miércoles, 5 de enero de 2011

De la física a la energía pasando por ITER

Quería escribir algo que relacionara mi pasíón por la Física con Europa. ITER me ha dado la respuesta. No sé si alguna vez lo he contado, pero desde pequeñita me ha fascinado el mundo de la Física. Era mi asignatura preferida en el colegio, y también en la carrera de Ingeniería que casi terminé. El camino de mi destino terrenal me ha guiado por derroteros insospechados, pero de vez en cuando redescubro mis vocaciones más tiernas. Posiblemente hubiera tenido mejor futuro como física que como ingeniera, o quizá en otra vida podré emular a mi admirada Lisa Randall. El pasado domingo me quedé pegada al televisor viendo Científicos de frontera escuchando su experiencia, cómo investiga y desarrolla la teoría de las dimensiones adicionales. Según explicó, existen suficientes indicios empíricos para explicar la necesidad de que existan más dimensiones de las 3 que conocemos, dimensiones que no percibiríamos porque tal vez no reflejarían la luz o tendrían un comportamiento distinto ante la gravedad. El hecho de que no podamos explicar la materia oscura o la cantidad de energía que hay en la antimateria, nos hace pensar que existen cosas que desconocemos en el universo. Más allá del trasfondo filosófico de consecuencias enormes que pueden tener estas investigaciones, que apuntan a la existencia de otros universos donde podría haber vida inteligente, hay evidencias ya de la existencia de otras formas de energía o materia que no sabemos describir ni responden a los principios físicos o ecuaciones que conocemos. Probablemente nuestro grado de desconocimiento sea tan grande que jamás podamos llegar a dilucidar algo tan "simple" como la existencia de partículas todavía más pequeñas que los quarks (la más pequeña identificada por el hombre). Recordemos que tiempo atrás el átomo era considerado el elemento más básico. En cuanto a las consecuencias prácticas del desarrollo de la física, no hablaré de los microchips o semiconductores que están permitiendo que ahora mismo yo me comunique con ustedes.

La fusión dejó de ser un sueño y, con sus riesgos, ofrece grandes posibilidades que ofrece para el mundo de la física. El uso pacífico de la fusión arrancó en 1958 en la conferencia de Ginebra. No sé si es conocido por todos que la sede de la oficina europea de ITER se encuentra en Barcelona. El proyecto ITER se trae entre manos el desarrollo de un reactor experimental de fusión para la práctica de teorías físicas de fusión para la obtención de energía y para la investigación. Una de las principales metas es producir electricidad imitando las reacciones que se producen en las estrellas y que las hacen brillar, es decir, fusionando átomos de hidrógeno, lo que genera energía. Es más, neutrinos generados con una emisión pautada de encendido/apagado propia de un reactor de fusión artificial.

La energía es uno de nuestros grandes retos actuales, y un problema de futuro. El reactor ITER puede producir cantidades enormes de energía: el combustible es el deuterio que se extrae del agua, así que es ilimitado, mientras que el otro componente, el tritio, es radiactivo, pero de baja actividad, no como el uranio, por lo que tiene un menor riesgo. La energía sería la primera aplicación práctica de esta fusión. Lo cierto es que el proyecto de ITER es revolucionario y pretende generar (en un reactor de tipo tokamak con confinamiento magnético) 500 megavatios de energía introduciendo sólo 50 en la máquina, es decir, obtener 10 veces más de lo que se necesita para provocar la reacción de fusión nuclear. Todo esto es, por ahora, ficción, y despierta muchos recelos y dudas sobre si el ser humano está capacitado para poder controlar tales magnitudes de energía.

Con todo, el proyecto sigue en marcha y ahora son siete los socios del proyecto: Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, Japón, China, Corea del Sur y la India. Se espera que los primeros experimentos puedan realizarse entre 2016 y 2019 en el mismo reactor que ya se está construyendo en Francia (Cadarache), ya que el programa ha sufrido varios retrasos por problemas de financiación.  Aquí pueden acceder al último informe anual sobre las contribuciones europeas al proyecto global ITER. En la delegación europea se incluyen los Estados miembros de EURATOM, y Suiza, país que acoge al gran acelerador europeo de partículas LHC (Large Hadron Collider).

También en Barcelona (Cerdanyola del Vallès) tenemos ya en funcionamiento el sincrotrón ALBA, que tantas expectativas genera, y que ya está concretando colaboraciones con empresas catalanas, implicadas en importantes inversiones tecnológicas, aunque sea de una dimensión más reducida que el acelerador suizo. El LHC es una herramienta que se considera capaz de dar la clave sobre muchas de las dudas de la humanidad, las leyes naturales, el nacimiento y expansión del universo, y que es esencial para toda la investigación física, además de poder generar monstruosidades de energía. Y elijo la palabra monstruosidad con la pretensión de advertir sobre los riesgos que lleva implícito un instrumento tan poderoso en manos del hombre. Siempre he comprendido la ambición del científico, pero desconfío de la soberbia humana, y a menudo el saber científico cae en el divismo y el afán de mando.

Como todos conocemos hoy, algunas radiaciones son altamente perjudiciales para el ser vivo, pero pensemos que muchos de los científicos de hace varios siglos, a pesar de atesorar grandes conocimientos empíricos, desconocían estas consecuencias. ¿Quién nos dice que hoy no sucede lo mismo? Lo cierto es que, superando los recelos morales, los proyectos como ITER nos abren muchas opciones de futuro llenas de ventajas, como el propio LHC, que actualmente implica a más de 10.000 científicos de 100 países del mundo, incluida la propia Randall. Algún día este LHC nos dará respuestas sobre la materia oscura, la existencia de dimensiones adicionales, la realidad sobre las partículas elementales y cómo se crea su masa, la existencia o no de los patrones de la supersimetría en la naturaleza, etc. Entretanto, y para no caer en tentaciones de reeditar mi vieja y frustrada afición por la física, tendré que conformarme con leer esta magnífica obra que, por lo que sé, editarán próximamente en español.