jueves, 27 de octubre de 2011

Salvados por el euro

Esta mañana, mientras conducía hacia el despacho, escuchaba con atención al moderado y discreto Amadeu Altafaj, portavoz económico de la UE, insinuando que el futuro del euro estuvo ayer más al borde del precipicio que nunca. Se intuye en sus palabras una alabanza a la ruta escogida, la de pagar un precio (perder un 50% de la ganancia) a cambio de la estabilidad y pervivencia del euro. Por ello, me sumo al discurso de que ha habido mucha responsabilidad por parte de agentes públicos y privados. Y lo afirmo, en esto los europeos sí somos modélicos y podemos dar lecciones al mundo.

Casi a las cinco de la mañana concluyó la cumbre en Bruselas. Les remito a las numerosas crónicas y al optimismo percibido hoy en los parqués europeos. La crisis del euro nos refuerza una vez más, en la solidaridad y en la capacidad de amplitud de miras. Hoy me ceñiré a culminar la reflexión de ayer con la explicación breve de los acuerdos pactados anoche. Aunque se dijo que los banqueros más importantes estaban invitados a la cumbre, sólo se ha admitido que hubo permanente contacto telefónico con algunos de ellos, a pesar de que Lagarde y Dallara sí estuvieron en Bruselas.

Los bancos han asumido el acuerdo, a pesar de que se ven muy afectados, ya que la primera medida acordada es la quita del 50% sobre la deuda que los griegos tienen con la banca privada. La segunda medida precisamente es la exigencia de recapitalización de la banca, en concreto los 70 principales bancos europeos tendrán que tener un core capital (capital “bueno”) del 9% sobre el total (antes de julio de 2012), lo que según cálculos supone dotarse de 106.000 millones de euros. Se confirma que los cinco grandes españoles (Santander, BBVA, Popular, Bankia y Caixabank) tendrán que hacerse con 26.000 millones de euros de aquí al verano. Se valora la opción de capitalizarse en la propia Europa o en países emergentes. No olvidemos el valor añadido de que la deuda soberana de España aporta la ventaja (con respecto a la griega, sometida a la quita) de que está cubierta por el mandato constitucional de la prioridad de pago.

Y atención, aquí viene lo mejor y novedoso, y es que esos bancos que se estén recapitalizando no podrán repartir dividendos a sus empleados durante el proceso. En cuanto a la tercera pata del acuerdo, se refiere al FEEF, que se ve ampliado hasta la redonda cifra del billón de euros, pero la novedad es que garantizará sólo una parte de las pérdidas, es decir hasta el 20% del valor de deuda pública que adquieran las inversiones, con lo cual se podrá hacer un uso más extenso del fondo, ya que no estará expuesto al 100%, como antes, en todas las operaciones. Y además hay otro detalle, el FEEF podrá alimentarse de capital externo, de países de fuera de la UE, lo que aumenta las posibilidades de financiación y liquidez.

Se sigue insistiendo en la disciplina presupuestaria, se recuerda a los Estados de la periferia que han de poner en orden sus finanzas, y en cuanto a Grecia se está en la fase ya de ofrecer asistencia técnica y administrativa para paliar las carencias graves que aquel país tiene en gestión pública. Grecia todavía nos traerá algunos disgustos y habrá esfuerzo comunitario para que ese país pueda ponerse al día. Lo que, por un lado, me llena de orgullo como europeísta, pues visibiliza el compromiso de todos con todos, pero me confirma la sospecha de que fue un error dejar a Grecia entrar en la unión monetaria. Tal vez un error evitable. Aunque no hay mal que por bien no venga.

Insisto en ver el vaso medio lleno. Sin la dura travesía de los últimos tres años en la eurozona nunca habríamos avanzado tanto en la gobernanza económica europea. Que nadie acuse a nadie de falta de liderazgo, porque aquí hay unión, riesgos compartidos y voluntad de remar en la misma dirección. Ahora, hay que ser ejemplarizante ante el resto del mundo, por ello seguiremos vigilando movimientos en la cumbre del G-20 el próximo jueves en Cannes. Sé que ni Estados Unidos ni los emergentes estarán a la altura. Basta ver la prensa norteamericana menospreciando los acuerdos de ayer, calificándolos de vagos como poco. ¿Sana envidia? Ninguno tiene la capacidad de consenso político de los europeos. Lo cual, cierto es, no descarta futuros sobresaltos.

Ante el temor de que las decisiones europeas adquieran un viso demasiado tecnocrático, se adelanta que el actual comisario Olli Rehn se encargará de la supervisión económica y fiscal de los Estados miembros de la Eurozona, adquiriendo la categoría informal de Mr. Euro. No obstante, durante el mes de diciembre, la Comisión volverá a la carga con propuestas institucionales. Aspiran a dotar de mayor legitimidad al sistema.

No lo olvidemos, Europa trabaja por y para los ciudadanos. Chocarán con los 27 en el Consejo... Pero, entonces, por frío que suene, siempre nos quedará Frankfurt. Ya me explicaré en su momento.