martes, 12 de junio de 2012

El euro y las verdades del barquero: Bankruptocracy & Men in Black




Esta mañana escuchaba la única tertulia del desolador panorama que me resulta tolerable y hasta saludable. La tertulia económica de los martes en Catalunya Radio, dirigida por Manel Fuentes, donde una mañana tras otra hablan con rigor sobre Europa, la crisis del euro y las clásicas verdades del barquero. Uno de los contertulios de los martes es el economista catalán Niño Becerra (el que inventó eso de los Men in Black para definir a los inspectores de la troika), quien, en su línea, vislumbra un oscuro futuro donde todos seremos más pobres, el estado del bienestar será definitivamente insostenible y en el que el modelo económico dominante será enterrado sine die. La nota la positiva la sustenta Niño sobre su convencimiento de que ningún banco caerá, lo cual es ya motivo de alivio.

En un contexto así nos podemos preguntar si la Unión Europea puede mejorar el curso de las cosas. Legítimamente mucha gente (desinformados o no, malintencionadamente o no) puede culpar al euro de haberse cargado el estado del bienestar. Esas sospechas no resisten el mínimo análisis, pero políticamente se utiliza la demagogia a raudales y más que nunca.

La mayoría de la gente se alegra del rescate bancario (los 100.000 millones) y me atrevo a aventurar que muchos están deseando que vengan los hombres de negro y España sea intervenida de una vez. Si como consecuencia de la intervención van a producirse situaciones como que el FROB denuncie a los dirigentes de Banco de Valencia ante la Audiencia Nacional, bienvenida sea la intervención de Bruselas. Si algo pide la sociedad española es que los responsables del despilfarro bancario paguen por sus pecados.

He ahí el catastrófico error de la banca española, politizar a las cajas de ahorro, metiendo en sus consejos directivos a los peores gestores: políticos y sindicatos, que se han dedicado a perdonar créditos a partidos políticos, situar en puestos de mando a familiares y a amigos sin ningún mérito conocido, y taparse mutuamente los abusos y la pésima gestión. Esto ha sido así y todos han mirado a otro lado. Y mirar a otro lado, en este caso, es un delito. Ni debe quedar impune ni salir gratis.

Dicen que a la troika se sumará la EBA (European Banking Authority), dotada de capacidad para imponer estrictas condiciones y transparencia en la gestión de los bancos. Perfecto. Es más, como si hay que pedir permiso hasta para comprar un lápiz. La necesidad debe superar al orgullo en este caso.

La prueba del nueve de que esta supervisión de los hombres de negro es buena es que los banqueros europeos se resisten con todas sus fuerzas a la recapitalización con fondos del FEEF, simplemente porque esto les privaría de su control directo sobre los bancos y ya no podrían hacer y deshacer a sus anchas (creo que algún analista europeo ha definido esto como la “Bankruptocracy”).

Está claro que las distintas reformas financieras (aprobadas tanto por el PSOE como por el PP) no han logrado capitalizar a los bancos españoles con éxito. Muchos bancos españoles deberán reducir su tamaño, vender activos como sea, y tratar de evitar un mayor coste sobre el contribuyente, que pagará tarde o temprano vía FROB, a no ser que con el tiempo los activos lleguen a revalorizarse, hoy en día algo descartable a juzgar por las perspectivas económicas.

El rescate del sábado, además, tiene por fin garantizar que los acreedores de los bancos españoles cobrarán (muchos de ellos son bancos franceses, alemanes, etc.).

Si el mal procede de la mala salud de los bancos europeos, y si estos están corrompidos (como parece ser el caso de algunas entidades españolas y también de las bancas regionales alemanas), tiene mucho sentido que sea un organismo europeo supranacional el que recapitalice a esos bancos y los supervise, libre de intereses políticos locales.

La banca europea en general, y la española en particular, ha generado beneficios mediante el aumento del consumo y del crédito, cuya enorme deuda ha acabado por generar la crisis sistémica. Ahora los recursos se deben generar mediante productividad pura y dura. Esta realidad se produce en el entorno de la eurocrisis, con el objetivo político claro de que el euro no colapse.

