viernes, 25 de marzo de 2011

Je t'aime ...Moi non plus

¿Se acuerdan de aquella canción de Serge Gainsbourg? Te amo, yo tampoco. O tal vez te amé. Algunos perciben el euro con el mismo desconcierto que un sentimiento pasional. Las contradicciones del amor. La palabra "plus" no suena igual en francés. En español tiene cierto regusto rancio. En inglés es contundente y positiva. Desde ayer todos los jefes de Gobierno de la UE están en Bruselas en la cumbre más esperada del siglo, o por lo menos la más divertida para los observadores, con los ingredientes de esa tensión, premeditadamente indisimulada, entre Sarko y Merkel, por su desencuentro en el conflicto libio. Aunque sospecho que al francés le complace ir de la mano con Cameron en la aventura belicista. Recordemos que existe una alianza militar a dos entre Reino Unido y Francia... Pero centrémonos.

Advirtiendo que la causa de las dificultades económicas de Europa no es el euro, sino la lentitud o imposibilidad de que las reformas tengan efecto, los incentivos para el pacto son más intensos que nunca. El pobre Sócrates recibe palmaditas en la espalda, mientras el cuerpo diplomático que le acompaña es la perfecta imagen de la desolación. Sarko se enfada en alto con la derecha portuguesa, y amenaza con imponer medidas restrictivas todavía más duras que las que propuso Sócrates el miércoles en la Asamblea lisboeta. Entretanto, el portugués Barroso lidia bien con el papelón de representar al guardián europeo que comparte bancada con los conservadores que sentencian a un impotente Sócrates que, desde la oposición, verá hasta qué punto Portugal tendrá que asumir los costes de las políticas restrictivas. Este Consejo, con sus cenas y almuerzos, es la recreación del arte de la política en estado puro.

Nada será fácil, pero el euro sigue siendo un "plus" por el que todo el mundo estuvo dispuesto a renunciar a su independencia macroeconómica nacional hace más de una década. No en vano, en la era del lenguaje político intencionado, hemos pasado en dos meses del pacto por la competitividad, al pacto del euro, para finalmente instalarnos en el Pacto Euro Plus (adoptado ayer) que recoge todos los capítulos del plan que pergeñaron hace un par de meses Van Rompuy y Barroso. Es una obra que ambiciona ir más allá de los debidos ajustes estructurales para atajar las perturbaciones financieras, y dejar atrás de una vez la parálisis de crecimiento de Europa. Ojo, que no sería fácil se advirtió, que las asimetrías se dejarían ver, también... Aquellos pesimistas que aseguraban que las asimetrías pondrían en peligro los acuerdos políticos en la eurozona -y que muchos acabarían abandonando el euro- están lejos de ver cumplidos sus augurios.

El euro -y la reacción centrípeta que está generando- desmiente a los que afirman que para consolidar una unión monetaria ha de haber una unión política previa, incluso desmiente a los que niegan la Europa política que, de alguna forma, ya es identificable, incluso para los no euroentusiastas. Algunos denuncian que la moneda única se ha utilizado como justificación para aplicar políticas o para incentivar políticas liberales, sin comprender que el euro ha permitido incentivar la capacidad competitiva de Europa. Entretanto, el BCE es blanco fácil de críticas. Desde luego, mucho más fácil que los sindicatos, las empresas monopolísticas o los que hacen un mal uso de los mercados financieros por pura especulación.

Me complace ver, no obstante, que los gobiernos de los Estados miembros no están cayendo en la retórica de culpar al BCE o a Bruselas de la crisis y de las consiguientes medidas de ajuste. Podrían hacerlo. Son más despiadados los ideólogos que siguen obsesionados con la demanda en la economía, soslayando que todo apunta a que en la UE el problema económico tiene que ver con la oferta. Hay algo de keynesianismo en la visión de la demanda, un enfoque cortoplacista. El euro ha sido beneficioso para eliminar los tipos de cambio, aumentar la transparencia de precios, para reducir los tipos de interés o para evitar la crisis financiera de países que vieron de la noche al día revalorizada su deuda pública (las deudas italiana o griega pasaron a ser consideradas como la deuda alemana), pero se ha convertido en un obstáculo cuando las economías no han podido mantener un adecuado nivel de crecimiento, se han endeudado excesivamente, las burbujas han estallado, algo que suele ir acompañado de síntomas claros, como la baja productividad, es decir economías rezagadas que no son productivas y generan altos índices de paro. En todo caso, más bien un obstáculo aparente, porque fuerza a los ajustes, que (por lo demás) serían inevitables, ¿o es que alguien cree que las devaluaciones competitivas pueden ser una estrategia idónea? El cruce del euro en nuestro destino nos ha librado de tener que comprobarlo.

El Pacto de nuevo cuño es obra de Barroso, aunque Berlín es el que lleva la voz cantante en esta milonga. Es el que paga la mayor parte de la factura de 40 billones de € a cuenta del fondo de estabilidad (FEEF), vigente hasta 2013. España e Italia han tenido que ceder y efectuarán cinco pagos anuales de 16 billones de € a partir de 2013 y hasta 2018. Esto se traduce en una disponibilidad de 500 billones de euros para toda la eurozona, cuando expire el famoso FEEF. El Pacto Euro Plus ha sido suscrito por Estados no miembros del euro, quedando fuera sólo Reino Unido, Suecia, Hungría y Chequia. Aunque la negociación no ha sido fácil.


El "plus" que trae este acuerdo es que afianza una mullida colchoneta destinada a resguardar del peligro de muerte a los torpes trapecistas, a los malos gestores, a los culpables de la crisis, a los gobiernos no previsores, que sí, son torpes trapecistas, pero, por fortuna, no suicidas porfiadores. Bruselas está, por fin, cambiando el panorama de las economías europeas, hasta ahora tan proclives a la sobreprotección de ciertos sectores y grupos. La reforma se encamina a una reducción global del gasto público, a una mayor permisividad y flexibilización económica. La suscriben veintitrés de los veintisiete, y hasta podría admitir que por razones más utilitaristas que europeístas. No sé si hay ya europeístas en el sentido tradicionalmente romántico. Este nuevo Pacto Euro Plus sella un amor interesado y, por ende, duradero, que sitúa a cada uno en el lugar que le corresponde.