciones europeas se traduzca en una capacidad política real de cambio. Añadamos a esto la circunstancia de que las elecciones europeas, que tienen lugar cada cinco años, suelen coincidir con el ecuador del mandato en muchos Estados miembros, presentándose como un elemento de debate en clave meramente nacional.

Buscando algo alentador, señalemos que los grupos parlamentarios en la Eurocámara se están movilizando para tratar de generar un debate nuevo, buscando sus propios candidatos - únicos e intransferibles - a presidir la Comisión (el PSE estaría representado por Schulz, ALDE por Verhofstadt, etc.). De ser así, es muy probable que ello avive un debate paneuropeo que fomente la participación, aunque el Tratado establece claramente que sólo los Estados miembros propondrán al candidato. 

En los próximos meses también se nombrará al presidente semipermanente del Consejo, que sustituirá a Van Rompuy. Será interesante ver el equilibrio de fuerzas y cómo los partidos (y no los Estados) sitúan a sus hombres fuertes en la batalla por el Consejo y la Comisión.

Pronto se dilucidará si este debate de nombres es capaz de movilizar al electorado, cuando el auténtico reto está en generar una campaña sobre el propio funcionamiento de la UE y sobre cómo estructurar nuestro sistema político europeo, para evitar el riesgo de fraccionamiento que representan ciertas posturas populistas (UKIP, Frente Nacional, Beppe Grillo…), cuyo programa es el boicoteo sistemático a las instituciones europeas, minando las opciones de acuerdos políticos, precisamente para derribar las muchas barreras económicas y sociales que todavía persisten entre los europeos.


Una de las grandes paradojas, en mi opinión, es que si el Parlamento Europeo tras las elecciones de 2014 se presenta más fraccionado, debido a ese voto anti-institucional o ultranacionalista, existe la posibilidad de que se necesiten más fuerzas para alcanzar consensos, lo que podría dar relevancia política a grupos como los Liberal-demócratas (ALDE) o los Verdes, que podrían adquirir centralidad y forzar el discurso más federalista. Este será un movimiento interesante, siempre que vaya acompañado de un discurso honesto y realista por parte de los partidos mayoritarios, que refleje un pleno compromiso con una mayor integración. 

De no ser así, también se presenta el riesgo del debilitamiento del Parlamento Europeo, que sería traducción de una concesión política desde el "mainstream" ante una “aparente” tendencia demoscópica hacia posturas nacionalistas. 

Atenazante peligro que contravendría el ímpetu federalizante que exigen los retos en la Unión Económica y Monetaria, que también precisa del soporte democrático. Un Parlamento de perfil bajo podría acentuar la tendencia euroescéptica que, a mi juicio, responde hoy más a un desencanto coyuntural que a una voluntad de fraccionar Europa. Es crucial que las mayorías así lo entiendan y no miren a otro lado. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

La Unión Bancaria como gran logro político


Este fin de semana se celebra en Alemania el Congreso de los Federalistas europeos, en un contexto de cambio político, ante las elecciones al Parlamento Europeo que se celebrarán en apenas seis meses. De esas elecciones saldrá también el nuevo presidente de la Comisión, nada más y nada menos que el Ejecutivo europeo, carácter que cada vez se transmite de forma más confusa a la opinión pública.

Lo más relevante es que los mecanismos e instrumentos que se han empezado a implementar para superar la eurocrisis y asegurar la viabilidad del euro, están en riesgo de quedarse a medio camino, de no mediar el impulso y la voluntad política necesarios.

El relato de la reforma institucional implementada hasta ahora nos deja con los mecanismos de rescate, básicamente un Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que tiene fecha de caducidad. Reconociendo el mérito de los mecanismos que se han puesto en marcha, y el alivio de la periferia ante la presión de los mercados, la falta de compromiso con la segunda fase de la Unión Bancaria revela que la Unión Europea no tiene suficiente capacidad para generar instrumentos supranacionales de carácter federal, dependiendo demasiado de la voluntad política de algunos Estados miembros, especialmente de Alemania y Francia.

En esta línea, me parece muy remarcable la reflexión del presidente de la FondationSchuman, quien estos días reivindicaba una Europa de geometría variable, esa vieja expresión acuñada en los ochenta que ha sido muy útil a la causa integradora. Lo fue en los años previos a la firma de Maastricht, que dio carta de naturaleza a la ciudadanía europea y fue embrión de la UE, entendida hoy ya como el gran desafío político común.

Proyectos como la Unión Bancaria no admiten medias tintas, por ello sería mucho más adecuado contar con un mecanismo totalmente supranacional y colectivo, formado por los Estados miembros que estén dispuestos a ello (del mismo modo que once Estados han aceptado ya imponer el Impuesto sobre Transacciones Financieras). 

