miércoles, 11 de julio de 2012

España intervenida, ¿legítimamente?



Que un gobierno de corte liberal (algo que se le presupone al PP) incremente los impuestos directos e indirectos, aun a sabiendas de que eso va a generar más paro en el corto plazo, es indicativo de la locura que atraviesa el continente europeo.

Aunque la prensa extranjera aplauda la nueva ronda de austeridad anunciada por Rajoy, lo que este paquete de recortes y subida de impuestos constata es la pérdida de toda soberanía. Que la guía política y económica de nuestro país no es otra que la traducción literal con puntos y comas de las disposiciones que la Comisión Europea nos ha impuesto a cambio del rescate. Baste recordar lo que dijo Rehn en el Eurogrupo de anteayer, subrayando los compromisos que España adquiría a cambio del paquete de rescate bancario.

Entre nosotros, nadie creyó aquel fin de semana de la famosa comparecencia de De Guindos -tras videoconferencia del Eurogrupo- que el rescate bancario fuera a cambio de nada.  Sea legítimo o no, importe o no, no había alternativa.

Desde el punto de vista de la legitimidad, en una unión monetaria parece deseable que la transferencia de soberanía sea la mínima necesaria, pero sí suficiente para permitir la estabilización macroeconómica, asegurar la disciplina fiscal, y hacer la Eurozona inmune a las profecías autocumplidas, tres problemas que afectan a España de lleno.


La prima de riesgo sigue sin dar tregua al bono español, y es natural que los mercados no acaben de creerse nuestra solvencia, desmentido tras desmentido, escándalo tras escándalo, fusión tras fusión en la banca... Llega un día en que al alcohólico alguien deja de servirle una copa.

Cierto es que el euro nació con carencias, que no se previó un diseño constitucional sobre la toma de decisiones, las responsabilidades, las transferencias de fondos, ni los mecanismos que se conocen para corregir o mitigar divergencias estructurales o cíclicas. 


Se incurrió en el error de dejar el mercado interior a medias, impidiendo que se realizaran los ajustes de precios y salarios (mediante la competitividad interna) para que el canal del tipo de cambio real funcionase eficazmente. Un mercado interior sin barreras hubiera corregido más fácilmente las divergencias cíclicas endógenas en la Eurozona.

Algunos se preguntaban si la alegría de los primeros años del euro, el dinero fácil hacia la periferia, alentó la irresponsabilidad de los gobiernos de aquí y de allá, que aprovechando las inyecciones de dinero dejaron de tomar las medidas políticas necesarias para conseguir la convergencia estructural en la Eurozona. 


Los hechos de los últimos meses confirman sospechas. Los gobiernos en España, de uno y otro color, han sido incapaces no sólo de administrar adecuadamente, sino de supervisar y corregir las alertas que hace tiempo vienen sonando, de forma primordial los niveles de endeudamiento privado y el despilfarro omnipresente.

No cabe duda de que el coste de estas medidas lo pagaremos todos, los que no hemos pinchado ni cortado en las causas del desaguisado múltiple. No me extenderé en detallar medidas que ya maneja la opinión pública a estas horas (subida del IVA, control de las Comunidades Autónomas, eliminación de la exención por hipoteca, supresión de pagas extras para funcionarios…)


Medidas feas, incluso injustas, que serán supervisadas por la troika, o sea los hombres de negro del BCE, la Comisión y el FMI, aunque “atención” no lo harán formalmente, como en Portugal, Irlanda y Grecia, sino informalmente ¿debe entenderse que con bermudas y hawaiana en vez de traje y corbata negros? No sé si el control que éstos ejerzan funcionará mejor que la jerarquía que definía el Tratado de Maastricht, la disciplina fiscal y todo aquello que se han ido saltando los gobiernos a la torera.