viernes, 28 de enero de 2011

El paneuropeísmo de Kroes y la polémica Sinde

Hoy viernes, escribo con el ritual de la música clásica de fondo. La escucho en un reproductor de cd’s que conservo de la adolescencia, y ha ido transitando por mis sucesivos hogares desde entonces. Los discos también los he ido atesorando a lo largo de los años. Se ve que soy de una generación demodé. Ahora la moda es descargarlo todo. Precisamente esta semana se ha aprobado una famosa ley para regular las descargas en España, aunque este debate se extiende a toda la Unión Europea, con la que compartimos mercado, y donde hoy la Comisión ha anunciado novedades. En Bruselas se considera el sector creativo como un puntal competitivo, en el que los europeos podemos marcar la diferencia, aunque para ello el marco de actuación debe ser común, tanto para los autores, como para los que poseen los derechos sobre las creaciones, y también para los que las difunden.

Es un debate antiguo, pues ya en 2005 la Comisión lanzó una advertencia a las sociedades de autores para que no compitieran entre ellas, porque los músicos cobraban los royalties sólo de la agencia de su país, y cedían la recaudación externa a las agencias de cada Estado miembro. Esto generaba un agravio comparativo a aquellos músicos de ámbito más reducido, los que no venden sus productos fuera de su país, y que al final no consiguen que nadie compre sus licencias. Sobre todo por la complejidad legal y burocrática de multiplicar las licencias por cada Estado. En cambio, hay gente que opina que la unificación europea de las agencias de gestión de derechos de autor hará que los grupos pequeños desaparezcan y se imponga definitivamente la música mainstream.

La UE va a regular este asunto en 2011, aunque todavía no se ha decidido si se hará en forma de Directiva, que impondría a todos los Estados miembros la norma por igual, sin poder ser alterada por los parlamentos nacionales. La Comisión europea decidió, hace un tiempo, regular las sociedades que recaudan los royalties para los músicos, como es el caso de la famosa y temida SGAE en nuestro país. Actualmente existe un vacío legal sobre cómo funcionan y manejan los datos estas sociedades que recogen y gestionan los derechos de autor, y se trata de restringir esa manga ancha que ha predominado hasta la fecha, con comportamientos claramente abusivos. Es una vieja tarea pendiente dentro de la estrategia europea para armonizar las patentes, marcas comerciales, protección de derechos, control de las descargas…

Este mismo miércoles se reunieron los actores implicados (stakeholders) con Jorna, que lleva estos asuntos en el gabinete de Barnier, comisario de Mercado Interior, que ha tomado la iniciativa de esta batalla, que sobre el papel recaería en el ámbito de la holandesa Kroes, la comisaria para la Agenda Digital… sea como fuere, Jorna se lo ha tomado muy a pecho y no ha cesado de reunirse con las organizaciones del mundo de la propiedad intelectual desde el pasado verano.

En realidad, algunos temen que tras esto podría esconderse un sistema draconiano de estricta vigilancia de los derechos de autor. Si ponemos la lupa, puede decirse que la propuesta de la Comisión va muy en sintonía con la famosa ley Sinde, que incide en la monitorización de la actividad en internet y las infracciones. La Comisión tiene una posición clara, mientras que el Parlamento europeo también se ha pronunciado este mes de enero, pero sólo para pedir que la Directiva no atente contra derechos individuales básicos. Es más, algunos eurodiputados de los grupos socialista y liberal han llegado a decir que existe “el riesgo de que la Comisión imponga un régimen tipo Hadopi en toda la Unión”. De hecho, Hadopi es una ley francesa de 2009 que se hizo tan famosa como la Sinde, al crear una agencia que controlaba la actividad y los movimientos de ficheros en internet, con el fin de cortar el acceso a Internet a los usuarios que hubieran infringido la ley tres veces. Esa ley fue reformada, de modo que sólo un juez puede hoy en Francia cortar el acceso a Internet, como en España. Lo curioso es que Hadopi ahora mismo está en el limbo, ya que precisamente en las próximas semanas el Consejo de Estado francés debe determinar su validez, y lo hará en función de lo que el Parlamento europeo vote al respecto de esta ley. Por cierto, un buen ejemplo de la relevancia que tienen las decisiones que se toman en la Eurocámara.

En el mismo ámbito, y muy en línea con la concepción de licencia paneuropea que defiende Kroes, una idea que la Comisión contempla con especial agrado es la creación de un punto de encuentro (para música y otras creaciones) donde los usuarios puedan adquirir licencias de contenido para cualquier (o para todos) Estados miembro de los Veintisiete. Está por ver si el Parlamento dejará de lado su beligerancia en relación con los derechos individuales o irá más allá de pronunciarse -de forma un tanto ambigua- en el sentido de exigir respeto y protección a la diversidad cultural.

Hay muchos más actores implicados en este debate. De entrada, el Tribunal de Justicia Europeo, que examina si el filtrado de contenido en la Red está de acuerdo con la ley europea, en relación con los derechos de autor y ACTA, un acuerdo comercial multilateral suscrito en Ginebra en 2008 que define estándares internacionales sobre derechos de propiedad intelectual. ACTA despierta recelos entre las empresas de telecomunicaciones y proveedores de Internet, ya que consideran que se excede en su regulación, incluso superando el acervo comunitario, y aseguran que afecta a la capacidad competitiva de la Unión Europea en relación con otros lugares del planeta.

Con todo, y a pesar de los lobbies, aseguran los europarlamentarios en pasillos que la gran batalla la va a librar la Comisión europea, algo que no dudo, teniendo a la aguerrida Kroes implicada en el asunto, quien siempre ha sido contraria a la fragmentación actual del sistema de royalties, “porque ha acabado por dar más poder y relevancia a los intermediarios que a los propios artistas”. Touché. Muy bien. Estoy con Kroes en esta batalla.

miércoles, 26 de enero de 2011

La UE expedientará a Hungría por un asincronismo espacio-tiempo


Es un debate trasnochado. Debería serlo, y quise evitar hablar de esto, porque me parece impropio de Europa. Espacio: Unión Europea. Y totalmente extemporáneo en nuestra excesiva era. Tiempo: la Red y la información a mansalva. Desde el uno de enero, en Hungría, está en vigor una ley de medios que atenta contra la libertad de expresión. Supongo que habrán oído hablar de esto porque llevamos más de un mes peleando. Como lo oyen. Hungría no es sólo Estado miembro de la Unión, sino que además ostenta la Presidencia semestral de la UE. La noticia se comentó aquí y en twitter antes de Navidad y fueron muchas las movilizaciones y protestas, hasta el extremo de que llegó a ponerse en duda la propia Presidencia del Consejo. Por ahora, el gobierno de Orban ha hecho caso omiso a las advertencias de Bruselas, alegando que le ley afecta a cuestiones técnicas y no vulnera la libertad de expresar opiniones. Sin embargo, la comisaria Kroes ha decidido tomar medidas contundentes. El pasado viernes envió una carta personal al gobierno húngaro en la que exige una rectificación de la ley en un plazo de quince días, al confirmarse que dicha ley es contraria a la legislación comunitaria básica. Kroes, por fin, ha amenazado formalmente con sancionar a Hungría si no se retira, o modifica, la ley.

Orban fue elegido el pasado 25 de abril de 2010 para sanear el estado centroeuropeo en la situación financiera y económica más preocupante, y no ha tardado en impulsar esta normativa, acompañada de multas hasta los 730.000 euros para prensa, medios digitales, radio y televisiones en el caso de que alguna de sus noticias "afecte al interés público, el orden público y la moral". Abundaremos en más detalles, pero los tres aspectos de la ley de medios de Orban que más preocupan a la Comisión europea son:

1. La prescripción de que "todos" los medios audiovisuales ofrezcan una cobertura "equilibrada" de la información.

2. La imposición de multas y la restricción de contenidos informativos procedentes de otros Estados miembros.

3. La obligación, a todos los medios e informadores independienetes, incluso blogueros, de registrarse oficialmente.

Obviamente, este tercer punto atenta directamente contra la libertad de establecimiento, y es una traba a la libre provisión de servicios. Para la Comisión, la Carta de Derechos Fundamentales prima sobre las leyes nacionales, garantizando la libertad de expresión, por lo que se entiende que el concepto de información equilibrada (que recoge la ley húngara) es una excusa para condicionar al informador. En cuanto a la restricción de contenidos procedentes de otros países, sólo podría hacerse para salvaguardar la protección de los menores, o en casos de incitación al odio o la violencia, y no de una forma tan amplia como pretende Orban. Es además una ley que invita a eso que en el argot se llama "matar al mensajero", ya que obliga a los periodistas a revelar sus fuentes a la Autoridad, creada al efecto, sobre asuntos de "seguridad nacional" (otro concepto bastante subjetivo); la ley no pierde detalle y sigue, por ejemplo especificando que se multará a los medios que incurran en injurias que tengan como objetivo a mayorías, minorías, naciones o la Iglesia.

Cabe insistir en que esta ley lleva implícita sanciones, lo que da una capacidad de arbitrio importantísima y desmesurada a los poderes políticos de turno sobre los medios de información. ¿Alguien es capaz de determinar cuándo una informacióne es equilibrada? ¿Tanto se teme a que cualquier ciudadano pueda expresar su opinión libremente en la Red sin tener que someterse a un registro oficial? Como no podía ser menos, esta ley implica la creación de una entidad gubernamental, la Autoridad Nacional de Medios de Comunicación (nueve años de mandato), que velará por ese control informativo.

