viernes, 14 de septiembre de 2012

#SOTEU De las bajas expectativas al horizonte del federalismo político


Tras meses de sequía de noticias alentadoras, el día 12 nos deja una sentencia favorable del Tribunal Supremo alemán que viene a consolidar las declaraciones políticas de que el euro es irreversible. Ese mismo día nos trae una victoria de las fuerzas europeístas en Holanda, tras una mañana en que se había escuchado en la eurocámara el discurso del Estado de la Unión (por tercer año consecutivo) más beligerante de Barroso.
El presidente de la Comisión se supera y nos da el relato de una Unión en que la F de federal, no sólo ha dejado de estar vetada, sino que se plantea como el nuevo horizonte político. Para el presidente de la Comisión, más pronto que tarde, la UE se va a dotar de mecanismos democráticos para fraguar una federación de estados, que vaya más allá del sostenimiento de la moneda única y que aspira a establecer un nuevo espacio de soberanía supranacional. El anuncio puede ser tardío, pero se echaba de menos una Comisión que diera la cara sin complejos.
Barroso cree que la UE va más allá del mercado interior o la moneda única, y escarba en las opciones que permitan remontar el actual consenso implícito que se obtiene a través de los gobiernos nacionales.
No obstante, o tal vez justamente por su excesivo poder, fue muy duro en sus críticas a los gobiernos, a los que ha culpado de la prolongacion de la crisis por haber tomado decisiones inadecuadas en el pasado. En este sentido, y para evitar este tipo de problemas de gobernanza en adelante, marca la pauta para una reforma del Tratado cuanto antes. Fue en este punto cuando aludió a la creación de una esfera pública europea, de inspiración habermasiana, para seguir proponiendo una reforma estatutaria de los partidos políticos europeos para fomentar el debate político paneuropeo.
La Comisión ha ido ganando peso como poder Ejecutivo, sobre todo en el ámbito supervisor. Sigue dominando la agenda legislativa, ya que no olvidemos que ha sido la institución que dio el primer paso en la propuesta para la vigilancia de todo el sistema bancario de la UE. Para crear la unión bancaria no sería precisa una reforma de los Tratados y se crearía inicialmente con un condicionado de obligado cumplimiento para los miembros de la Eurozona, mientras que otros Estados miembros podrían adherirse bajo petición.
En el ámbito económico, Barroso anuncia, además de la unión bancaria, el lanzamiento de la Single Market Act II, y sigue insistiendo en medidas como el Impuesto sobre Transacciones Financieras, reconociendo que la unión bancaria es un pequeño paso para la superación de la soberanía nacional, pero nada tiene que ver con la unión presupuestaria o fiscal. En paralelo, la luz verde al MEDE del tribunal alemán asegura la sostenibilidad del euro, dotando de mayor capacidad política al Banco Central Europeo. Lo que no es óbice para que se eche en falta una nueva capacidad institucional, una definición más óptima y precisa entre instituciones, y de ahí la necesidad de un nuevo Tratado que recoja ese enfoque federalista. Resumiendo, la propuesta de Barroso va más allá de implantar medidas de emergencia para la resolución de las crisis, buscando una respuesta permanente y más ambiciosa y valiente.
A pesar de la instistencia en que el Parlamento sería piedra de toque en esa nuevo UE, el discurso recibió una respuesta algo tibia, ya que desde su propio grupo, el PPE, Daul se mostró reticente a la firma de un nuevo Tratado antes de las elecciones de 2014, e incluso le recriminó a Barroso "su excesivo ímpetu europeísta", lo cual no deja de ser paradójico; mientras, Swoboda, del grupo socialista, enfocó sus críticas en el ninguneo que practica el Consejo hacia el Parlamento.
Asimismo, el presidente del Parlamento Europeo, Schultz, aprovechó el momento para manifestar su malestar por la “desparlamentarización de Europa”, mientras que Verhofstadt replicó que lo que se necesita es “una Europa posnacional, una federación de ciudadanos, y no de estados-nación”.
Sin perder de vista en la necesidad de una UE de ciudadanos, a juzgar por las opiniones versadas, para unos, Barroso es demasiado federalista, para otros, se queda corto, pero en todo caso hay que estar muy atentos a las señales que nos llegan desde Bruselas (y también de Frankfurt y Draghi) porque la Unión Europea se está moviendo, y no parece una agitación pasajera.