domingo, 20 de febrero de 2011

Ashton quiere liderar la respuesta de Occidente a las revoluciones en el mundo árabe

¿Qué va a suceder con el paisaje político del mundo árabe? Son horizontes no muy lejanos. El efecto dominó es tan poderoso que muchos mandatarios se han apresurado a hacer concesiones políticas, como las dimisiones de los gabinetes en pleno en Jordania o Palestina y la reforma constitucional en Argelia. Hasta ahora la respuesta europea navega entre la tibieza y la mano tendida. Egipto es el caso de mayor relevancia, ha sido un país aliado y que consolidaba la seguridad en la región, a pesar de que Mubarak no había sido impuesto por Occidente. La calma previa era frustrante, pero aséptica. Hay antecedentes de revueltas populares que no desembocan en democracia, sino en terribles tiranías. Pero cualquier escenario de revuelta implica riesgos desconocidos, ante los que no basta con esperar de brazos y dedos cruzados.

Los distintos comunicados de Ashton han incidido siempre en el respeto a los derechos humanos fundamentales, sin ir mucho más allá. Sin embargo, la semana que empieza promete para Ashton, quien lleva días poniendo todo su empeño en liderar la respuesta de Occidente a las sucesivas revoluciones en el mundo árabe. No sólo Ashton, también Van Rompuy está tratando de fraguar una respuesta conjunta de los 27 Estados miembros. Una vez superado ese fundamental escollo de la respuesta unitaria, la británica va más allá, y ha organizado para esta semana una conferencia de máximo nivel en Bruselas (que contaremos aquí), con representantes de Estados Unidos, Japón y el Banco Mundial. Quiere que la Unión Europea lidere la respuesta de Occidente.

En lo que muchos interpretan como un signo de baja autoestima política, la Alta Representante cree que sólo una respuesta global y coordinada hará mella, considernado los elevados riesgos derivados de que cada estado o institución actúe por cuenta propia.

El dato más curioso es que se espera la asistencia de algún representante del Ministerios de AA. EE. egipcio. Extraño, teniendo en cuenta, que el grueso del debate se centrará en Túnez y Egipcio, aunque las "espontáneas" revueltas se hayan reproducido y extendido a Argelia, Jordania, Libia, Yemen y Bahrein. En relación con este último, la UE sí ha protestado con verbal contundencia ante el ataque militar ordenado por la monarquía absolutista.

¿Se recupera el tradicional modelo democratizador en el sistema internacional? El modelo se sustenta sobre los cinco elementos que conocemos: reforma electoral; sociedad civil; poder judicial independiente; libertad de prensa, y lucha contra la corrupción. Loable, sin dejar de ser arriesgado e ilusorio.

La tendencia cooperativa no es novedad. La Unión Europea atesora una ya larga tradición asistencial en regiones desfavorecidas, incluidos los acuerdos en el ámbito de la Unión por el Mediterráneo, con algunos de los estados afectados por estas revoluciones imprevistas. Siempre se ha tratado de exportar el modelo de la política de cohesión europea, y Ashton tiene una estrategia en esa línea. Se quiere cerrar de forma inmediata Túnez, con el que se pretende cerrar un acuerdo de liberalización comercial, apoyado también por el Banco Europeo de Inversiones, con ganas de inyectar fondos en aquel país, bajo dos condicionantes: un acuerdo financiero con el FMI y una corrección apreciable en la desequilibrada balanca de pagos tunecina.

Esta toma de posición pretende presionar a los grupos políticos de la oposición, que son un conglomerado ideológico y confuso, además de -en algunos casos- reacios a cualquier colaboración occidental que implique privatizaciones, a las que se relaciona también con la presencia de corrupción.

Para muchos observadores la pretensión europea es ridícula y está totalmente fuera de la realidad. Hablamos de naciones caóticas superando un estado de represión y viajando hacia lo políticamente desconocido. Ni siquiera Occidente puede predecir la magnitud de lo que ocurre en la cuenca sur del Mediterráneo, y tratar de exportar el modelo europeo de cohesión se nos antoja más que ingenuo.

Con todo, la UE va a fomentar la línea de inversiones a cambio de reformas democratizadoras. La cuestión de calado no es tanto incidir en los derechos humanos o en ofrecer unos cuantos millones de euros en asistencia o ayuda, sino en estructurar acuerdos políticos sobre objetivos progresivos. Se han publicado cifras, la UE inyectará en Túnez 258 millones de euros hasta 2013, más 17 millones de euros de forma inmediata. Presten atención a la inverosímil y estúpida reacción del ministro de Industria tunecino, quien pide que le aclaren si se trata de billones o millones. Sin comentarios.

Entretanto, Italia pide ayuda urgente para afrontar la oleada masiva de tunecinos a la isla de Lampedusa. Frontex tiene serios problemas, hasta el punto de que el control fronterizo europeo es inoperante. El control de fronteras sigue bajo el mando de los Estados miembros, por cuestiones demasiado complejas para ventilarlas en un par de líneas.

Regresando al argumento. Nadie tiene claro hasta qué punto está Europa en la obligación moral de ofrecer ayuda económica si no hay garantías de democratización y liberalización. Ahora bien, cierto es que los países árabes son potenciales aliados comerciales y estratégicos. También lo es que están en el ámbito de la política de Vecindad de la Unión, con graves consecuencias y múltiples variables.

Lo prescriptivo es una respuesta rápida y conjunta que invite al diálogo entre las distintas facciones y partidos en cada uno de los países "revueltos". Esa postura es la única que evitará que quien tome las riendas sea adverso a la Unión Europea. Puede que esta semana se alcance un acuerdo ambicioso e inteligente, que evite que alguna de esas naciones se vuelva decididamente hostil contra Occidente. Habrá que buscar el equilibro entre democratización y estabilidad, probablemente priorizando la segunda.