Bruselas no puede tolerar semejante atentado a la libertad. Los eurodiputados que vemos en la imagen hablan por sí mismos. Para que luego el simpático euroescéptico de Bruno Waterfield vaya comparando a las instituciones europeas con monarcas... y haga bromitas con los carruajes dorados en Estrasburgo (conste que me he reído con su crónica, y conste que soy favorable a la eliminación de la absurda doble sede parlamentaria). Pero el Parlamento europeo no necesita ostentación para justificar su existencia. Son muchas sus luchas, y hoy ponemos el foco en esta ley de medios de Hungría, llena de imprecisiones e insultos a la inteligencia, una ley bozal a la vieja usanza, impuesta por Orban, quien llega al poder con estilo autoritario.

No en vano, organizaciones como el International Press Institute (IPI), con su filial, South Europe Media Organisation (SEEMO), Freedom House, la Federación Europea de Periodistas (FEP) y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) también han criticado esta ley de medios. Hungría es Estado miembro desde 2004. Parece que estos seis años de pertenencia a la Unión Europea no están teniendo una traducción en la práctica política estatal. Es una mancha demasiado llamativa como para dejarla pasar. Espero que Kroes se salga con la suya y durante el mes de febrero podamos dar fe aquí de una buena noticia para la libertad de los húngaros.

martes, 25 de enero de 2011

Hacia el equilibrio por la ley

Hay un ímpetu legislador, propio de épocas de crisis intensas, también morales. El proceso de ajuste del desorden será irreversible y será bueno si evita males mayores. No sólo la estabilidad financiera está en peligro. España. Europa. Ya dije en su momento que las medidas duras tomadas por el gobierno español en mayo de 2010 eran las necesarias, no sólo por prescripción facultativa de la eurozona, especialmente por razones de lógica política y económica. Si algo caracterizó al gobierno de Rodríguez Zapatero en sus inicios fue una cierta tendencia a favorecer a los afines. Si algo está marcando su recta final es el sentido común. Tal vez porque tenga los días contados, en la que es ya crónica de una muerte anunciada, el gobierno está más activo, profundo y armónico. No obstante, las dos leyes a las que me refiero hoy son de consenso, y merecen un análisis de mayor calado que la simple opinión que versaré en estas líneas. No es marca de la casa comentar la política nacional, aunque me agarro a que ambas noticias tienen perspectiva europea y encajan en el sistema de valores comunitarios (por cierto, mirad esto, ¡qué curioso!).

La primera noticia positiva es que en virtud del nuevo plan de rescate de las cajas, las entidades financieras españolas tendrán que lograr ciertos objetivos de recapitalización. El anuncio de ayer coincide con la publicación del Informe del FMI, donde precisamente se le recuerda a la Unión Europea la necesidad de supervisar más intensamente las entidades bancarias, que están presentando balances débiles, cuando ya han transcurrido casi cuatro años del estallido de la crisis financiera al otro lado del Atlántico. El debate paralelo es que el FEEF (el mecanismo europeo que se ha activado en Grecia, Irlanda y Portugal) debe incrementarse y flexibilizarse. España se ha salvado hasta la fecha, pero en el ámbito nacional estamos descubriendo que aquí ha escaseado el rigor, y se ha simulado la viabilidad de lo inviable. Es verdad que ya existían normas (Basilea y sus tres versiones), pero éstas se iban sorteando con mayor o menor traza. Ahora, las entidades que no cotizan (que son las que dependen más del sector público, por tanto) deben recapitalizarse antes de septiembre, obteniendo recursos del sector privado, con lo que las entidades que no lo consigan deberán transformarse en bancos para poder acceder a los fondos de rescate del FROB. No se trata de un ataque indiscriminado a las cajas, a pesar de que son entidades cuestionadas por muchas razones, especialmente por la presencia de políticos y sindicatos en sus consejos. Todo esto nos hace pensar que los stress tests han sido inútiles para obtener la confianza del capital, hasta el punto de que el gobierno está reconociendo, junto con el Banco de España, que sólo mediante la conversión de las cajas españolas en entidades puramente privadas (bancos) estará el mercado dispuesto a confiar en ellas. En definitiva, estas entidades tendrán que aproximarse por imposición de la ley a la lógica natural del mercado, y, de no poder resistir esa prueba de realismo, pasarán de ser intervenidas a ser directamente nacionalizadas, en un intento por dotar de certidumbre y predictibilidad su funcionamiento. Los beneficios serán compartidos por todos, tanto en la unión monetaria (sacrifica flexibilidad) como en la economía española (el crédito privado gana sostenibilidad).

La segunda y polémica noticia tiene que ver con los derechos de propiedad intelectual, que regula la Ley de Economía Sostenible, en concreto la "Ley Sinde", que anoche recibió el beneplácito de la mayoría de partidos, incluidos PP y CIU, y que por tanto será tramitada. Eso sí, con las modificaciones propuestas por estos partidos, que tienen que ver con las garantías judiciales y con la adecuación del canon digital a la ley europea. Así, por un lado, se retira el canon a las empresas, siguiendo la sentencia del Tribunal de Luxemburgo, y, por otro, se impide que cualquiera pueda lucrarse indebidamente traficando con contenidos sobre los que no ha adquirido derechos. Se podrán cerrar páginas web que incurran en ese delito concreto. La especificidad que ha permitido a los partidos de la oposición apoyar la ley a última hora es que no se penalizará al que comparta información de su propiedad, sino al que se lucre a costa de esa información o de ese material, que tiene un valor tangible en el mercado. Las páginas no se podrán cerrar arbitrariamente, sino que se espera la intervención de un órgano independiente (con representación de los partidos políticos, etc.), que velará por la legalidad en la Red, y la decisión final de un organismo judicial, que garantice la aplicación no indiscriminada de la ley. Por ello, en un plazo no superior a las 48 horas se invitará al infractor a que retire los contenidos ilegales. En este sentido, no se vulnera la libertad de expresión, piedra de toque del insomnio de los internautas empedernidos. La ventaja de este ley, en términos de mercado, es que reactivará un sector altamente perjudicado por la piratería indiscriminada, y forzará  a la industria a reinventar nuevas formas de negocio a un coste más competitivo (webs con grandes paquetes de descarga a precios accesibles, etc.), sin impedir que el creador reciba una justa compensación por su trabajo. Dos leyes de consenso, dos leyes que regulan el mercado, pero que pretenden garantizar su mejor funcionamiento. No es fácil regular el desequilibrio, pero estas dos legislaciones tienen la virtud de pretender un equilibrio hoy inexistente. Son inicios modestos, de largo recorrido, pero en la buena dirección.

jueves, 20 de enero de 2011

Bélgica y la (des)vergüenza


Por sorprendente que parezca, Bélgica ha superado con éxito su semestre de Presidencia del Consejo de la Unión, a pesar de ser un país sin gobierno (bien, con un gobierno en funciones, que intenta presidir Leterme, con Vande Lanotte como mediador). Tal vez el caso belga sea el ejemplo de lo prescindibles que son los gobiernos nacionales en una Europa supranacional. La cuestión fronteriza belga es un déjà vu, es tan intemporal que podría ser perfectamente aplicable a varios momentos políticos en la última década. Hoy sumamos más de 220 días sin gobierno en Bélgica*, y aunque a principios de este mes de enero hubo una propuesta de gobierno, las negociaciones de coalición entre los siete partidos implicados siguen sin perspectivas. Una ya no sabe dónde situar a los políticos belgas entre la vergüenza y la desvergüenza. Del lado flamenco tenemos a los ultranacionalistas del N-VA (Nueva Alianza Flamenca), socialistas, democristianos y verdes, y del lado valón a socialistas, democristianos y verdes. Por cierto, los liberales de ambos lados no participan en las negociaciones. Actualmente el clásico consenso a la belga pasó a mejor vida y se enrocan los democristianos y el N-VA, tradicionales aliados.

Siguiendo mi tesis de que los niveles de gobierno inferiores gestionan de forma más idónea, en el caso belga se evidencia que, a pesar de la carencia de gobierno nacional federal, las regiones y municipios siguen su curso político normal y que lo hacen con notable eficacia. Pero el problema trasciende la política cotidiana, porque las piezas del rompecabezas se desmoronaron tras las elecciones del 13 de junio de 2010, donde venció la conservadora y secesionista N-VA, sostenida sobre la siempre subjetiva y cuestionable noción de que “los valones se quedan con nuestro dinero”.

Más allá del desbarajuste político, la inmediatez tiene que ver con la situación crediticia del estado belga. Las advertencias de los organismos internacionales apuntan a los riesgos financieros que corre Bélgica, hasta el punto de que la inseguridad política amenazaría la fiabilidad de la deuda soberana del país. La situación económica internacional puede pasar factura a la deuda belga si se extiende la impresión de que no hay un gobierno capaz de tomar decisiones con respecto al déficit. Tanto es así que en la eurozona ya están sobre aviso.  Bélgica ha sonado abiertamente como candidato a recibir fondos de rescate del FEEF, igual que Irlanda, Grecia y Portugal.

El caos político es ya una evidencia, pero nunca antes como ahora se había planteado tan abiertamente la fractura del estado. La necesidad de la reforma institucional se admite a ambos lados del conflicto, mientras Flandes sigue empecinada en seguir la ruta hacia la independencia, apoyándose sobre todo en las posiciones de los partidos más conservadores. Las malas lenguas dicen que los flamencos sólo recelan de su propia ambición secesionista por miedo a perder influencia en Bruselas y, por tanto, a que el neerlandés retroceda en la capital europea, donde curiosamente se estima que menos del 5% de la población lo habla.

De hecho el gran problema convivencial parte de la periferia de Bruselas, que es francófona y se encuentra territorialmente inserida en Flandes, donde también lo está la propia Bruselas, que es de jure bilingüe y de facto francófona, a pesar de que el neerlandés sea lengua oficial. Al margen de ese "obstáculo" llamado Bruselas (que además es capital de la Unión Europea), se plantean interrogantes sobre los supuestos destinos de Flandes -región próspera económicamente a la que algunos observadores ven como un satélite político de Alemania- y de Valonia, que abiertamente se percibe como territorio candidato a anexionarse a Francia.