Una Unión Bancaria creíble y con capacidad de resolución de entidades, dotada de un esquema de garantía de depósitos común, generaría credibilidad y sería muy bien vista por los agentes económicos, sumando apoyos para la causa. De hecho, esta es la idea del mecanismo de cooperación reforzada, que permite que un grupo de países vayan más allá en su compromiso político y en la cesión de soberanía. 

El éxito del experimento crea un efecto bandwagon entre el resto de gobiernos, generando una dinámica integradora. En este caso, la flexibilidad es un principio que se puede utilizar en un sentido ascendente para fomentar la integración.  

Hasta ahora, sólo se ha aprobado la legislación para crear el Mecanismo Único Supervisión. La Comisión ya ha diseñado el Mecanismo Único de Resolución, pero no cuenta con el apoyo de todos los Estados miembros, ni siquiera de Alemania.

El problema es el mismo que diagnosticábamos, el nacionalismo bancario, es decir el vínculo entre bancos nacionales y cuentas públicas, sumado a que los Estados no desean renunciar a su soberanía presupuestaria, y tampoco desean renunciar a asumir las funciones de reestructuración y resolución de los bancos.

Añadamos a ello que la Comisión se revestiría de un gran poder, quedando fuera del ámbito de la unanimidad en el Consejo. Con todo, hay jurisprudencia para amparar el poder de la Comisión, especialmente como garante de la unidad del mercado interior, en virtud  en los tratados de la UE. También la cooperación reforzada se recoge en los tratados desde 1997. 

Cabe preguntarse por qué apenas no se ha utilizado este mecanismo en sus casi veinte años de historia. Cuando cada vez más voces relevantes lo reivindican públicamente, es un buen momento para pedir a los gobiernos que den un paso más. La Unión Bancaria es un objetivo político de primera magnitud que está al alcance de todos, que tiene amparo legal y que únicamente depende de la voluntad de los gobiernos nacionales. A por ello deben ir si no quieren desgastar más la imagen de las instituciones europeas, que a ojos de la ciudadanía aparecen como títeres de los gobiernos o, en el peor de los casos, como ilegítimas.




jueves, 7 de noviembre de 2013

La misión "imposible" de Draghi


A pocas horas de anunciar las conclusiones del Consejo de Gobierno del BCE de cada primer jueves de mes, los expertos analistas barruntan un nuevo descenso de tipos en la Eurozona. ¿Es posible bajar los intereses más aún? Recordemos que el dinero hoy se compra al 0,5%... se asegura que bajar los tipos al 0,25% contribuiría a depreciar algo el euro, lo que no vendría mal, ya que se cotiza a 1,35 dólares, casi máximo histórico. Muchos consideran que está sobrevalorado y lastra las exportaciones, sector clave para el crecimiento económico, cuando los datos anunciados este lunes del PMI (producción industrial) se sitúan apenas por encima del 51%, entendiendo que la zona de crecimiento se establece en el umbral del 50%. Aprobado raspado para la industria en la zona euro.

Con todo, probablemente, hoy no se anuncien cambios. Los datos son muy contradictorios. Por un lado la zona euro tiene un ritmo de inflación demasiado bajo, incluso para los parámetros del BCE, cuyo mandato es precisamente contener la inflación. En octubre el interanual marcó un 0,7% de inflación, cuando la cifra idónea se estima en un 2%. Se considera que estar por debajo nos sitúa en riesgo de deflación, ergo en una espiral de decrecimiento, y lo estamos, a juzgar por la debilidad de la demanda en el conjunto de la zona euro. Ese argumento sería suficiente para bajar los tipos y fomentar la demanda interna.

Si se baja y se suministra más dinero, es previsible que se reactive la economía real. Pero no nos llevemos a engaño. Los bancos están recurriendo a esa liquidez para reforzar sus activos, por ello cuesta tanto que el dinero llegue a circular, sobre todo porque los bancos tienen que enfrentarse a nuevos tests de resistencia en 2014, y necesitan estar capitalizados. 

Por tanto, el BCE se encuentra en la doble tesitura de asegurar que la inflación repunte algo (pero no demasiado) y de conseguir que las entidades bancarias pongan el dinero en movimiento, para lo cual el interés no puede ser tan bajo, ya que el coste de prestar dinero los sitúa en negativo. En este sentido, Draghi dispone de otras opciones sin tocar los tipos, por ejemplo lanzar nuevas subastas de liquidez a largo plazo (LTRO), o incluso reducir el nivel de reservas exigidos a los bancos, pero ¿se atreverá? 

