lunes, 31 de diciembre de 2012

2013 y vamos para bingo



Desde el estallido de la crisis, de un modo especial en 2012, la política europea ha influido sobre el clima de inversión. No olvidemos que este verano fue el del famoso “haré lo que sea para salvar el euro” del ínclito Draghi. Los avances políticos han sido muy notables, pero debemos acabar el año sin negar la evidencia: seguimos estancados. Aunque es cierto que, tras las palabras de Draghi, el euro empezó a ganar enteros frente al dólar y que hasta día de hoy los ataques especulativos sobre la periferia han mermado, hay mucha más tela por cortar. Empecemos, además, el nuevo con un dato, objetivo y escuálido: se espera un crecimiento del 0,5 % del PIB en toda la Unión Europea (previsión del FMI). Es la región mundial con menor crecimiento, en comparación con cualquiera de las agrupaciones regionales asiáticas, americanas e incluso africanas. Expertos aseguran que ese crecimiento en realidad es una ausencia total de crecimiento.

En la Unión Europea, 2013, será otro año electoral y decisivo. Veremos si la coalición liderada por Monti confirma su reválida, frente al indeseado candidato Berlusconi, tan pronto como en febrero. Grecia ha dejado de estar en el ojo del huracán, mientras sus parlamentarios se disponen a investigar la famosa lista de evasores fiscales. A todo esto, el verdadero foco está en Francia, donde el Constitucional acaba de infligir un varapalo navideño a Hollande, al declarar ilegal la tasa marginal del 75% sobre las grandes fortunas, que causó la fuga de Depardieu a Bélgica. El gobierno francés está tan tocado como su economía.

La gran cita electoral será la alemana. Hasta otoño tendremos que esperar para el veredicto de los alemanes sobre Merkel que, hoy por hoy, aventaja los sondeos de opinión por 10 puntos, a pesar de que su socio de gobierno (FDP) se hundiría. Aunque las aguas aparenten calma en las últimas semanas en la Eurozona, la vigía Merkel avisa del riesgo de marejada, insistiendo en su discurso de fin de año que la #eurocrisis sigue viva, y que la paciencia del alemán medio tiene que “aguantar por lo menos tres años más”, aunque les alienta asegurando que “la prosperidad de la Unión Europea es la prosperidad de Alemania”. Para ello, la receta es equilibrio entre solidaridad y austeridad

Merkel no olvida su voluntad y su deseo de establecer un mayor control sobre los mercados financieros internacionales, tema del agrado de los alemanes hasta el punto de que el SPD de Steinbrück quiere ponerlo en el eje de la campaña. La Canciller alberga temores (fundados) de que no se han aprendido todavía las lecciones de la crisis financiera de 2008 y que algunos están cometiendo los mismos errores. Apela, por ello, al estado como guardián que nos protegerá de esos errores.

Una Nochevieja más con la promesa de que dentro de dos años la crisis se superará y la economía crecerá. Una vez más, en los mensajes navideños de los líderes europeos, el relato es no es el nuevo año el de la recuperación, sino el siguiente. Hoy 2014 se nos presenta como el del horizonte de la unión bancaria, fiscal y política, aupada por la recuperación. Parece que ese será el año del bingo. Ya está a tiro de piedra, entonces… 

El primer reto es mantener la relativa calma que reina actualmente en los mercados de deuda. El segundo es evitar la sangría de parados y destrucción de empresas de forma generalizada en toda la UE. No olvidemos que la crisis no deja de parecerse a la piedra de Sísifo, y que Sísifo sigue teniendo el rostro del ciudadano anónimo. Nos felicitamos por superar un año más sin fin trágico para el euro, pero actuemos con coraje político para subsanar las numerosas y nuevas tragedias humanas. Todavía podemos exigir que 2013 sea algo más que un año de transición.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Cómo mejorar la estabilidad del euro en 2013