Obviando especulaciones, la ciudadanía toma la palabra este fin de semana. El próximo domingo, 23 de enero, habrá una manifestación en Bruselas que expresará el hartazgo ciudadano ante la parálisis del país, una ciudadanía que exige un gobierno, tras más de seis meses de crisis permanente. La incapacidad de los mandatarios flamencos y valones para establecer un diálogo y concretar un acuerdo exaspera a la población belga, harta de surrealismo político.

Uno de los lemas de los organizadores es “No government, great country”. Se trata de una manifestación que aspira a aglutinar y superar a la famosa marcha de noviembre de 2007, que reunió a 30000 francófonos de Bruselas. Esta vez también participan movimientos cívicos y universitarios flamencos.

El problema institucional convierte a Bélgica en carne de cañón para los mercados financieros. El problema lingüístico destruye la convivencia. Los convocantes quieren acabar con la dinámica de culturas irreconciliables permanentemente enfrentadas. El caso belga expresa lo peor de la incapacidad política. Mi posición es clara: no más fronteras en Europa. La del domingo debe ser una manifestación que simbolice el deseo ciudadano de derribar, de una vez, la frontera existente entre dos comunidades lingüísticas en el seno de una Unión Europea, que nació y permanece con vocación de derribar fronteras interiores.


* Superando el récord de Holanda, que estuvo 208 días sin gobierno en 1977.

lunes, 17 de enero de 2011

El europeísmo como respuesta: Capitalismo, estado del bienestar, autonomismo ¿valores en cuestión?

Los años pasan y pesan, pero la gente de mi generación no estamos acostumbrados a cuestionarnos demasiado el futuro. Hemos tenido tantas oportunidades que hasta nos hemos permitido el lujo de desperdiciar algunas de ellas. Los hubo con mejor y peor suerte. Mucho nos vino regalado, pero si una certeza tuvimos en los momentos difíciles (como la crisis de los noventa) es que casi nada es para siempre, excepto el estado y su manto protector, aunque seamos más o menos rebeldes a las imposiciones del poder, que tan a menudo se nos antojan arbitrarias. El estado del bienestar a la europea formaba parte de nuestros valores perfectamente asentados culturalmente. Una red de seguridad financiada por todos que nos facilitaba asumir ciertos riesgos personales. La asunción de riesgos venía propiciada por ese otro gran valor, el capitalismo. No en vano hemos sido una generación de emprendedores. Hay una objeción. Si hemos visto con buenos ojos una mejora evidente en la cohesión social y calidad de vida de nuestros conciudadanos; si hemos defendido y hemos apostado por la igualdad de oportunidades, también hemos visto cómo ese estado protector ha sido y es muy capaz de limitar -hasta asfixiar- el impulso emprendedor.

Hoy, los que nacimos en los setenta nos acercamos a la mediana edad con una grave incapacidad, con la mayor de las incertidumbres sobre el futuro, porque nada nos garantiza, no ya el éxito, sino una alternativa tangible. Mientras se presiente y padece la desorientación de los líderes políticos, de cuya honestidad moral -o incluso intelectual- podemos legítimamente dudar, percibimos la carencia de las oportunidades que otros tuvieron: nuestros padres, que crecieron desde la nada en un mundo donde todo estaba por levantar.

La crisis de hoy es achacable en gran medida a la falta de conciencia emprendedora entre los que toman decisiones. Nuestros padres encontraron la prosperidad en la respuesta liberal. Cuando España se liberalizó, los viejos problemas sociales, la miseria, el analfabetismo, etc., pudieron combatirse gracias al crecimiento económico, que proporcionó los recursos para poder emplear a más personas y para generar los bienes públicos que articula el estado del bienestar. Fue JK Galbraith quien estableció la tesis de que el crecimiento es lo que financia los servicios públicos. Sin embargo, y aun constatado el fracaso de los sistemas económicos planificados (el hundimiento del comunismo), son muchos los intelectuales y políticos que insisten en que el crecimiento económico debe restringirse, porque se le hace responsable de la expoliación del medio, de la descompensación demográfica, de los desequilibrios económicos. La noción de la sociedad de la opulencia ha sido criticada por muchos liberales, incluso el clásico Stuart Mill, quien pedía a los estados que buscaran y promocionaran el crecimiento económico cero, dando lugar al estado estacionario. Esos liberales, por tanto, interpretaban que la avaricia desmedida sería un objetivo no deseable, incluso pernicioso para la sociedad. ¿Viene la gran crisis financiera a dar razón a los que criticaban la sociedad de la opulencia? En mi opinión, sí.

La crisis actual representa una doble amenaza para nosotros, que se concreta en la vulnerabilidad de ese estado del bienestar y en la debilidad de la moneda única, el euro. Hay un hecho irrefutable, la crisis del endeudamiento (aquí y en todas partes) ha sido el factor fundamental en la falta de activos. Los países se han mantenido muchos años gracias al crédito barato, generando una estructura de deudas gigante, que los bancos no pudieron soportar. Nosotros, que sólo conocemos las guerras europeas por los libros, vemos cómo Europa sigue siendo especialmente vulnerable a la crisis financiera mundial, cuando ya han transcurrido más de dos largos años desde su inicio. La crisis financiera, por tanto, interfiere en nuestra economía, a pesar de que el nuestro sea un sistema capitalista inserido en la Unión Europea, cuya razón de ser ha sido el crecimiento sostenido y sostenible, con el fin de mantener el estado del bienestar. Es obvio que el hundimiento de la unión monetaria sería demoledor, porque la suma de intereses en la supervivencia del euro trasciende lo que podamos opinar. En cuanto al estado del bienestar, éste parece condenado, cuanto menos, a reinventarse, ya que más pronto que tarde tendrá graves problemas de financiación.

Europa se ha arriesgado, Europa estuvo dispuesta a arriesgarse concibiendo la unión monetaria previa a la unión política, con todas las desigualdades y asimetrías entre Estados miembros que conocemos. A mediados de siglo XX los europeos fueron capaces de fraguar un modelo de estado protector, consolidando la Europa de las clases medias. De modo análogo, los líderes de finales del siglo XX europeos apostaron por la sostenibilidad de una unión monetaria, con implicaciones políticas complejas y arriesgadas. Se consolidaba el experimento del gobierno de gobiernos.

La unión monetaria es el paradigma de renuncia al poder que otorgaba el control monetario a los Estados y el sometimiento a un Banco Central Europeo, vacío de poder político, pero vigilante obsesivo de la estabilidad de precios. El devenir de la moneda única ha generado legislación paralela, Directivas limitadoras de la capacidad de maniobra económica de los Estados miembros, que renuncian al poder directo, del mismo modo que en una federación la capacidad política se reparte entre centro y periferia.

Siempre he sido partidaria de un sistema de federalismo fiscal en la Unión Europea, dotado de instrumentos financieros regionales, como los fondos estructurales o de cohesión. Aunque este punto sea controvertido -y los alemanes no lo puedan reconocer públicamente- a mi entender en la UE la redistribución se realiza mediante los fondos de cohesión, en el sentido de que dejan de percibirse una vez las regiones perceptoras dejan de ser elegibles, porque mejoran su nivel de renta regional. Así que los fondos de cohesión no redistribuyen renta, pero sí hacen convergir las rentas regionales, independientemente de la renta personal de sus habitantes. Sin embargo, técnicamente la redistribución se refiere a la renta personal vía impuestos. Si el desiderátum es que la política económica sea supranacional, no hay duda de que debe existir cierto efecto redistributivo centralizado. Para ello, debería delegarse la política fiscal a Bruselas, hoy utopía, aunque cada día que pasa... menos.

Las llamadas imposiciones de Bruselas son en realidad decisiones políticas incentivadas por la supervivencia -no ya del euro- sino de un sistema económico terriblemente frágil en el contexto de economías que ya no son competitivas, como la nuestra. Los mercados siguen decidiendo la asignación de capital, pero los mercados siempre apostarán por las economías competitivas, las que les ofrezcan garantías. El funcionamiento de los mercados puede ser intuitivo sólo parcialmente, pero es demasiado complejo (y hasta caótico) como para que los gobiernos puedan interferir hasta el punto de evitar el caos. El mercado tenderá a premiar el buen resultado, las garantías de futuro, la competitividad, es decir, premiará al que esté mejor situado, pero también puede equivocarse en sus decisiones, puede tender al comportamiento abusivo.

Es un hecho que existe el riesgo de abuso del mercado sobre la economía débil. Ello exige intervención pública. No me cabe duda. Si apoyo la regulación sobre los mercados financieros globales, si defiendo la buena regulación que evite los efectos secundarios de esa opulencia excesiva, también considero necesario el replanteamiento del estado. Al margen de la eficacia económica y política de los estados, es una evidencia que el estado del bienestar tiene el riesgo de convertirse en una máquina insaciable, capaz de gastar dinero con mucha rapidez, absorbiendo gran parte del crecimiento económico de una nación. Además, en el caso español, la estructura de la deuda privada acabó afectando al Estado, que tuvo que rescatar a muchos bancos, para evitar el hundimiento y una posible larga recesión. Sepan que seguimos sin saber exactamente cuál es el índice de deuda incobrable en nuestro país.

Hoy, la discusión en muchas tertulias españolas gira en torno a la supervivencia del estado de las autonomías. El debate es muy pertinente. Está por ver si el sistema autonómico español se ha convertido en una limitación estructural al crecimiento económico. Probablemente habría que sacrificar parte de las administraciones autonómicas, aquellas que no están bien dimensionadas. El estado de las autonomías, de dudosa eficacia, ha aumentado espectacularmente los costes y está en duda que haya corregido las disparidades económicas y sociales. Es posible que los parlamentos autonómicos hayan tendido a sobrelegislar, cuando lo que se espera de una administración descentralizada es que gestione de acuerdo a las normas centrales/federales/supranacionales. En todo caso que limite la tentación a sobrelegislar del centro de poder, que constriña los abusos del centro, pero no que sobrelegisle.