Decisiones de este estilo transmitirían una sensación de cierta laxitud, lo que paradójicamente renovaría la confianza en el Banco Central Europeo, y por tanto en la solidez del eurosistema.   

martes, 22 de octubre de 2013

La utilización política de la educación

A principios de octubre la OCDE publicó el informe anual sobre las competencias educativas de la población en edad laborable (16-64 años), en 23 países. El informe PIACC  es análogo al más popular informe PISA, que en tan mal lugar viene dejando a la educación española en comparación con la de otros países de similar desarrollo económico y social. El informe se realiza desde la década de 1970, impulsado por Estados Unidos y Canadá, y realiza pruebas a unas 5.000 personas por país. Hoy arroja datos paradójicos; en algunos países las habilidades de las personas diplomadas presentan un nivel similar a las personas que apenas han finalizado la Secundaria en otros países. Esta presentación da algunas de las claves para el éxito de japoneses y finlandeses, hoy a la cabeza en competencias lectoras, matemáticas e informáticas.

Con todo, siempre hay que poner en cuarentena estos estudios y, especialmente, la utilización sesgada de sus resultados. 

martes, 1 de octubre de 2013

Alemania tras las elecciones: entre la estrategia nacional y la vocación europea

Breve análisis de los posibles escenarios y los retos de Alemania, en clave interna, y, de forma particular, en la UE, donde el vacío de poder político tiene mucho que ver con la vertiente económica. Sin duda, ello justifica que Alemania esté llamada a suplirlo, pese a ejercer la llamada hegemonía reticente...

El pasado lunes escuchamos una, nada casual, larga batería de declaraciones de Draghi en la Eurocámara. El presidente del BCE esperaba el veredicto electoral alemán, que en los últimos meses tenía en vilo a los mercados. Ante un nuevo fracaso demoscópico, Merkel se confirma como la líder que sobrevive electoralmente a los embates de la crisis, asegurando un tercer mandato para el CDU con el 42% de apoyo, mientras los liberales, hasta ahora socios de gobierno, desaparecen del Bundestag. La canciller no podrá gobernar en solitario, y podría aliarse con Los Verdes, algunas de cuyas ideas ha incorporado Merkel en su programa electoral. 

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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Los frentes abiertos de Merkel

Breve comentario sobre las elecciones alemanas del próximo día 22 en clave europea. Se percibe una cierta crisis de identidad en la vertiente exterior de la política alemana, aunque la cuestión definitiva es si la “reelecta” Merkel estará dispuesta a acelerar la reforma en la Eurozona, o si cederá a la tentación del statu quo. En la unión bancaria, albergamos dudas, ya que los bancos alemanes son los más reticentes a someterse al control europeo, mientras el BCE está sometido a Frankfurt   a pesar de que Draghi ha advertido de la irresponsabilidad de “dejar a los Estados sin protección frente a los riesgos transfronterizos en la unión monetaria”.

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martes, 16 de julio de 2013

El tractat de lliure comerç transatlàntic (II)

Segona part de la reflexió al voltant de les dificultats que hauran de superar els negociadors del tractat de lliure comerç entre els Estats Units i la Unió Europea, en un clar context de cultures regulatòries contraposades. 

Els EUA no deixen de promulgar lleis que disfressen un enorme proteccionisme dels seus sectors industrials, mentre que els actors institucionals europeus tenen pendent d'assolir una posició comuna.

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domingo, 14 de julio de 2013

Mar de fondo en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio

Las negociaciones del nuevo Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la UE se lanzan en Washington, en un preocupante clima de sumisión europea, como ha revelado la gestión del caso Snowden. La carga política del acuerdo es mucha, y los antecedentes extensos

En el lado europeo, Francia encabeza un grupo de 13 Estados miembros  que desean excluir al sector audiovisual del acuerdo, acogiéndose a la excepción cultural...

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viernes, 12 de julio de 2013

Grisura ante las próximas elecciones europeas

A menos de un año para las elecciones al Parlamento europeo, la eurocámara ha adoptado una resolución para movilizar a los gobiernos y partidos políticos de los 28 países, en la recta final hasta el 25 de mayo de 2014. La idea es que las elecciones europeas no se conviertan en la típica excusa para expresar el voto de castigo al gobierno de turno (con listas cerradas a cal y canto cual cementerio de elefantes de la partitocracia). 
¿Por qué no hacer de estas elecciones una oportunidad para la valentía?

