viernes, 3 de diciembre de 2010

Del euro a los Estados Unidos de Europa: reinventarse o morir


Calma momentánea tras el órdago de Trichet. Estos meses vividos desde el pasado mayo en el seno de la eurozona han sido tan imprevisibles como fascinantes. Se palpa la insuficiencia del famoso Fondo de Estabilidad europeo de 750.000 millones de euros, que se creó como mecanismo para salvar a Grecia de la quiebra, y finalmente también a Irlanda, a falta de otras ideas que fueran viables para poder equilibrar las economías de los 16 países de la eurozona. Hoy todo se resume a la necesidad de inyectar liquidez. En estos días, o avanzamos o nos hundimos. En mi opinión, parece inevitable una intervención más directa y decidida del BCE, así lo ha dicho Trichet, su presidente, en una declaración que a muchos ha dejado descolocados, por no emplear un término más vulgar. Lo paradójico es que nos proponen seguir la receta estadounidense, como si se quisiera ignorar que por tercera o cuarta vez en esta agónica crisis iremos trasladando la deuda de uno a otro sitio.

De momento, el Banco Central Europeo rebajará el tipo de interés básico a un mínimo histórico (hasta marzo de 2011) y seguirá comprando deuda de países comunitarios en apuros, a pesar de que los responsables del desaguisado han sido en gran parte los estados. Según el BCE, los bancos de la eurozona han encajado unas pérdidas que ascienden a 515.000 millones en los últimos dos años. El origen de todo es que los particulares endeudados traspasaron sus problemas de pago de deuda a los bancos, luego han sido los bancos los que trasladaron el problema de deuda a sus respectivos estados, y evidentemente ahora los que tienen un problema con la deuda son los propios estados. ¿Cómo no? Éstos ya están empezando, o lo harán, trasladando ese problema de insolvencia a las entidades supranacionales, en general se suele hacer con el FMI, pero en particular en el caso de la eurozona el problema recae sobre el Banco Central Europeo.

Lo cierto es que para defenderse, el BCE puede responder emitiendo moneda, es decir fabricando billetes, aunque la cosa no es tan sencilla, porque fabricar billetes tiene el inconveniente de que el dinero acaba "valiendo" menos. Esto se traduce en que los euros que aparecen en distintas cuentas, activos, pasivos, etc., esparcidos por el planeta, tendrán un valor nominal concreto, aunque en realidad tendrán un valor real menor. Esto generará inflación.

¿Inflación? El gran enemigo natural del euro, porque recordemos que el BCE se concibió única y exclusivamente para combatir la inflación, ergo para preservar la estabilidad de precios, concepto al que se pega como una lapa el gobierno alemán. Si hay que evitar la inflación hay que restringir el gasto. Es una receta básica que recoge por ejemplo el propio Pacto de Estabilidad y Crecimiento, los famosos criterios de Maastricht para entrar en el euro. Sabemos que muchos no los cumplieron, que no se sancionó, y que de aquellos barros vienen estos lodos, pero hoy por hoy los países con economías depauperadas van a caer en espiral depresiva, porque aunque gasten menos, tendrán que pagar lo que deben, y si dan malos datos económicos nadie les querrá prestar dinero, no podrán refinanciar lo que deben y finalmente quebrarán.

Recurrí a la acuñada expresión de aquellos barros porque ahora estamos pagando el precio de no haber centralizado a nivel supranacional la política fiscal. Probablement por el cortoplacismo político, aunque no debemos pecar de simplismo.

En la UE se ha venido insistiendo en esta política de restringir el gasto, véase Grecia, Irlanda, Bélgica, Reino Unido, España, etc., pero se está viendo que esto genera un problema a corto plazo, la quita en la devolución de la deuda, que no se aguanta dentro de la eurozona. Esto, lamentablemente, se ha visto cuando el alud ya lo podíamos tocar casi con la punta de los dedos. ¿Nadie lo intuyó? Sea como fuere, hoy la situación no se sostiene, y al BCE no le queda más opción que emitir moneda para rescatar a esos estados. Lo curioso es que los que tengan bonos van a perder poder adquisitivo, porque ya dijimos que el euro va a valer menos si hay una emisión de dinero. Hay lluvia de propuestas, las que dicen que se deben reestructurar los créditos sin dilación. El economista estadounidense Rogoff aboga por un Plan Brady para el euro, el inventado por un ex secretario del Tesoro de EE.UU. (Nicholas Brady) con el que se puso fin a la crisis de endeudamiento de América Latina en la década de 1980, y puede decirse que hay tantas recetas como economistas, claro.

Sin embargo, lo perentorio es que los estados de la eurozona puedan de algún modo hacer frente a su deuda, más que nada porque los especuladores van apostando con sus 400.000 millones de fondos especulativos, y miran de soslayo a las decisiones de los gobiernos, los fondos de recate y todo este tipo de maniobras, de las que al final se acaban aprovechando, como buenos depredadores que son por naturaleza. Es decir, van a atacar al más débil, algo que parece tan inevitable como que el buitre se coma a la perdiz. Cada vez que hay un rescate a un país, como en el caso irlandés, el mercado se estabiliza a corto plazo porque el especulador entra rápido para obtener beneficio inmediato.

¿Es capaz un acuerdo político o una actuación del BCE evitar este “hecho de la naturaleza” de que el buitre devore a la perdiz?

En el caso español, cualquiera en el mercado sabe que hay un riesgo y la deuda española ahora está carísima en el mercado, ya que a mayor riesgo mayor encarecimiento, es decir nadie desea deuda española. Por ello, la UE debería tener un mecanismo que no generara esos estímulos especulativos, de hecho esta era la idea del Fondo Monetario Europeo que había propuesto Merkel la primavera pasada, con cierto tino y previsión, a falta de la ideal política fiscal y presupuestaria común (esto segundo lo digo para nosotros los federalistas utópicos). Y no olvidemos una cosa, el Tratado de Lisboa no permite ni crear el FME ni tampoco monetizar la deuda, por lo que es posible que se busque un vericueto legal, así se vio hace pocas semanas con el pacto franco-alemán que buscaba colar en el Tratado de Adhesión de Croacia una solución política en previsión de lo que pueda ocurrir cuando expire el Fondo de Estabilidad en 2013.

Teniendo en mente que la base del euro es evitar la inflación, no hay muchas opciones, la solución debió ser política y será política. En estos días, yo me pregunto a menudo qué retiene a Alemania dentro del euro, lo cierto es que parece que la deuda de los otros países afecta a los alemanes y por ahora abandonar el euro no tiene compensación económica suficiente.

Es lo que algunos han venido en bautizar, atinadamente, como solidaridad por interés propio.

Esto implica que todos los países deben estabilizarse, voluntad política en resumen, ergo los gobiernos de cada Estado miembro deben hacer los deberes y reforzar la solvencia de su deuda nacional. Trichet, con sensatez, dice que la eurozona debe unirse políticamente, siendo equivocado promover diferentes velocidades de integración.

Todo está cambiando, pisamos sobre terreno movedizo y, en el caso de la eurozona, la pertinaz y obcecada resistencia al cambio puede poner en riesgo su supervivencia. Algo fuerte y definitivo va a ocurrir en las próximas semanas, o tal vez días. Espero que sobrevivamos para comentarlo.

* Imagen: 2 de diciembre de 2010. Seminario sobre Participación y Comunicación en la Nueva Gobernanza Europea. Donosti.