Si la unidad de mercado la definen los límites territoriales europeos, no hay duda de que el estado central en España debería pintar más bien poco. La norma europea prima y a los Estados miembros hay que despojarlos de competencias que no tienen ya ningún sentido, cuando las grandes regulaciones que afectan al mercado y a la economía están delegadas a los organismos supranacionales. En España, por lo demás, hay una asimetría evidente entre autonomías con capacidad de autogestión y autofinanciación, y autonomías que claramente no tienen sentido, lo que nos sitúa en un escenario de geometría variable. Admito que no es un concepto demasiado afortunado, cuando lo que se pretende es justamente una integración política a escala europea, pero describe bien la realidad española.

A escala europea, la división de poderes horizontal ya existe. Hay un Tribunal en Luxemburgo que ejerce la potestad jurisdiccional sobre todo el territorio de la UE, garantizando la aplicación del Derecho comunitario. Esto afecta a todos los ámbitos donde se ha efectuado delegación política a Bruselas. El Parlamento europeo crece en poder de decisión cada vez que se actualiza un Tratado de la Unión, aunque sigue siendo el Consejo, que son los Estados miembros, el que marca las decisiones políticas de gran calado, sin olvidar la influencia decisiva el eje franco-alemán, que acaba concretándose en una asimetría de facto. En una suerte de calma tensa, todos saben que la moneda única tiene demasiadas implicaciones como para que ahora se libren nuevas batallas sobre quién ostenta el verdadero poder. La idea de la Europa federal tiene consecuencias prácticas, por un lado la decisión centralizada que evita el caos, y por otro la gestión localizada que optimiza la eficacia, sostenida sobre transferencias de fondos con una evidente función de catching-up entre regiones. En España hay que lidiar con este debate que, bien entendido, es la antítesis de la burocratización excesiva. Como el proyecto de integración europea, el proceso de reforma de la administración autonómica en España implicará renuncias y pragmatismo. Y conste que, a pesar de ser militante federalista europea, extiendo esta reflexión incluso a los que abominan del federalismo.

jueves, 13 de enero de 2011

El debate sobre la "European Union Bill" en Westminster refleja esa extemporánea calma tensa entre británicos y europeos...

Los británicos son exquisitamente monárquicos. Todos hemos disfrutado en alguna ocasión de esos trasnochados detalles de refinamiento y de la sutileza y elegancia de su humor. Me encanta Inglaterra, desde pequeñita, no es ningún secreto, admiro su historia de lucha por las libertades civiles, su espíritu marinero, su campiña, su té con scones, el roastbeef, los emparedados, Bingo Little y el mayordomo Jeeves, la neblina londinense, la brillante acidez shakespeareana, los campus oxfordianos y las escenas dickensianas, la ginebra, la arquitectura colonial, las excentricidades de los de Bloomsbury, la rebeldía de Sithwell y Gibbons, las puertas victorianas, y ¿cómo no? el romanticismo sobrio de Jane Austen.

Políticamente esa ampulosidad se traduce en un excesivo celo por la soberanía. Estos días se debate en el Parlamento londinense una nueva ley que regulará y limitará la intervención de las leyes de la Unión Europea sobre los ciudadanos británicos. La Cámara de los Comunes es un lugar sagrado a cuya entrada reina la estatua del brillante orador Churchill. También (como nos cuentan a todos los visitantes) es un lugar al que no pueden acceder los monarcas desde la época de Oliver Cromwell y la breve república inglesa. En fin, estos días el neogótico edificio es un hervidero. La conocida como European Union Bill nace con polémica, claro está, confirmando la persistente tendencia al aislamiento británico (reconfirmada con la escisión hace dos años del partido Tory de Cameron del Partido Popular Europeo), inclinación que emulan, o han emulado, algunos otros.

La controvertida EUBill pretende endurecer los procedimientos para aplicar (por parte del Reino Unido) ciertas decisiones comunitarias, como las reformas de los tratados. La prensa y la clase política inglesa están justificando esta ley en el contexto de los nuevos métodos europeos que facilitan las reformas legales, ya que el Parlamento europeo tiene mucho más poder, y se están desarrollando nuevos mecanismos de aceleración del gobierno económico europeo, que están impulsando sobre todo Francia y Alemania.


No olvidemos la relevancia de la soberanía parlamentaria para los ingleses, puesto que es la doctrina legal que establece que en el Reino Unido el parlamento es la autoridad legislativa suprema, incluso por encima de los tribunales, que en caso alguno podrán revocar una ley parlamentaria. De hecho, existe un debate paralelo en la sociedad británica sobre la conveniencia de una mayor judicialización, es decir, lograr que los tribunales puedan limitar el poder parlamentario, en caso de que éste atente contra el Estado de derecho. En la práctica, se llega al extremo de que los parlamentarios ingleses pueden legislar sobre absolutamente todo, sin restricción, siempre que no limiten su propio poder (o el de sus sucesores), es decir la Cámara de los Comunes es el lugar sacrosanto de la soberanía, del poder civil, en realidad. El problema es cuando se superponen soberanías y competencias, como es el caso en la Unión Europea.

Los británicos, muy desconfiados ellos, desean que Westminster no se pierda detalle y, sobre todo, ocupe la preeminencia que históricamente ha tenido. La idea básica es que los británicos no desean que Bruselas les obligue a acatar leyes que no les agraden. Para entendernos, esta ley establece que (1) se realizará un referéndum en todo el Reino Unido cada vez que se proponga un cambio en el Tratado que transfiera poderes nacionales a la UE; (2) se deberá aprobar una Ley Parlamentaria antes de recurrir a una cláusula de pasarela** del Tratado de la UE, (que además implicaría referéndum, en el caso de que dicha pasarela supusiera un traspaso de competencia hacia Bruselas); (3) el Reino Unido podrá ratificar un Protocolo para disponer de más escaños en el Parlamento europeo y otros 11 Estados miembros en esta legislatura; (4) se solicitará una cláusula de soberanía en el Acta de las Comunidades Europeas de 1972, que confirme que la autoridad legal última permanece en el Parlamento británico, y no en la Unión Europea.

En fin, creo que los cuatro puntos hablan por sí mismos. En su versión extrema podrían llegar a suponer el abandono de la Unión Europea por parte del Reino Unido. De hecho, el Tratado de Lisboa ya prevé que cualquier Estado miembro puede dejar libremente de formar parte del club. En su versión más suave se trataría de adaptar las leyes europeas, o de acatar la parte "más conveniente" para el gusto británico. Sin embargo, no deberían olvidar que el gusto británico puede implicar incumplimiento de la norma europea, y por tanto acarrear multas.

Hasta ahora, en el Reino Unido la soberanía ha sido claramente parlamentaria, aunque con esta ley que pretenden aprobar, al introducir el referéndum, estarían virando hacia una soberanía popular en aspectos que tienen que ver con leyes internacionales, o más bien supranacionales, si son de ámbito comunitario. Sea como fuere, esta sería la primera ley antifederalista en la historia de la integración europea. Una ley que pretende marcar distancias, paralizar el proceso de construcción de la Europa política. Hay quien dice que, de aprobarse esta EUBill, se habrá demostrado que De Gaulle tenía razón en su tesis sobre los británicos. Desconfían, son isleños, sienten el peso de la historia. El temor.

Que no se equivoquen, el Parlamento inglés no podrá detener una integración europea que es irreversible, for better and for worse, in sickness and in health... Esta European Union Bill en realidad no viene más que a demostrar que la Europa política está cada vez más cerca. Su oportunismo político también es evidente. De todos modos, se me ocurre otra lectura, aunque no tengo demasiado elaborada la teoría, pudiera ser que esta ley se hubiera creado como salvaguarda (una especie de vacuna preventiva) contra la injerencia política de la UE, como mecanismo previo a una aproximación al euro, ya que en mi opinión -y más pronto que tarde- los británicos adoptarán la moneda única en pro de sus intereses comerciales. El Reino Unido en la eurozona es una bomba de relojería cuando la UEM tiende a la unidad presupuestaria o la fiscalidad compartida. Cubiertas las espaldas legalmente (con la EUBill) su soberanía no ser vería amenazada, especialmente la fiscal. El Reino Unido tiene en sus manos la decisión, puede optar por alejarse de la Europa continental, pero tal vez ahora no haya tantos dispuestos a luchar por retenerlos.



**Una cláusula pasarela es por ejemplo aquella que permite que el Consejo Europeo autorice al Consejo a aprobar por mayoría cualificada determinadas medidas, en el caso de políticas que entren en el ámbito de la unanimidad (como política fiscal o de seguridad).

miércoles, 12 de enero de 2011

Fue un mes de diciembre en Córdoba... con los blogueros

El Parlamento Europeo nos regala este pequeño vídeo que resume y comprime aquel soleado fin de semana de blogging, tweetting y, sobre todo, de europeísmo en complicidad, en Córdoba. Echo de menos muchas intervenciones brillantes en este corte, faltan algunos rostros, pero no hay duda de que el vídeo recoge el espíritu. Mi más total agradecimiento a Nacho Samper, Director de la Oficina del Parlamento Europeo en España, por su hospitalidad, calidez y dinamismo, y a todo el equipo, especialmente a la dulce y eficiente Matina, y también al perfeccionista Damián y a Víctor, etc. por hacer posible un encuentro así de intenso y enriquecedor.
Por cierto, aunque a veces parezca algo despistada, recuerdo bien que alguien nos prometió un encuentro de blogueros de toda la Unión Europea en Bruselas, y algo más "íntimo" en Estrasburgo. Que conste en acta, y que el viento no se lo lleve...


