martes, 30 de noviembre de 2010

Seminario sobre Participación y Comunicación en la Gobernanza Europea


Este jueves, estaremos en Donostia debatiendo sobre la comunicación europea y valorando la incidencia de los blogs y el mundo 2.0 en la europeización y la gobernanza. Les invito a sumarse al debate que se establecerá una vez finalizada la mesa redonda (con Encarna Hernández, Jorge Juan Morante y Emilio Fuentes, otros conocidos eurobloggers), si bien les presento a continuación un extracto, a modo de anticipo, de algunas de las partes de mi intervención prevista para este jueves a partir de las 12 del mediodía, esperando sea de su interés:

"Cuando hablamos de comunicar Europa, hemos de partir de una premisa, y es que la comunicación de la complejidad difícilmente puede ser sencilla. Es humano querer comunicarse, querer compartir lo que hacemos, nuestras inquietudes, nuestros logros y, a ser posible, obtener reconocimiento si descubrimos algo útil a la comunidad, o si tenemos una idea brillante. Los más hábiles comunican buscando colaboración, buscan sumar fuerzas para lograr su fines y a la vez ser más útiles a más personas. Las ideas se generan en la mente de los humanos y no conocen fronteras, aunque unas décadas atrás era muy complicado dar a conocer tu idea a alguien que no estuviera en tu entorno. Los periódicos tradicionales con suerte publicarían una de tus cartas al director, los mecanismos de acceso a las instituciones eran lentos y burocráticos, exigían tiempo y dedicación, a menudo sin éxito alguno.


Hoy, la red ha propiciado dos grandes beneficios globales, por un lado elimina la relevancia del espacio y el tiempo y facilita la transparencia de las instituciones, mejorando el control sobre las democracias y la rendición de cuenta, y por otro lado estimula la comunicación y el pensamiento creativo; ya que el ciudadano puede transmitir sus críticas a gran velocidad y recibir reciprocidad de otros ciudadanos. Hoy, quien desea informar hace uso extensivo de internet para poner la información lo más rápido posible al alcance del máximo número de personas, es decir que gracias a una herramienta tecnológica somos ciudadanos más informados. Internet es como una gran reunión de vecinos donde se produce la concentración más alta de mentes. Unos acuden buscando información y otros ofreciéndola.


Un ejemplo de la importancia de la red y el temor que despierta en los gobiernos no democráticos es el intento del gobierno de China de intervenir, e incluso eliminar Google, en su territorio. Un ejemplo de su utilidad lo vimos en el caso de las cenizas del volcán islandés la primavera pasada. Gracias a twitter, el organismo Eurocontrol recibió en 3 días de crisis, casi un millón de lecturas en sus páginas como fuente de información para pasajeros, pilotos, compañías aéreas y periodistas, ayudando a mitigar el caos aéreo.


Existe un fenómeno de ausencia de información netamente europea en los medios tradicionales, algo que es contradictorio con el incremento de competencias y poderes que se están transfiriendo desde los Estados miembros hacia la Unión Europea. Dicen que Europa es de cristal, pero de esta afirmación lo único cierto es que sus instituciones gastan mucho dinero en comunicar lo que hacen, que hay voluntad de que el ciudadano lo sepa, pero que esto ha sido incapaz de corregir la desafección. Cuando la información pasa al plano de la red pública nos pertenece a todos, aunque esto supone dos retos, por un lado procesar adecuadamente esa información, y por otro utilizarla para algún fin provechoso, es decir darle valor añadido.


La integración europea va intrínsecamente ligada al fenómeno del derribo de barreras en la comunicación, tanto que transitamos hacia un nuevo modelo en un viaje que compartimos organismos públicos, empresas, grupos sociales y ciudadanos. Distintos actores que nos vemos implicados, y que dependemos en gran medida de las decisiones que tomen los actores institucionales. Queremos nuevas referencias, tratando de corregir los errores colectivos, aquello que ha sido un fracaso evidente, como por ejemplo los problemas que se han derivado de la desregulación total de un mercado financiero, cuyas consecuencias han acabado por afectarnos a todos.