La Eurozona es la única unión monetaria moderna que ha combinado una política monetaria centralizada con una responsabilidad económica y política descentralizada. En su concepción sólo se establecía una horquilla de variación en las políticas presupuestarias nacionales, algo que se han saltado todos olímpicamente, porque el Pacto de Estabilidad y Crecimiento fue incapaz en sí mismo de asegurar la gobernabilidad de la zona euro. La crisis ya está archiexplicada aquí desde muchas vertientes, pero recojo el guante del consenso en que las soluciones pasan por cuatro fases, siendo el destino final la unión política, previa unión bancaria, fiscal y económica.
Obsérvese que la unidad política prescribe legitimidad democrática. En esta tesitura, el 28 de noviembre de 2012, la Comisión presenta un borrador para reformar la Unión Económica y Monetaria, que incluye un presupuesto europeo con transferencias entre Estados, coordinación de políticas fiscales y laborales, así como emisión de Eurobonos. Para ello se reconoce que serían precisas dos reformas del Tratado, la primera de ellas en los próximos cinco años.
En el borrador se indica claramente que la Eurozona debe integrarse a mayor velocidad que el resto de la UE.
La hoja de ruta que fija la Comisión marca el objetivo de la unión bancaria en los próximos 18 meses, y define un instrumento de convergencia a 5 años, consistente en un presupuesto separado para la Eurozona, dotado de impuestos propios. A corto plazo habría que reformar el Tratado para que los Estados puedan mutualizar su deuda mediante Eurobonos y crear un fondo de redención para los Estados con una elevada deuda pública. A largo plazo, se constituiría un gran presupuesto centralizado con mecanismos estabilizadores. En las actuales negociaciones del Marco Financiero Plurianual, se ha decidido incluir un instrumento, en el presupuesto de la UE, con recursos para el ajuste y requilibrio de las economías de la Eurozona. Todo ello de momento no va más allá del tintero.
Uno de los elementos que sí se ha concretado es el de la unión bancaria. Se ha acordado un supervisor, aunque algo exiguo, pues sólo podrá actuar sobre los bancos sistémicos, ergo aproximadamente 200 de los 6000 que hay en la Eurozona, claramente insuficiente en el caso alemán, aunque en España se estima que afecta a casi el 90 % de las entidades.
La idea es buena. La moneda requiere que el sistema bancario también sea uno. Es decir, el dinero que emite el Eurosistema es único, pero representa solo una fracción del dinero, ya que el resto lo emiten los bancos comerciales, de modo que si el crédito y los depósitos del sistema bancario están fragmentados en líneas nacionales, también lo está el dinero, lo que se traduce en costes de financiación distintos.
Esto hace que las decisiones en política monetaria no se transmitan de forma uniforme en toda la Eurozona. Para corregirlo, se podría volver a la situación previa, en la que los gobiernos nacionales serían responsables de salvaguardar su propio sistema bancario, algo que hoy parece inviable debido a los altos niveles de deuda pública de los gobiernos, y también debido a que las reacciones del mercado son difíciles de prever.
Por ello, la alternativa más segura es que el sistema bancario sea respaldado a nivel de la UE. El enlace entre los bancos nacionales y su gobierno se sustituiría por un único enlace entre el sistema bancario de la Eurozona y las instituciones de la UE.  
Ahora bien, al plan de supervisión bancaria que se ha aprobado y que funcionará plenamente desde enero de 2013, le falta un plan de resolución común, para la rápida toma de decisiones, y, no menos importante, un fondo de garantía común.
Existirá, claro está, un paraguas común bajo el Mecanismo de Supervisión Único en Frankfurt, pero dependiendo de los datos que faciliten los supervisores nacionales. Es decir, déjenme albergar serias dudas sobre su eficacia y operatividad, cuando los gobernadores de los bancos centrales nacionales han permitido la supervivencia de bancos zombies durante años de precrisis y en plena crisis financiera.
El supervisor común no es lo que debiera ser, y es que para lo fuera, y tuviera plenos poderes, es decir capacidad de absorber shocks al estilo de la FED y capaz de derrumbar los bancos no viables, para ello debería encontrar su encaje en el restrictivo Tratado de Lisboa, un tratado en que se cuidó muy mucho, en exceso, la idea de la subsidiariedad y los poderes de los parlamentos nacionales.
En paralelo, se nos plantea la necesidad de una unión fiscal en la zona euro, también relacionada con el hecho de combatir la actual fragmentación de la deuda en líneas estatales. De hecho, hablamos de un seguro de depósitos común, o la emisión común de deuda, que implica de facto una unión fiscal. Esto nos lo dijeron ya los Cuatro Presidentes en su manifiesto de junio de 2012 (Barroso, Van Rompuy, Dragui y Juncker).
Vamos al elemento político. Debido a la gran cesión de soberanía que todo esto supone, sería preciso asegurar la naturaleza democrática del proceso, entendiendo que el intergubernamentalismo dominante hasta ahora perjudica la rendición de cuentas.
La legitimidad en la UEM debería basarse en que la rendición de cuentas se aplica al nivel de gobierno que es responsable de tomar las decisiones (gobernanza multinivel). Institucionalmente, la Comisión ha mantenido el papel de liderazgo en la preservación del mercado interior, así como en las regulaciones financieras, siempre limitada por los Tratados, que contemplan que algunas normas sólo sean aplicables en la Eurozona. La Comisión también tiene un papel relevante en el desarrollo de los paquetes legislativos Six-Pack, Two-Pack y el Mecanismo de Supervisión Única. Pero es que la legitimidad que se ofrece a escala europea es indirecta, y muy judicializada, pues viene en gran parte de la mano del Tribunal de Justicia, al que se establece como árbitro para el cumplimiento del Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza.
Dado que las nuevas medidas apuntan a una mayor supervisión central, la rendición de cuentas debería quedar al amparo del Parlamento Europeo, único órgano dotado de legitimidad institucional a nivel de la UE. Si hasta ahora diputados bávaros tienen capacidad de voto en el PE cuando legisla sobre derechos de pesca en el Mediterráneo, por qué habría de ser distinto en otras materias. El Parlamento debe ser el horno donde se cuezan los consensos, a la vista de todos los ciudadanos.
Y justamente por eso, por la trascendencia de la Eurocámara, como organismo llamado a abanderar la representatividad ciudadana, debemos plantearnos hasta qué punto debe aplicarse el principio de subsidiariedad, de modo que los Parlamentos nacionales puedan ejercer el debido control sobre las decisiones paneuropeas.
Para ello, las elecciones de 2014 deberían plantearse en términos de reforma política, y articular un marco en que el partido ganador tuviera capacidad para implementar una agenda propia a escala de la Unión.
En estos meses no veremos ninguno de estos avances de carácter político, más allá del acordado refuerzo del BCE, al que sí veremos en su máximo apogeo, en la hercúlea tarea de recopilar masas de información dantescas y ofrecer respuestas políticas concretas y precisas, a partir de un juicio de valor sobre ese volumen de datos del eurosistema. La decisión última sería retirar la licencia a la entidad bancaria que incumpliera los requisitos de viabilidad, es decir, dejar caer a los bancos, si bien se espera en el efecto disuasorio de las salvaguardas previas. Todo ello en el marco del Mecanismo Único de Resolución, que de momento no será operativo, al ser su diseño todavía embrionario. A medio camino están las sanciones, para las que el BCE sí dispone de potestad, al menos para tomar las decisiones finales, siempre partiendo de los datos que le proporcione el supervisor nacional, conviene no olvidarlo, y por tanto mantener todas las cautelas sobre la eficacia de estos mecanismos.

En cuanto al mercado, el programa de OMT (transacciones monetarias directas) hará que el BCE pueda comprar deuda a corto plazo, previa solicitud del Estado que lo precise vía MEDE. Ello de estabilidad y se ha visto una reducción de la prima de riesgo y el interés de los bonos, claramente en este otoño en el caso de España, ya que los inversores se han mostrado favorables a creer en la posición del gobierno español, de no pedir el rescate.

Por tanto, en 2013 veremos más de lo mismo, con un mercado más relajado, o tal vez más preocupado del abismo fiscal estadounidense.

