domingo, 1 de julio de 2012

La trascendencia política de la última cumbre europea




La cumbre de la UE de 28 de junio, seguida de la cumbre del Eurogrupo del día 29, ha sido la más trascendente políticamente de cuantas se han realizado desde la crisis de 2008. Por primera vez, Italia y España se oponen a la firma del acuerdo si no existe una contrapartida en forma de medidas a corto plazo para aplacar las presiones de los mercados sobre estos países. Tras negociaciones hasta altas horas de la madrugada, tomando como punto de partida el Informe del Consejo sobre la UEM, se produjo el comunicado con las conclusiones, en que se revelaron acuerdos muy superiores a los esperados. Inicialmente se desencadenó una euforia en los mercados el viernes, aunque está por ver hasta dónde llega la ola de optimismo.

El grueso de los acuerdos tiene que ver con la inyección de capital a los bancos españoles -y ojo- bajo la condición de que el BCE se convierta en el supervisor bancario para toda la Eurozona a partir de enero de 2013. En el próximo semestre los préstamos del MEDE se canalizarán a través de los gobiernos nacionales, y en el caso español se permite que el ajuste de las cuentas empiece justamente en enero de 2013, si bien en paralelo, los créditos a los bancos españoles no tendrán categoría de acreedor preferente en el marco del MEDE.

El caso irlandés merece mención al margen, pues se rumorea que Alemania solo autorizará inyecciones directas de capital a aquellos países que instauren el impuesto sobre transacciones financieras (FTT), y justamente el Ejecutivo irlandés ha manifestado su oposición al mismo, adalid los intereses de su importante sector de servicios financieros. Sin embargo, se afirmó en el comunicado del Consejo del viernes que las buenas condiciones de capitalización aprobadas para España se aplicarían retrospectivamente a Irlanda, anuncio que causó una inmediata caída en la prima de riesgo irlandesa.

En este caso, no se entra en el detalle de cómo se remodelaría el rescate irlandés, toda vez que los bancos irlandeses se fusionaron con la reserva de pensiones estatales hasta el punto de que técnicamente es hoy complicado discernir lo que es deuda bancaria y deuda soberana en Irlanda, algo que todavía puede evitarse en España. En cuanto a Italia, se concreta un compromiso para usar los fondos del MEDE de forma flexible en el mercado de bonos para reducir sus costes de financiación.

Pero nunca debemos olvidar que la economía es mucho más que la política monetaria. La UE se sustenta en gran medida en la economía social de mercado que plasmaron algunos gobernantes alemanes, como Ludwig Erhard, quien ya anticipó los beneficios que reportaría a la industria alemana un mercado único y perfectamente integrado en Europa. Es un hecho que Alemania sigue exhibiendo el dominio económico en la UE. No menos importante es que por primera vez en mucho tiempo se aprueban en una cumbre del Eurogrupo medidas concretas de crecimiento. En concreto se destinan 130.000 millones de euros para inversión en creación de empleo. A falta de detalles y más allá de la vaguedad del loable fin, pertinente es que nos preguntemos una vez más si estos fondos se emplearán en aliviar los efectos de la recesión más que en medidas concretas para la creación de empleo.

Se ha vendido en la prensa el resultado de esta cumbre como un triunfo de España e Italia y una cesión de Alemania. No es del todo cierto, ya que básicamente la doctrina monetaria alemana conjuga el combate a la inflación con la disciplina fiscal. Si las medidas suavizan la primera condición, en el segundo ámbito no ha habido cesiones. La periferia deberá seguir ajustando sus cuentas.

Es preciso recordar que ni Italia, ni España han dispuesto de la ventaja competitividad de poder devaluar sus monedas desde el inicio de la crisis. Justo es que exista una suerte de compensación. A mi juicio, en esta cumbre se han tomado medidas inmediatas para aliviar los problemas de financiación de la periferia, pero lo más relevante es que el BCE se nos presente como nuevo supervisor bancario, curiosamente el pacto más fácil de concretar en la cumbre y el que cimienta la futura unión bancaria. Se apunta como segundo paso a discutir en cumbres venideras la creación de un plan común de garantía de depósitos.

Si nos fijamos bien, este planteamiento parece poner fin a una unión monetaria dominada por la visión alemana en cuanto a la aversión a la inflación (aunque, insisto no renuncia a la disciplina monetaria, que sigue siendo la marca política dominante en la Eurozona), ya que desde ahora, los bancos dejarán de estar compartimentados en fronteras nacionales (el Sistema Europeo de Bancos Centrales consistía en que cada banco central supervisaba a los bancos nacionales), algo absurdo en una unión de países que comparten moneda y donde los capitales pueden circular libremente y compartiendo además un sistema de pago (TARGET2). El acuerdo de la cumbre, en resumen, rompe el circulo vicioso que hemos vivido en los últimos cuatro años, en cuya virtud las deudas soberanas estaban atrapadas en las redes de un sistema bancario en precario, por no decir en virtual bancarrota, susceptible de ser utilizado a discreción por el poder político nacional de turno, una práctica que el sistema institucional de supervisión europea, que acaba de nacer, está llamado a superar de una vez por todas. Bienvenida sea, pues, esta nueva cesión de soberanía, que apunta beneficios no sólo en términos de sostenibilidad del euro, sino de transparencia y supervisión de las irregularidades políticas perpetradas al amparo del poder de los gobiernos estatales y regionales sobre las entidades bancarias.