Deberían ser las elecciones que marcaran el inicio de la hoja de ruta hacia los Estados Unidos de Europa. El esfuerzo merece la pena, pero en las próximas elecciones europeas apenas habrá una novedad: los partidos propondrán sus candidatos a presidir la Comisión, órgano que quedará revestido de un carácter más partidista, lo que tiene la ventaja de que sus decisiones serán más criticadas y controvertidas, y por tanto más visibles. Pero no se ilusionen.
Esta circunstancia coincide con una oleada de euroescepticismo, magnificada por ciertos grupos mediáticos, que tendría que ver con un cuestionamiento del modelo social que se va imponiendo en la Eurozona y también con la propia presión interna que vive el Reino Unido. En ambos casos la prensa dominante se posiciona cuestionando la esencia de la UE. Un tanto curioso, cuando esa prensa nos tuvo durante años en la inopia informativa en materia política europea.
Mi crítica es constructiva, siempre, esperando lo mejor, y es extensible a los actores políticos. Cuando empiece el nuevo curso en septiembre, la opinión pública debería saber a qué atenerse, cuanto menos, a conocer los candidatos de cada partido para el puesto, que disponen de una gran ocasión para realizar una campaña a escala a europea durante esos nueve meses de campaña. No será así. Nadie está dispuesto a contarnos su historia y su proyecto europeo. Miren el calendario de las instituciones , nada cambia, los plenos de rutina, los comunicados, las reuniones en comité… nada de tournées en clave europea.
¿Por qué no un debate televisado con traducción simultánea donde Barroso, Shulz, Reding, Verhofstadt, Kroes, Cohn-Bendit, Grybauskaité, Monti e incluso González nos hablen de sus visiones confrontadas sobre la UE? Qué va. No me sorprendería que muchos de ustedes tuvieran que recurrir a Google para saber de quién estoy hablando. No les culpo. 

El ciudadano quiere "engancharse", necesita creer en Europa, se lo aseguro, pero en Bruselas, todo -y no sólo el clima- seguirá en esa grisura opaca. En esa frialdad en fondo azul de las ruedas de prensa. Todavía nos pueden ilusionar. Háganlo. Sorprende que se sorprendan de que la gente no se emocione con las elecciones europeas.
  

martes, 9 de julio de 2013

How to create jobs in a recession?

A couple of days ago seventeen EU leaders have agreed to spend 8 billion Euro to fight youth unemployment. But what will these measures mean for Europe's youth? Will they really help to create jobs in the midst of a recession?


Since the creation of the EU, we, the Europeans, have encountered many difficulties. It is worth asking ourselves whether the institutions have been able to adapt in order to tackle change efficiently. In the context of the minimisation of public expenditure due the eurocrisis, we are far from the optimal allocation of factors. Transferring monetary policy to the EU level has not strengthened its economic and social equilibrium, not even in the Eurozone. The economies of the periphery are suffering and this is a case for greater integration and for a stronger role of the European institutions. One of the biggest problems is that Southern economies need to rebalance their public finances and are unable to spend money on job-creating policies...



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sábado, 6 de julio de 2013

Advertencia del BCE para evitar una década perdida

En este agitado mes de julio, en que la Unión acoge al vigesimoctavo miembro, Croacia, y ante el incipiente lanzamiento de las negociaciones sobre el acuerdo comercial transatlántico la semana entrante, leo una importante advertencia a los líderes políticos, procedente del Banco Central Europeo. 

Nos deja el francés Coeuré, miembro del Consejo Ejecutivo en Frankfurt, un discurso que llama la atención por las continuas comparaciones entre la década perdida en Japón y la actual Eurozona. Se trata de un documento perfectamente articulado donde se diagnostican los flecos pendientes para la definitiva resolución de la crisis del euro. 

La ponencia arroja dos cubos de cal y dos de arena. Entre los primeros, la preocupación por el desconocimiento sobre la cantidad de bancos zombies que pueden existir en la eurozona, que quedarían ocultos en las cifras agregadas del conjunto. Alarman, además, las carencias en la gobernanza económica de la UEM, que impiden garantizar que la supervisión funcione. Las buenas noticias son, por un lado, el compromiso definitivo de que los intereses se mantendrán bajos, al haberse descartado por parte del BCE el riesgo de inflación, y, especialmente, la confirmación de que la zona euro mantiene a lo largo de la crisis un buen nivel de productividad.

Detecto en el consejero cierta inquietud que atañe al vínculo entre las entidades bancarias y los Estados, es decir a la exposición de los bancos, mediante la compra masiva de deuda soberana a bajo interés (comportamiento idéntico al de los bancos japoneses en los noventa). Admite que este comportamiento está incentivado por las regulaciones existentes, del mismo modo que se incentiva a los gobiernos a intervenir en los bancos.

Para el BCE este círculo vicioso evita la recuperación económica en la Eurozona, ya que no se consiguen sanear ni las cuentas públicas, ni los balances de los bancos, de modo que el crédito no fluye hacia las empresas y personas, deprimiendo las economías y evitando la creación de empleo. Así se generó la década perdida en Japón.

La respuesta es, por tanto, puramente política, y consiste en que el Mecanismo Único de Supervisión (SSM, por sus siglas en inglés) pueda, primeramente, obligar a los bancos a reconocer pérdidas ocultas, forzando a que el crédito se centre en los usuarios productivos, y, en segundo lugar, eliminar los incentivos para que los bancos sean actores principales en el mercado de las deudas soberanas nacionales. 