En la Eurozona seguimos con un sistema político en que la consolidación fiscal es y será central. Cabe tener en mente que el BCE se fundamenta en esa ortodoxia, es decir que el sistema no puede construirse sobre deudas y déficits insostenibles desde el punto de vista financiero, eso ya lo dejó bien claro Maastricht al imponer su corsé. Es la conocida doctrina Merkel, que seguirá imperando, y que se prevé seguirá tras su previsible triunfo en las elecciones alemanas en otoño de 2013. Merkel, y con ella, el BCE, sostienen que la inflación es un enemigo, pero que tampoco es una herramienta política en sí, mientras que el aumento de la competitividad sí es un objetivo político. Es en este marco, que los Estados miembros deben seguir superando los efectos contractivos a corto plazo de la política fiscal. Eso y que los mercados se lo crean. El debate federal sigue su curso y entrará en plena efervescencia en 2014. Así lo anuncia Barroso, que ha puesto la F en el centro de sus últimos discursos, y de quien, por cierto, no sabemos si se presentará a la reelección al frente de la Comisión, tras las euroelecciones que tendrán lugar dentro de año y medio, pero antes... la unión bancaria debe demostrar su eficacia, primer paso para la unión política profunda, la auténtica hoja de ruta federal.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

Razones por las que la UE merece el Nobel


Ya se han convertido en un clásico las críticas al Nobel de la Paz. Este año muchos han visto un claro componente político en el galardonado. Este lunes 10 de diciembre nos deja la inédita imagen de los máximos representantes de las tres instituciones de la UE recogiendo un premio, flanqueados por la mayoría de jefes Gobierno europeos, en un acto en que la gran ovación de la audiencia fue para el apretón de manos de Merkel y Hollande, testimonio de los dos viejos enemigos devenidos en eje franco-alemán. El acto estuvo cargado de simbolismo y emotividad, pero merece un análisis mucho más profundo.

¿Por qué?

El premio se podía haber otorgado años atrás, cierto es. Por primera vez se otorga a esa expresión tan desacertada de “una entidad política en construcción”, pero este proyecto inacabado lleva 65 años con nosotros. Sin pretender aburrir con una historia que todos conocéis, la reconciliación de los europeos (enfrentados mediante sus estados-nación desde mediados del XIX hasta casi mediados del XX), ha sido posible gracias a la Comunidad Europea.

Esta afirmación no es nada gratuita. Creo que la primera razón para conceder el Nobel a la UE es la preservación de la paz, aunque los conflictos nos parezcan lejanos en el tiempo. Recordemos que en 1990, Mearsheimer, prestigioso analista de la escuela realista internacional auguró en su documento “Back to the future” que Europa recaería en una guerra interna.

Sin voluntad política, la paz en Europa no hubiera estado garantizada. No solamente por Monnet, Schuman y Adenauer, y su acertada decisión de unir las producciones de carbón y acero, junto con la puesta en común de los intereses comerciales de Francia y Alemania. Sino también porque el elemento funcionalista y el elemento político ganaron impulso mutuo hasta consagrar la Comunidad Europea, que ha sido un motor de integración entre los pueblos, dada la tendencia continuada de los Estados a sumarse al proyecto.

La voluntad de suma de los países queda plasmada en los acuerdos intergubernamentales y, especialmente, en los tratados, de manera que se ha asegurado la supervivencia de la comunidad permitiendo que jamás haya quedado supeditada a los intereses particulares de un Estado en detrimento de los otros. Ese decir, institucionalmente, la Comunidad se ha dotado de la capacidad política y una legitimidad moral para garantizar la paz entre los europeos.

Compartir instituciones, el Consejo que agrupa a los jefes de Gobierno y de Estado, la Comisión como brazo ejecutivo, y, sobre todo un Parlamento Europeo, elegido por sufragio desde 1979, enriquece los compromisos escritos y el acervo comunitario, que han sido el riego sanguíneo que ha permitido que los acuerdos comerciales, la unión aduanera, la lucha contra el proteccionismo o incluso las políticas de cohesión territorial hayan labrado ese camino hacia la concordia entre ciudadanos. El reto es preservar estos logros en momentos de riesgo de fragmentación, como el actual.

En segundo lugar, el premio está vinculadísimo al activismo en pro de los derechos humanos que practica la Unión Europea a través de sus leyes e instituciones. No es asunto menor que la Carta de Derechos se haya incluido al Derecho de la Unión desde el Tratado de Lisboa. Son valores nada baladíes en este momento en que se están llevando a cabo levantamientos temporales de fronteras en países como Francia, Italia o Dinamarca, acogiéndose de manera muy dudosa a excepcionalidades en el Tratado de Schengen. De forma complementaria, la UE promueve activamente los derechos humanos  en el mundo, ya que los criterios democráticos son el condicionante que la UE aplica en sus negociaciones con países terceros, favoreciendo la tolerancia, la libertad y la igualdad de derechos y deberes en lugares en los que estos valores no son, ni de lejos, evidentes (bueno es mencionar en este punto que la UE destinará los 930.000 euros del premio a apoyar proyectos de colaboración con niños afectados por guerras y conflictos). Existe, por tanto, una labor de difusión activa de los derechos humanos en todos los acuerdos internacionales que la UE firma.

En tercer lugar, el contexto es fundamental. La crisis de la Eurozona deja entrever el surgimiento de unas fronteras mucho más sutiles y, por ello tal vez más peligrosas, entre ciudadanos. Son las líneas divisorias que se establecen entre países acreedores y deudores, con el fantasma del riesgo moral y el implícito conflicto que encarna. Con todo, no puedo menoscabarse el gran logro que ha supuesto la Comunidad para la prosperidad. El economista Barry Eichengreen maneja estudios que demuestran que el PIB per cápita de los europeos sería una quinta parte del que es actualmente sin la existencia de la Unión Europea, factor de prosperidad económica, gracias al desarrollo del mercado interior.

La crisis actual, a riesgo de degenerar en crisis moral, marca un momento de oportunidad para conceder el premio, entendiendo que los valores de la Unión Europea encarnan un referente. Porque además, Europa necesita alimentar su autoestima. La ciudadanía europea atraviesa extraños momentos de indefinición, y los líderes han de estar a la altura, siendo baluarte de esa unidad para la prevención de conflictos entre territorios.


Críticas y fracasos

Para algunos observadores, las carencias de la UE se han evidenciado de forma ostensible en estos últimos cuatro años, sobre todo en la gestión de la crisis del euro. Cierto es que los valores esencialmente europeos que encarna el estado del bienestar están siendo fuertemente cuestionados. Sin embargo, y justamente porque los líderes europeos todavía creen que ese bienestar merece ser preservado, como gran conquista ciudadana, considero que no son nada desdeñables las decisiones e instrumentos que se han adoptado en el marco del gobierno económica y que suponen una cesión de soberanía sin precedentes por parte de los gobiernos.