[Han seleccionado un pequeño corte de mis veloces reflexiones, a partir del minuto 2.15 aprox.]

Europa, ¿valor o precio?

No sé si están con la tesis machadiana de lo necio que es aquél que confunde el valor con el precio, pero aquella aparente inofensiva reflexión cobra vigencia con el paso del tiempo. Los hay quien actúan como si lo que no tuviera precio perdiera valor, y no hablo de liberales precisamente, baste remitirse a la Ley Sinde, un simple reflejo del miedo a la Red en aquellos que manejan el poder. Sinde pretendía defender los derechos de los "trabajadores de la cultura" en un mundo donde todo se copia y reproduce de forma inmediata. No creo que el problema esté en el consumidor que, por cierto, realiza montones de actos desinteresados en la red, a menudo creando, traduciendo, adaptando y compartiendo. Admito que soy notablemente profana en materia internáutica más allá de bloggertwitter, pero intuyo un mundo muy vibrante donde la gente comparte cosas y creaciones. Me pregunto en qué lugar queda la visibilidad y resonancia que la red da a sus creaciones. Hoy el artista tiene marketing gratis en la red, difusión, ¿no es un sueño? Además. No dejaremos de ir a conciertos, al cine o a una sala de arte por el hecho de tenerlo a golpe de clic. La industria norteamericana tiene datos que avalan las pérdidas que les causan los piratas españoles. Comprendo. Habrá que establecer bien el límite de lo delictivo. Que se esfuercen un poco. Lo fácil es la represión. Lo fácil es tratar de mantener el monopolio. Ese concepto les arroba a los políticos de todo color.

Tal vez un poeta contemporáneo debería destacar el abismo que existe entre el poder y la honestidad. Hoy en día el verdadero valor es atreverse a opinar sin mordaza, lo hacen tan pocos que se diluyen en el magma de la confusión. La mayoría son absorbidos por intereses políticos. Por cierto, los partidos políticos en España se autoblindan con una ley que los exime de responsabilidades penales ante sus negligencias. Qué bonito es quejarse de la burbuja de Bruselas cuando aquí cada uno resguarda su chiringuito político con triquiñuelas legales. Yo hace años ya que renuncié a la esperanza de cualquier rebelión ciudadana de verdad. Supongo que mi forma de rebelión es centrarme en la política europea, más alejada del cortoplacismo y los intereses de partido inmediatos.

En las instituciones europeas se hace el esfuerzo de valorar las cosas en global. En España no hay honestidad en el debate político, y como estamos en precampaña electoral por las municipales de mayo, nadie en el mundo del gobierno y la oposición dice -no ya la verdad- ni siquiera lo que piensa. Casualmente trasciende estos día que dos ex presidentes, González y Aznar para más señas, entran a formar parte de dos empresas privadas estratégicamente cruciales para el futuro energético de España (Gas Natural y Endesa). La derivada moral me la reservo, las consecuencias serán múltiples, sin obviar la evidente intromisión de la esfera pública en el ámbito de la empresa privada. Preocupa la información privilegiada y preocupa la poca transparencia. A mí sí. Me preocupa que se tomen decisiones en la empresa privada condicionadas por intereses gubernamentales, o viceversa. Me preocupa porque atenta contra la libertad esencial, es la versión menos transparente y más sesgada del intervencionismo.

Por cierto, quedan tres días para que finalice el estado de alarma. Alarmados estamos ¿desde cuándo? Recuerdo que regresaba de San Sebastián, con el puente en ciernes, horas antes de que AENA decidiera cerrar el espacio aéreo. No sé si a estas alturas recuerdan ese detalle -no desdeñable- de que el espacio aéreo lo cerró AENA (empresa estatal) y no los controladores. Hemos visto en las últimas semanas como la susodicha empresa se puso manos a la obra para captar controladores de otros países de la UE, al parecer no están interesados en renunciar a condiciones laborales mejores que las existentes aquí. Digo bien. Y yo que creía que los privilegiados eran los de aquí. Que alguien se aclare. Precisamente de movilidad laboral habla hoy la Comisión, que difunde el Informe de Crecimiento Anual para 2011, donde se habla de muchas medidas razonables, entre ellas la reestructuración a escala europea de la economía, lo que implica algunas cuestiones de calado, como movilizar el mercado laboral. Que es necesario no lo dudo, que esté en el ánimo de los gobernantes no es tan evidente. No sé, pero sigo con la duda sobre muchas cosas. Pues todo así. Desconfíen de aquello en lo que quieran hacerles creer porque nada es lo que parece, y desde luego valor y precio no es lo mismo. ¿Se acuerdan del Fondo de Estabilidad Financiera suscrito en mayo? Ahora ya alcanza los 440 billones de euros. Ese es el precio actual por preservar el euro, ergo el proyecto europeo, nuestra Unión Europea, que es real, tangible, definida. Para mí el proyecto europeo no tiene precio porque su valor es inmenso. Hoy más que nunca. Es extraño que para cotizar al alza políticamente haya que cotizar al alza también en el mercado bursátil, que paradójicamente se conoce también como mercado de "valores"...

lunes, 10 de enero de 2011

Propósito para 2011: viajar a Tallin con el EURO en la cartera

Este 2011 que comenzaba tan armónico y prometedor se ha vuelto de la noche al día un infierno de incertidumbre, y no sólo en la eurozona. Ay, qué semana de regreso al cole nos tenía preparada el inescrutable destino... Imposible sustraerse a los mensajes derrotistas, a las amenazas particulares y a los desmentidos oficiales. Siempre hay algo en la forma de transmitir la información que nos imanta los pies al suelo. Ya cansa lo del fantasma de la "argentinización", aburren los que barruntan una huida de patrimonios personales, incordian los cenizos de siempre con sus mensajes contra el euro. Miren, miren por ejemplo cómo están Japón y Estados Unidos. Pero no. Aquí erre que erre con la eurozona. Baste pasar un par de minutos por twitter o sumergirse en los teletipos para darse cuenta de que el mundo especulativo hace de las suyas, no sólo en Portugal, España o Italia. La semana pasada hubo una suerte de debacle del euro y el BCE ya está emitiendo de facto eurobonos y comprando bonos estatales. Lean la prensa económica, a pesar de que no hay mucho que analizar a priori, porque suena a más de lo mismo. Lo peor: si creíamos que nadie en su sano juicio se encarnizaría contra su propia moneda, errábamos. Algunos lo están haciendo.

Porque hay dos factores, la estabilidad monetaria y la competitividad de la economía. Si el crecimiento es sostenido y sostenible se evita la quiebra soberana y por tanto se consolida la estabilidad monetaria. España no está creciendo aún, pero el euro sobrevivirá, de eso no tengo duda. Lo increíble es que, entretanto, los que especulan con la deuda pública y las divisas se empeñan en complicar más la, ya de por sí, conflictiva vida de esta moneda, el euro, a la que en plena niñez (10 años) se le exigen comportamientos de adulto. Tiempo al tiempo. Paciencia, por el amor de Dios. Tanto se habla de la relación entre el riesgo bancario y el futuro del euro. En estos casos es útil referirse a otras uniones monetarias previas para analizar su evolución. El ejemplo más obvio es el estadounidense, que tardó más de un siglo en consolidar una zona monetaria óptima, e incluso viable, atavesando previamente distintas crisis bancarias en los estados de la federación, intentos de secesiones monetarias, etc. La inestabilidad observada se relacionaba con los costes de los ajustes regionales en las distintas crisis agrícolas o financieras. Primero se instauró el “yellowback”, que funcionó entre 1861 y 1879 en la costa Pacífica, pero finalmente se optó por el federalismo presupuestario sobre las transferencias interregionales, bajo el auspicio de la FED.

En la eurozona la crisis se relaciona con el déficit presupuestario de los Estados miembros, con las burbujas inmobiliarias, las balanzas de pagos, la inconsistencia bancaria y los cruces de riesgo entre Estados. Dentro de la eurozona, la economía alemana ha sido la que ha permitido que el BCE garantice la liquidez a bancos griegos, españoles, portugueses e irlandeses. La normalización del mercado interbancario a finales de 2009 fue posible gracias a algunos Estados miembros, lo que ha forzado a la exigencia del BCE de que el plan de rescate irlandés incorpore la recapitalización de 10 millardos de euros. Ha funcionado en Grecia, Irlanda, y esta semana seguramente en Portugal, el famoso Fondo Europe de Estabilidad Financiera (FEEF) creado en mayo pasado. Se debaten ya en firme los eurobonos y...


Tarde o temprano llegará el gobierno económico con la unidad fiscal. Una vez más, paciencia. Por ello, para endulzar la espera, me planteo conocer el Báltico, aprovechando que Tallin (junto con la finlandesa Turku) ha sido declarada capital cultural europea en 2011. La capital estona tiene una larga tradición teatral, museística, literaria y goza de un estupendo Teatro Nacional de la Ópera.

viernes, 7 de enero de 2011

Cómo relanzar la Unión por el Mediterráneo

La UpM es uno de los asuntos tabú en entornos europeos, sometida como está a una parálisis indefinida, o a una hibernación perenne, por ser más metáforica. Tema recurrente donde los haya, desalentador incluso, pero que no debemos olvidar. Italia se mueve en el ámbito financiero y bancario. Francia insiste en la vía diplomática. De cierta forma, el conflicto de Oriente Medio es una excusa convenientemente utilizada para bloquear el avance de una institución que padece ciertos defectos de forma, liderada por personas que posiblemente no tengan el perfil profesional y político más idóneo, empezando por su propio presidente. La UpM no debe seguir en un estado de declaración de intenciones de forma eterna, aplazando sus importantes objetivos políticos sine die. Institucionalmente se puede interpretar desde dos vertientes fundamentales, defensa y desarrollo, aunque jamás se concibió, ni lo es, un organismo para la resolución de los conflictos regionales (palestino-israelí, argelino-marroquí o turco-chipriota), a pesar de que este aspecto tampoco quede meridianamente definido en los estatutos de París (julio 2008). Es otro asunto pendiente.