Ello liberará recursos, que quedarán disponibles para la economía real. Sumemos un fondo común de garantía de depósitos para toda la zona euro. El BCE da la receta, el reto está lanzado, y sólo falta el compromiso político. Se espera para junio de 2014. 

domingo, 30 de junio de 2013

Por una Turquía europea


La plaza Taksim de Estambul se ha abierto hueco en el imaginario de todos, como Sintagma o Sol en su día. Esa Turquía que lleva una década de crecimiento y prosperidad económica, en que el PIB prácticamente se ha cuadriplucado, es testigo ahora de una clase media que busca influencia política real. Las calles aledañas a la plaza se han ido nutriendo de personas bien vestidas, informadas y con acceso a las redes sociales. El detonante de la protesta antigubernamental, que ya se prolonga más de tres semanas, fue una concentración ecologista en defensa del parque Gezi frente a la construcción de un gran centro comercial.

El progreso económico turco ha fraguado una clase media que se ha tornado una bomba de relojería para un poder establecido, adornado con tics claramente totalitarios...

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jueves, 13 de junio de 2013

What can be done to help financing small companies in the EU?

Amid the crisis there’s a new wave of entrepreneurial projects emerging across Europe. Although “officially” the credit crunch is over, for smaller companies some big problems remain. One urgent matter for them is how to get proper funding. For this reason small and medium businesses (SMEs) are currently searching for viable alternatives to banks. Paradoxically, although the ECB is making more cash available to banks in the Eurozone, the truth is that financial institutions keep being reluctant to lend to their family and business clients. As banks won't trust a company unless it has a long trading record, sadly many projects are left outside the lending process.  


miércoles, 12 de junio de 2013

El (des)gobierno europeo y el final de la crisis

Se cierra mayo, el Semestre europeo y las recomendaciones de la Comisión a cada Estado miembro, coincidiendo con la reunión del primer jueves de mes del BCE, y el anuncio de Draghide dejar los tipos intactos en el mínimo 0,5%. Ambos organismos argumentan que la recuperación llegará en la segunda mitad de 2013. ¿Hasta qué punto estos dos agentes y, en especial, la Comisión, tienen capacidad de maniobra para incidir en el crecimiento y la convergencia?

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jueves, 6 de junio de 2013

Europa no debe ser patrimonio de sus elites

De forma paulatina, aunque discontinua, el debate europeo transita más a menudo por los territorios  del federalismo político. Se reconoce abiertamente cierto federalismo fiscal, a través de la unión bancaria, y se empieza a fracturar el sistema establecido de la tecnocracia, en el escenario de la crisis más duradera que ha vivido la UE.

Ciertamente el contexto ha desempeñado un papel esencial al presionar a los líderes. No sólo Alemania ha aceptado, con reticencias, los distintos mecanismos de rescate, sino que incluso la canciller Merkel ha hablado abiertamente de la unión política, en no pocas ocasiones. Cabría, también, situar en su justa medida la ambigüedad merkeliana, en tanto en cuanto el Tribunal constitucional alemán de Karlsruhe considera que el Parlamento Europeo no tiene suficiente legitimidad democrática para adoptar leyes con impacto sobre los presupuestos nacionales, viniendo a decir que el presupuesto alemán, sin previa aprobación del Bundestag, no se va a tocar desde Bruselas. Sin embargo, se están tocando (y mucho) los presupuestos nacionales de prácticamente todos los Estados miembros, no sólo de los oficialmente intervenidos. Así lo marca el Semestre europeo y las directrices macroeconómicas que vigila la Comisión, aunque con sonadas excepciones, y con una cierta asimetría que amenaza con romper la equidad del sistema.



En nombre de la legitimidad democrática se hacen propuestas orientadas hacia el escenario de "menos Europa". No es casual que las voces euroescépticas inviten a dotar de mayor poder a los parlamentos nacionales. Recordemos que el Tratado de Lisboa estableció un mecanismo de tarjeta amarilla, que preveía el debate en los parlamentos de los Estados sobre legislación comunitaria. Se ha interpretado este mecanismo como una mejora democrática, pero permitan que lo pongamos en duda.



La Comisión defiende un sistema en que los representantes de los parlamentos de los Estados miembros alcancen acuerdos con los representantes del Parlamento Europeo en materia financiera, sobre todo con el fin de desbloquear el proceso presupuestario. Algo muy distinto y totalmente contraproducente es, como piden incluso miembros del gobierno británico, dotar de un sistema de tarjeta roja para bloquear de forma unilateral todo tipo de leyes y decisiones tomadas en el ámbito de la UE. Dicho mecanismo permitiría que de facto toda la legislación europea pudiera quedar invalidada en cada uno de los Estados miembros, y de forma unilateral. 




