miércoles, 19 de septiembre de 2012

La nueva ambición militar de Europa


Este lunes, 11 Estados miembros que forman el Grupo Future of Europe (Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Alemania, Luxemburgo, Holanda, Polonia, Portugal y España) han adoptado en Varsovia un Informe con sus conclusiones a los trabajos realizados durante siete meses sobre el camino político que debe emprender la UE.

Uno de los aspectos que preocupa es cómo se complicará la toma de decisiones en una UE de 28, tras la entrada de Croacia el próximo mes de julio. En este informe se apunta a una mayor integración y se abunda en la reforma de los tratados, aunque sin mucha precisión. En el plano económico se refuerza la tesis del gobierno económico y la unión bancaria con el BCE como único supervisor, aunque no hay unanimidad en la mutualización de deuda, donde se puntualiza que algunos miembros son contrarios.

En lo político, aunque todos son favorables a reforzar el rol del Parlamento, se apunta a la posible creación en la Eurozona de una cámara parlamentaria, ante la oposición polaca, que no pertenece a la UEM. También se propone la elección directa del presidente de la Comisión, pero se admite que dicho escenario es futurístico.

Donde sí hay consenso es en política exterior, en que se pide la adopción por mayoría simple en las decisiones en seguridad y Defensa, considerando la posibilidad de caminar hacia un ejército europeo.

Este aspecto es importante, puesto que este desiderátum coincide con una serie de importantes avances en el campo de la Defensa europea. La inclusión de la mayoría simple en el área de Defensa se entiende, en principio, como una voluntad de soslayar el veto británico. No en vano, algunos interpretan el acuerdo como una forma de presionar para la salida del Reino Unido de la UE. Entre las medidas propuestas se incluye un mercado único para la industria de la Defensa y un ministro de Defensa paneuropeo. Así como la creación de una política fronteriza europea y un visado único, aunque sólo algunos Estados miembros suscriben la idea de un ejército común. Si bien el compromiso es tibio, sí coinciden todos los Estados en el deseo de dotar de mayor musculatura a la política exterior común.

La presentación de este informe coincide con nuevas noticias sobre las discrepancias entre la OTAN y la UE. Un alto mando de la Defensa francesa y presidente del comité militar de la Unión Europea ha explicado en la Eurocámara que en ocasiones se producen roces entre la OTAN y la UE, poniendo como ejemplo la lucha contra la piratería en la costa somalí.

Sorprende que si bien cree que militarmente ambos organismos deben cooperar, reconoce que la UE es a menudo “el único actor internacional que las partes en conflicto aceptan como mediador”. No sin ironía, para un eurodiputado conservador británico esta declaración revela que la Defensa europea es un proyecto más político que militar. Para algunos diputados británicos, la UE debería centrarse en misiones de carácter más civil, dejando lo militar a la OTAN, pues consideran que se incurre en una duplicidad de funciones.

Estos roces reavivan un debate que parecía superado tras los acuerdos de noviembre de 2010Se ha sugerido que la Defensa europea no era viable por carencias presupuestarias y falta de financiación para armamento. 

La verdadera ironía de todo esto es que, mientras Alemania da un giro de tuerca a favor de la Defensa europea, que algunos interpretan como un pulso a los británicos, esta semana se está llegando a la parte final de la negociación sobre la fusión de la británica BAE con la franco-alemana EADS (European Aeronautic Defence and Space Company), que daría luz el mayor gigante armamentístico del mundo, cuestión de cientos de miles de empleos, pero también de prestigio.

Se trata de un objetivo ambicioso, que eliminaría la dependencia exterior en el campo armamentístico y facilitaría su estandarización, reduciendo costes y duplicidades en un sector totalmente fragmentado por Estados. Este es un largo proceso que ha estado fuertemente condicionado por la elite política, ante el recelo de Merkel sobre la posible pérdida de empleos alemanes de EADS en favor de franceses o británicos. Se estima que BAE tiene acceso a altos secretos de la Defensa estadounidense, por lo que se han visto persuadidos a aceptar una estructura dual con participación norteamericana.

Desde el punto de vista alemán, por un lado, es una gran oportunidad para reforzar las capacidades defensivas europeas, aunque recela de la pérdida de poder estratégico desde el punto de vista nacional, en la industria de la Defensa donde Alemania ha invertido tanto dinero público, algo que se deja ya notar en sus plantas bávaras, que han visto reducido su número de pedidos en favor de sedes francesas o británicas. El pacto contiene el compromiso de que no se cerrará ninguna planta alemana.

Este mismo sábado está prevista una reunión entre Merkel y Hollande para tratar el asunto de esta fusión, aunque en un tono muy distinto al que nos tenía acostumbrado el eje franco-alemán con Sarkozy. Intuyo que más allá de la fusión armamentística, Hollande deberá dejar claro a Merkel hacia dónde vira el péndulo francés en la resolución de la #eurocrisis, si se posiciona a favor de la periferia o acaba cayendo rendido a la ortodoxia de Frankfurt, que, dicho sea de paso, cada vez es menos ortodoxa. 

Francia es siempre un actor que da juego y nos coge con el paso cambiado en su política europea.

Se camina hacia una Defensa común, en un ámbito de gran sensibilidad soberana, y sobre el que poco se definen los tratados, quedando hasta ahora bajo el paraguas de la PESC, y concretadas en misiones humanitarias o de seguridad internacional. Baste mencionar que desde la creación en 2004 de los “Battlegroups” de acción rápida, no se han desplegado nunca. Por ahora, ningún Estado miembro ha renunciado a un ejército propio. Una vez más, la cuestión de fondo es cómo se dilucidarán las diferencias entre lealtades europeas e intereses nacionales.