domingo, 10 de junio de 2012

El rescate como mal menor y necesario


Estamos en el punto de inflexión que todo el mundo puede encontrar una razón para rechazar el proyecto europeo. En la Europa de la austeridad se cuestionan legitimidad y eficiencia. El coste político se concreta en el germen del cansancio en la periferia, contagiando ya al contribuyente alemán, tan confuso como los demás, pero capaz de acabar  por dar la espalda al euro. Por ahora, Alemania no ha quedado expuesta a la desconfianza de los mercados, sino que se ha beneficiado de la especulación contra algunos Estados, como España. Justamente, en esta partida de dominó que los mercados vienen jugando en el tablero europeo, España era el foco de las miradas en las últimas semanas, de forma virulenta desde que se reveló el agujero de Bankia.

Con toda la ristra de reformas que se han aplicado desde que el 15 de septiembre de 2008 quebrara Lehman Brothers, los críticos con el proyecto europeo han centrado sus esfuerzos en deslegitimar el euro, acusándolo de destruir la democracia y generar una espiral de medidas de austeridad que sólo ha dado como resultado el empobrecimiento de los ciudadanos. Pasamos por un momento en que es casi imposible esperar de la gente que mantenga la ilusión, incluso que crea en las grandes soluciones. La realidad es tozuda, y no debe perderse la perspectiva.

España está intervenida y lo está desde mayo de 2010. La soberanía económica es cosa del pasado hace ya muchos meses. Ahora todos los Estados miembros de la Eurozona se rigen por el Semestre europeo, que hace necesaria la aprobación de la Comisión Europea para poder sacar adelante los presupuestos nacionales, a los que deberán forzosamente incorporarse las recomendaciones y restricciones europeas.

El Eurogrupo se reunió ayer sábado por videoconferencia para aprobar un rescate, sí, a la banca española. Se trata de un rescate que España ha solicitado por necesidad. Sencillamente hacía semanas que el gobierno español no podía soportar una prima de riesgo tan elevada, pagando intereses por encima del 6% para financiarse a 10 años. España gastaba la misma cantidad en intereses generados por la deuda pública que en prestaciones por desempleo. Del mismo modo, varias entidades bancarias están ya intervenidas por el Estado, como la propia Catalunya Caixa a través del FROB, y en últimas fechas Bankia, que no pudo ya hacer frente a sus intereses.

Ya venía insinuando Rajoy que para España tal situación era insostenible, además de no reflejar la realidad de la economía española, que a pesar de su elevadísimo paro y sus patente debilidad, estaba macroeconómicamente sometida a los dictados de la UE, vía condicionantes del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y del firmado en el Consejo de diciembre, el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza (popularmente conocido como Fiscal Compact). Siempre se supo que gran parte del PIB español estaba compuesto por deuda.

Ahora lo importante es ver las contrapartidas. Si el dinero procede del FEEF, se tratará de someterse a condicionantes que podrían tener algunas consecuencias, como la subida del IVA, aunque lo esencial es ver cómo reaccionan los mercados a partir del lunes.

Los rescates al sistema financiero tienen que ver con la sostenibilidad de la propia democracia. Precisamente Alemania recuerda bien la crisis de la banca europea en 1931, que contribuiría a la degeneración democrática en Europa.

Los balances de los bancos europeos arrojan datos preocupantes y presentan desde activos a riesgos interconectados. De hecho, los bancos alemanes también estaban muy expuestos a riesgo en los Estados de la periferia y eso explica que desde hace algo más de dos años sea el BCE el que financia directamente a los bancos periféricos, como por ejemplo mediante la inyección masiva a bajo interés, el LTRO. Este fenómeno va acompañado de un repliegue de los bancos hacia sus límites territoriales nacionales (como viene advirtiendo Soros). La gota que ha colmado el vaso ha sido la fuga de capitales espontánea desde la periferia hacia el norte y el centro de la Eurozona.

Por tanto, era evidente que los bancos necesitaban una recapitalización. Esto ya estaba previsto cuando se diseñó el FEEF y también su sucesor, el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Grecia, Irlanda y Portugal fueron intervenidos por un problema de no sostenibilidad de su endeudamiento y su déficit públicos. Lo que ocurre es que en Irlanda y Grecia ha habido un crecimiento aún mayor de la deuda pública, tras la aplicación de los rescates, por lo que estos países no han podido resolver adecuadamente el problema de la financiación. Ya en noviembre de 2011, Grecia se vio forzada a aceptar un presidente tecnocrático y no electo como Papadimos, al tiempo que a Italia se le impuso el ex Comisario Monti, aun sin estar sometida a los criterios de un paquete de rescate. En el caso de España, no existe ese problema acuciante del déficit público. La diferencia entre este rescate bancario y los rescates a Grecia, Irlanda o Portugal, es que aquellos se constituían sobre unos condicionantes macroeconómicos muy estrictos, sometiendo las cuentas públicas de esos países a la supervisión constante de la troika (FMI, BCE y Comisión).

