lunes, 15 de noviembre de 2010

Ruptura presupuestaria: de la inocencia a la inconsciencia

Hoy lunes, en Bruselas, son todos los que están, y además están tensos. Se disponen a la tarea de de fraguar un "apaño" tras la vergonozosa ruptura de las negociaciones presupuestarias la semana pasada. Se está negociando el presupuesto de la Unión para 2011. El primero tras la reforma de Lisboa, detalle (nada menor) por el que frustra más que el Consejo (representando a los Estados miembros) haya ido directamente a bloquear opciones y a neutralizar las legítimas ambiciones de participación en la elaboración presupuestaria del Parlamento Europeo. Los británicos, tras aplicar fuertes medidas de austeridad nacionales, exigen que se acepte un incremento del 2,9 %, frente al 5,9 % que había logrado pactar el Parlamento Europeo para el próximo año. Sin embargo, la Presidencia belga y Van Rompuy quieren cerrar un compromiso que, por fuerza, será a la baja y decepcionante. Si hoy no hay acuerdo, no habrá presupuesto, y se trabajará mes a mes sobre la previsión de gastos. La espada de Damocles se cierne sobre los fondos regionales, que desaparecerían en favor de algunas transferencias a Estados miembros (no a regiones). Parece mentira que a estas alturas no se hayan dado cuenta de que los mercados confiarán más en una Europa como bloque, que en 27 unidades separadas. Por no olvidar que los fondos europeos son una de las herramientas clave para el crecimiento y desarrollo de algunas regiones europeas. Estos datos nos indican que el debate no se plantea en términos funcionales, sino puramente políticos. La supuesta inocencia con que los gobiernos nacionales lamentan la falta de recursos, se solapa con la inconsciencia de lo mucho que está en juego y revela los miedos ancestrales. El intergubernamentalismo a la más vieja usanza. Lo llamativo es que el Tratado de Lisboa, con sus nuevas normas, que iban a traer flexibilidad, agilidad y eficacia, por ahora están trayendo todo lo contrario, enfrentamiento y bloqueo. El origen: el Consejo, ergo los Estados.