jueves, 24 de junio de 2010

La presidència belga: una oportunitat per al debat regional

Quan tot just es fa balanç de la presidència espanyola, i a una setmana vista de la presidència belga, comencem a conèixer detalls de les prioritats de Bèlgica, país federalista per excel•lència, tot i que travessant importants problemes interns, per la divisió entre les comunitats francòfona i neerlandesa, i per la recent dimissió del seu president Leterme a l’abril.

Malgrat tot, a Bèlgica els poders estan delegats a les regions de Flandes (60 % de la població), Valònia (30 %) i Brussel•les (10 %), com a enclavament autònom dins de Flandes, i per tant la vida política no es paralitza malgrat les dificultats del moment. Bèlgica és un estat federal amb trets confederals, cosa que té una conseqüència directa sobre el funcionament de la presidència del Consell que Bèlgica ostentarà fins a finals de 2010.

Així, les reunions ministerials del Consell seran presidides pels ministres de Flandes i Valònia alternativament. A títol d’exemple, el Consell d’Indústria serà presidit per Marcourt, ministre de Valònia, mentre que el Consell de Medi Ambient el presidirà Schauvliege, ministre de Flandes, i així fins a completar tots els Consells. Curiosament, la reunió del Consell sobre les Regions serà presidida per Valònia, el representant de la qual, s’ha compromès a desenvolupar el paper de la política regional a la UE, per assegurar-ne una presència important a les Perspectives Financeres a partir 2013, quan començarem a treballar en pressupostos comunitaris per períodes de set anys.

Insistint en la qüestió de les perspectives 2013-2020, fonts de la presidència belga han posat sobre la taula, per als objectius de la seva presidència de torn, el debat sobre si els fons europeus han de destinar-se a les regions més pobres, o si, per contra, cal ajudar a les regions més desenvolupades per assolir un major grau de competitivitat. Recordem que el comissari de política Regional, l’austríac Hahn, va insistir en una visita a Espanya que calia ajudar també a les regions riques a continuar el camí del desenvolupament i la competitivitat, sense oblidar aquelles regions que encara necessiten arribar a la cohesió. De fet, aquesta ha estat la posició defensada per la presidència espanyola, sense oblidar que les regions espanyoles han deixat de ser objectiu de fons europeus pels nivells de renda assolits. Precisament, el proper més d’octubre, la Unió Europea publicarà el cinquè Informe sobre Cohesió, on es veuran els resultats més actualitzats d’aquesta vessant política i pressupostària, i que culminarà en la reunió d’alt nivell sobre Cohesió que tindrà lloc a Liège al mes de novembre.

Les tradicionals aspiracions regionals dels belgues tenen molts punts en comú amb les aspiracions dels catalans i d’altres regions espanyoles, punt que coincideix amb un dels objectius propis de la Unió Europea, que es consolida mitjançant les polítiques de cohesió, els resultats de la qual continuen sent insatisfactoris segons paràmetres de la mateixa Comissió. No obstant això, la presidència belga té entre els seus reptes prioritaris demostrar que la política de cohesió encara té sentit i que, a més, pot ser eficient. Aquesta posició és recolzada pel president permanent Van Rompuy, belga compromès amb l’Europa de les regions, i que per tant es preveu un actor clau en el debat regional europeu en els propers mesos.

martes, 22 de junio de 2010

La presidencia española remonta rozando meta

Anoche todo eran felicitaciones y caras de satisfacción entre la delegación española en el Palacio de Viana, en Madrid. No era para menos, ya que nuestra presidencia ha conseguido cerrar el ansiado acuerdo sobre el cuerpo diplomático europeo (se dice que con la boca pequeña los belgas esperaban cerrarlo en su mandato de turno). Si algo quedará de esta presidencia es precisamente la configuración definitiva del SEAE, una vez se han conseguido plasmar las reivindicaciones del Parlamento europeo, que a partir de ahora decidirá sobre los recursos del servicio exterior, además de disponer de información previa sobre las decisiones políticas y estratégicas.

El nuevo SEAE estará formado por unas 8000 personas repartidas en las ya existentes 130 delegaciones de la UE en todo el mundo, de los cuales un 60 % como mínimo serán plantilla permanente de la UE, quedando en minoría los miembros de los cuerpos diplomáticos de los Estados miembros, lo que resalta el aspecto comunitario del mismo. Sin embargo, harán las veces de vicepresidentes de Ashton, el ministro de Exteriores de la presidencia de turno del Consejo, y los comisarios que traten asuntos de política exterior, como Füle, el actual comisario de ampliaciones, Piebalgs, responsable de desarrollo, y Georgieva, la comisaria de ayuda humanitaria. Además, Ashton ha exigido mantener su equipo de confianza, lo que se traduce en que el secretario general será Pierre Vimont, actual embajador francés en Washington, al que se sumarán como personas de confianza dos ministros de Exteriores, el polaco Dowgielewicz, y la alemana Schmid. Una vez pactado su funcionamiento y financiación, se espera que en el pleno de Estrasburgo del 5 de julio se apruebe oficialmente, pudiendo estar operativo en otoño de este mismo año.

