miércoles, 5 de enero de 2011

Europa: ni panglosiana ni fracasada

Esta mañana un usuario de twitter ha criticado mi visión de Europa por ser demasiado panglosiana. De alguna forma me ha halagado el adjetivo, ya que estoy más acostumbrada a que me llamen naïf y otras lindezas peyorativas. Lo de naïf tiene el encanto de la inconsciencia, lo panglosiano suena directamente a fracaso, aunque sea enmascarado o desapercibido. Como sabrán, panglosiano se relaciona con Pangloss, el alelado tutor de Cándido en la novela de Voltaire, optimista que llega a justificar la tragedia. El triste final de este bobalicón es aferrarse a su filosofía de vida por dignidad, a pesar de que su vida de infortunios es testimonio de cuán absurdo era su optimismo.

Durante muchos siglos ha existido gente empeñada en vincular fracaso con literatura. En los últimos tiempos lo mismo sucede con Europa, y más específicamente con el proyecto de la Unión Europea.

Cuando se intenta agradar a todos, nadie queda satisfecho. Tal vez este haya sido uno de los grandes pecados del sistema político europeo. Admito discrepancias políticas en torno al grado de soberanía compartida, incluso animo al debate sobre el modelo de construcción europea más idóneo.

Democraticen Europa, intenten definir o limitar el poder, haciendo uso de los mecanismos democráticos, y más ahora que el Parlamento Europeo es codecisor en prácticamente todos los ámbitos políticos de competencia europea. Exijan a sus jefes de Gobierno nacionales que actúen con transparencia y celeridad en el Consejo Europeo.

¿No están los gobiernos refrendados para legislar según el acuerdo común y libre de los pueblos? Les aseguro que el gobierno europeo, que el sistema europeo, no es arbitrario. No hablen de oídas. Los avezados observadores, quejicas y euroescépticos travestidos de sensatez, apuntan con el dedo a la “burbuja de Bruselas” y cuestionan cualquier decisión que venga de las lejanas y anquilosadas instituciones comunitarias. Lamentan la omnipresencia de la euroburocracia. Cabe preguntarse qué elementos de juicio hacen merecedores a estos jueces de su capacidad de escrutinio, si en la mayoría de los casos no han seguido un mínimo proceso de aproximación al objeto de crítica.

Se pierde el sentido del tiempo, se obvian los múltiples beneficios de la cooperación entre los estados europeos. Se hace caso omiso del equilibrio territorial a que conduce el sistema de la Unión Europea. Se olvida la anarquía comercial en que vivían las naciones europeas antes de la Unión Económica y Monetaria. Se critica el exceso de legislación, desde la rigidez en el sistema de etiquetado, hasta la molesta armonización de los embalajes, cuando esa homogeneización garantiza la igualdad de competencia, la protección del consumidor y en definitiva precios más competitivos. Algo que ocurriría si existiera un mercado energético único que aseguraría el suministro y abarataría el coste para el usuario. Son dos sencillos ejemplos de los beneficios de la unidad del mercado interior europeo. La supremacía de la ley europea garantiza la protección por igual de todo ciudadano europeo, incluso contra los abusos de sus propios gobiernos nacionales.

Por lo demás, hay algo que me asombra y es la disparidad de ejemplares e ideólogos que se cuentan entre los críticos con el proyecto europeo. Y les preguntaría a todos ellos ¿Cuáles son los fracasos europeos? ¿Los de las viejas ideologías? ¿Se trata del fracaso de los propósitos o de las realidades? ¿Se refieren a la falta de representación o de legitimidad? Las digresiones son infinitas, podemos admitir hasta que en Europa algunos Estados miembros han sido privilegiados (se me viene a la mente el cheque británico como una de las mayores indignidades), pero no hay progreso político sin mácula, y la obra de construcción europea sigue fermentando. Son sesenta años de historia, los Estados Unidos como federación tardaron casi ciento cincuenta años en tener una moneda única.

Sosteniendo su crítica burda sobre el conjunto de turbulencias financieras, económicas y políticas de dominio público, aderezándolas con un par de mitos, encuentran en la Unión Europea el perfecto chivo expiatorio de sus fracasos, sean personales o nacionales. Sin duda, desde mi blog poco puedo hacer por neutralizar las voces discordantes, disidentes o pesimistas, pero a fuerza de insistir tal vez descubran que el fracaso forma parte de su esencia, como ocurre con el estado-nación y su larga trayectoria de destrucciones y amenazas persistentes. Es lo que yo llamo la inercia de la esclavitud del estado-nación.

Esto es, los fracasados son ellos. Para el fracasado lo malogrado siempre tendrá un culpable y Bruselas parece encajar bien los golpes, sin quejarse demasiado. Al gremio de los europesimistas, abandonen su estéril lucha de rencores, su escala diminuta, su nostalgia. Mi consuelo es que la Unión Europea no les es indiferente. Ya no son capaces de permanecer inmutables. Y no hace falta que sean agradecidos por los servicios prestados. Europa será, a pesar de ustedes. El principio vital y creador europeo está en auge. Y lo está sobre todo porque la Unión Europea lucha por su preservación, y la unión de los pueblos europeos es garantía de perpetuación de la paz y la libertad en Europa. No estaría de más repasar la historia y redescubrir las causas de la caída de la república romana, como dijo Maquiavelo, fue "por la avaricia y el despotismo de sus gobernantes". La avaricia está muy presente en las causas de la crisis actual. Somos ciudadanos libres, participemos en la construcción europea, hagamos que los ciudadanos de las naciones europeas se entiendan, y seremos imparables. Maybe I have a Panglossian view of Europe, what else?