La salud de la banca es crucial para que el crédito fluya a las empresas y la economía pueda empezar a ponerse en marcha. El rescate aprobado el sábado debería reducir la presión. Pensemos que España ve como su prima de riesgo no para de crecer desde el verano de 2011, en que alcanzó los 400 puntos, recibiendo una inyección del BCE mediante LTRO a bajo interés.

La única razón por la que el euro no colapsará es porque a nadie interesa que lo haga. De hecho, tiene costes para todo el mundo, Estados miembros, empresas, bancos. A estas alturas poco importa haber perdido soberanía, cada vez se dictan más normas y regulaciones que incomodan a los ciudadanos, pero que aceptan con mayor o menor resignación. En este sentido, Bruselas adquiere un claro perfil tecnocrático.

España se ha beneficiado durante mucho tiempo de su pertenencia al euro, gracias al crédito barato, pero justamente esa falsa burbuja al explotar ha evidenciado nuestra paupérrima situación económica. En el otro extremo, Alemania tiene un liderazgo económico y exportador, pero sus bancos están expuestos en la periferia (e intervenidos por el Bundesbank) mientras empieza a padecer las consecuencias de que los países periféricos no puedan consumir sus productos.

En teoría, la coordinación en una unión monetaria debería dar estabilidad y reducir los costes para financiarse. Se ha dicho ya hasta la saciedad que esto no ocurre en la Eurozona. Donde distintos países van sufriendo ataques especulativos contra su deuda. Esa tónica está lejos de frenarse (vean la prima de riesgo de España estos días). España, además, ha de reducir su déficit, y para ello debe recortar y subir impuestos a la vez, dos medidas que ralentizarán la economía. Aun así, la limpieza de las cuentas públicas es necesaria.

Y sin trampa ni cartón, porque los recortes anunciados por el gobierno español hasta la fecha tienen una escasa traducción en reducción de déficit. Está por demostrar que la austeridad en sí sea la respuesta para salvar al euro, y sin embargo nadie puede ofrecer otra receta. En un sistema interconectado, cada uno debe pagar la deuda que le corresponde. Por ejemplo, si Grecia saliera del euro, ¿cómo podría pagar la deuda que tiene contraída con sus acreedores europeos, alemanes, franceses e incluso españoles? El déficit, por tanto, puede causar la bancarrota.

Y paradójicamente, Alemania, que tanto se juega, que tal vez es la que más se juega, porque es la que más dinero ha puesto en los distintos mecanismos de rescate (FEEF y futuro MEDE), está en una verdadera encrucijada. Cierto es que ha demostrado su compromiso ya de sobras, pero la opción por la unión política no es tan evidente. Tampoco lo es en el caso de Francia, que claramente ha de decidir qué modelo de Unión Europea defiende.

Hasta ahora, la Eurozona ha funcionado en el terreno de la ambigüedad. Por un lado, delega el tipo de cambio y la estabilidad de precios al BCE, pero por otro las deudas siguen divididas claramente entre Estados miembros, al tiempo que los bancos responden ante los bancos centrarles nacionales. Es decir, la interconexión es relativa, y además de no existir supervisor europeo, lo más grave es que no existe una deuda común (llámese Eurobonos o como se quiera). Por tanto, Alemania preserva el máximo poder decisorio y la mayor capacidad financiera en la Eurozona, pero es consciente de que por sí misma no podrá salvar al euro.

Más aun, en el hipotético escenario del abandono de Grecia, está por ver si el euro puede sobrevivir. Además de las consecuencias técnicas para Grecia, como el cierre de fronteras y la devaluación interna, es posible que incluso Alemania abandonara el euro y regresara a un nuevo marco, tratando de sanear su economía internamente, y pasando página a esta historia de los rescates que parece no tener fin.

Es cierto que Alemania no ha dado muestras de querer dejar caer el euro, pero también ha aprendido la lección de que el euro no puede sobrevivir sin un soporte político adecuado (lo dicen Soros y Lagarde) y lo dijeron muchos académicos y arquitectos del euro en la década de 1990. Los inversores internacionales ya no creen en el euro, mientras que los propios inversores europeos reducen sus inversiones por miedo a que el euro se fragmente.

Estas especulaciones van contra natura en una unión monetaria donde se producen movimientos transfronterizos constantes. Soluciones institucionales como la unión bancaria son solo la primera piedra para esa solución de tipo federal europeo.