Sin embargo, este acuerdo también tiene sombras. Si por un lado por fin toma cuerpo la mítica idea de la diplomacia europea supranacional, que planteó por primera vez el federalista Joschka Fischer hace diez años, por otro, hoy más que nunca, destaca la ambigüedad de la posición europea en los distintos frentes abiertos en el planeta, en una Europa en la que aún no se ha superado adecuadamente la dicotomía entre el atlantismo y el europeísmo, en una Unión que se ha centrado demasiado en promover la ayuda humanitaria a pequeña escala, sin atreverse a emprender grandes acciones de visibilidad global.

Por ello, el avance tiene un valor más institucional, e incluso funcional, que político. El aspecto más relevante del cambio es que se empieza a fraguar una nueva tradición diplomática, en que los valores de los funcionarios de la UE traspasarán las fronteras europeas, lo que sin duda trasladará un cambio en la cultura diplomática, que podría reformar la visión estratégica de muchos actores, gracias al impulso de las prioridades y prácticas políticas peculiares del estilo de hacer política en Bruselas. No olvidemos además que las acciones y los miembros de este cuerpo diplomático deberán, de ahora en adelante, rendir cuentas ante el Parlamento europeo. Por ello, es justo reconocer que se trata de un primer paso hacia una política exterior netamente europea, a pesar de los profundos desacuerdos estratégicos que todavía perviven entre los gobiernos de los Estados miembros. Con todo, la gran prueba de fuego para esta nueva diplomacia llegará el día en que intereses de distintas naciones europeas entren en conflicto directo.

martes, 15 de junio de 2010

Preguntas de gran calado en torno a las regiones

La siempre activa Fundació CatDem organizó ayer lunes un seminario en nuestra Aula Europa del Passeig de Gràcia. Su presidente, Joaquim Ferrer, se pregunta, con los ponentes, si el nuevo regionalismo puede promover el desarrollo económico y social. El belga Frans de Keyser nos pondrá al día de las actividades empresariales en la zona metropolitana de Bruselas, ilustrando su reflexión con cuadros elaborados por BakBasel, empezando por uno que indica el índice de descentralización en Europa (encabezado en este orden por Suiza, Bélgica, España y Austria), y vincula el PIB por cápita y el éxito económico de los estados justamente con el grado de descentralización política. Las grandes áreas urbanas se estudian como regiones o como centros de integración global, que plantean un reto a la hora de estructurar por ejemplo un sistema de federalismo fiscal, en un contexto de economías de escala.

El alemán Andreas Büttner, diputado regional de Brandenburgo por los liberales del FDP, hace una enconada defensa -con toques académicos- del sistema federal, impartiendo una breve lección sobre la Constitución alemana y la función del Bundesrat, como cámara regional, capaz de actuar sobre la legislación nacional en función de los intereses de los estados de la federación. Además, Büttner asegura que le federalismo encarna la esencia del liberalismo, gracias al principio de subsidiariedad, que consagra los derechos de la sociedad civil, permitiendo que el individuo sea partícipe de la toma de decisiones y minimizando los riesgos de un poder abusivo. Insiste por último en la división vertical de poderes (además de la tradicional división horizontal a lo Montesquieu) como elemento esencial para compartir y controlar el ejercicio del poder, que establecerá responsabilidades claramente definidas para cada uno de los niveles de gobierno, además de posibilitar la transferencia de la soberanía fiscal.

En tercer lugar, Mònica Sabata, como presidenta de Focir, considera que el regionalismo pierde peso en Europa y para ello se sustenta en la escasa visibilidad del Comité de las Regiones y en la incapacidad de las regiones con competencias para decidir directamente sobre las políticas europeas. Sin embargo, centra su exposición en el nuevo concepto de la diplomacia pública, que consiste en ejercer influencia mediante canales de la sociedad civil, es decir, redes académicas, líderes de opinión, asociaciones empresariales, clubes deportivos, ONGs de toda clase, etc. lo que permite configurar redes no gubernamentales internacionales capaces de generar nuevas agendas políticas. La solidez de estas redes puede llegar a dar poder a nuevos actores o impulsar nuevos discursos (como sucedió por ejemplo con el cambio climático en sus orígenes), por lo que invita a trabajar en esta línea, particularmente en el área del Mediterráneo.