Es indudable que la Eurozona en particular ha tomado la senda de la federalización política, con todos sus interrogantes, pero también es necesario que exijamos acciones mucho más drásticas y mayor celeridad en esas medidas integradoras que nos permitan asegurar un presente a los millones de europeos que hoy viven en riesgo de exclusión y las crecientes bolsas de pobreza. Ya no podemos permitirnos creer que sólo el futuro nos dará respuestas.

Ahora bien, muchos de las críticas a la concesión de este premio inciden en la ausencia de política exterior común y en la disonancia de voces ante conflictos internacionales. En este sentido, podemos admitir que no existen instrumentos jurídicos para garantizar una única voz en política exterior, aunque el Servicio Europeo de Acción Exterior ha logrado establecer una red diplomática única con notable éxito. La política exterior sigue dominada por el criterio de la cooperación reforzada, sobre todo en Defensa.

Los críticos hacen hincapié en fracasos del pasado reciente, como el conflicto balcánico y la tristemente célebre matanza étnica de Srebrenica. Para ello, podemos decir que la UE es un actor internacionalmente relevante desde que se articulara el pilar de la Política Exterior y de Seguridad Común, sobre todo en la era Solana.

Ahora bien, las tragedias vividas en los Balcanes están directamente relacionadas con el desmantelamiento de la vieja Yugoslavia, en un conflicto con derivadas religiosas, étnicas y políticas de gran calado. La terrible matanza de Srebrenica en 1995, estuvo envuelta en una serie de circunstancias que nadie pudo controlar. Se puede argumentar que la UE no estuvo a la altura, pero cabe recordar que la UE había reconocido al estado de Bosnia en 1992, y que en 1993 el Consejo de Seguridad de la ONU declaró Srebrenica zona segura, desmilitarizando las fuerzas locales, mientras Serbia se militarizaba, incumpliendo los acuerdos de la ONU.

La misión de la UE era pacificar, y, en caso último, negociar. Esta tarea fue del todo imposible, porque la UE no disponía ni de medios militares para intervenir ni del poder otorgado por los Estados miembros para intervenir, porque los gobiernos nacionales no querían tomar partido por ningún bando. No es una excusa honrosa, pero hay que ser justo admitiendo que las circunstancias no eran propicias.

En descargo de la UE, solo podemos admitir que, una vez finalizado el conflicto, la Unión ha acogido a los nuevos Estados en su seno y ha colaborado en su democratización y la creación de estructuras de estado de derecho para acoplarlos al derecho comunitario, tarea que se extiende a todos los nuevos Estados surgidos tras la caída del Muro de Berlín en 1989.

Llamamientos

Vistos los argumentos, la UE vive un nuevo momento de inflexión histórica. O se federaliza o muere.  Este Nobel debe servir como acicate para aquellos gobiernos, o aquellos ciudadanos, que sienten la carencia de respuestas de Europa, que no comprenden los mecanismos de solidaridad entre Estados y que, por distintas razones, sienten que la integración europea no tiene ningún sentido. Un acicate que sirva precisamente para superar las imperfecciones y los problemas intrínsecos a esta situación histórica.

El galardón no es una varita mágica que garantizará la concordia ni evitará las disquisiciones entre políticos, ni los desconcertantes ataques de los mercados sobre el euro. El premio en sí no soluciona los problemas, pero sí debe invitar a reflexionar a los líderes, a todos y cada uno de los que lo recogieron el lunes en Oslo para pasar de la inspiración a la acción. Ayer leía un informe técnico que advertía en conclusiones de que la Unión Europea debe dar ya "el salto federal", para evitar su destrucción. Ello requiere un compromiso pleno, tanto político como personal.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

A new Directive on Women on Boards: Changing perceptions and improving performance


Women-owned businesses are growing, but women’s progress on corporate boards is extremely low. This is not because women chose not to be there; on the contrary, they apply to jobs in management, though most of them show lack of confidence and are unable to overcome “structural” obstacles. Women need to get used to remove the perception of barriers and need to see themselves as capable of succeeding in any job. The truth is that most women don’t think they can get top jobs.

Boards of Directors exist to help management develop business strategies and to set policy objectives. In Western countries, women purchase around 80 % of all products and services, so female members can contribute to more effective corporate decisions. For women, board membership provides an opportunity to test ideas, but also to get better wages and schedule flexibility. It may seem not that obvious, but for companies quotas can be an added value, bearing in mind that in the light of current international crisis and corporate scandals, companies face growing pressure for more accountability and responsibility. In that context, board assignments have become ethically vital. In a certain way, board performance is rated by society.

Nevertheless, glass ceilings have often been used as a metaphor to explain the limited participation of women on boards, not to mention the pay gap between men and women. Furthermore, a growing number of studies suggest gender balanced boards have the potential to improve the financial performance of companies.

The EU's competence to legislate in gender equality matters dates back to 1957. The European Parliament has called many times for legislation on equality in business leadership.

Today the Commission is proposing EU legislation to accelerate progress towards a better gender balance on the corporate boards of European companies. The proposal was presented jointly by Commissioners Reding, Tajani, Almunia, Rehn, Barnier and Andor.

The Directive proposed today sets an objective of a 40% presence of women among non-executive directors of companies listed on stock exchanges by 2020. These companies will have to appoint women to those positions according to their qualifications and applying gender-neutral criteria.
This means that given equal qualification, priority shall be given to the women, currently the under-represented sex. The proposal also includes a "flexi quota", an obligation for listed companies to set themselves individual, self-regulatory targets.
The proposal is expected to apply to around 5,000 listed companies in the European Union, but it does not apply to SMEs (companies with less than 250 employees and an annual worldwide turnover not exceeding 50 million EUR).
Though 11 Member States (Belgium, France, Italy, the Netherlands, Spain, Portugal, Denmark, Finland, Greece, Austria and Slovenia) have introduced legal instruments to promote gender quality on company boards, currently just 1 in 7 board members (13.7%) at Europe’s top companies is a woman.
There are big differences between countries, with women making up 27% of board members in the largest Finnish companies and 26% in Latvia, but only 3% in Malta and 4% in Cyprus.

