jueves, 13 de enero de 2011

El debate sobre la "European Union Bill" en Westminster refleja esa extemporánea calma tensa entre británicos y europeos...

Los británicos son exquisitamente monárquicos. Todos hemos disfrutado en alguna ocasión de esos trasnochados detalles de refinamiento y de la sutileza y elegancia de su humor. Me encanta Inglaterra, desde pequeñita, no es ningún secreto, admiro su historia de lucha por las libertades civiles, su espíritu marinero, su campiña, su té con scones, el roastbeef, los emparedados, Bingo Little y el mayordomo Jeeves, la neblina londinense, la brillante acidez shakespeareana, los campus oxfordianos y las escenas dickensianas, la ginebra, la arquitectura colonial, las excentricidades de los de Bloomsbury, la rebeldía de Sithwell y Gibbons, las puertas victorianas, y ¿cómo no? el romanticismo sobrio de Jane Austen.

Políticamente esa ampulosidad se traduce en un excesivo celo por la soberanía. Estos días se debate en el Parlamento londinense una nueva ley que regulará y limitará la intervención de las leyes de la Unión Europea sobre los ciudadanos británicos. La Cámara de los Comunes es un lugar sagrado a cuya entrada reina la estatua del brillante orador Churchill. También (como nos cuentan a todos los visitantes) es un lugar al que no pueden acceder los monarcas desde la época de Oliver Cromwell y la breve república inglesa. En fin, estos días el neogótico edificio es un hervidero. La conocida como European Union Bill nace con polémica, claro está, confirmando la persistente tendencia al aislamiento británico (reconfirmada con la escisión hace dos años del partido Tory de Cameron del Partido Popular Europeo), inclinación que emulan, o han emulado, algunos otros.

La controvertida EUBill pretende endurecer los procedimientos para aplicar (por parte del Reino Unido) ciertas decisiones comunitarias, como las reformas de los tratados. La prensa y la clase política inglesa están justificando esta ley en el contexto de los nuevos métodos europeos que facilitan las reformas legales, ya que el Parlamento europeo tiene mucho más poder, y se están desarrollando nuevos mecanismos de aceleración del gobierno económico europeo, que están impulsando sobre todo Francia y Alemania.


No olvidemos la relevancia de la soberanía parlamentaria para los ingleses, puesto que es la doctrina legal que establece que en el Reino Unido el parlamento es la autoridad legislativa suprema, incluso por encima de los tribunales, que en caso alguno podrán revocar una ley parlamentaria. De hecho, existe un debate paralelo en la sociedad británica sobre la conveniencia de una mayor judicialización, es decir, lograr que los tribunales puedan limitar el poder parlamentario, en caso de que éste atente contra el Estado de derecho. En la práctica, se llega al extremo de que los parlamentarios ingleses pueden legislar sobre absolutamente todo, sin restricción, siempre que no limiten su propio poder (o el de sus sucesores), es decir la Cámara de los Comunes es el lugar sacrosanto de la soberanía, del poder civil, en realidad. El problema es cuando se superponen soberanías y competencias, como es el caso en la Unión Europea.

Los británicos, muy desconfiados ellos, desean que Westminster no se pierda detalle y, sobre todo, ocupe la preeminencia que históricamente ha tenido. La idea básica es que los británicos no desean que Bruselas les obligue a acatar leyes que no les agraden. Para entendernos, esta ley establece que (1) se realizará un referéndum en todo el Reino Unido cada vez que se proponga un cambio en el Tratado que transfiera poderes nacionales a la UE; (2) se deberá aprobar una Ley Parlamentaria antes de recurrir a una cláusula de pasarela** del Tratado de la UE, (que además implicaría referéndum, en el caso de que dicha pasarela supusiera un traspaso de competencia hacia Bruselas); (3) el Reino Unido podrá ratificar un Protocolo para disponer de más escaños en el Parlamento europeo y otros 11 Estados miembros en esta legislatura; (4) se solicitará una cláusula de soberanía en el Acta de las Comunidades Europeas de 1972, que confirme que la autoridad legal última permanece en el Parlamento británico, y no en la Unión Europea.

En fin, creo que los cuatro puntos hablan por sí mismos. En su versión extrema podrían llegar a suponer el abandono de la Unión Europea por parte del Reino Unido. De hecho, el Tratado de Lisboa ya prevé que cualquier Estado miembro puede dejar libremente de formar parte del club. En su versión más suave se trataría de adaptar las leyes europeas, o de acatar la parte "más conveniente" para el gusto británico. Sin embargo, no deberían olvidar que el gusto británico puede implicar incumplimiento de la norma europea, y por tanto acarrear multas.

Hasta ahora, en el Reino Unido la soberanía ha sido claramente parlamentaria, aunque con esta ley que pretenden aprobar, al introducir el referéndum, estarían virando hacia una soberanía popular en aspectos que tienen que ver con leyes internacionales, o más bien supranacionales, si son de ámbito comunitario. Sea como fuere, esta sería la primera ley antifederalista en la historia de la integración europea. Una ley que pretende marcar distancias, paralizar el proceso de construcción de la Europa política. Hay quien dice que, de aprobarse esta EUBill, se habrá demostrado que De Gaulle tenía razón en su tesis sobre los británicos. Desconfían, son isleños, sienten el peso de la historia. El temor.

Que no se equivoquen, el Parlamento inglés no podrá detener una integración europea que es irreversible, for better and for worse, in sickness and in health... Esta European Union Bill en realidad no viene más que a demostrar que la Europa política está cada vez más cerca. Su oportunismo político también es evidente. De todos modos, se me ocurre otra lectura, aunque no tengo demasiado elaborada la teoría, pudiera ser que esta ley se hubiera creado como salvaguarda (una especie de vacuna preventiva) contra la injerencia política de la UE, como mecanismo previo a una aproximación al euro, ya que en mi opinión -y más pronto que tarde- los británicos adoptarán la moneda única en pro de sus intereses comerciales. El Reino Unido en la eurozona es una bomba de relojería cuando la UEM tiende a la unidad presupuestaria o la fiscalidad compartida. Cubiertas las espaldas legalmente (con la EUBill) su soberanía no ser vería amenazada, especialmente la fiscal. El Reino Unido tiene en sus manos la decisión, puede optar por alejarse de la Europa continental, pero tal vez ahora no haya tantos dispuestos a luchar por retenerlos.



**Una cláusula pasarela es por ejemplo aquella que permite que el Consejo Europeo autorice al Consejo a aprobar por mayoría cualificada determinadas medidas, en el caso de políticas que entren en el ámbito de la unanimidad (como política fiscal o de seguridad).