sábado, 1 de enero de 2011

El euro, en plena crisis existencial, acoge a Estonia

Ya llegó 2011 y, con él, se incorpora el decimoséptimo Estado miembro a la eurozona. Pongo el acento sobre esta nueva incorporación de un país que tiene sus cuentas públicas saneadas, y que decide, por elección propia, subirse al carro de la moneda única. Estonia, como los otros 16, toma la decisión política que cree más conveniente a sus intereses. Remarco este punto porque parece que los mercados financieros soslayan ese detalle cuando dudan sobre la solvencia del euro. Paradójicamente la ausencia de la unión política es la que explica ese recelo de los inversores, porque la UE todavía les resulta un objeto político difuso y viscoso, donde reina la disparidad de criterios. Que reciban su parte de culpa los jefes de Gobierno nacionales, responsables de diferentes movimientos populares contrarios al euro, incluso en la propia Alemania, donde existe el riesgo de que se olvide que el euro es la mejor herramienta para hacer de la Europa continental un elemento definitivamente influyente en el mundo.

Ahora bien, no olvidaré las reprimendas, acabo de culpar a los líderes nacionales de no transmitir los mensajes de unidad adecuados, también les acuso de la lentitud en los Consejos Europeos y los acuerdos de mínimos. Puede agradarme que el eje franco-alemán actúe en sintonía, pero me irrita cuando pactan decisiones cruciales para todos a espaldas de todos, y lo están haciendo. Cuentan que al dúo se ha sumado Reino Unido, el que ha bombardeado la negociación presupuestaria este otoño. No voy a caer en la trampa discursiva de culpar a los mercados o a los medios de información, que a menudo manchan las noticias, sembrando dudas y burdas especulaciones. Tampoco abundaré en las agencias de rating que, en mi modesta opinión, tienen criterios de valoración subjetivos e interesados, por no decir descaradamente provocadores (son capaces de incentivar la inversión en cualquier paraíso fiscal perdido del mundo). Creo que la información de esas agencias está sobrevalorada y es tendenciosa, pero corríjanme si me equivoco.

Pero, como he dicho, no buscaré culpables externos sino que quiero centrarme en recordar que las viejas recetas de contención presupuestaria y reducción de la deuda son necesarias pero insuficientes para transmitir la imagen de fuerza que la marca UE necesita. Y, honestamente, sólo hay una salida para la estabilidad de la economía, la que por ende consolidará el crecimiento y el empleo: la coordinación real de la política fiscal y presupuestaria, es decir de nuestras 17 economías. Sumemos a esto que nos encontramos en un punto de no retorno, en términos aeronáutico diría que estamos a punto de superar la fase de "rotation", que es aquel punto de despegue en que el avión ya no puede regresar a tierra. No es el mejor momento para dudar, sino el momento de olvidar las presiones externas y responder. Volar alto. Bienvenida a bordo, Estonia.