El rescate o préstamo de la UE a España, en teoría, no afectará al déficit público si el Estado cobra los intereses del mismo a los bancos que reciban capital. Además, los condicionantes solamente se centran en las reformas al sector financiero. El comunicado del Eurogrupo de anoche lo expresa con toda claridad: “la condicionalidad política de esta asistencia financiera se centra en la restructuración de las entidades financieras y en las reformas de carácter horizontal”.

La decisión de pedir el rescate a los bancos es la menos costosa y la más rápida, ya que la constitución de una unión bancaria o la concreción de medidas de mutualización como los Eurobonos, requieren de un farragoso proceso de negociación y ratificación entre Estados e instituciones.

No obstante, parece que existe unanimidad en la conveniencia de crear un Banco Europeo de Depósitos o un sistema de garantías común para la Eurozona.

En este sentido, el rescate es una compra de tiempo, podría incluso aceptarse que es una medida cortoplacista que oxigena al paciente, y que dará la oportunidad de calmar a los inversores. El rescate ofrece una línea de financiación en muy buenas condiciones, abaratando el crédito, ya que alternativamente se habría tenido que prolongar la agonía de financiarse a los altos intereses que estaba imponiendo el mercado el crédito.

Si la decisión del rescate es buena, la concesión también lo es, y respondería en principio al compromiso de España de ceñirse a los duros criterios de gobernanza económica, aunque el gobierno español ha cometido algunos errores de grueso, el primero de ellos tardar cinco meses en presentar los presupuestos, rectificar algunas partidas a posteriori o verse forzado a corregir la cifra de déficit, error, eso sí, achacable al gobierno anterior.

Por último, cabe decir que todavía ha de definirse en el Consejo de finales de junio cómo se concreta la financiación de este rescate, si a través del FEEF o del Mecanismo Europeo de Estabilidad a partir de 2013. Parece evidente que no será el BCE el que inyecte el dinero, reservando esa baza para futuras ocasiones. De confirmarse que se hace vía FEEF, el principal avalista del rescate será una vez más Alemania, que contribuye con un 27 % aproximado a la financiación del fondo. Quedaría por definir de qué modo contribuye el propio Estado español, que participa en el FEEF con un 12 % del capital. En este sentido debería aplicarse algún programa que haga que los acreedores bancarios respondan de posibles pérdidas, eximiendo al Estado de dichas pérdidas.

En cuanto a los puntos positivos de esta decisión, la más evidente es que de un plumazo ha desaparecido la posibilidad de la quiebra. La Bolsa se animará, al recoger una mayor liquidez, y de forma evidente se demuestra que la Eurozona confía en la economía española. En cuanto al tempo, a una semana de las elecciones griegas, parece razonable pensar que el votante griego vire hacia posturas más moderadas.

Conviene recordar que las carencias institucionales con que se creó el euro, siguen existiendo, también que se han confirmado las tesis pesimista de que una unión monetaria sin unión fiscal, se convierte en insostenible y acaba favoreciendo los ataques especulativos contra los Estados más débiles estructuralmente. No es preciso comprar teorías conspirativas como la de Niall Ferguson (Escribía en The Sunday Times: "Creo que los artífices de la unión monetaria ya sabían que su modelo [que era imperfecto y no preveía ninguna cláusula de retirada] desembocaría en una crisis y que el resultado de dicha crisis sería una solución federalista”. Cuesta aceptar semejante ejercicio de premeditación, pero todos y cada uno de los pasos que se han tomado, si bien no han convencido a todo el mundo de que la Unión Europea tiene liderazgo, han dejado patente que los que deciden no quieren dejarla caer.

Se está trabajando en la línea de constituir un fondo europeo de garantía de depósitos, que por otro lado exigirá un compromiso político firme por parte de todos los Estados. Algo que entronca con el actual quebradero de cabeza que supone la amenaza de la salida de Grecia de la Eurozona. Las elecciones griegas del próximo domingo eran y son una bomba de relojería, y multiplicaban el riesgo financiero para toda la Eurozona, dejando en la incertidumbre a la periferia, y sobre todo a la propia Alemania, que es la que ha incurrido en más costes hasta la fecha para asegurar la sostenibilidad del euro, aunque también haya recibido los más grandes beneficios por ser motor de una moneda que le ha asegurado mayor presencia en el mercado y una financiación en condiciones óptimas.

La creación de la Unión Económica Monetaria y la puesta en circulación del euro en 2002 culminaron el más importante avance en la integración europea. Ahora bien, la crisis financiera desencadenada en 2008 ha puesto en riesgo la propia viabilidad y sostenibilidad del euro. Las distintas presiones sobre algunos Estados miembros, han conducido a los líderes y agentes supranacionales a la toma de decisiones y establecimiento de nuevas instituciones y paquetes legislativos destinados a asegurar la viabilidad de la moneda y mejorar la gobernanza económica.

Es posible que los ciudadanos sean incapaces de percibir los beneficios de este rescate a la banca española, pero concreta el aval político y económico del conjunto de la Eurozona hacia la banca española. Por un lado, no había más margen político en un contexto altamente restrictivo, pero por otro, se podría haber arrojado la toalla, ergo el mensaje que nos mandan es, una vez más, el de más Europa.