Además Europa se resiste a cambiar, a pesar de que suenan todas las alarmas, perdemos peso económico frente a EEUU y otros actores como China e India, además de que nuestro gran pacto social tan exitoso en la segunda mitad del siglo XX se ve amenazado por otros actores globales. Uno de los problemas diagnosticados es la ausencia de movilidad, de una ciudadanía crítica y activa, algo que dificulta que toda la información que transmitimos en la educación se transforme en impulso creativo y por tanto que surjan y triunfen los emprendedores en Europa. Hay una crisis de emprendedores en nuestro continente. Junto a esta reflexión, para salvaguardarnos de las muchas amenazas desconocidas que plantea un mundo de fronteras difusas, debemos entender que el desafío es común y no corresponde sólo a los políticos afrontarlo.


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Los blogs tiene la ventaja de ser plataformas libres o que representan en todo caso una opinión individual, la del ciudadano anónimo, pero informado y crítico. En mi caso, el blog surgió inicialmente como una herramienta para estructurar la información sobre Europa que iba leyendo día a día, y tenerla organizada para mis presentaciones y los textos de mi tesis doctoral. Se daban en mí dos circunstancias, al estar investigando en la Universidad sobre integración europea, por un lado estaba ansiosa por informarme sobre lo que se fraguaba en la Unión Europea, pero por otro lado sentía la impotencia de ver cuán escasa era la información periodística en tiempo real al alcance de la mano. Hablo de cuando empecé a escribir en el blog, que fue en noviembre de 2007. Hoy las cosas han mejorado, pero queda mucho por recorrer.



Esa impotencia poco a poco me llevó a enfocar el blog como instrumento de difusión de Europa, de transmisión del concepto político y emocional de la Unión Europa, para captar la atención del lector y la empatía hacia el proyecto común europeo. No era mucha más la ambición inicial, aunque poco a poco fui descubriendo que había una serie de lectores que sentían la llamada de esa responsabilidad por europeizar, por formar parte de una red totalmente espontánea capaz de captar la confianza ciudadana y también, ¿por qué no? De dar un toque de atención a los actores políticos en Bruselas, porque la UE es en una realidad política que no es bien percibida por el ciudadano, y más cuando los medios de comunicación debilitan su presencia, premeditadamente o no, pero ese es otro debate para otro día.


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Sin embargo, justamente en el territorio virtual podemos contrarrestar ese efecto de los mass media tradicionales. Los blogs tienen un elemento didáctico, con todas las reservas que se puedan admitir ante una información que por lo general es subjetiva, pero sobre todo cuentan con la ventaja de estar libres de la propaganda política y partidista. En la mayoría de los casos, como es el mío, lo que hay es vocación de transmitir verdad, o de aportar una reflexión personal al análisis de la realidad, sin el corsé que imponen las líneas editoriales o las servidumbres de los medios periodísticos tradicionales.


Además, desde nuestros blogs traducimos la información, no sólo entre idiomas, sino también del lenguaje burocrático al lenguaje accesible, y condensamos informes a veces de 100 páginas en textos de una o dos páginas, porque en mi caso particular, lo que trato es de poner al alcance de mis lectores todo lo que considero relevante para comprender e interpretar la actualidad, aquello que no encontrarán ni en la televisión ni en los periódicos. Y en el fondo, tengo también la esperanza de que algunos líderes políticos perciban que la ciudadanía busca respuestas en Europa.


Por mi experiencia, creo que la mayoría de ciudadanos tienen la convicción de que a los europeos ir de la mano nos reporta más beneficios que pérdidas. La mayoría piensan que juntos nos será más fácil la consecución exitosa de los intereses comunes, como lo son asegurar el suministro energético, proteger nuestros derechos como consumidores, asegurar que nuestros hijos no vayan a engrosar la lista de desempleados en el futuro, preservar los estándares de calidad de vida y garantizar la supervivencia del planeta, todos estos retos que sólo podemos afrontar en común, tarde o temprano, acabarán por generar de forma natural una identidad europea."