The problem with this is that, in fact, there is a legal fragmentation approach that risks the proper functioning of the Single Market, as different company law rules and sanctions for not complying with gender balance laws can lead to complications for businesses or cross-border investments.
It’s remarkable that qualification and merit will remain the key criteria for a job on the board, but the Directive establishes a minimum harmonisation of corporate governance requirements, so today's proposal seeks to create an EU-wide framework for such positive action rules.
In this sense, the Commission considers this action is temporary, and will not be necessary once the progress has been achieved. So the EU law will act as an incentive for companies and for women, contributing to a raise in their employment rate across the European Union. So this Directive goes far beyond the role models, it offers greater opportunities for talent.


domingo, 28 de octubre de 2012

La crisis de los medios y el espacio público europeo


Una de las razones por las que los europeístas pedimos un espacio público europeo, es por considerarlo precondición para dotar de una voz pública a ese nivel de poder compartido. Otro motivo, y tal vez más esencial, es la garantía de la pluralidad y transparencia informativas, en un momento en que se padece de forma cruda la politización de los medios. Esta politización se alimenta de la crisis galopante del mundo editorial y periodístico, atenazado por el uso masivo (e indiscriminado) de la información en la red. La prensa escrita estaría ya exangüe de no haber mediado todo tipo de subsidios públicos. De ahí al sesgo hay un paso… y muy pequeño.

Como lectores, cuando pretendemos acercarnos a la realidad local y nacional, la tarea de contraste es ardua, pero ésta se convierte en titánica si rastreamos informaciones de lo que ocurre en otros países. Las noticias vienen, además, filtradas por barreras culturas y lingüísticas, tamizadas por el filtro del corresponsal, y revisadas por la línea editorial de marras. Falla la contextualización. Lo peor es que el prejuicio histórico-cultural, e incluso, social, todavía hoy, nos aleja del concepto del mass media paneuropeo.

Los más críticos con el movimiento europeísta suelen denunciar las tendencias al monopolio político e ideológico de Bruselas, a la que consideran una ciudad tomada por burócratas capaces de fagocitarlo todo para asegurar su subsistencia. Contrariamente, los monopolios en Europa han ido cayendo al amparo de la legislación comunitaria, siendo éste uno de los pilares del mercado único. La industria de la información tiene el mismo tratamiento, si bien, los Estado se cuidan mucho de proteger a los grandes emporios mediáticos, máxime cuando están a su merced, debido a esa crisis del sector.

No es casual el papel que desempeña la prensa escrita incluso en la elaboración de las agendas políticas, los tiempos que eligen los gobiernos para anunciar sus medidas, la elusión de ciertas palabras tabú (el famoso rescate que nunca llega para el gobierno español). La política va de la mano con los medios incidiendo sobre la psicología del conjunto de los ciudadanos.

Al uso político se suma la amenaza del monopolio (véase el caso Berlusconi). En la práctica, se considera que las leyes de competencia e igualdad en el mercado son insuficientes para prevenir oligopolios en el sector de la información, y la mayoría de los Estados miembros se han dotado de organismos reguladores de los contenidos mediáticos, orientados a evitar la concentración de medios y garantizar también el pluralismo informativo, como el Flemish Media Regulator y el Conseil Superior de l’Audiovisuel en Bélgica, y las leyes federales contra la concentración de medios que se han desarrollado en Alemania. Sin embargo, por ejemplo, en Hungría se ha generado una gran polémica por la nueva propuesta legislativa que otorgaba un poder excesivo a la agencia reguladora, que además en su concepción era totalmente dependiente del gobierno de turno. En España no ha habido acuerdo político para velar por el pluralismo mediático, pero se liberalizó el mercado audiovisual y en 2010 se legisló para evitar la concentración de medios, a partir de los índices de audiencia,  limitando a los accionistas el nivel de participación en más de una empresa de comunicación, lo que no ha evitado las fusiones en Mediaset de Quatro y Telecinco, o la fusión de La Sexta con Antena 3 en diciembre de 2011. 

Sin entrar a valorar el grado de independencia y pluralismo de los distintos medios, lo relevante aquí es si la integración económica europea va a favor de esa tendencia. Y más aún, si el hecho de que algunas empresas del sector se hayan internacionalizado ha favorecido la transparencia informativa.

Según datos de la Comisión, la industria de la información está en crisis, pero actualmente da empleo a más de diez millones de europeos. En este sentido, la comisaria Kroes ha lanzado un plan, en el marco de la Agenda Digital, que pretende facilitar la competencia en el sector de la información, con distintas medidas liberalizadoras y armonizadoras en el ámbito de la comunicación, de aplicación en todos los Estados miembros. 

El proyecto es todavía muy ambiguo, pero no me cabe duda de que sólo consiguiendo que el sector de la información vuelva a ser una industria competitiva y más orientada al lector que al empresario (o al accionista), volverá el periodismo a recuperar su prestigio. En ese prestigio se enmarca la vocación periodística, entendida como voluntad de adaptarse a las circunstancias históricas. 

Vivimos nuevos y convulsos escenarios en que los actores van mutando, son cada vez más los ciudadanos y cada vez menos los aparatos de los Estados. Solamente entendiendo y asumiendo esta realidad, los medios de información podrán contribuir decididamente a la creación de ese espacio público europeo, transparente y compartido por todos. El peso simbólico de una prensa en clave paneuropea, y plural, es esencial para dar forma a ese sentimiento colectivo de pertenencia, dando vida a esa única voz que esperamos sea la Unión Europea de cara al mundo. Ese logro de la prensa europea llegará cuando se revele el sano espíritu crítico que nuestra sociedad ansía para despertar del letargo y el desencanto.


lunes, 22 de octubre de 2012

De Grexit a Brixit



Ante unos mercados más calmados, hoy es algo más fácil comprender la lógica que van siguiendo los avances políticos en la integración de la zona euro. Según fuentes de la Comisión, estamos ante el escenario “de menos urgencia” desde 2009. De aquí a final de año se cerrarán acuerdos con más libertad de acción para el Banco Central Europeo, a la espera de contar con un nuevo supervisor en 2013. En palabras de Hollande, “lo peor ya ha pasado”. El Consejo de la UE de diciembre promete, porque se negociará por fin la posibilidad de articular un presupuesto específico para la Eurozona. A España ya se le han prometido hasta 100.000 millones para recapitalizar sus bancos. Grecia tiene mejores perspectivas y según anunciaba Der Spiegel, Schäuble ya tiene preparado el programa de compra de bonos soberanos griegos en el mercado secundario a un precio del 25% de su valor nominal y se espera que Grecia reduzca su deuda de forma considerable a través del MEDE, a la espera de informe favorable de la Troika.