En el turno de cierre y debate, se resalta la diversidad conceptual de la propio idea de región dentro de la Unión Europea, donde comparten instituciones regiones muy diversas, con o sin competencias, industrializadas o agrícolas, regiones económicas, regiones políticas, regiones metropolitanas, eurorregiones, etc., lo que una vez más nos lleva a tratar de encontrar un punto de contacto entre todas ellas, que pudiera facilitar una canalización de sus inquietudes. Partiendo de la premisa de que no puede haber un traje a medida para todas (One size fits all), los ponentes consideran que el hecho de que no pueda etiquetarse no significa que no exista una regionalización en Europa. En mi opinión, existe una creciente regionalización, que tiene que ver con la globalización de la economía, y que trabaja en una dinámica paralela a la de los intereses nacionales. Ahora bien, ¿qué fue antes? ¿La gallina o los huevos de oro? Desde mi punto de vista, seguramente se está cursando un cambio de perspectiva interna en la Unión Europea, donde las regiones ya son una realidad, aunque no haya un proyecto previo y premeditado. Se trata de un principio conocido y derivado de la propia esencia del método europeo, aquel que va de lo pequeño a lo grande, de la concreción de la acción en objeto, de la eficiencia y de los flujos de financiación y actuación entre lo privado y lo público, elementos que, una vez ordenados, enriquecen las posibilidades del desarrollo de las regiones.

P.S.: Y salgo corriendo hacia la UAB, donde tiene lugar la Multiconferencia Euromediterránea de Investigación, organizada simultáneamente en 19 ciudades de las dos cuencas del Mediterráneo. Tomo notas sin cesar en las brillantes ponencias de mis profesores Blanca Vilà y Jordi Bacaria. Próximamente contaré. Por cierto, se incluye una ponencia mía, que compartiré aquí, una vez publicada.

domingo, 6 de junio de 2010

Oriente Medio y el mínimo común denominador

Un barco turco, llamado Mavi Marmara, navegando hacia Gaza, ha venido a poner la puntilla a una presidencia española, tan ambiciosa y voluntariosa como frustrada por una sucesión de circunstancias calamitosas. Que esto aleja a Turquía de sus pretensiones de adhesión no tiene que ser necesariamente una mala noticia, máxime ante la represión que aquel gobierno aplica sobre el pueblo kurdo, pero esa es harina de otro costal... Que la presidencia española no ha llegado en el mejor momento es obvio, y lo que prometía ser un camino de rosas hacia la puesta en marcha de Lisboa y de la diplomacia común europea, se ha convertido en un infierno donde se ha cuestionado hasta el futuro del euro.

Hoy la política exterior de la Unión Europea tiene menos credibilidad que nunca, a raíz del incidente internacional desencadenado por el ataque israelí sobre un barco donde iban cooperantes en "posible o supuesta" misión humanitaria a una zona de guerra, causando la muerte de ciudadanos europeos. ¿Eran esas muertes necesarias? La respuesta es clara: No. Si bien es cierto que las circunstancias distan de estar totalmente esclarecidas, la gravedad del suceso se ha traducido en una cacofonía de voces, que van desde los ministros de Exteriores de cada Estado, el propio presidente de la Comisión, pasando por el presidente del Parlamento europeo, hasta la propia presidencia española, y por fin la esperada voz de Ashton, en su función de ministra de Exteriores de la UE.

Lo crucial no es ya que las voces digan lo mismo, sino que lo que digan sea fruto de una estrategia y convencimiento común, algo que hoy se sitúa en el terreno de la utopía. Es decir, de poco nos servirá articular el Servicio de Acción Exterior (que por cierto se ha comprometido la entrante presidencia belga a implementar, ya que bajo presidencia española no se ha podido finalizar) si éste no se sustenta sobre ideas y estrategias políticas pactadas. Esa ausencia estratégica impide que la política exterior europea pueda comprometerse con causa alguna. En el caso que nos ocupa, tenemos a una Unión Europea que no deja de enviar fondos a Palestina (en un racional intento por favorecer el desarrollo de una región ubicada a las puertas de Europa, y potencial aliado comercial y político), al tiempo que el conflicto se perpetúa y los gobiernos a lo largo y ancho de Europa tienden a alinearse con posiciones más o menos cercanas a las del estado de Israel, en función de parámetros circunstanciales.

Desde mi punto de vista, Israel es una democracia, y en su parlamento hay representantes de distintas confesiones religiosas, incluido el Islam, mientras que no todos los países de su entorno pueden presumir de semejantes credenciales democráticas. Que Israel despierta antipatías es cierto, que su existencia no es fácil también. Del resto no puedo opinar, porque no tengo elementos de valoración.

Sólo exijo que la Unión Europea ejerza de una vez su responsabilidad exterior. Sin unidad no hay compromiso y por tanto no podremos aspirar a más que a un mínimo común denominador, una ambigüedad forzada que nos deja en terreno de nadie. En ciertos momentos, el poder blando no tiene efecto, porque a pesar de que la Unión Europea es el primer donante en ayuda a la cooperación y el primer actor del mundo en apoyar a los países en desarrollo, la incapacidad de mantener una postura unívoca en todos y cada uno de los conflictos ataca nuestra credibilidad, ergo nuestra capacidad de influir en los organismos internacionales. Un alto precio sin nada a cambio, un mal negocio para todos nosotros.