viernes, 28 de enero de 2011

El paneuropeísmo de Kroes y la polémica Sinde

Hoy viernes, escribo con el ritual de la música clásica de fondo. La escucho en un reproductor de cd’s que conservo de la adolescencia, y ha ido transitando por mis sucesivos hogares desde entonces. Los discos también los he ido atesorando a lo largo de los años. Se ve que soy de una generación demodé. Ahora la moda es descargarlo todo. Precisamente esta semana se ha aprobado una famosa ley para regular las descargas en España, aunque este debate se extiende a toda la Unión Europea, con la que compartimos mercado, y donde hoy la Comisión ha anunciado novedades. En Bruselas se considera el sector creativo como un puntal competitivo, en el que los europeos podemos marcar la diferencia, aunque para ello el marco de actuación debe ser común, tanto para los autores, como para los que poseen los derechos sobre las creaciones, y también para los que las difunden.

Es un debate antiguo, pues ya en 2005 la Comisión lanzó una advertencia a las sociedades de autores para que no compitieran entre ellas, porque los músicos cobraban los royalties sólo de la agencia de su país, y cedían la recaudación externa a las agencias de cada Estado miembro. Esto generaba un agravio comparativo a aquellos músicos de ámbito más reducido, los que no venden sus productos fuera de su país, y que al final no consiguen que nadie compre sus licencias. Sobre todo por la complejidad legal y burocrática de multiplicar las licencias por cada Estado. En cambio, hay gente que opina que la unificación europea de las agencias de gestión de derechos de autor hará que los grupos pequeños desaparezcan y se imponga definitivamente la música mainstream.

La UE va a regular este asunto en 2011, aunque todavía no se ha decidido si se hará en forma de Directiva, que impondría a todos los Estados miembros la norma por igual, sin poder ser alterada por los parlamentos nacionales. La Comisión europea decidió, hace un tiempo, regular las sociedades que recaudan los royalties para los músicos, como es el caso de la famosa y temida SGAE en nuestro país. Actualmente existe un vacío legal sobre cómo funcionan y manejan los datos estas sociedades que recogen y gestionan los derechos de autor, y se trata de restringir esa manga ancha que ha predominado hasta la fecha, con comportamientos claramente abusivos. Es una vieja tarea pendiente dentro de la estrategia europea para armonizar las patentes, marcas comerciales, protección de derechos, control de las descargas…

Este mismo miércoles se reunieron los actores implicados (stakeholders) con Jorna, que lleva estos asuntos en el gabinete de Barnier, comisario de Mercado Interior, que ha tomado la iniciativa de esta batalla, que sobre el papel recaería en el ámbito de la holandesa Kroes, la comisaria para la Agenda Digital… sea como fuere, Jorna se lo ha tomado muy a pecho y no ha cesado de reunirse con las organizaciones del mundo de la propiedad intelectual desde el pasado verano.

En realidad, algunos temen que tras esto podría esconderse un sistema draconiano de estricta vigilancia de los derechos de autor. Si ponemos la lupa, puede decirse que la propuesta de la Comisión va muy en sintonía con la famosa ley Sinde, que incide en la monitorización de la actividad en internet y las infracciones. La Comisión tiene una posición clara, mientras que el Parlamento europeo también se ha pronunciado este mes de enero, pero sólo para pedir que la Directiva no atente contra derechos individuales básicos. Es más, algunos eurodiputados de los grupos socialista y liberal han llegado a decir que existe “el riesgo de que la Comisión imponga un régimen tipo Hadopi en toda la Unión”. De hecho, Hadopi es una ley francesa de 2009 que se hizo tan famosa como la Sinde, al crear una agencia que controlaba la actividad y los movimientos de ficheros en internet, con el fin de cortar el acceso a Internet a los usuarios que hubieran infringido la ley tres veces. Esa ley fue reformada, de modo que sólo un juez puede hoy en Francia cortar el acceso a Internet, como en España. Lo curioso es que Hadopi ahora mismo está en el limbo, ya que precisamente en las próximas semanas el Consejo de Estado francés debe determinar su validez, y lo hará en función de lo que el Parlamento europeo vote al respecto de esta ley. Por cierto, un buen ejemplo de la relevancia que tienen las decisiones que se toman en la Eurocámara.

En el mismo ámbito, y muy en línea con la concepción de licencia paneuropea que defiende Kroes, una idea que la Comisión contempla con especial agrado es la creación de un punto de encuentro (para música y otras creaciones) donde los usuarios puedan adquirir licencias de contenido para cualquier (o para todos) Estados miembro de los Veintisiete. Está por ver si el Parlamento dejará de lado su beligerancia en relación con los derechos individuales o irá más allá de pronunciarse -de forma un tanto ambigua- en el sentido de exigir respeto y protección a la diversidad cultural.

Hay muchos más actores implicados en este debate. De entrada, el Tribunal de Justicia Europeo, que examina si el filtrado de contenido en la Red está de acuerdo con la ley europea, en relación con los derechos de autor y ACTA, un acuerdo comercial multilateral suscrito en Ginebra en 2008 que define estándares internacionales sobre derechos de propiedad intelectual. ACTA despierta recelos entre las empresas de telecomunicaciones y proveedores de Internet, ya que consideran que se excede en su regulación, incluso superando el acervo comunitario, y aseguran que afecta a la capacidad competitiva de la Unión Europea en relación con otros lugares del planeta.

Con todo, y a pesar de los lobbies, aseguran los europarlamentarios en pasillos que la gran batalla la va a librar la Comisión europea, algo que no dudo, teniendo a la aguerrida Kroes implicada en el asunto, quien siempre ha sido contraria a la fragmentación actual del sistema de royalties, “porque ha acabado por dar más poder y relevancia a los intermediarios que a los propios artistas”. Touché. Muy bien. Estoy con Kroes en esta batalla.