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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ciudadanos y democracia participativa: de lo local a lo global

                                                                                                                                                               


Hoy toca una reflexión algo densa (espero me sepan disculpar) que intenta recoger alguna de mis inquietudes sobre el distanciamiento entre ciudadanía y política, ante unas elecciones catalanas, las del próximo 28 de noviembre que parecen no estar movilizando lo suficiente al electorado, a pesar de la enorme trascendencia del resultado para el futuro inmediato, como comentaré más adelante. En una democracia parlamentaria no presidencialista, como la nuestra, la cámara baja tiene un papel determinante en el desarrollo político, así sucede en Catalunya, pero no en otros lugares, sin ir más lejos en el Parlamento europeo, aunque desde aquí sea firme defensora de su labor, que en este mandato viene siendo especialmente beligerante. Sin ir más lejos, hoy Estrasburgo se reafirma en su determinación por mantener su proyecto presupuestario para 2011, frente a la objeción de Reino Unido y Holanda, vía presión al Consejo.


También hoy la crónica parlamentaria nos trae un ejemplo de imbecilidad política. Llega en forma de anécdota, ya que en el plenario matinal ese partido de los tics no democráticos que insulta la soberanía popular (el UKIP británico) ha vuelto a hacer de las suyas. La historia va unas líneas más abajo, y me ha llevado a unos segundos de reflexión sobre qué sentido tiene la presencia de elementos desestabilizadores en las cámaras de representantes, y su riesgo implícito para el desarrollo político y pacífico de nuestras sociedades.

Regresando a la anécdota, la de hoy no la protagoniza Farage, ya famoso por estas salidas de tono, sino su compañero de partido, Godfrey Bloom, que ha ido a la cámara de la soberanía compartida europea con el fin de boicotear toda iniciativa en pro de los ciudadanos europeos, muy en la línea de actuación del UKIP. Hoy, este diputado interrumpió la intervención del presidente de los socialdemócratas europeos, el alemán Martin Schulz, gritando un lema nazi "Ein Volk, Ein Reich, Ein Fuhrer". Se le invitó a rectificar y pedir disculpas, momento en que el miembro de UKIP siguió llamando "fascista antidemócrata" a Schulz. El británico fue finalmente expulsado de la cámara. Se trata de una actitud totalmente destructiva que, no obstante, ha conseguido abrirse un hueco en la institución que representa la soberanía popular. ¿Hasta qué punto es admisible este comportamiento? No lo es, pero ¿es suficiente castigo la expulsión del diputado de la sesión de hoy? Puede que no. Si bien es perfectamente legítimo ser crítico con el proyecto de integración europea, no lo es insultar hasta faltar al respeto y recurrir a la grave ofensa, con unas palabras que traen recuerdos terroríficos y tienen una intencionalidad dolorosa. Cabe preguntarse qué lleva a un ciudadano de a pie a apoyar este tipo de formaciones políticas que no aportan valor añadido ni apuestan por proyectos colectivos que mejoren las perspectivas de futuro.

En las elecciones catalanas, que se celebrarán este domingo, también existe cierta amenaza de que partidos antidemocráticos enmascarados pudieran tener su hueco (aunque no daré nombres por no hacerles publicidad gratuita e inmerecida). Los movimientos fascistas que atentan contra los propios cimientos de la democracia no son nuevos y toman virulencia en tiempos de crisis, aunque nunca debemos perder la fe en la sabiduría ciudadana. Sin embargo, un fenómeno atraviesa el continente europeo, cada vez más ciudadanos dan la espalda a sus políticos, como la dan a las instituciones y a la participación, en una señal inequívoca tanto de cansancio como de desconfianza.

