miércoles, 2 de marzo de 2011

No por ser mujer

Ayer, 1 de marzo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitió una sentencia sin precedentes contra la exención en las leyes de igualdad, de la que se han beneficiado las aseguradoras durante muchos años. Las políticas proactivas en el ámbito de la igualdad de género son propias del desarrollo de la Europa social, y se sustentan tanto en los tratados como en la Carta de Derechos Fundamentales, y en el acervo comunitario (Directiva 2004/113), que prohíben la discriminación por razones de sexo en el acceso y suministro de bienes y servicios en todo el territorio de la Unión. El principio de igualdad se ha asentado siempre en dos premisas: tratar del mismo modo situaciones comparables y no tratar de forma idéntica situaciones diferentes. No obstante, en el mercado se ha infringido la ley europea en algunos casos en que el género se consideraba un factor en el cálculo de precios, sobre criterios estadísticos. Ello ha permitido a las aseguradoras aplicar bonificaciones a las conductoras, en virtud de datos históricos que arrojaban una menor siniestralidad femenina.

Lo novedoso es que esta sentencia del Tribunal de Justicia Europeo deroga de forma definitiva esta práctica discriminatoria, que atenta contra la igualdad de trato para ambos sexos. La comisaria Reding, promotora de las políticas de igualdad en la UE -y favorable a la instauración de cuotas femeninas en los consejos directivos de empresas e instituciones- se muestra satisfecha con la decisión. Para Reding es simplemente una señal de modernidad.

La demandante era una asociación de consumidores con sede en Bélgica (Test-Achats), que acudió a un tribunal belga, que a su vez remitió el asunto al TJE, que ha sentenciado que no se podrán establecer precios en función de criterios de género. La sentencia que entrará en vigor el 21 de diciembre de 2012, para que las empresas puedan adaptarse gradualmente a la reforma.

La noticia no ha sido bien recibida entre las aseguradoras. En palabras de la directora de la Federación Europea de Aseguradoras (CEA) “la decisión judicial no reconoce que el género es un factor legítimo en la tarificación de las primas, que se basan en un proceso de valoración justo”. Aducen las compañías que es una mala noticia para los consumidores, en este caso las mujeres, que deberán pagar un sobreprecio en el futuro, además de asumir los costes de la modificación de las condiciones del producto.

No deja de ser llamativo que, además de incomodar a las aseguradoras (que teóricamente se beneficiarían de un incremento de precios en las primas), esta sentencia haya molestado especialmente en el Reino Unido, donde proliferan empresas que han basado su negocio en la discriminación por género, y donde un think-tank euroescéptico llamado Open Europe ha publicado un informe en que asegura que la decisión de la UE incrementará brutalmente los costes de las primas desde 2012.

En mi opinión, las aseguradoras deberían dejar de considerar el criterio estadístico para tarificar sus primas. De hecho, yo soy conductora y he tenido cuatro vehículos distintos en mi vida, todos ellos negros, motivo por el que siempre se me ha aplicado un leve sobreprecio en las primas, al margen de mi nula siniestralidad. Ese peregrino criterio de penalizar mi afición al negro nunca me ha parecido demasiado razonable.

A mi entender, no es equitativo utilizar argumentos estadísticos para calcular primas individuales, donde cada individuo, sea mujer u hombre, joven o anciano, puede poseer unos hábitos de conducción más o menos seguros independientemente de su condición o edad. Probablemente una mujer adicta al alcohol sea más peligrosa que un hombre abstemio. No obstante, los hábitos personales no tienen su reflejo en el coste de las pólizas.

Una vez desaparecido el prejuicio estadístico, la tarificación debería ser más ecuánime, ya que es prácticamente imposible para una empresa aseguradora determinar los estilos de vida de un individuo que contrata una prima. Lo mismo cabe decir de otros productos similares, como los seguros de vida, sustentados sobre las estadísticas de esperanza de vida, una variable afectada por tal cantidad de elementos incuantificables que resulta improbable garantizar que el cálculo estadístico resulte en una prima justa.

Parece evidente que no ha lugar a una distinción entre sexos, incluso cuando la irregularidad ha favorecido a las mujeres hasta la fecha. De facto, se ha estado distorsionando el mercado, manipulando la información por criterios que se nos escapan como consumidores.

Esta decisión europea tiene una clara derivada, y es que posiblemente el factor estadístico no sea el criterio más adecuado para el cálculo de primas. Espero que, tras esta sentencia, las aseguradoras tengan la visión de buscar otros incentivos para sus clientes, pero no por razones de género, sino incrementando las bonificaciones (que se inventaron para reajustar a posteriori los fallos estadísticos) o recompensas por no siniestralidad, o premiando la fidelidad a la empresa, independientemente del sexo del titular de la prima.

De alguna forma, esto también afectará a las primas de seguro de vida, donde la mujer viene siendo penalizada por tener mayor esperanza de vida estadísticamente. Es obvio que el mercado tendrá que reinventarse, y sería razonable aplicar un decremento o incremento de las bonificaciones sobre estadísticas individuales, nunca por criterios sujetos a un rigor dudoso, como los colores del vehículo, los grupos de edad o el género, como se ha hecho hasta ahora. Se trata de una oportunidad de negocio para aquellas aseguradoras que vean esta sentencia como una ocasión para ofrecer productos más personalizados y acordes al comportamiento individual del conductor, sea hombre o mujer. A partir de ahora, el historial personal de cada ciudadano determinará el precio de su prima (así debería ser) y en caso alguno su sexo. En el futuro, sé que me beneficiaré por ser una buena y responsable conductora, y no por ser mujer.

Por cierto, me adelanto a los lectores críticos. Que nadie interprete que defiendo un criterio redistributivo del riesgo, sino que básicamente desconfío del criterio estadístico como norma general. Mi propuesta va en la línea de una tarificación basada en primas calculadas a partir del comportamiento particular, y no por criterios colectivos. A fin de cuentas hasta ahora se ha estado tratando a las mujeres como colectivo, sin considerar el riesgo real en función de otros parámetros individuales. La no discriminación que impone esta sentencia sea probablemente más justa moralmente, y abre el camino para que este sector económico se adecúe a la realidad.