miércoles, 23 de febrero de 2011

Contra el triunfo del desorden


Me despido por unas semanas, atrapada por agenda y compromisos familiares. Seguiré atenta al mundo; a la insensata tiranía de los sátrapas, mandatarios enajenados; a las revueltas fanáticas; a las amenazantes revoluciones sustentadas en el analfabetismo masivo. Vigilante de aquellos que porfían en el oprobio a la mujer. Preguntándome si las revueltas en el mundo árabe ansían la libertad; si pretenden la democracia; si no se baten por una fe extrema que condena a las sociedades. La tendencia a la insurrección por la fe viene de antiguo, centurias antes de que existieran las redes sociales, a las que se ha acusado de una sucesión en cadena de impulsos, engañosamente espontáneos, aunque desde Occidente nos parezcan comprensibles, vistos con nuestras gafas de ciudadanos libres. La Unión Europa debe posicionarse. Mas cualquier toma de posición europea podría ser una temeridad. Se predicen oleadas migratorias de refugiados, en un momento histórico en que nuestros más sólidos cimientos están en estado de delicada fragilidad. El liderazgo de Europa es prescriptivo por la condición de vecindad; por la mancomunidad de intereses en el Mediterráneo; porque la apertura de mercados entre ambas cuencas es un hecho; por los esfuerzos vertidos en la consolidación de la política regional; porque el comercio activo entre nuestras naciones hace todavía más intolerable el oprobio. Sí. Porque son grandes las posibilidades de prosperidad común. Los sátrapas eximen (moralmente) a sus ciudadanos del cumplimiento del deber cuando los reprimen (brutalmente), pero la democracia per se no es suficiente para domar a una sociedad incontrolada, sumida en el fanatismo y el desorden. La demencia de esos dirigentes corruptos que han robado a su pueblo a manos llenas explicaría el arrebato de locura colectiva de hace unas semanas, pero temo que se desaproveche esta extraordinaria oportunidad para construir nuevas sociedades abiertas. Países estratégicamente ligados a nuestro destino. Proveedores de la energía que nos permite levantarnos e ir a trabajar todos los días. Gentes que merecen una oportunidad. Como todo ser humano. El beneficio de la paz. Una oportunidad. Pero debe prevalecer la prudencia. El destino no puede determinarlo el desorden patólogico de las masas, domeñadas por impulsos de dolor e impotencia. Mi deseo no es que regrese la normalidad, sino que la implantación del orden -un nuevo orden-sea motivo de celebración y concordia. Que haya suerte.