En este contexto, destaca la posición alemana de apostar por un súpercomisario con poderes fiscales, sin precedentes. La primera derivada de tal apuesta es dotar de legitimidad a las fuertes presiones que la sostenibilidad del euro ejerce sobre la periferia, restricciones que seguirán afectando a otros países más cercanos al núcleo, empezando por Francia, cada vez más alejada del crecimiento económico. Legitimidad que hoy es difícil de aceptar cuando el proceso decisorio depende de cada uno de los parlamentos nacionales. Dan fe de ello la dura espera a la decisión de Karlsruhe y al voto favorable del Bundestag para la articulación del MEDE. Cuesta digerir que un solo Estado miembro tenga tal poder de veto sobre los presupuestos nacionales.

Paralelamente, Reino Unido sigue siendo el miembro díscolo que nunca ha digerido su pertenencia a la UE. Thatcher consiguió el cheque británico en su momento, pero hoy los británicos ya no son socios necesarios, sino más bien se considera que su control y chantaje permanente son un incordio indeseable. El premier Cameron ha manifestado su deseo de ejercer el veto en la cumbre del próximo 22 de noviembre, en que se pactará el nuevo Marco Financiero Plurianual 2014-2020, una herramienta presupuestaria casi anecdótica (aproximadamente el 1% del PIB medio de la UE), de la que se nutren los fondos de carácter más regional, incluyendo cohesión, estructurales, agrícolas, etc.  

Reino Unido no quiere más que un reconocimiento de su “excepcionalidad” quedando fuera de las medidas de gobernanza que no se “ajusten a sus intereses nacionales”. Esto no agrada e incomoda a todos. Hasta el ministro finlandés Stubb manifestó que nadie puede hacer nada por evitar que Reino Unido diga “adiós a la UE”. Ya estamos habituados a las maniobras en clave interna británica, aunque Merkel ha tomado el guante hoy, anunciando que no se presentará al próximo Consejo Europeo de persistir Cameron en su reto.
De un modo algo jocoso, algunos en las redes sociales ya han destacado que en meses el escenario ha evolucionado de un posible Grexit a un probable Brixit.

Bromas más o menos afortunadas al margen, el gesto de Merkel también tiene una dimensión más simbólica que efectiva, ya que donde se juega la sostenibilidad del euro no es en ese presupuesto comunitario. El meollo está en el Semestre europeo, que activa la supervisión de las cuentas nacionales, la regla de oro y las condiciones draconianas que bien en conocen en Grecia, Irlanda y Portugal. Dicho procedimiento queda fuera de los ámbitos del veto, ya que las decisiones solo podrían rechazarse por mayoría cualificada en contra. La estructura incluye también al Parlamento Europeo y al Tribunal de Justicia de la UE.

Sin embargo, hoy por hoy, no se manifiesta públicamente el consenso necesario en el eje franco-alemán sobre cuál ha de ser el grado de control de las instituciones de la UE sobre los presupuestos de los Estados miembros. Francia siempre ha sido más partidaria de la mutualización de riesgos y la armonización fiscal, máxime estando ahora en una situación económica vulnerable. Merkel se alinea con la postura de Schäuble, ergo dotar de más poderes fiscalizadores a la Comisión, lo que le garantiza una Eurozona sometida a la rigidez monetaria, liberando al contribuyente alemán de presiones o responsabilidades directas sobre “errores ajenos”.

No extraña que, habiendo elecciones generales en Alemania a finales de 2013, Merkel quiera liberar al Bundestag de decisiones sobre recapitalizaciones a otros Estados miembros. Es dudoso que los alivios temporales que brinda el mercado sean sostenibles, tanto como un año, sin que haya más puesta en común de elementos como la mutualización de la deuda o la solidaridad fiscal. También indican las fuentes que Hollande y Merkel están más próximos de lo que parece en términos de integración fiscal y, sobre todo, en su posición con respecto a la periferia, habiendo ganado, en fechas recientes, el gobierno griego muchos enteros a ojos del gobierno alemán. Con todo, la cercanía del proceso electoral germano nos hace estar especialmente atentos a la inmediatez de los cambios en el gobierno económico de la zona euro.


martes, 25 de septiembre de 2012

¿Qué Europa queremos?

La Comisión Europea en España ha abierto un debate público para recoger propuestas de los ciudadanos. Estas propuestas se expondrán este jueves 27 en Cádiz (en el Oratorio San Felipe Neri, lugar en el que fue proclamada la Constitución de 1812) a la vicepresidenta de la Comisión y comisaria de Justicia, Viviane Reding.

Es una oportunidad de oro para debatir. Así se ha entendido desde More Europe, que ha habilitado una aplicación de facebook donde se pueden votar y presentar las propuestas.

Se agradece la iniciativa, puesto que no sólo es una forma de crear un debate transnacional, sino la ocasión de manifestar nuestro malestar por las dificultades que detectamos y que afectan a nuestro desarrollo personal. Yo ya he presentado mi propuesta en particular. Está relacionada con una de las grandes carencias que observo y padezco, que es la dificultad que acarrea el no reconocimiento de las titulaciones académicas en todos los Estados miembros de la Unión, lo que complica enormemente la movilidad laboral.

También desearía que desde la UE se promoviera un currículo educativo común para toda la escolarización desde la Educación Primaria hasta el Bachillerato, de manera que los referentes mentales y culturales, y los sistemas de trabajo, fueran compartidos entre todos los estudiantes europeos, facilitando así la cooperación académica y laboral, y el crecimiento del conocimiento en un espíritu netamente europeo y diferenciador.

Para ello, se deberían promover los intercambios escolares entre Estados miembros, en los que se implicarían, además de los alumnos, también profesores y familias, no sólo facilitando las estancias breves y convivenciales en distintos países, sino también mediante la propia cooperación virtual en las aulas. 

Estas acciones entre escuelas deberían enmarcarse en una Ley europea de Educación que asegure la validez y reconocimiento de los programas educativos en toda la Unión. Primer paso para una ciudadanía europea más abierta y dispuesta a la colaboración y enriquecimiento mutuo por encima de las fronteras nacionales.

Os animo a participar y expresaros en aquel ámbito que os preocupe y en el que la Unión Europea siempre ha de tener algo que decir y hacer. ¡Suerte!