No obstante, la experiencia de los últimos años señala los problemas que esos conflictos acarrean para la buena marcha de la UpM, lo que nos plantea la cuestión de si la vertiente económica debe imponerse o si por el contrario que tal vez un golpe de autoridad sobre estos conflictos podría ser conveniente. No obstante, la Unión por el Mediterráneo debe ser un organismo despolitizado, en el sentido de neutral, con el objetivo de canalizar y optimizar las interdependencias económicas en toda la región, entendiendo que el desarrollo de los distintos mercados regionales será un factor crucial en el apaciguamiento de la tensión política. 

Cierto es que la copresidencia francesa pretendió incluir el proceso de paz en Oriente Medio como prioridad de la UpM, algo que había sido rechazado unánimemente en 2008, insistiendo en el carácter económico del partenariado. Sin embargo se culpa a ese conflicto del estancamiento pertinaz, y directamente de la cancelación por partida doble de las cumbres (la primera de ellas coincidiendo con la Presidencia Española del Consejo, para mayor escarnio) previstas para el pasado 2010 en la ciudad de Barcelona que es además sede central de la UpM. Cabe preguntarse por ello si se puede definir un marco de acción diplomática en el seno de la organización o si debe actuarse al margen. Otra evidencia es que deben potenciarse los acuerdos institucionales multilaterales, como por ejemplo con la Liga Árabe, en lugar de buscar acuerdos bilaterales como se ha hecho hasta la fecha, concretamente entre la UE y Marruecos o Jordania.

Es obvio que, transcurridos dos años desde la cumbre de París, hay un desfase absoluto entre la voluntad y la realidad. Es más, si nos remontamos al famoso Proceso de Barcelona de 1995, espíritu que recuperó la UpM buscando la cooperación paritaria entre las dos riberas, constataremos las carencias en el desarrollo de los 6 ejes de cooperación prioritarios, hagamos memoria: (1) descontaminación del Mediterráneo y recursos hídricos, (2) las autopistas del mar, (3) la protección civil articulada para combatir catástrofes naturales, (4) el plan solar mediterráneo, (5) plan de ayuda a las pymes, (6) desarrollo de proyectos universitarios comunes.

En este último punto debe loarse la actividad de la EMUNI, con sede en Eslovenia, que está trabajando ya para crear un Erasmus euromediterráneo, pero más allá de esto vayamos a las materias de gran calado. Hay dos cuestiones que se me plantean aquí, por un lado las inversiones, y por otro las decisiones políticas. Las necesidades de inversión para fomentar el crecimiento son enormes, empezando por el campo infraestructural. En este sentido los estados del sur piden más inversión europea, mientras Europa se resiste a transferir capital hacia el sur sin un marco jurídico unificado y un tribunal regional de arbitrio. Esto se ve claramente en el campo de los recursos, por ejemplo la energía, donde la UE tiene mucho empeño, a pesar de la paradoja de que no exista una política energética europea.

A pesar de que la UE entiende que en el sur hay recursos y que la tecnología europea puede maridar bien con esos recursos no explotados de la cuenca sureña, no hay gran cosa, no hay cooperación alguna (incluso hay países del Magreb que no tienen resuelto el acceso a la red eléctrica para todos los ciudadanos en sus territorios).

Por lo demás, la UpM debería ser ya un organismo muy orientado a la cooperación jurídica para garantizar la seguridad de las empresas y ciudadanos y favorecer la competitividad económica de las cuencas mediterráneas. Claramente hay un desfase institucional, porque no están bien definidos los papeles de la copresidencia, de la Comisión europea y del SEAE. De hecho, Ashton ha manifestado su deseo de que el copresidente de la cuenca sureña sea elegido por el Consejo de Ministros, mientras que los representantes de la propia ribera sur recelan de ese gesto, que interpretan como eurocéntrico. Me pregunto entonces, ¿para qué sirve la nueva Asamblea Parlamentaria Euromediterránea (que ahora se llama AP-UpM)? Por no hablar de la poca actividad de la ARLEM (Asamblea regional y local). Este hecho revela una parálisis profunda que podemos vincular también con el desentendimiento de la opinión pública ante proyectos lejanos y a largo plazo (entre 10 y 15 años) que se ven superados por la inmediatez de los debates cotidianos. En este sentido, yo misma he escrito algunos artículos académicos sobre la capacidad de la geometría variable en las instituciones vinculadas a la UpM, fomentando así la posibilidad de los compromisos sólidos, asociaciones puntuales entre algunos estados que den contenido real o visibilidad a la potencia de los partenariados regionales. Hablo de pactos entre 4 ó 5 estados en una UpM que, no olvidemos, reúne a 43 estados-nación.

Por ejemplo, en materia agrícola, y en vista de los problemas derivados de la PAC en Europa, y los problemas de la agricultura en la globalización, sería más que adecuado pensar en el potencial de una política agrícola común que englobara a estos países del sur del Mediterráneo, no sólo para asegurar el abastecimiento en toda la región, sino para optimizar la producción agrícola, promover el desarrollo local de forma estratégica, y es que además a largo plazo para Europa va a ser más rentable desarrollar un mercado agrícola en el sur que vender sus excedentes. Además se puede crear un stock de forma bastante fácil por la proximidad geográfica, sin olvidar que en el desarrollo agrícola está muy presente la dimensión humana. Tal vez por ello, la respuesta institucional no sea suficiente por sí sola, aunque sí debería ser capaz de crear redes de conexión de los actores sociales, colectivos y privados para fomentar un intercambio civil euromediterráneo, que ahora mismo atraviesa horas bajas, con lo que estamos renunciando, a un enorme potencial todavía no explotado. Sería una lástima que, por dejadez, perdiéramos una gran posibilidad para esta gran región al abrigo de este maltratado Mediterráneo, con una larga historia en busca de la paz, el bienestar y el comercio. Si los europeos hemos sido capaces de encontrar muchos puntos para trabajar en común, es preciso que ahora los países de la ribera sur encuentren esos objetivos políticos comunes y los traduzcan institucionalmente para facilitar el camino de la regulación, la solidaridad y la prosperidad comercial común.

miércoles, 5 de enero de 2011

Europa: ni panglosiana ni fracasada

Esta mañana un usuario de twitter ha criticado mi visión de Europa por ser demasiado panglosiana. De alguna forma me ha halagado el adjetivo, ya que estoy más acostumbrada a que me llamen naïf y otras lindezas peyorativas. Lo de naïf tiene el encanto de la inconsciencia, lo panglosiano suena directamente a fracaso, aunque sea enmascarado o desapercibido. Como sabrán, panglosiano se relaciona con Pangloss, el alelado tutor de Cándido en la novela de Voltaire, optimista que llega a justificar la tragedia. El triste final de este bobalicón es aferrarse a su filosofía de vida por dignidad, a pesar de que su vida de infortunios es testimonio de cuán absurdo era su optimismo.

Durante muchos siglos ha existido gente empeñada en vincular fracaso con literatura. En los últimos tiempos lo mismo sucede con Europa, y más específicamente con el proyecto de la Unión Europea.

Cuando se intenta agradar a todos, nadie queda satisfecho. Tal vez este haya sido uno de los grandes pecados del sistema político europeo. Admito discrepancias políticas en torno al grado de soberanía compartida, incluso animo al debate sobre el modelo de construcción europea más idóneo.

Democraticen Europa, intenten definir o limitar el poder, haciendo uso de los mecanismos democráticos, y más ahora que el Parlamento Europeo es codecisor en prácticamente todos los ámbitos políticos de competencia europea. Exijan a sus jefes de Gobierno nacionales que actúen con transparencia y celeridad en el Consejo Europeo.

¿No están los gobiernos refrendados para legislar según el acuerdo común y libre de los pueblos? Les aseguro que el gobierno europeo, que el sistema europeo, no es arbitrario. No hablen de oídas. Los avezados observadores, quejicas y euroescépticos travestidos de sensatez, apuntan con el dedo a la “burbuja de Bruselas” y cuestionan cualquier decisión que venga de las lejanas y anquilosadas instituciones comunitarias. Lamentan la omnipresencia de la euroburocracia. Cabe preguntarse qué elementos de juicio hacen merecedores a estos jueces de su capacidad de escrutinio, si en la mayoría de los casos no han seguido un mínimo proceso de aproximación al objeto de crítica.

Se pierde el sentido del tiempo, se obvian los múltiples beneficios de la cooperación entre los estados europeos. Se hace caso omiso del equilibrio territorial a que conduce el sistema de la Unión Europea. Se olvida la anarquía comercial en que vivían las naciones europeas antes de la Unión Económica y Monetaria. Se critica el exceso de legislación, desde la rigidez en el sistema de etiquetado, hasta la molesta armonización de los embalajes, cuando esa homogeneización garantiza la igualdad de competencia, la protección del consumidor y en definitiva precios más competitivos. Algo que ocurriría si existiera un mercado energético único que aseguraría el suministro y abarataría el coste para el usuario. Son dos sencillos ejemplos de los beneficios de la unidad del mercado interior europeo. La supremacía de la ley europea garantiza la protección por igual de todo ciudadano europeo, incluso contra los abusos de sus propios gobiernos nacionales.

Por lo demás, hay algo que me asombra y es la disparidad de ejemplares e ideólogos que se cuentan entre los críticos con el proyecto europeo. Y les preguntaría a todos ellos ¿Cuáles son los fracasos europeos? ¿Los de las viejas ideologías? ¿Se trata del fracaso de los propósitos o de las realidades? ¿Se refieren a la falta de representación o de legitimidad? Las digresiones son infinitas, podemos admitir hasta que en Europa algunos Estados miembros han sido privilegiados (se me viene a la mente el cheque británico como una de las mayores indignidades), pero no hay progreso político sin mácula, y la obra de construcción europea sigue fermentando. Son sesenta años de historia, los Estados Unidos como federación tardaron casi ciento cincuenta años en tener una moneda única.