Este retroceso dista mucho de ser lo que la ciudadanía europea demanda, ya que situaría a Europa en la era del Estado-nación, incrementando la incertidumbre reinante sobre el núcleo del proyecto. La demanda ciudadana apunta más bien a una estrategia europea de sostenibilidad conjunta, pero con control democrático directo sobre las instituciones supranacionales. 


Las contradicciones políticas se han aceptado tácitamente, no sin un gran malestar ciudadano, que apunta tanto a los propios gobiernos como al funcionalismo bruselense, entendido como el órgano supervisor que impone sin control democracia una serie de rigideces sobre la administración pública. 



En esta tesitura, incluso en el mundo académico esa visión funcionalista pierde fuelle, a favor del discurso federal, que siempre ha tenido adeptos en la escena política, como el propio Schuman o  Delors, si bien éste creía más bien en una confederación de Estados-nación. Actualmente, las voces federalistas en la UE conciben la federación como el sistema idóneo de reparto de poder, con el fin de simplificar el proceso decisorio, pero sobre todo de dar legitimidad y transparencia al sistema político europeo.

Es de reconocer que existen ya numerosos instrumentos federales, evidentísimos en la unión monetaria y el BCE, y menos evidentes en el Mecanismo Europeo de Estabilidad y los otros mecanismos de gobernanza económica, como el Six-Pack, el Two-Pack y el Pacto fiscal europeo. Se trata de instrumentos federales, pero que presentan carencias desde el punto de vista democrático y decisorio. 



En este sentido, el federalismo forma parte de la cultura política y jurídica de la actual Unión Europea, si bien el concepto de la “Europa política” se refiere al ideal federalista y a la plena superación de las soberanías nacionales, y esto todavía choca con algunos Estados-nación que desean consolidar su presencia política de una forma diferenciada (no sólo el Reino Unido, sino también Francia), dificultando la plena realización de esa unión política. 

Podemos reconocer cierto consenso únicamente en el ámbito del gobierno económico, donde la "europeización" se deja ver en forma de austeridad pura y dura, evidenciando cruelmente los problemas de legitimidad democrática y mostrando el riesgo de fractura en la UE, fractura ideológica y también territorial. 



La urgencia que impone la crisis económica, y en particular la crisis del euro, ha servido para justificar la toma de decisiones rápidas y, a menudo, opacas. Las medidas se han explicado en el contexto de una transición hacia el pleno gobierno económico europeo, dotado de supervisión macroeconómica, pero no se observan instrumentos de solidaridad. La velocidad de la crisis, la sociedad de riesgo de la que habla Ulrich Beck está dejando una factura muy alta en la sociedad europea. Este coste y  la percepción de que la UE es dirigida por las elites políticas, pueden resultar altamente dañinos. 

martes, 28 de mayo de 2013

Tras la polémica de las aceiteras

Mi artículo sobre cómo la rectificación legislativa, que perpetró la Comisión la semana pasada, en torno a la supresión de las aceiteras, ha dejado en evidencia el juego de presiones sobre el gran agente político europeo.


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martes, 21 de mayo de 2013

Europa desdibuixa el debat polític nacional

Us deixo la meva reflexió setmanal a 50x7 sobre per què i com la política a la Unió Europea empobreix el debat polític domèstic als Estats membres.



Des del famós Discurs a la nació europea de Benda (1933), la unitat d’Europa es veu com el pas inicial cap a un món sense nacionalitats emotives. La integració econòmica havia inserir-se en un marc moral, amb una concepció d’identitat col·lectiva, en què la voluntat quotidiana de pertinença supera la memòria comuna. Aquest discurs cobra vigència davant les eleccions al Parlament Europeu de 2014, quan la perdurabilitat del sistema polític europeu demanda que la participació es redirigeixi des dels Estats a la UE.
No obstant això... Continuar llegint 



miércoles, 15 de mayo de 2013

How to deal with ethics and transparency in the EU

If anything, the EU law-making is complex. Some even claim it’s undemocratic, which is far from true, but the lack of transparency has a negative impact on the credibility of the European political system. The EU itself has estimated the real cost of corruption in financial terms, but the political cost in terms of democratic legitimacy and public perception of the EU is much more relevant. In recent years there have been some corruption scandals...

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Source: One Europe

miércoles, 8 de mayo de 2013

Italia y el fenómeno Grillo: ¿Rebeldía o sensatez?

[Extracto de mi artículo en 50x7]



En el artículo se analiza el fenómeno de los partidos de tinte populista, como el movimiento Cinque Stelle en Italia, defendiendo la tesis de que el éxito de esta fuerza no reside en un plan económico alternativo y creíble, sino en la percepción de que las elites italianas han tenido un comportamiento depredador e ineficiente. Es el voto de castigo a la práctica clientelar, favorecida por un sistema institucional en esclerosis, análoga a la que despunta en España. Todo ello en el contexto de la oleada de sobresaltos políticos en torno al euro ha instalado en el imaginario común la obsesión por el presupuesto equilibrado, lanzando un mensaje incompleto y preocupante sobre las consecuencias de pertenecer a la UE. 