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La nueva ambición militar de Europa


Este lunes, 11 Estados miembros que forman el Grupo Future of Europe (Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Alemania, Luxemburgo, Holanda, Polonia, Portugal y España) han adoptado en Varsovia un Informe con sus conclusiones a los trabajos realizados durante siete meses sobre el camino político que debe emprender la UE.

Uno de los aspectos que preocupa es cómo se complicará la toma de decisiones en una UE de 28, tras la entrada de Croacia el próximo mes de julio. En este informe se apunta a una mayor integración y se abunda en la reforma de los tratados, aunque sin mucha precisión. En el plano económico se refuerza la tesis del gobierno económico y la unión bancaria con el BCE como único supervisor, aunque no hay unanimidad en la mutualización de deuda, donde se puntualiza que algunos miembros son contrarios.

En lo político, aunque todos son favorables a reforzar el rol del Parlamento, se apunta a la posible creación en la Eurozona de una cámara parlamentaria, ante la oposición polaca, que no pertenece a la UEM. También se propone la elección directa del presidente de la Comisión, pero se admite que dicho escenario es futurístico.

Donde sí hay consenso es en política exterior, en que se pide la adopción por mayoría simple en las decisiones en seguridad y Defensa, considerando la posibilidad de caminar hacia un ejército europeo.

Este aspecto es importante, puesto que este desiderátum coincide con una serie de importantes avances en el campo de la Defensa europea. La inclusión de la mayoría simple en el área de Defensa se entiende, en principio, como una voluntad de soslayar el veto británico. No en vano, algunos interpretan el acuerdo como una forma de presionar para la salida del Reino Unido de la UE. Entre las medidas propuestas se incluye un mercado único para la industria de la Defensa y un ministro de Defensa paneuropeo. Así como la creación de una política fronteriza europea y un visado único, aunque sólo algunos Estados miembros suscriben la idea de un ejército común. Si bien el compromiso es tibio, sí coinciden todos los Estados en el deseo de dotar de mayor musculatura a la política exterior común.

La presentación de este informe coincide con nuevas noticias sobre las discrepancias entre la OTAN y la UE. Un alto mando de la Defensa francesa y presidente del comité militar de la Unión Europea ha explicado en la Eurocámara que en ocasiones se producen roces entre la OTAN y la UE, poniendo como ejemplo la lucha contra la piratería en la costa somalí.

Sorprende que si bien cree que militarmente ambos organismos deben cooperar, reconoce que la UE es a menudo “el único actor internacional que las partes en conflicto aceptan como mediador”. No sin ironía, para un eurodiputado conservador británico esta declaración revela que la Defensa europea es un proyecto más político que militar. Para algunos diputados británicos, la UE debería centrarse en misiones de carácter más civil, dejando lo militar a la OTAN, pues consideran que se incurre en una duplicidad de funciones.

Estos roces reavivan un debate que parecía superado tras los acuerdos de noviembre de 2010Se ha sugerido que la Defensa europea no era viable por carencias presupuestarias y falta de financiación para armamento. 

La verdadera ironía de todo esto es que, mientras Alemania da un giro de tuerca a favor de la Defensa europea, que algunos interpretan como un pulso a los británicos, esta semana se está llegando a la parte final de la negociación sobre la fusión de la británica BAE con la franco-alemana EADS (European Aeronautic Defence and Space Company), que daría luz el mayor gigante armamentístico del mundo, cuestión de cientos de miles de empleos, pero también de prestigio.

Se trata de un objetivo ambicioso, que eliminaría la dependencia exterior en el campo armamentístico y facilitaría su estandarización, reduciendo costes y duplicidades en un sector totalmente fragmentado por Estados. Este es un largo proceso que ha estado fuertemente condicionado por la elite política, ante el recelo de Merkel sobre la posible pérdida de empleos alemanes de EADS en favor de franceses o británicos. Se estima que BAE tiene acceso a altos secretos de la Defensa estadounidense, por lo que se han visto persuadidos a aceptar una estructura dual con participación norteamericana.

Desde el punto de vista alemán, por un lado, es una gran oportunidad para reforzar las capacidades defensivas europeas, aunque recela de la pérdida de poder estratégico desde el punto de vista nacional, en la industria de la Defensa donde Alemania ha invertido tanto dinero público, algo que se deja ya notar en sus plantas bávaras, que han visto reducido su número de pedidos en favor de sedes francesas o británicas. El pacto contiene el compromiso de que no se cerrará ninguna planta alemana.

Este mismo sábado está prevista una reunión entre Merkel y Hollande para tratar el asunto de esta fusión, aunque en un tono muy distinto al que nos tenía acostumbrado el eje franco-alemán con Sarkozy. Intuyo que más allá de la fusión armamentística, Hollande deberá dejar claro a Merkel hacia dónde vira el péndulo francés en la resolución de la #eurocrisis, si se posiciona a favor de la periferia o acaba cayendo rendido a la ortodoxia de Frankfurt, que, dicho sea de paso, cada vez es menos ortodoxa. 

Francia es siempre un actor que da juego y nos coge con el paso cambiado en su política europea.

Se camina hacia una Defensa común, en un ámbito de gran sensibilidad soberana, y sobre el que poco se definen los tratados, quedando hasta ahora bajo el paraguas de la PESC, y concretadas en misiones humanitarias o de seguridad internacional. Baste mencionar que desde la creación en 2004 de los “Battlegroups” de acción rápida, no se han desplegado nunca. Por ahora, ningún Estado miembro ha renunciado a un ejército propio. Una vez más, la cuestión de fondo es cómo se dilucidarán las diferencias entre lealtades europeas e intereses nacionales.