Sosteniendo su crítica burda sobre el conjunto de turbulencias financieras, económicas y políticas de dominio público, aderezándolas con un par de mitos, encuentran en la Unión Europea el perfecto chivo expiatorio de sus fracasos, sean personales o nacionales. Sin duda, desde mi blog poco puedo hacer por neutralizar las voces discordantes, disidentes o pesimistas, pero a fuerza de insistir tal vez descubran que el fracaso forma parte de su esencia, como ocurre con el estado-nación y su larga trayectoria de destrucciones y amenazas persistentes. Es lo que yo llamo la inercia de la esclavitud del estado-nación.

Esto es, los fracasados son ellos. Para el fracasado lo malogrado siempre tendrá un culpable y Bruselas parece encajar bien los golpes, sin quejarse demasiado. Al gremio de los europesimistas, abandonen su estéril lucha de rencores, su escala diminuta, su nostalgia. Mi consuelo es que la Unión Europea no les es indiferente. Ya no son capaces de permanecer inmutables. Y no hace falta que sean agradecidos por los servicios prestados. Europa será, a pesar de ustedes. El principio vital y creador europeo está en auge. Y lo está sobre todo porque la Unión Europea lucha por su preservación, y la unión de los pueblos europeos es garantía de perpetuación de la paz y la libertad en Europa. No estaría de más repasar la historia y redescubrir las causas de la caída de la república romana, como dijo Maquiavelo, fue "por la avaricia y el despotismo de sus gobernantes". La avaricia está muy presente en las causas de la crisis actual. Somos ciudadanos libres, participemos en la construcción europea, hagamos que los ciudadanos de las naciones europeas se entiendan, y seremos imparables. Maybe I have a Panglossian view of Europe, what else?

De la física a la energía pasando por ITER

Quería escribir algo que relacionara mi pasíón por la Física con Europa. ITER me ha dado la respuesta. No sé si alguna vez lo he contado, pero desde pequeñita me ha fascinado el mundo de la Física. Era mi asignatura preferida en el colegio, y también en la carrera de Ingeniería que casi terminé. El camino de mi destino terrenal me ha guiado por derroteros insospechados, pero de vez en cuando redescubro mis vocaciones más tiernas. Posiblemente hubiera tenido mejor futuro como física que como ingeniera, o quizá en otra vida podré emular a mi admirada Lisa Randall. El pasado domingo me quedé pegada al televisor viendo Científicos de frontera escuchando su experiencia, cómo investiga y desarrolla la teoría de las dimensiones adicionales. Según explicó, existen suficientes indicios empíricos para explicar la necesidad de que existan más dimensiones de las 3 que conocemos, dimensiones que no percibiríamos porque tal vez no reflejarían la luz o tendrían un comportamiento distinto ante la gravedad. El hecho de que no podamos explicar la materia oscura o la cantidad de energía que hay en la antimateria, nos hace pensar que existen cosas que desconocemos en el universo. Más allá del trasfondo filosófico de consecuencias enormes que pueden tener estas investigaciones, que apuntan a la existencia de otros universos donde podría haber vida inteligente, hay evidencias ya de la existencia de otras formas de energía o materia que no sabemos describir ni responden a los principios físicos o ecuaciones que conocemos. Probablemente nuestro grado de desconocimiento sea tan grande que jamás podamos llegar a dilucidar algo tan "simple" como la existencia de partículas todavía más pequeñas que los quarks (la más pequeña identificada por el hombre). Recordemos que tiempo atrás el átomo era considerado el elemento más básico. En cuanto a las consecuencias prácticas del desarrollo de la física, no hablaré de los microchips o semiconductores que están permitiendo que ahora mismo yo me comunique con ustedes.

La fusión dejó de ser un sueño y, con sus riesgos, ofrece grandes posibilidades que ofrece para el mundo de la física. El uso pacífico de la fusión arrancó en 1958 en la conferencia de Ginebra. No sé si es conocido por todos que la sede de la oficina europea de ITER se encuentra en Barcelona. El proyecto ITER se trae entre manos el desarrollo de un reactor experimental de fusión para la práctica de teorías físicas de fusión para la obtención de energía y para la investigación. Una de las principales metas es producir electricidad imitando las reacciones que se producen en las estrellas y que las hacen brillar, es decir, fusionando átomos de hidrógeno, lo que genera energía. Es más, neutrinos generados con una emisión pautada de encendido/apagado propia de un reactor de fusión artificial.

La energía es uno de nuestros grandes retos actuales, y un problema de futuro. El reactor ITER puede producir cantidades enormes de energía: el combustible es el deuterio que se extrae del agua, así que es ilimitado, mientras que el otro componente, el tritio, es radiactivo, pero de baja actividad, no como el uranio, por lo que tiene un menor riesgo. La energía sería la primera aplicación práctica de esta fusión. Lo cierto es que el proyecto de ITER es revolucionario y pretende generar (en un reactor de tipo tokamak con confinamiento magnético) 500 megavatios de energía introduciendo sólo 50 en la máquina, es decir, obtener 10 veces más de lo que se necesita para provocar la reacción de fusión nuclear. Todo esto es, por ahora, ficción, y despierta muchos recelos y dudas sobre si el ser humano está capacitado para poder controlar tales magnitudes de energía.

Con todo, el proyecto sigue en marcha y ahora son siete los socios del proyecto: Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, Japón, China, Corea del Sur y la India. Se espera que los primeros experimentos puedan realizarse entre 2016 y 2019 en el mismo reactor que ya se está construyendo en Francia (Cadarache), ya que el programa ha sufrido varios retrasos por problemas de financiación.  Aquí pueden acceder al último informe anual sobre las contribuciones europeas al proyecto global ITER. En la delegación europea se incluyen los Estados miembros de EURATOM, y Suiza, país que acoge al gran acelerador europeo de partículas LHC (Large Hadron Collider).

También en Barcelona (Cerdanyola del Vallès) tenemos ya en funcionamiento el sincrotrón ALBA, que tantas expectativas genera, y que ya está concretando colaboraciones con empresas catalanas, implicadas en importantes inversiones tecnológicas, aunque sea de una dimensión más reducida que el acelerador suizo. El LHC es una herramienta que se considera capaz de dar la clave sobre muchas de las dudas de la humanidad, las leyes naturales, el nacimiento y expansión del universo, y que es esencial para toda la investigación física, además de poder generar monstruosidades de energía. Y elijo la palabra monstruosidad con la pretensión de advertir sobre los riesgos que lleva implícito un instrumento tan poderoso en manos del hombre. Siempre he comprendido la ambición del científico, pero desconfío de la soberbia humana, y a menudo el saber científico cae en el divismo y el afán de mando.

Como todos conocemos hoy, algunas radiaciones son altamente perjudiciales para el ser vivo, pero pensemos que muchos de los científicos de hace varios siglos, a pesar de atesorar grandes conocimientos empíricos, desconocían estas consecuencias. ¿Quién nos dice que hoy no sucede lo mismo? Lo cierto es que, superando los recelos morales, los proyectos como ITER nos abren muchas opciones de futuro llenas de ventajas, como el propio LHC, que actualmente implica a más de 10.000 científicos de 100 países del mundo, incluida la propia Randall. Algún día este LHC nos dará respuestas sobre la materia oscura, la existencia de dimensiones adicionales, la realidad sobre las partículas elementales y cómo se crea su masa, la existencia o no de los patrones de la supersimetría en la naturaleza, etc. Entretanto, y para no caer en tentaciones de reeditar mi vieja y frustrada afición por la física, tendré que conformarme con leer esta magnífica obra que, por lo que sé, editarán próximamente en español.

lunes, 3 de enero de 2011

Un muro en Europa: no me gusta

¿Creen que la cuestión fronteriza o los límites a la inmigración en Europa pueden generar un conflicto sistémico? Podría. Pero ya me adelanto, no me gustan los muros. Reflexiono. En los lindes fronterizos europeos hay posibles fallas, por ejemplo Turquía es un país que despierta muchas dudas, ha sido una potencia en el pasado y tiene un gran crecimiento económico, es la decimoquinta economía del mundo, sin embargo no tiene un papel significativo en Europa, se trata de un régimen secular protegido por el ejército, y con un movimiento islamista impredecible e incluso en aumento. No parece un país agresivo, pero genera conflictos por sus problemas con Grecia y Chipre. En cuanto a la frontera más próxima al Báltico también existe un potencial riesgo de conflictividad, dependiendo del posicionamiento de Rusia y su posible deseo de controlar a los tres estados bálticos, que están en la retaguardia de Polonia, el baluarte defensivo de Alemania. Hay quien ve un posible riesgo futuro en esa área en función de la presión rusa y los temores defensivos de Polonia y Alemania.

Psicológicamente Europa no parece ni preparada ni predispuesta al conflicto, pero hay un problema con la inmigración que genera un riesgo de por sí que, según perciben algunos actores, tal vez las fronteras políticas no puedan constreñir. Me refiero a la inmigración irregular procedente de países exteriores, y no a los movimientos migratorios transfronterizos o a los que se realizan en la zona Schengen. Se trata de la inmigración que puede implicar choque cultural e inestabilidad social. Ahora bien, ese concepto también es ambiguo. Se espera que el inmigrante se convierta en ciudadano, trabaje, tribute, tenga derechos y deberes. Ante eso no cabe muro alguno. La realidad es que no todos los inmigrantes se comportan así. La realidad es que las mafias existen y se lucran a costa de la miseria ajena, aprovechando la vulnerabilidad de algunas fronteras.