Hasta tal extremo llega la incertidumbre sobre el euro que, una vez superado el escollo de las elecciones griegas el próximo domingo, se ha dicho que la unión bancaria (supervisión bancaria y seguro de depósitos común a la Eurozona), que exige el compromiso común de todos y cada uno de los Estados miembros como garantes, está ya en la agenda del próximo Consejo Europeo de finales de junio.


lunes, 11 de junio de 2012

Bailout: A relief to last?


Many countries in the Eurozone are under financial difficulties and bad debts, not to mention Eurozone banking system is in chaos. States in the periphery are called into question and suffer a painful credit rating. This is the case in Spain, whose banks have been crushed by bad land and property loans. Since 2008 the European Union has deployed all sorts of mechanisms to try to bring safety back to the euro area. But recovery is not happening at all. While interest rates are low, governments have implemented long-term labour market and structural reforms, but the banking system is still full of bad debt, and this is avoiding the real capital to flow to new economic activities.


In this context, some analysts think it's reasonable to wonder what the effect of the bank bailout (100 bn euros) will be. I mean, they honestly ask themselves: Wouldn't it be better to start writing-off bad debt and ensuring that those who have underwritten that lending take losses? Once again it may seem reasonable to ensure that depositors take their share of the pain, just as happened in Iceland.


But let's face the truth. There is no way to make banks fail safely. Even with a proper legal framework, allowing banks to fail won't be the solution, particularly not in Spain, where regional banks have a particular role in financing SMEs. So the recovery of the financial system that is underway would be damaged for a long time. In that sense, the priority now is to allocate capital efficiently to the banking sector so that new capital can flow to real economy.


When the bad loans can gradually be taken off, the balance sheet and the sector can start to function in a normal way. I wonder if the relief we have seen at the stock markets this morning, a positive mood sparked by the Eurogroup bailout, is meant to last. We may see more market pressure on Spain (which is the Eurozone's fourth-biggest economy) and Italy (third economy in the euro area). Both countries are critical to wider Eurozone health and also facing scrutiny of its public finances. Jim Reid, a strategist at Deutsche Bank AG in London says: "The half-life of bailouts have got increasingly shorter over the last couple of years, so it will be interesting to see where the market is in subsequent days and weeks".

Business confidence can't be recovered if large parts of the banks, or governments, are perceived to be on the verge of insolvency. This is one of the main reasons why it makes sense to bailout banks. Not to mention that these kind of compromises ease some concern about the survival of the Eurozone itself.

domingo, 10 de junio de 2012

El rescate como mal menor y necesario


Estamos en el punto de inflexión que todo el mundo puede encontrar una razón para rechazar el proyecto europeo. En la Europa de la austeridad se cuestionan legitimidad y eficiencia. El coste político se concreta en el germen del cansancio en la periferia, contagiando ya al contribuyente alemán, tan confuso como los demás, pero capaz de acabar  por dar la espalda al euro. Por ahora, Alemania no ha quedado expuesta a la desconfianza de los mercados, sino que se ha beneficiado de la especulación contra algunos Estados, como España. Justamente, en esta partida de dominó que los mercados vienen jugando en el tablero europeo, España era el foco de las miradas en las últimas semanas, de forma virulenta desde que se reveló el agujero de Bankia.

Con toda la ristra de reformas que se han aplicado desde que el 15 de septiembre de 2008 quebrara Lehman Brothers, los críticos con el proyecto europeo han centrado sus esfuerzos en deslegitimar el euro, acusándolo de destruir la democracia y generar una espiral de medidas de austeridad que sólo ha dado como resultado el empobrecimiento de los ciudadanos. Pasamos por un momento en que es casi imposible esperar de la gente que mantenga la ilusión, incluso que crea en las grandes soluciones. La realidad es tozuda, y no debe perderse la perspectiva.

España está intervenida y lo está desde mayo de 2010. La soberanía económica es cosa del pasado hace ya muchos meses. Ahora todos los Estados miembros de la Eurozona se rigen por el Semestre europeo, que hace necesaria la aprobación de la Comisión Europea para poder sacar adelante los presupuestos nacionales, a los que deberán forzosamente incorporarse las recomendaciones y restricciones europeas.

