lunes, 22 de noviembre de 2010

Europa ante la OTAN y el efecto desplazamiento en defensa

Los europeos no somos de Venus, por mucho que lo dijera Robert Kagan, quien pretendía burlarse de las aspiraciones ilusorias de los europeos sobre el paraíso posmoderno, supuestamente ajenas a la crueldad del mundo hegemónico, hobbesiano o de la realpolitik. La historia desmiente a las utopías, pero la realidad es que en el planeta cada día nuevas fronteras se difuminan. Desde el ciberespacio al terrorismo, pasando por los misiles de largo alcance o la seguridad energética, nuevos factores han restado vigencia a las fronteras y limitaciones geográficas. No todo gira en torno al euro y su supervivencia, aunque se estén tomando importantes medidas de supervisión y estabilización, y el rescate irlandés a cuenta del fondo de estabilidad es un paso más hacia la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas europeas.

Fuera del euro, el mundo sigue girando, y sigue siendo un lugar inseguro. Europa estrena un Servicio Europeo de Acción Exterior, centrado en los esfuerzos diplomáticos pero, por lo demás, la OTAN es valedora de la seguridad de sus 28 países miembros, no todos pertenecientes a la Unión Europa, aunque ésta ocupe un lugar de preferencia. De hecho, este fin de semana se ha desarrollado una importante cumbre de la OTAN en la nostálgica y bella Lisboa, de la que emana una nueva doctrina que prevé potenciar y consolidar relaciones con organizaciones y países con los que compartir la defensa. Entre ellas la Unión Europea. Se reafirman los principios consagrados en el Tratado de Washington (art. 5) que considera que un ataque contra un aliado equivale a un ataque contra todos. Una autoafirmación que se traduce en un sistema común de defensa antimisiles, además de la disposición a actuar fuera del espacio geográfico de sus miembros, para defender su seguridad en un mundo con múltiples polos de influencia y con actores estatales (y no estatales) capaces de poner contra las cuerdas a otros estados. También se han logrado acuerdos especiales ante Rusia y ante la propia Unión Europea, dentro de un marco general de flexibilidad estratégica.

La adaptación de la OTAN al nuevo entorno obliga a sus socios a aceptar enfoques a los que hasta hoy eran reticentes Alemania, Francia y Turquía; los dos primeros por sus diferente concepto de la disuasión nuclear en una alianza dotada de una defensa antimisiles y Turquía por su oposición a que la OTAN se deje caer en brazos de una Unión Europea, que desconfía de los turcos (¿por qué Chipre no puede ser miembro de pleno derecho de la OTAN, dejando de ser una suerte de protectorado estratégico de Turquía o Reino Unido?). La OTAN cree que una relación de privilegio con la UE permitiría un reparto del trabajo en áreas como ciberdefensa, ayuda humanitaria, reconstrucción y desarrollo. Turquía defiende participar en la Agencia Europea de Defensa, mientras en Europa prevalecen divergencias conocidas en la cuestión nuclear. Alemania mantiene que el escudo que protege contra los misiles balísticos hace innecesaria la disuasión nuclear, tesis contra la que se alza Francia, que bajo ninguna circunstancia quiere renunciar ni a su potencial nuclear ni a su independencia atómica, a pesar de que ya ha puesto en común con Reino Unido toda su política y recursos nucleares. El punto de acuerdo se ha alcanzado afinando el lápiz, de modo que Alemania renuncia a la mención de la complementariedad, aceptando que la defensa antimisiles es un apoyo a la disuasión nuclear.

Así, el acuerdo de este fin de semana supone un giro histórico, ya que la OTAN pasa al primer plano de la defensa de la población civil y el territorio frente a ataques de misil, lo que va más allá de la estrategia de la intimidación. Rasmussen ha sido claro al respecto: “ El negocio de la OTAN es la defensa y en un mundo nuclear eso requiere disuasión". La Alianza Atlántica recupera operatividad y consistencia, y lo hace en el seno de Europa, y con Rusia como aliado, que gracias a este notorio gesto tal vez afloje su estrategia en cuestiones tan relevantes y prácticas para nosotros como el suministro energético. Con este nuevo empuje a la estructura de la OTAN, puede empezar a dejar de ser prioritaria nuestra obsesión por definir normativamente el papel de la Unión Europea como actor global en materia de defensa. Es una coyuntura idónea para focalizar la actuación exterior en los planos político, social, comercial y económico. Una oportunidad para que en los foros internacionales empiecen a tomar en serio a la Unión Europea, diferenciada estratégicamente (no militarmente) como el actor global más relevante.