Si la desconfianza hacia la institución democrática arraiga, los escenarios alternativos no invitan al optimismo. Aquí en casa, las elecciones catalanas tienen una gran trascendencia porque el gobierno electo definirá la hoja de ruta para siete millones y medio de catalanes, una hoja de ruta que va más allá de los cuatro años de legislatura, donde los retos planteados van desde hacer frente a la crisis, recuperar el tejido productivo, sanear las cuentas públicas depauperadas, equilibrar el territorio, mejorar el nivel educativo, recuperar la confianza en la tradicionalmente respetada Catalunya, y definir las relaciones con el estado español, en un tira y afloja que empezará por la solicitud de un concierto económico (equiparable al ya existente en Euskadi) con el fin de establecer un federalismo fiscal en España. El concierto fiscal por tanto es el primer paso para solucionar un encaje insatisfactorio entre la nación catalana y la española.

El arco parlamentario catalán es multipartidista, y hasta la fecha seis partidos tienen representación parlamentaria, lo que denota el pluralismo de la dinámica sociedad catalana. Sin embargo, el momento pide consensos. Soy consciente de que la política de consensos es criticada por muchos analistas porque puede adormecer el espíritu crítico y desmovilizar la participación ciudadana, pero precisamente la integración europea nos ilustra de la gran potencia del consenso como motor político, económico y social. Hay quien defiende la presencia de partidos radicales y elementos desestabilizadores en las cámaras de representantes, ya que transmite el parlamento como una institución viva y no estancada, imponiéndose sobre el anquilosado y aburrido consenso (tan poco noticiable); también los hay partidarios de extender la democracia participativa a todos los ámbitos (un modelo similar al suizo), pero sea como fuere, en Europa se ha avanzado a golpe de consenso, y lo mismo puede decirse de España, y en particular de Catalunya.

La democracia es imperfecta y además la inadecuación entre el endogámico sistema de partidos y la apertura que reclama la sociedad conlleva un notable peligro. El riesgo es que el ciudadano se repliegue en sí mismo, se queje sin hacer demasiado ruido y acabe por minar el espíritu de superación individual, que redundaría en un empobrecimiento colectivo. Ante la crisis absoluta de valores y referentes que nos asola, los ciudadanos en conjunto ni protestan, ni presionan ni buscan responsables concretos a los que exigir y castigar. Cierto es que difícilmente podemos penalizar a los que ostentan el poder en el mundo, que (no nos engañemos) son las entidades financieras y las grandes corporaciones, mientras los gobiernos apenas ocupan una porción del poder que domina las grandes decisiones globales. Pero sí debemos exigir una nueva política, que se comprometa a poner cotos. Hoy sabemos que la ambición desmedida, la codicia no regulada que se ha consentido en el gran casino global, es la que ha causado la ruina de los estados, que ahora son como piezas de un dominó en riesgo de bancarrota, mientras los ciudadanos (que no tienen culpa alguna del desaguisado) acaban pagando las pérdidas. Es decir, la pérdida se ha socializado, pero los beneficios obtenidos en épocas boyantes quedaron en manos de las elites que, para mayor desgracia, a menudo sitúan sus capitales en lugares remotos donde la transparencia no existe. Salta a la vista que tal sistema es insostenible, y la dura crisis, que se traduce en desempleo y mayor pobreza para todos, es el primer síntoma de la perniciosa desregulación y la permisividad hacia la codicia sin límite.

Por ello el cambio de modelo es tan prescriptivo como urgente, algo que parecen saber algunos (a juzgar por las señales de buena voluntad política), pero que no va más allá de la declaración de intenciones, probablemente por la ausencia de determinación de otros actores. El resultado es que los unos y los otros optan por mirar a otro lado porque no se vislumbra modelo alternativo. Nadie dice que la banca no tenga que tener su margen de beneficio, pero la supervisión debe funcionar como un reloj, por ello es esencial que se pongan en marcha cuanto antes (el próximo enero) los organismos de supervisión financiera que ha creado la Unión Europea bajo los auspicios del Banco Central Europeo. Precisamente la estricta regulación de la banca española es la que nos ha permitido sortear el riesgo de quiebra hasta la fecha en España, cuya solidez financiera se debe a esa previsión y celo. Buen modelo, aunque mejorable, pero sobre todo exportable a todos los mercados del planeta, donde las transacciones financieras tienen carácter global. Si urge globalizar el modelo de supervisión financiera, no menos urgentes son medidas como la consolidación presupuestaria y, en el caso irlandés, la fuerte e ineludible reducción de prestaciones públicas o el incremento de impuestos (donde el impuesto de sociedades está situado en un bajísimo 12,5%) para equipararlo al nivel de otros estados europeos. El caso irlandés es sintomático y acabará por ser paradigma de la interconexión entre economías, hasta el punto de que la armonización fiscal acabará por evidenciarse como inevitable, cuanto menos en la eurozona.