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jueves, 18 de abril de 2013

Qué fue de la economía de la gente normal


Ayer, voces autorizadas de la Unión Europea (como el presidente del Eurogrupo y el supercomisario Rehn) publicaban en NY Times un argumentado artículo de opinión, defendiendo tanto las medidas tomadas para resolver la crisis del euro, como las consecuencias de las mismas. El mensaje oficial es que la zona euro va en la buena dirección y que se están corrigiendo la fragmentación bancaria y la espiral de deuda. Ahora bien, no hay nada prometedor en el texto, al margen de citar algunas cifras que el Banco Europeo de Inversiones va a poner en circulación para inyectar dinero en la economía productiva. Como yo suelo decir, la economía de la gente normal, la de aquel que se levanta y se niega a quedarse atontado en casa, el que quiere una vida mejor... Lo cierto es que institucionalmente sólo se está atajando el problema macroeconómico, y no el del ciudadano.

La coincidencia histórica de la puesta en circulación del euro, hace ya once años, con la era de la gran apertura de los mercados financieros mundiales ha tenido consecuencias funestas que todos conocemos, a saber, la creación de constantes burbujas, sean inmobiliarias, financieras, tecnológicas, etc. Lo cierto es que todas estas burbujas no serían posibles sin esa gran apertura de los mercados financieros, dicho de otro modo, sin la gran liberalización y desregulación de las finanzas, que propicia que personas y entidades bastante opacas jueguen con el dinero y lo multipliquen sin generar ningún tipo de valor añadido.

En uno de sus últimos encuentros con Hollande, Merkel dijo que uno de sus grandes retos políticos era conseguir que los mercados financieros no volvieran a caer en los mismos errores. Las intenciones son loables, pero a fecha de hoy, no se ha tomado ninguna medida en esa dirección. Al contrario, se está atajando el problema de la deuda, se maquillan las cifras del déficit para calmar a los acreedores y entretanto las economías europeas se van paralizando, y algunas están ya prácticamente al borde del ahogo. Entretanto, los paraísos fiscales siguen existiendo, los mercados financieros siguen especulando y parece que nunca pierden. Incluso algunas reestructuraciones les salen rentables, al menos más rentable que al ciudadano medio, y a las pruebas me remito, véase las consecuencias de los recortes en los países intervenidos.

Oficialmente, la UE sigue siendo una "economía social de mercado", pero ni siquiera desde las instituciones se da contenido a ese mantra. Para colmo de males, tras el rescate bancario chipriota, se abre la veda a las quiebras bancarias, olvidando que el dinero de los bancos es de los ciudadanos. Cuando un banco cae, se perjudica al depositante, que puede ser también un ciudadano medio o un pequeño ahorrador, tan respetable como todo contribuyente. Mientras la sombra de la corrupción, la evasión y el despilfarro sigue ensombreciendo la realidad política, no sólo en España, el ciudadano tiene que asimilar su dosis de morfina vía recortes y resignación. 

No hay ser humano al que no haya dejado exhausto la cruel exprimidora de la austeridad y la subida de impuestos. Algunos han ganado mucho con la eurocrisis, los actores del mercado financiero especulando con los bonos periféricos unos, y los Estados miembros del grupo líder (Alemania sobre todo) financiándose a coste cero. ¿A quién interesa, en estas circunstancias ganadoras (no para el ciudadano medio), que la economía vuelva a su cauce? Tal vez va siendo hora de cambiar el foco de la macroeconomía a la economía real. 

Este debate lo tienen que plantear los partidos políticos ante las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, y los ciudadanos debemos exigir un cambio de perspectiva. Estamos tan cansados de los mensajes automáticos de los políticos, como de la tensión artificial que fomentan los grupos mediáticos para fomentar la confrontación (sea norte-sur, sea ricos-pobres) que enciende a la gente y ayuda a vender periódicos. Yo llegué a creer que tras esta gigantesca crisis, el modelo de sociedad iba a transformarse de verdad, que cada uno sería responsable de sus hechos, que la economía sería un medio para alcanzar una sociedad más justa, pero temo que volvamos a lo de siempre.


miércoles, 10 de abril de 2013

Debate imprescindible: ¿Cuál debe ser el papel del BCE?


Hace ya días que Mario Draghi viene revelando intenciones. En la reunión del 4 de abril lamentó insistentemente que el Banco Central Europeo no disponga de margen de maniobra para estimular la economía en la zona euro y ampliar sus inyecciones de liquidez. Draghi se siente incómodo ante su propia incapacidad para hacer aportaciones capital "allí donde no existe". Estas declaraciones vienen animadas también por la compra de deuda masiva que ha efectuado el Banco Japón. Según los tratados europeos dicha maniobra sería imposible, dado que el mandato del BCE es contener la inflación, y se considera que la expansión monetaria es perjudicial. Pero ya hay precedentes. El último fue la operación de compra de deuda OMT (Outright Monetary Transaction) del pasado otoño, tanto de Italia como de España, con el consecuente descenso de la prima de riesgo de estos países y cierto alivio financiero. 

