viernes, 4 de febrero de 2011

Cumbre en Bruselas. Europa, el mercado único energético y la energía global sostenible

Como previo, les invito a visitar este enlace. Naveguen por los iconos inferiores. Llamativa dependencia energética, donde España, por cierto, se sitúa en los índices más altos. El gran asunto a tratar en el Consejo de hoy es la política energética de la UE. Primero les pediré el esfuerzo de que se pongan en antecedentes de cómo está el mercado energético en la Unión Europea, porque la situación sigue prácticamente igual que cuando escribí este post. El objetivo es planificar el futuro energético europeo. Esta semana se ha debatido muchísimo sobre energía en el plenario de la eurocámara, a instancias de la Comisión. El comisario Oettinger trae un plan bien diseñado, y debatido a fondo con Merkel, quien se ha reunido con las principales corporaciones energéticas e industriales alemanas. Hay un dato relevante: para la cumbre de la energía de 2007 se reunió con productores de electricidad verde. Esta vez no. Las reuniones han girado en torno a las propuestas de la Comisión, que quiere incrementar el uso de renovables, mientras observa -impotente- la creciente disparidad entre los Estados miembros.

La palabra clave es, una vez más, la armonización. Justamente Alemania es el país que más éxitos ha cosechado en la transición hacia una electricidad procedente de renovables, proceso sustentado por una ley nacional (EEG), que funciona por el sistema de tarifas eléctricas de primas, es decir incentivos (reducción de pago de primas) para la expansión de la electricidad verde. Además, en Europa tenemos un problema general, las operadoras de la red eléctrica han sido negligentes al no expandir sus redes principales. En el conjunto de la Unión Europea faltan 45.000 kilómetros de líneas de alta tensión nuevas, que deberían finalizarse en los próximos diez años.

Tras esta carencia, lo más preocupante es que no existe un mercado interior de la energía. Uno de los grandes obstáculos sigue siendo Francia, donde las empresas eléctricas son estatales y el mercado no está liberalizado. Tengo amigos que aseguran que el Plan Solar Mediterráneo (diseñado por la UpM) está en realidad dominado por intereses franceses. En todo caso, los grandes planes del futuro energético de Europa pasan por importar electricidad por el flanco norte y el flanco sur, me refiero a la electricidad que se espera obtener de los proyectos Desertec y Seatec (acuerdo multilateral para el Mar del Norte).

Cierto es que la UE tiene un liderazgo en el desarrollo de en energías renovables, sin embargo algunos denuncian que se sigue apostando en demasía por las nucleares. No sólo el gobierno alemán incrementó su inversión en 2009 para la investigación nuclear o de fusión, sino que se están destinando recursos comunes al reactor de fusión ITER, situado en Francia. Los expertos en energía recriminan al proyecto ITER su alto coste y la incertidumbre de sus resultados, que se estima podrían tardar cuatro o cinco décadas en concretarse, aunque cabe decir en su defensa, que los aceleradores de partículas tienen un alto interés científico para fines que van más allá de la obtención de energía.

No debemos olvidar que la energía está muy presente en el programa Europa 2020, que establece el objetivo de consumir un 20% menos de energía con un triple fin: reducir costes, aminorar la dependencia europea de petróleo y gas importados, y combatir el cambio climático. El ahorro energético supondría reducir nuestras emisiones de CO2 en 780 millones de toneladas.

Existe al respecto, desde 2007, una Directiva de Servicios Energéticos y Eficiencia Energética, en cuya virtud los Estrados miembros debían conseguir un ahorro energético del 16% en 2016. Aunque, tras las evaluaciones continuadas que realiza la Comisión, se ha reducido ese límite al 10%, objetivo que parece más realista. Esto nos lleva a admitir que el mismo objetivo del 20% parece inalcanzable, además de que no es vinculante, algo que preocupa mucho a los medioambientalistas y también a la industria, que considera que el mero criterio de costes tiene el riesgo de que predominen las tecnologías más baratas, pero menos eficientes.

Por ello, se interpreta que sólo la obligatoriedad del uso de las renovables puede conseguir que éstas se impongan, algo que contradice la reducción de inversión prevista en eficiencia energética para los próximos diez años. El agravio comparativo se produce cuando algunos subrayan que la fusión nuclear está subsidiada por los Estados miembros, mientras que las renovables están financiadas por los pagos indirectos de los consumidores, mediante instrumentos de apoyo como la ley EEG alemana. En contrapartida, la producción de la electricidad verde resulta cada vez más económica, por lo que se espera que en pocos años se alcance la paridad de costes con la electricidad tradicional. Ojalá fuera así, pero está por ver si esta premisa se queda en un ingenuo wishful thinking.

Aquí se pueden leer las conclusiones del anterior Consejo (mayo 2010) de preparación del Plan de Acción Energética que justamente debe aprobarse este 2011. Sin embargo, en el Consejo de hoy se prevé un retraso, y el objetivo se reduce a lograr acuerdo para revisar la política de eficiencia energética en 2013, retrasando el plazo de una negociación en la que se está muy lejos de la unanimidad entre los Veintisiete.

Los Estados miembros no están dispuestos a costear las grandes inversiones que requiere la eficiencia energética, a pesar de que la Comisión la incluya entre sus máximas prioridades. Si bien los gobiernos europeos no son demasiado proclives a la eficiencia, en cambio sí parecen estar más dispuestos a apostar por una mayor seguridad energética o por la mejora de la calidad de las redes.

Parece, por ello, que los gobiernos están soslayando la verdadera cuestión de fondo, y es que la eficiencia energética es en sí misma una fuente de energía. Otros actores, especialmente en el ámbito medioambientalista, lamentan el escaso énfasis puesto en el ahorro energético. Más allá del debate puramento ideológico, Europa debe expandir el uso de las renovables y hacerlo en un marco energético común, con una red compartida y la plena liberalización del mercado interior. Las rentabilidades a medio o largo plazo pueden dificultar la inversión privada, pero la intervención política europea decidida debe ser capaz de dar solvencia a los proyectos energéticos verdes sobre criterios de eficiencia y ahorro. La energía europea es un concepto estratégico clave que tiene que ver con la competitividad, la seguridad y la sostenibilidad, y debe ser un modelo creíble, por lo que la Unión Europea ha de ser capaz de dotar a la política energética de instrumentos capaces de imponer un criterio común.