Volviendo a la arena política, la confianza en los gobernantes sólo se recuperará cuando éstos logren pactar un nuevo modelo de prioridades globales. Primero superando el cortoplacismo que propicia la partitocracia, los intereses particulares frente a los generales, y en segundo lugar comprometiéndose con una visión global de la política. Para ello, desde arriba han de imponerse dos tendencias (aunque parezcan contradictorias): levantar trabas al emprendedor, es decir dejar más libertad al ciudadano, y por otro lado regular más para evitar el salvajismo, la codicia desmedida que nos ha llevado a que el menos culpable tenga que pagar las consecuencias del casino financiero incontrolado.

Ante este gran reto de la reforma global nos preguntamos qué papel jugará la ciudadanía, cuando no nos convence el compromiso expuesto por los mandatarios que tienen la capacidad de definir normas para garantizar la protección del planeta, además de otros parámetros como la seguridad alimentaria, la garantía de derechos sociales en todos los países, así como favorecer los movimientos migratorios para solucionar desequilibrios demográficos, y un largo etcétera, es decir globalizar en su sentido más amplio, comprendiendo que en este planeta nos necesitamos todos mutuamente y que la receta para los desequilibrios es fomentar la interacción de todos los ciudadanos, trasladando al ámbito normativo una visión transnacional.

Estando en período electoral, a un par de días de cerrar la larguísima campaña de las catalanas, es pertinente valorar la relevancia de las elecciones, como un elemento más para catalizar la ciudadanía activa, la ciudadanía inteligente y la ciudadanía comprometida. Cada ciudadano es soberano y libre, todas las opciones tienen su validez, e incluso todos los partidos del arco parlamentario tienen ideas beneficiosas y aprovechables, pero el problema de fondo permanecerá si los partidos son incapaces de desbloquear la rigidez de los sistemas políticos y persisten en caer en su red particular de intereses. Yo soy partidaria de los gobiernos decididos, pero no enquistados, de los gobiernos audaces, pero con los pies en el suelo, de los gobiernos pragmáticos, pero que no renuncien a nuevos modelos.

Los gobiernos que la sociedad requiere en épocas de cambio y crisis, como la actual, deben ejercer el consenso y arrastrar hacia la moderación las grandes decisiones políticas, buscando la sostenibilidad, es decir, por un lado protegiendo a las grandes empresas para que puedan invertir en innovación energética (combatiendo así el cambio climático), y por otro dando apoyo a la pequeña empresa, mediante la supresión de trabas burocráticas, pero evitando el proteccionismo, y garantizando la igualdad de competencia en el entorno global (hoy inexistente). El consenso por tanto se inicia a escala local, y requiere extenderse a la escala global, sin prisa pero sin pausa. Retomando el concepto inicial de que los gobiernos son (en medio de ese gran puzzle complejo y global) sólo una porción de los actores relevantes, hemos de seguir buscando un espacio para que el ciudadano incida más sobre la hoja de ruta compartida. Los gobiernos no deben ahogar el impulso ciudadano, sino que deben canalizar esas sinergias, y trabajar en pro de un mundo transnacional en el que el ciudadano tenga más oportunidades, en un entorno regulado que garantice su protección y capacidad de desarrollo. Más lejos de ideologías, que tanto daño han infligido históricamente, y más abiertos a nuevas ideas, para hacer entre todos un mundo mejor y donde la democracia sea de por sí un fuerte valor añadido.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Europa ante la OTAN y el efecto desplazamiento en defensa

