domingo, 22 de abril de 2012

De Francia a la reforma política en Europa



Diversos analistas se aventuran a vaticinar que, ante una victoria de los socialistas en Francia, la presión de los mercados se trasladará a la economía francesa, disminuyendo el grado de presión sobre España. Bien es cierto que, más allá de esta intencionada "maldad", no es descartable que la alternancia de poder en el Elíseo se traduzca en un cambio fehaciente para Europa. Eso, dando por buena la hipótesis de que la declaración de intenciones en campaña se traduzca en hechos. Si podemos dar por cierta la suposición de que Hollande le va a arrebatar el poder a Sarkozy dentro de quince días, presupondremos también que su anunciada idea de Europa no sea una mera verdad filosófica, vacía de contenido.

Sarkozy no sólo no ha sido capaz de “refundar el capitalismo”, sino que ni tan solo ha dado la batalla por un gobierno económico para la eurozona, a todas luces menguado en exceso ante una Merkel enrocada. La traducción de este predominio merkeliano ha sido y es el bloqueo de todas las propuestas francesas encaminadas a dar protagonismo al BCE, al que Alemania tiene sometido a una especie de cadena perpetua, siguiendo la doctrina de la estabilidad, cuya eficacia está todavía lejos de demostrarse.

La solidaridad en la austeridad es prescriptiva y deseable, pero el grado de confianza del gobierno de Merkel en el resto de Gobiernos deja mucho que desear y fomenta el recelo político y, por ende, la inseguridad, también en los agentes del mercado. 

El eje franco-alemán ha dirigido más que nunca los destinos políticos de la eurozona en estos tres años, ante una ausencia creciente de empatía con la ciudadanía. A Sarkozy debemos recriminarle el uso de la crisis económica española en campaña, rozando lo ofensivo; del mismo modo que podemos afearle a Merkel su obstinación en la doctrina de la deuda, asfixiando a los Gobiernos periféricos, sin olvidar que desde un prisma español puede criticarse objetivamente su mutismo ante el agravio de YPF. Aunque no debe pasar desapercibido que el más grave error político sea la amenaza ya evidente de ese levantamiento de fronteras que pone en peligro la libre circulación y presagia el desmoronamiento de Schengen.

En un momento clave, el de la refundación de la Europa política, llega la hora de admitir que ni Merkel ni Sarkozy han conseguido estar a la altura de las circunstancias, no sólo porque han sido incapaces de apostar por un gobierno económico comme il faut (la reedición del Pacto de Estabilidad no convence ni a propios ni a extraños), sino porque se han convertido en el peor lastre para la Unión Europea, al liderar la perpetuación en atrofia en el proceso de integración fiscal y económica en el continente.