El Eurogrupo se reunió ayer sábado por videoconferencia para aprobar un rescate, sí, a la banca española. Se trata de un rescate que España ha solicitado por necesidad. Sencillamente hacía semanas que el gobierno español no podía soportar una prima de riesgo tan elevada, pagando intereses por encima del 6% para financiarse a 10 años. España gastaba la misma cantidad en intereses generados por la deuda pública que en prestaciones por desempleo. Del mismo modo, varias entidades bancarias están ya intervenidas por el Estado, como la propia Catalunya Caixa a través del FROB, y en últimas fechas Bankia, que no pudo ya hacer frente a sus intereses.

Ya venía insinuando Rajoy que para España tal situación era insostenible, además de no reflejar la realidad de la economía española, que a pesar de su elevadísimo paro y sus patente debilidad, estaba macroeconómicamente sometida a los dictados de la UE, vía condicionantes del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y del firmado en el Consejo de diciembre, el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza (popularmente conocido como Fiscal Compact). Siempre se supo que gran parte del PIB español estaba compuesto por deuda.

Ahora lo importante es ver las contrapartidas. Si el dinero procede del FEEF, se tratará de someterse a condicionantes que podrían tener algunas consecuencias, como la subida del IVA, aunque lo esencial es ver cómo reaccionan los mercados a partir del lunes.

Los rescates al sistema financiero tienen que ver con la sostenibilidad de la propia democracia. Precisamente Alemania recuerda bien la crisis de la banca europea en 1931, que contribuiría a la degeneración democrática en Europa.

Los balances de los bancos europeos arrojan datos preocupantes y presentan desde activos a riesgos interconectados. De hecho, los bancos alemanes también estaban muy expuestos a riesgo en los Estados de la periferia y eso explica que desde hace algo más de dos años sea el BCE el que financia directamente a los bancos periféricos, como por ejemplo mediante la inyección masiva a bajo interés, el LTRO. Este fenómeno va acompañado de un repliegue de los bancos hacia sus límites territoriales nacionales (como viene advirtiendo Soros). La gota que ha colmado el vaso ha sido la fuga de capitales espontánea desde la periferia hacia el norte y el centro de la Eurozona.

Por tanto, era evidente que los bancos necesitaban una recapitalización. Esto ya estaba previsto cuando se diseñó el FEEF y también su sucesor, el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Grecia, Irlanda y Portugal fueron intervenidos por un problema de no sostenibilidad de su endeudamiento y su déficit públicos. Lo que ocurre es que en Irlanda y Grecia ha habido un crecimiento aún mayor de la deuda pública, tras la aplicación de los rescates, por lo que estos países no han podido resolver adecuadamente el problema de la financiación. Ya en noviembre de 2011, Grecia se vio forzada a aceptar un presidente tecnocrático y no electo como Papadimos, al tiempo que a Italia se le impuso el ex Comisario Monti, aun sin estar sometida a los criterios de un paquete de rescate. En el caso de España, no existe ese problema acuciante del déficit público. La diferencia entre este rescate bancario y los rescates a Grecia, Irlanda o Portugal, es que aquellos se constituían sobre unos condicionantes macroeconómicos muy estrictos, sometiendo las cuentas públicas de esos países a la supervisión constante de la troika (FMI, BCE y Comisión).

El rescate o préstamo de la UE a España, en teoría, no afectará al déficit público si el Estado cobra los intereses del mismo a los bancos que reciban capital. Además, los condicionantes solamente se centran en las reformas al sector financiero. El comunicado del Eurogrupo de anoche lo expresa con toda claridad: “la condicionalidad política de esta asistencia financiera se centra en la restructuración de las entidades financieras y en las reformas de carácter horizontal”.

La decisión de pedir el rescate a los bancos es la menos costosa y la más rápida, ya que la constitución de una unión bancaria o la concreción de medidas de mutualización como los Eurobonos, requieren de un farragoso proceso de negociación y ratificación entre Estados e instituciones.

No obstante, parece que existe unanimidad en la conveniencia de crear un Banco Europeo de Depósitos o un sistema de garantías común para la Eurozona.