Los europeos no somos de Venus, por mucho que lo dijera Robert Kagan, quien pretendía burlarse de las aspiraciones ilusorias de los europeos sobre el paraíso posmoderno, supuestamente ajenas a la crueldad del mundo hegemónico, hobbesiano o de la realpolitik. La historia desmiente a las utopías, pero la realidad es que en el planeta cada día nuevas fronteras se difuminan. Desde el ciberespacio al terrorismo, pasando por los misiles de largo alcance o la seguridad energética, nuevos factores han restado vigencia a las fronteras y limitaciones geográficas. No todo gira en torno al euro y su supervivencia, aunque se estén tomando importantes medidas de supervisión y estabilización, y el rescate irlandés a cuenta del fondo de estabilidad es un paso más hacia la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas europeas.

Fuera del euro, el mundo sigue girando, y sigue siendo un lugar inseguro. Europa estrena un Servicio Europeo de Acción Exterior, centrado en los esfuerzos diplomáticos pero, por lo demás, la OTAN es valedora de la seguridad de sus 28 países miembros, no todos pertenecientes a la Unión Europa, aunque ésta ocupe un lugar de preferencia. De hecho, este fin de semana se ha desarrollado una importante cumbre de la OTAN en la nostálgica y bella Lisboa, de la que emana una nueva doctrina que prevé potenciar y consolidar relaciones con organizaciones y países con los que compartir la defensa. Entre ellas la Unión Europea. Se reafirman los principios consagrados en el Tratado de Washington (art. 5) que considera que un ataque contra un aliado equivale a un ataque contra todos. Una autoafirmación que se traduce en un sistema común de defensa antimisiles, además de la disposición a actuar fuera del espacio geográfico de sus miembros, para defender su seguridad en un mundo con múltiples polos de influencia y con actores estatales (y no estatales) capaces de poner contra las cuerdas a otros estados. También se han logrado acuerdos especiales ante Rusia y ante la propia Unión Europea, dentro de un marco general de flexibilidad estratégica.

La adaptación de la OTAN al nuevo entorno obliga a sus socios a aceptar enfoques a los que hasta hoy eran reticentes Alemania, Francia y Turquía; los dos primeros por sus diferente concepto de la disuasión nuclear en una alianza dotada de una defensa antimisiles y Turquía por su oposición a que la OTAN se deje caer en brazos de una Unión Europea, que desconfía de los turcos (¿por qué Chipre no puede ser miembro de pleno derecho de la OTAN, dejando de ser una suerte de protectorado estratégico de Turquía o Reino Unido?). La OTAN cree que una relación de privilegio con la UE permitiría un reparto del trabajo en áreas como ciberdefensa, ayuda humanitaria, reconstrucción y desarrollo. Turquía defiende participar en la Agencia Europea de Defensa, mientras en Europa prevalecen divergencias conocidas en la cuestión nuclear. Alemania mantiene que el escudo que protege contra los misiles balísticos hace innecesaria la disuasión nuclear, tesis contra la que se alza Francia, que bajo ninguna circunstancia quiere renunciar ni a su potencial nuclear ni a su independencia atómica, a pesar de que ya ha puesto en común con Reino Unido toda su política y recursos nucleares. El punto de acuerdo se ha alcanzado afinando el lápiz, de modo que Alemania renuncia a la mención de la complementariedad, aceptando que la defensa antimisiles es un apoyo a la disuasión nuclear.

Así, el acuerdo de este fin de semana supone un giro histórico, ya que la OTAN pasa al primer plano de la defensa de la población civil y el territorio frente a ataques de misil, lo que va más allá de la estrategia de la intimidación. Rasmussen ha sido claro al respecto: “ El negocio de la OTAN es la defensa y en un mundo nuclear eso requiere disuasión". La Alianza Atlántica recupera operatividad y consistencia, y lo hace en el seno de Europa, y con Rusia como aliado, que gracias a este notorio gesto tal vez afloje su estrategia en cuestiones tan relevantes y prácticas para nosotros como el suministro energético. Con este nuevo empuje a la estructura de la OTAN, puede empezar a dejar de ser prioritaria nuestra obsesión por definir normativamente el papel de la Unión Europea como actor global en materia de defensa. Es una coyuntura idónea para focalizar la actuación exterior en los planos político, social, comercial y económico. Una oportunidad para que en los foros internacionales empiecen a tomar en serio a la Unión Europea, diferenciada estratégicamente (no militarmente) como el actor global más relevante.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Ruptura presupuestaria: de la inocencia a la inconsciencia

