jueves, 17 de febrero de 2011

Gloria y honores al Maestro


No puedo evitar situar a Santi Santamaria junto a los grandes artistas de referencia en mi vida, junto a Friederich Haendel, Jane Austen o Sandro Botticelli; junto a Cole Porter, F. Scott Fitzgerald o Mary Cassatt. Santi se ha ido al otro lado, lugar que día a día se me antoja más bello y habitable, imaginando las almas grandes que se van y nos dejan un poco más desamparados. Las ausencias. Simpleza y grandeza. Hombre lúcido y valiente, de brillantes y desacomplejadas reflexiones. Santi me ha dado instantes de felicidad. En su Racó de Can Fabes vivimos algunos inolvidables momentos familiares, incluso antes de que la casa estuviera "estrellada" por Michelin. Uno de esos momentos fue, por ejemplo, mi vigésimoquinto cumpleaños, al que sucederían algunos aniversarios de papá, que sentía la misma debilidad que yo por la obra y personalidad de Santamaria.

En mi familia siempre hemos tendido a la clarividencia culinaria, a la ortodoxia de la tradición, para qué engañarnos. Y Santi sabía encontrar magia en la ortodoxia. Sorprender con moderación, sin perder de vista los orígenes. Santi era muy consciente de que no hay que abusar del paladar.

Su cocina era eficaz e inmediata, sin que el máximo placer momentáneo desmereciera la paciencia de un equipo de cocineros que laboraban minuciosamente al servicio del perfeccionista maestro, que en su juventud diseñó edificios, y de mayor escribió un maravilloso y premiado libro "La cocina al desnudo". Siempre fui partidaria de lo natural frente a lo químico. La artificialidad es lo más lejano al arte que pueda concebirse, y ¿qué hay más sutil y pleno, más desenfadado y formal que el arte de la felicidad culinaria?

A pesar de confesarme escasamente dotada para la cocina, nunca me ha sido ajeno el privilegio del gran éxtasis de nuestra época: ver, oler, saborear y recordar un alimento bien cocinado. El cocinero poeta se nos ha ido. En Singapur (lugar de agridulce memoria para mí) cenó por última vez. Su heredera tiene un gran reto y un privilegio por delante. No dejaré de visitar el restaurante SANTI at Marina Bay Sands si alguna vez recalo de nuevo en aquella ciudad-estado asiática.

Santi es patrimonio de todos, un ejemplo a seguir. Un emprendedor, un ilusionista de la gastronomía. Santi deja un extraordinario legado. Puso la cocina catalana en el mundo.

Fins sempre, Mestre!


“Through poetry, human beings express the most profound reasoning of our beings. To experience the world, we need to travel with our minds open, free from baggage. As chefs, we ask ourselves if there’s such a thing as culinary poetry. We hope that together, we can find it. I want to delight the senses and awaken emotional memories with a cuisine of wisdom.”

Chef Santi Santamaria