En este sentido, el rescate es una compra de tiempo, podría incluso aceptarse que es una medida cortoplacista que oxigena al paciente, y que dará la oportunidad de calmar a los inversores. El rescate ofrece una línea de financiación en muy buenas condiciones, abaratando el crédito, ya que alternativamente se habría tenido que prolongar la agonía de financiarse a los altos intereses que estaba imponiendo el mercado el crédito.

Si la decisión del rescate es buena, la concesión también lo es, y respondería en principio al compromiso de España de ceñirse a los duros criterios de gobernanza económica, aunque el gobierno español ha cometido algunos errores de grueso, el primero de ellos tardar cinco meses en presentar los presupuestos, rectificar algunas partidas a posteriori o verse forzado a corregir la cifra de déficit, error, eso sí, achacable al gobierno anterior.

Por último, cabe decir que todavía ha de definirse en el Consejo de finales de junio cómo se concreta la financiación de este rescate, si a través del FEEF o del Mecanismo Europeo de Estabilidad a partir de 2013. Parece evidente que no será el BCE el que inyecte el dinero, reservando esa baza para futuras ocasiones. De confirmarse que se hace vía FEEF, el principal avalista del rescate será una vez más Alemania, que contribuye con un 27 % aproximado a la financiación del fondo. Quedaría por definir de qué modo contribuye el propio Estado español, que participa en el FEEF con un 12 % del capital. En este sentido debería aplicarse algún programa que haga que los acreedores bancarios respondan de posibles pérdidas, eximiendo al Estado de dichas pérdidas.

En cuanto a los puntos positivos de esta decisión, la más evidente es que de un plumazo ha desaparecido la posibilidad de la quiebra. La Bolsa se animará, al recoger una mayor liquidez, y de forma evidente se demuestra que la Eurozona confía en la economía española. En cuanto al tempo, a una semana de las elecciones griegas, parece razonable pensar que el votante griego vire hacia posturas más moderadas.

Conviene recordar que las carencias institucionales con que se creó el euro, siguen existiendo, también que se han confirmado las tesis pesimista de que una unión monetaria sin unión fiscal, se convierte en insostenible y acaba favoreciendo los ataques especulativos contra los Estados más débiles estructuralmente. No es preciso comprar teorías conspirativas como la de Niall Ferguson (Escribía en The Sunday Times: "Creo que los artífices de la unión monetaria ya sabían que su modelo [que era imperfecto y no preveía ninguna cláusula de retirada] desembocaría en una crisis y que el resultado de dicha crisis sería una solución federalista”. Cuesta aceptar semejante ejercicio de premeditación, pero todos y cada uno de los pasos que se han tomado, si bien no han convencido a todo el mundo de que la Unión Europea tiene liderazgo, han dejado patente que los que deciden no quieren dejarla caer.

Se está trabajando en la línea de constituir un fondo europeo de garantía de depósitos, que por otro lado exigirá un compromiso político firme por parte de todos los Estados. Algo que entronca con el actual quebradero de cabeza que supone la amenaza de la salida de Grecia de la Eurozona. Las elecciones griegas del próximo domingo eran y son una bomba de relojería, y multiplicaban el riesgo financiero para toda la Eurozona, dejando en la incertidumbre a la periferia, y sobre todo a la propia Alemania, que es la que ha incurrido en más costes hasta la fecha para asegurar la sostenibilidad del euro, aunque también haya recibido los más grandes beneficios por ser motor de una moneda que le ha asegurado mayor presencia en el mercado y una financiación en condiciones óptimas.

La creación de la Unión Económica Monetaria y la puesta en circulación del euro en 2002 culminaron el más importante avance en la integración europea. Ahora bien, la crisis financiera desencadenada en 2008 ha puesto en riesgo la propia viabilidad y sostenibilidad del euro. Las distintas presiones sobre algunos Estados miembros, han conducido a los líderes y agentes supranacionales a la toma de decisiones y establecimiento de nuevas instituciones y paquetes legislativos destinados a asegurar la viabilidad de la moneda y mejorar la gobernanza económica.

Es posible que los ciudadanos sean incapaces de percibir los beneficios de este rescate a la banca española, pero concreta el aval político y económico del conjunto de la Eurozona hacia la banca española. Por un lado, no había más margen político en un contexto altamente restrictivo, pero por otro, se podría haber arrojado la toalla, ergo el mensaje que nos mandan es, una vez más, el de más Europa.