miércoles, 23 de mayo de 2012

El Eurobono es la apuesta ganadora




Tenemos cumbre informal hoy en Bruselas, todavía fresca la cumbre del G-20 en Chicago, donde por cierto se dio un espaldarazo moral a las posiciones más europeístas, entiéndase por ello la unión fiscal en la UE. El gobierno de Francia, con el recién electo Hollande, y también otros, como el italiano, se suman a la postura defendida por la Comisión desde la publicación su Libro Blanco sobre los Bonos de Estabilidad el pasado otoño. Una vez más, se habla con claridad de Eurobonos.
Aun admitiendo que tras infinitas cumbres no se ha ido más allá de un pacto fiscal que consolida la unión en la austeridad, sobre el tapete pide paso la carta de los Eurobonos (títulos de deuda pública comunes, amparados por una institución supranacional, por ejemplo el BCE) que aun siendo terreno vedado por Merkel, por fortuna dejaron de ser tabú. Existe la percepción de que la palabra está desnaturalizada por exceso de uso, y aunque deberíamos buscar otro término gráfico, el objetivo es dar carta de naturaleza definitiva a una unión monetaria incompleta, cuya indefinición es precisamente la causa y origen de la crisis del euro.
Hace demasiado que el mercado financiero “sufre” la incertidumbre y duda, no ya de la sostenibilidad, sino de la supervivencia del euro. Hemos visto muchos gobiernos caer en la UE desde que estalló la crisis en 2008, y hasta la fecha nadie ha sido capaz de encontrar la vía para compartir riesgo y solvencia. Si bien es cierto que Alemania aporta el 27 % a los fondos de rescate, también lo es que se beneficia en gran medida de la financiación barata que le propicia ser el miembro rico del euro, mientras que la periferia es cada vez más castigada por la incertidumbre que sienten los inversores.
De algún modo, ha calado en la opinión pública alemana la idea de que los Eurobonos infligirían sobre el contribuyente alemán el coste de la irresponsabilidad fiscal de la periferia (curiosa opinión viniendo de un estado federal), soslayando precisamente los acuerdos de austeridad y las fuertes medidas de convergencia fiscal que ya se han impuesto para la Eurozona y los Estados que ratifiquen el Pacto fiscal de diciembre de 2011.
Gracias a los Eurobonos, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (que sustituirá a los actuales fondos de rescate desde julio de 2013) sería un factor estabilizador en la gestión de bonos estatales a largo plazo, dificultando la especulación y, por otro, se obtendría un mercado unificado de bonos a gran escala, permitiendo financiarse a un interés más bajo, a diferencia de lo que ocurre ahora con los bonos nacionales de cada uno de los Estados miembros de la Eurozona. De hecho, los tipos de interés se igualarían, acabando para con esa cesta de 17 divisas que existe virtualmente dentro del euro en estos momentos.
Por otra parte, el propio Banco Central Europeo o el Mecanismo Europeo de Estabilidad podrían destinar los fondos obtenidos mediante la emisión de Eurobonos a mejorar el ratio deuda-PIB de la Eurozona. Por tanto, el propio Eurobono estimularía la estabilidad financiera y evitaría la necesidad de las transferencias entre Estados, ya que los tipos de interés estarían armonizados y por tanto la solvencia de todos los Estados miembros de la Eurozona estaría garantizada.

Esa es la historia de éxito institucional y político que tranquilizaría a los mercados definitivamente, superando la espiral de las profecías autocumplidas de quiebra o ruptura del euro. Recibida ayer la noticia positiva de la consecución de los Bonos Proyecto, que fortalecen la capacidad financiera del Bando Europeo de Inversiones, bien estaría empezarnos a acostumbrar a recibir noticias halagüeñas.