viernes, 14 de septiembre de 2012

#SOTEU De las bajas expectativas al horizonte del federalismo político


Tras meses de sequía de noticias alentadoras, el día 12 nos deja una sentencia favorable del Tribunal Supremo alemán que viene a consolidar las declaraciones políticas de que el euro es irreversible. Ese mismo día nos trae una victoria de las fuerzas europeístas en Holanda, tras una mañana en que se había escuchado en la eurocámara el discurso del Estado de la Unión (por tercer año consecutivo) más beligerante de Barroso.
El presidente de la Comisión se supera y nos da el relato de una Unión en que la F de federal, no sólo ha dejado de estar vetada, sino que se plantea como el nuevo horizonte político. Para el presidente de la Comisión, más pronto que tarde, la UE se va a dotar de mecanismos democráticos para fraguar una federación de estados, que vaya más allá del sostenimiento de la moneda única y que aspira a establecer un nuevo espacio de soberanía supranacional. El anuncio puede ser tardío, pero se echaba de menos una Comisión que diera la cara sin complejos.
Barroso cree que la UE va más allá del mercado interior o la moneda única, y escarba en las opciones que permitan remontar el actual consenso implícito que se obtiene a través de los gobiernos nacionales.
No obstante, o tal vez justamente por su excesivo poder, fue muy duro en sus críticas a los gobiernos, a los que ha culpado de la prolongacion de la crisis por haber tomado decisiones inadecuadas en el pasado. En este sentido, y para evitar este tipo de problemas de gobernanza en adelante, marca la pauta para una reforma del Tratado cuanto antes. Fue en este punto cuando aludió a la creación de una esfera pública europea, de inspiración habermasiana, para seguir proponiendo una reforma estatutaria de los partidos políticos europeos para fomentar el debate político paneuropeo.
La Comisión ha ido ganando peso como poder Ejecutivo, sobre todo en el ámbito supervisor. Sigue dominando la agenda legislativa, ya que no olvidemos que ha sido la institución que dio el primer paso en la propuesta para la vigilancia de todo el sistema bancario de la UE. Para crear la unión bancaria no sería precisa una reforma de los Tratados y se crearía inicialmente con un condicionado de obligado cumplimiento para los miembros de la Eurozona, mientras que otros Estados miembros podrían adherirse bajo petición.
En el ámbito económico, Barroso anuncia, además de la unión bancaria, el lanzamiento de la Single Market Act II, y sigue insistiendo en medidas como el Impuesto sobre Transacciones Financieras, reconociendo que la unión bancaria es un pequeño paso para la superación de la soberanía nacional, pero nada tiene que ver con la unión presupuestaria o fiscal. En paralelo, la luz verde al MEDE del tribunal alemán asegura la sostenibilidad del euro, dotando de mayor capacidad política al Banco Central Europeo. Lo que no es óbice para que se eche en falta una nueva capacidad institucional, una definición más óptima y precisa entre instituciones, y de ahí la necesidad de un nuevo Tratado que recoja ese enfoque federalista. Resumiendo, la propuesta de Barroso va más allá de implantar medidas de emergencia para la resolución de las crisis, buscando una respuesta permanente y más ambiciosa y valiente.
A pesar de la instistencia en que el Parlamento sería piedra de toque en esa nuevo UE, el discurso recibió una respuesta algo tibia, ya que desde su propio grupo, el PPE, Daul se mostró reticente a la firma de un nuevo Tratado antes de las elecciones de 2014, e incluso le recriminó a Barroso "su excesivo ímpetu europeísta", lo cual no deja de ser paradójico; mientras, Swoboda, del grupo socialista, enfocó sus críticas en el ninguneo que practica el Consejo hacia el Parlamento.
Asimismo, el presidente del Parlamento Europeo, Schultz, aprovechó el momento para manifestar su malestar por la “desparlamentarización de Europa”, mientras que Verhofstadt replicó que lo que se necesita es “una Europa posnacional, una federación de ciudadanos, y no de estados-nación”.
Sin perder de vista en la necesidad de una UE de ciudadanos, a juzgar por las opiniones versadas, para unos, Barroso es demasiado federalista, para otros, se queda corto, pero en todo caso hay que estar muy atentos a las señales que nos llegan desde Bruselas (y también de Frankfurt y Draghi) porque la Unión Europea se está moviendo, y no parece una agitación pasajera.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Los nuevos aliados


Hoy jueves tenemos reunión mensual del Consejo del BCE en Frankfurt. La novedad es que -sincronías del destino- esta rutinaria, pero relevante reunión, coincide con la visita de Merkel a Rajoy, en Madrid. La cohorte de empresarios alemanes que sigue a la Canciller no viene precisamente a darse un paseo militar. Cuando hasta Barroso apuntaba (esta misma mañana en Bruselas) a la periferia de la Eurozona como la mayor fábrica de parados de la Unión, no son cortinas de humo lo que demanda el momento. Rajoy se empecina en no aceptar la humillación de la palabra rescate, mientras culpa, un tanto ambiguamente, al euro y no a la economía española, de la espiral en la prima de riesgo. La crisis ha revelado lo modesto del mandato del BCE y ha acabado por exacerbar las diferencias internas en Frankfurt, llevándose por delante a varios miembros alemanes del consejo del BCE, como Weber y Stark, e incomodando a algunos, como es el caso del actual presidente del Bundesbank, Weidmann.
A estas alturas de 2012, la canciller Merkel ya se suma abiertamente a la presión ejercida por Draghi, adoptando una actitud permisiva con respecto a la intervención del BCE en la periferia de la Eurozona, de modo que éste actuaría como prestamista de última instancia, superando el mandato de la estabilidad de precios que establece el Tratado. Tanto Draghi como Merkel serían, pues, aliados de Rajoy, apoyándole, eso sí, con estricta y mayor condicionalidad, es decir liquidez a cambio de reformas.
La falta de decisión del BCE ha sido achacada en parte, y en especial durante todo este tórrido verano, a las discrepancias entre Draghi y Merkel, algo que ha inquietado a los mercados con respecto al compromiso político del BCE con la deuda de la periferia. Con todo, es llamativo y revelador que, en el transcurso de estos dos últimos meses, Merkel se ha ido alineando con la posición de compra masiva de deuda periférica, ante la oposición persistente del presidente del Bundesbank, Weidmann, crítico con la compra de bonos soberanos en el mercado secundario, así como del representante alemán en el Consejo del BCE, Asmussen.

La posición alemana es, ha sido y, no sabemos si seguirá siendo, la de que la financiación de los gobiernos vía monetaria está terminantemente prohibida. Merkel, en cambio, ha jugado la carta del euro, a sabiendas de que la economía alemana no está para aventuras en solitario. A su vez, Draghi asegura que el BCE tiene la obligación de eliminar el “riesgo por convertibilidad”, un debate en apariencia técnico pero que tiene mucho de ideológico, ya que cualquier decisión implica una mutualización de la deuda, pero sobre todo de cesión del control político. Los gobiernos nacionales pierden autonomía política a velocidad de vértigo. Toda esta crisis está fraguando impensables alianzas, dando por amortizado el viejo eje franco-alemán como motor de la integración.