Cuenta también Draghi con el beneplácito del FMI, organismo que asegura que las expansiones monetarias que se han producido, sobre todo en Estados Unidos (la famosa inyección de la Fed), no han ocasionado tensiones inflacionistas importantes. Conocemos que el FMI es muy partidario de estimular la demanda, posición que trata de compatibilizar con la imposición de restricciones sobre el gasto público en los países intervenidos por la troika. Aunque parezca contradictorio que el BCE, en tanto que miembro de esa troika, imponga la austeridad y defienda el estímulo monetario, lo cierto es que Draghi nunca ha ocultado sus preferencias incluso por la adquisición directa de deuda de los Estados miembros. La realidad es que estas son las actitudes que gustan en los mercados y las bolsas agradecen.

Pero Merkel, y los partidarios de la ortodoxia monetaria, consideran que son los gobiernos de los Estados miembros los que han de cumplir, reformar y conseguir sanear sus economías, y no una institución como el BCE la que debe estimular la actividad económica. De una forma un tanto disfrazada, se trata de la clásica dicotomía entre el estímulo y la ortodoxia, o entre keynesianismo y liberalismo, si lo prefieren.

A estas alturas de la crisis del euro, ya ha calado en la ciudadanía el mensaje de que el euro va a sobrevivir, pero del mismo modo ha calado la idea de que la ortodoxia alemana es la culpable de los recortes sociales. ¿Es esto cierto? Lo cierto es que la periferia ha vivido crisis políticas a nivel doméstico muy fuertes, que Grecia ofreció resistencia, que Portugal este mismo fin de semana ha votado contra las medidas de austeridad y que las imposiciones del Eurogrupo o de la troika cada vez son más contestadas por la opinión pública. Hasta tal punto que el debate Norte-Sur se exacerba, generando una tensión que, siendo "ficticia", podría llegar a convertirse en una amenaza para la idea de la Europa integrada.

Por ello es una irresponsabilidad no dar un paso al frente, y en ese paso, obviamente la ciudadanía tiene mucho que decir. Evidentemente ha de haber una reacción económica, y para ello las economías que están debilitadas han de disponer de un margen, faltan medios para recuperar la actividad económica, y es falta de capital (y no precisamente capital humano). La periferia está sometida desde hace años a políticas anti-crisis destinadas a preservar el euro. Ello implica un juego de malabares que combina el bajo tipo de interés (medida que estimula la economía), con una contención del gasto público (para que los Estados puedan financiarse en los mercados a mejor precio). Pero al margen de la política monetaria, ante la que los gobiernos poco pueden hacer, lo cierto es que el bien público compartido por los europeos está en juego, mientras va creciendo la sensación de que el estado del bienestar está condenado a reducirse a la mínima expresión.

Las instituciones de la UE pasan por un mal momento. La Comisión se visibiliza como un simple guardián que debe asegurarse de que los Estados miembros hacen los deberes solitos. Los movimientos antieuropeístas han pasado del viejo mantra de culpar a la UE por su excesiva burocratización, a cuestionar su verdadera autoridad política. Curiosa contradicción.

Los mandatos del Tratado abogan por la economía social de mercado, pero parecen haber salido de la agenda de prioridades, cuando en realidad ese sistema de bienestar da carta de naturaleza y ha de ser protegido por un gobierno común de la UE. Ese es el debate real de fondo en la dicotomía ideológica entre la austeridad y el estímulo. 

¿Cuáles son las preferencias reales del ciudadano de a pie? Probablemente no hay unanimidad, pero tantos años de crisis, de empobrecimiento, de contención... cada vez encuentran peor justificación. Se hace más difícil justificar políticamente la ausencia del estímulo. El proyecto de la unión monetaria corre el riesgo de convertirse en un proyecto político al servicio de unos intereses totalmente opacos para el ciudadano. Siendo así, no tendría ningún sentido apostar por mantenernos en él. El poder del euro como símbolo está muy dañado y muchos no estarán dispuestos a mostrar una fe ciega en la moneda común.

Algún día sabremos si la excesiva influencia de Alemania es más percibida que real, pero las élites europeas no están siendo capaces de corregir esa creciente percepción entre la ciudadanía de que el empobrecimiento y la austeridad son el precio a pagar por el euro. La ausencia de estímulo se relaciona directamente con la parálisis económica y ese es un precio tan caro que se convierte, paradójicamente, en la principal amenaza para el proyecto de integración europea.