Hoy se publica en la prensa europea que Grecia pretende construir una cerca a lo largo de su frontera con Turquía a fin de frenar el flujo de inmigrantes hacia la UE. Es decir, 12,5 kilómetros de cercado en la frontera terrestre con territorio turco, en la zona del delta del río Maritsa. La idea es un calco del muro existente en la frontera México-EE.UU. (1050 Km) construido en 1994 para evitar los flujos ilegales e impedir que las mafias campen a sus anchas. El levantamiento del cercado estadounidense (que tiene una altura de 4,5 m y está dotado de cámaras, radares, sensores, patrullas nocturnas...) fue muy controvertido, pero hoy dispone de mucho apoyo popular entre los norteamericanos, mientras que es criticado por los gobiernos mexicanos y de otros estados latinoamericanos.

Sin embargo, el caso griego es bien distinto, ya que aunque Turquía y la UE no se hayan definido públicamente, es más que probable que ambos sientan recelos ante el levantamiento de un muro con la frontera turca, país que está negociando su adhesión, mientras la UE se muestra contraria a otros muros, como el levantado entre Israel y Palestina. Este muro entra en conflicto con la concepción del sistema internacional y con la política de cooperación que establece la Unión Europa.

A priori podríamos vaticinar que la UE se muestre contraria, y más cuando la Comisión ha ampliado hasta marzo de 2011 la misión especial, conocida como Rabit (con un coste de 9,8 millones de €) para mejorar las condiciones de las oficinas de detención del departamento de inmigración griego, ya que ofrece asistencia técnica y práctica. Hasta ahora la intervención Rabit se ha traducido en una reducción del flujo de inmigrantes a la mitad entre los meses de octubre y noviembre pasados. La Comisión se decanta por los métodos policiales tradicionales. Aunque no es menos cierto que la Comisión ha dado en varias ocasiones la voz de alarma por lo que supone la llegada de una media de 200 inmigrantes diarios, jamás ha mencionado el asunto de la valla. En la actualidad, casi uno de cada diez personas que vive en Grecia es extracomunitario y en el país hay unos 300.000 inmigrantes en situación irregular. En su mayoría proceden de Afganistán, Irak y países del norte de África. Son cifras objetivas que no tendrían que preocupar si no se produjeran en circunstancias que, por distintas razones, no tienen que ver con el fenómeno migratorio en sí. No negaremos que los gobiernos utilizan ese recurso, caen en la tentación de ese debate en épocas de crisis, como la actual.

Crisis de valores en un país, Grecia, que no sólo puede presumir de haber manipulado los datos de sus cuentas públicas sino que además encabeza la evasión de impuestos. No cruzaré debates, porque eso es de chapuceros y demagógicos, pero estoy segura de que un muro no podrá tapar las vergüenzas griegas. Aunque ellos ya han tomado la decisión, así se expresa al respecto el ministro de Interior, Papoutsis: "En Grecia sólo se quedarán los inmigrantes que tengan derecho a protección internacional o derecho de asilo. Nadie más. Todos los demás deberán comprender el mensaje. Se irán de Grecia, sea con una repatriación voluntaria, sea expulsados obligatoriamente”.

El proyecto del muro ya ha levantado duras críticas, no sólo desde el punto de vista humanitario, sino por cuestiones de calado político con respecto a los países africanos y asiáticos de procedencia de la inmigración (se plantean cuestiones de fondo sobre cómo evitar las prácticas proteccionistas en el sector agrícola europeo, que dificultan el desarrollo de la industria agrícola en el tercer mundo). Está por ver en qué queda la controversia, pero Grecia parece decidida a optar por la vía drástica. Seguramente Turquía también tendrá que reforzar el control fronterizo y es muy posible que la UE le exija mayor implicación en controlar los flujos de irregulares.

Sea cual sea la evolución política del conflicto, tenemos una certeza, Europa debe protegerse de posibles conflictos emergentes, asegurando una convivencia pacífica en territorio europeo entre todos los ciudadanos. Recuerdo haber estudiado en Bachillerato el problema de las pirámides demográficas invertidas, y recuerdo mejor aún cómo no me preocupaba el envejecimiento de la población en Europa, porque pensaba que éste podría compensarse con inmigración procedente de países menos desarrollados.

¿Para qué sobrepoblar el planeta cuando la población se puede redistribuir de forma más sostenible e incluso espontánea? Nunca me han convencido demasiado las políticas que promueven la natalidad. Admito que el mío es un argumento simplista y digno de una alumna de bachillerato, pero en líneas generales sigo manteniendo la misma opinión. Creo en la igualdad de oportunidades. Todo ciudadano, de cualquier lugar del mundo, podría tener oportunidad de viajar, trabajar, instalarse y solicitar la ciudadanía de un país distinto al de origen, cumpliendo con la legislación del país de acogida. Tal vez no pueda negarse que la inmigración masiva en ocasiones pone en riesgo la cohesión social, ocasiona masivas violaciones de las leyes, pero la pregunta es si una barrera física es la solución. Debería pensarse en retomar la cooperación como herramienta válida de desarrollo en los países de origen, presionando a los gobiernos de turno en los foros internacionales, incluso vía sanciones. No es difícil presuponer que los gobiernos de origen tienen la mayor responsabilidad en las fugas masivas. Ese es otro debate que entronca con la relevancia global de Europa. De puertas adentro hay que ver en las próximas semanas cómo se posiciona la Unión Europea y si es capaz de incidir sobre la decisión que ha tomado el gobierno griego. Se trata de la dicotomía entre guardar las apariencias o implicarse en los valores políticos.

sábado, 1 de enero de 2011

Happy New Year to Europe

A warm welcome to Estonia and a toast to Europe. Hoy lanzo este brindis con el deseo de que Europa fragüe este año una verdadera alternativa de crecimiento, prosperidad y bienestar. Ya conté en mi post anterior qué debería cambiar... que los líderes nacionales en el Consejo cumplan con su deber ineludible y capaciten a las instituciones comunitarias, renunciando a reproches mutuos y a la defensa prioritaria de sus intereses nacionales o narcisistas, sabiendo que ante las amenazas inquietantes, no se trata de identificar el origen del mal, ni de fomentar el temor a ataques especulativos indiscriminados, porque tal vez ninguna explicación por sí misma se sostenga o sea suficiente. Poseer más información no es la respuesta, ni legislar a mansalva, sino más bien establecer nuevos límites externos, sean jurídicos, sean económicos, sean incluso morales, sin olvidar que la realidad nunca es cartesiana, sino que al equilibrio a menudo le precede el caos. La generosidad es siempre una respuesta beneficiosa y, sin caer en el buenismo naïf, debemos ofrecer generosidad con exigencia, construir una solidaridad duradera y estable, interesada para el que da y beneficiosa para el que recibe. Este año Estonia se suma al euro, y el próximo año probablemente Croacia sea nuevo miembro de la Unión Europea. Que el desplazamiento de nuestras fronteras externas no debilite por dentro el esfuerzo de tantas décadas. Feliz y próspero año 2011 y ¡Viva Europa!

El euro, en plena crisis existencial, acoge a Estonia

Ya llegó 2011 y, con él, se incorpora el decimoséptimo Estado miembro a la eurozona. Pongo el acento sobre esta nueva incorporación de un país que tiene sus cuentas públicas saneadas, y que decide, por elección propia, subirse al carro de la moneda única. Estonia, como los otros 16, toma la decisión política que cree más conveniente a sus intereses. Remarco este punto porque parece que los mercados financieros soslayan ese detalle cuando dudan sobre la solvencia del euro. Paradójicamente la ausencia de la unión política es la que explica ese recelo de los inversores, porque la UE todavía les resulta un objeto político difuso y viscoso, donde reina la disparidad de criterios. Que reciban su parte de culpa los jefes de Gobierno nacionales, responsables de diferentes movimientos populares contrarios al euro, incluso en la propia Alemania, donde existe el riesgo de que se olvide que el euro es la mejor herramienta para hacer de la Europa continental un elemento definitivamente influyente en el mundo.

Ahora bien, no olvidaré las reprimendas, acabo de culpar a los líderes nacionales de no transmitir los mensajes de unidad adecuados, también les acuso de la lentitud en los Consejos Europeos y los acuerdos de mínimos. Puede agradarme que el eje franco-alemán actúe en sintonía, pero me irrita cuando pactan decisiones cruciales para todos a espaldas de todos, y lo están haciendo. Cuentan que al dúo se ha sumado Reino Unido, el que ha bombardeado la negociación presupuestaria este otoño. No voy a caer en la trampa discursiva de culpar a los mercados o a los medios de información, que a menudo manchan las noticias, sembrando dudas y burdas especulaciones. Tampoco abundaré en las agencias de rating que, en mi modesta opinión, tienen criterios de valoración subjetivos e interesados, por no decir descaradamente provocadores (son capaces de incentivar la inversión en cualquier paraíso fiscal perdido del mundo). Creo que la información de esas agencias está sobrevalorada y es tendenciosa, pero corríjanme si me equivoco.

Pero, como he dicho, no buscaré culpables externos sino que quiero centrarme en recordar que las viejas recetas de contención presupuestaria y reducción de la deuda son necesarias pero insuficientes para transmitir la imagen de fuerza que la marca UE necesita. Y, honestamente, sólo hay una salida para la estabilidad de la economía, la que por ende consolidará el crecimiento y el empleo: la coordinación real de la política fiscal y presupuestaria, es decir de nuestras 17 economías. Sumemos a esto que nos encontramos en un punto de no retorno, en términos aeronáutico diría que estamos a punto de superar la fase de "rotation", que es aquel punto de despegue en que el avión ya no puede regresar a tierra. No es el mejor momento para dudar, sino el momento de olvidar las presiones externas y responder. Volar alto. Bienvenida a bordo, Estonia.