Tras meses de sequía de noticias alentadoras, el día 12 nos deja
una sentencia favorable del Tribunal Supremo alemán que viene a consolidar las
declaraciones políticas de que el euro es irreversible. Ese mismo día nos trae
una victoria de las fuerzas europeístas en Holanda, tras una mañana en que se
había escuchado en la eurocámara el discurso del Estado de la Unión (por tercer
año consecutivo) más beligerante de Barroso.
El presidente de la Comisión se supera y nos da el relato de una
Unión en que la F de federal, no sólo ha dejado de estar vetada, sino que se
plantea como el nuevo horizonte político. Para el presidente de la Comisión,
más pronto que tarde, la UE se va a dotar de mecanismos democráticos para
fraguar una federación de estados, que vaya más allá del sostenimiento de la
moneda única y que aspira a establecer un nuevo espacio de soberanía
supranacional. El anuncio puede ser tardío, pero se echaba de menos una
Comisión que diera la cara sin complejos.
Barroso cree que la UE va más allá del mercado interior o la
moneda única, y escarba en las opciones que permitan remontar el actual
consenso implícito que se obtiene a través de los gobiernos nacionales.
No obstante, o tal vez justamente por su excesivo poder, fue muy
duro en sus críticas a los gobiernos, a los que ha culpado de la prolongacion
de la crisis por haber tomado decisiones inadecuadas en el pasado. En este
sentido, y para evitar este tipo de problemas de gobernanza en adelante, marca
la pauta para una reforma del Tratado cuanto antes. Fue en este punto cuando
aludió a la creación de una esfera pública europea, de inspiración habermasiana, para
seguir proponiendo una reforma estatutaria de los partidos políticos europeos
para fomentar el debate político paneuropeo.
La Comisión ha ido ganando peso como poder Ejecutivo, sobre todo
en el ámbito supervisor. Sigue dominando la agenda legislativa, ya que no
olvidemos que ha sido la institución que dio el primer paso en la propuesta
para la vigilancia de todo el sistema bancario de la UE. Para crear la unión
bancaria no sería precisa una reforma de los Tratados y se crearía inicialmente
con un condicionado de obligado cumplimiento para los miembros de la Eurozona,
mientras que otros Estados miembros podrían adherirse bajo petición.
En el ámbito económico, Barroso anuncia, además de la unión bancaria,
el lanzamiento de la Single Market Act II, y sigue insistiendo en medidas como
el Impuesto sobre Transacciones Financieras, reconociendo que la unión bancaria
es un pequeño paso para la superación de la soberanía nacional, pero nada tiene
que ver con la unión presupuestaria o fiscal. En paralelo, la luz verde al MEDE
del tribunal alemán asegura la sostenibilidad del euro, dotando de mayor
capacidad política al Banco Central Europeo. Lo que no es óbice para que se
eche en falta una nueva capacidad institucional, una definición más óptima y
precisa entre instituciones, y de ahí la necesidad de un nuevo Tratado que
recoja ese enfoque federalista. Resumiendo, la propuesta de Barroso va más allá
de implantar medidas de emergencia para la resolución de las crisis, buscando
una respuesta permanente y más ambiciosa y valiente.
A pesar de la instistencia en que el Parlamento sería piedra de
toque en esa nuevo UE, el discurso recibió una respuesta algo tibia, ya que
desde su propio grupo, el PPE, Daul se mostró reticente a la firma de un nuevo
Tratado antes de las elecciones de 2014, e incluso le recriminó a Barroso "su excesivo ímpetu
europeísta", lo cual no deja de ser paradójico; mientras, Swoboda, del grupo socialista, enfocó sus críticas en el ninguneo que practica el Consejo hacia el Parlamento.
Asimismo, el presidente del Parlamento Europeo, Schultz,
aprovechó el momento para manifestar su malestar por la “desparlamentarización
de Europa”, mientras que Verhofstadt replicó que lo que se necesita es “una
Europa posnacional, una federación de ciudadanos, y no de estados-nación”.
Sin perder de vista en la necesidad de una UE de ciudadanos, a juzgar por las opiniones versadas, para unos, Barroso es demasiado
federalista, para otros, se queda corto, pero en todo caso hay que estar muy
atentos a las señales que nos llegan desde Bruselas (y también de Frankfurt y Draghi) porque la Unión
Europea se está moviendo, y no parece una agitación pasajera.