Hoy lunes, en Bruselas, son todos los que están, y además están tensos. Se disponen a la tarea de de fraguar un "apaño" tras la vergonozosa ruptura de las negociaciones presupuestarias la semana pasada. Se está negociando el presupuesto de la Unión para 2011. El primero tras la reforma de Lisboa, detalle (nada menor) por el que frustra más que el Consejo (representando a los Estados miembros) haya ido directamente a bloquear opciones y a neutralizar las legítimas ambiciones de participación en la elaboración presupuestaria del Parlamento Europeo. Los británicos, tras aplicar fuertes medidas de austeridad nacionales, exigen que se acepte un incremento del 2,9 %, frente al 5,9 % que había logrado pactar el Parlamento Europeo para el próximo año. Sin embargo, la Presidencia belga y Van Rompuy quieren cerrar un compromiso que, por fuerza, será a la baja y decepcionante. Si hoy no hay acuerdo, no habrá presupuesto, y se trabajará mes a mes sobre la previsión de gastos. La espada de Damocles se cierne sobre los fondos regionales, que desaparecerían en favor de algunas transferencias a Estados miembros (no a regiones). Parece mentira que a estas alturas no se hayan dado cuenta de que los mercados confiarán más en una Europa como bloque, que en 27 unidades separadas. Por no olvidar que los fondos europeos son una de las herramientas clave para el crecimiento y desarrollo de algunas regiones europeas. Estos datos nos indican que el debate no se plantea en términos funcionales, sino puramente políticos. La supuesta inocencia con que los gobiernos nacionales lamentan la falta de recursos, se solapa con la inconsciencia de lo mucho que está en juego y revela los miedos ancestrales. El intergubernamentalismo a la más vieja usanza. Lo llamativo es que el Tratado de Lisboa, con sus nuevas normas, que iban a traer flexibilidad, agilidad y eficacia, por ahora están trayendo todo lo contrario, enfrentamiento y bloqueo. El origen: el Consejo, ergo los Estados.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El G-20 y la inexistencia política del euro

Con motivo del comienzo este jueves de la cumbre del G-20 en Corea del Sur, la prensa mundial se hace eco de las graves e irreconciliables discrepancias que genera la “guerra de divisas”. La agenda oficial se circunscribe a la definición del marco para el crecimiento sostenible (lo podemos entender como viable económica y ecológicamente), el refuerzo del marco regulatorio financiero global y la modernización de las instituciones financieras internacionales.

Sin embargo, el meollo del asunto son las posturas enfrentadas que encabezan Alemania y Estados Unidos, cuando tanto Merkel (economía exportadora) como Obama (postura inflacionista) se muestran inflexibles con argumentos convincentes. Sin embargo la historia nos brinda una enseñanza: la espiral de devaluaciones (competitivas) no favorece a la internacionalización del comercio, sino que propicia el regreso al rancio proteccionismo. Abiertamente ningún estado se muestra partidario de esa premisa, todos alaban las posibilidades de un mercado global, pero hay más detalles donde poner la lupa. Partiendo del contexto general de la férrea competencia comercial que supone para Europa la emergencia de economías como la china y la india, que cada vez más compiten mediante innovación y no sobre la mano de obra no cualificada, hemos venido observando un escenario paradójico, que no es otro que el de la contienda entre las dos potencias occidentales, Estados Unidos por un lado, y la Unión Europea por otro, tratando de ganarse aliados asiáticos. Así entendemos mejor las recientes aperturas económicas estadounidenses hacia India, y el voto de los EE.UU. para que India tenga un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU; entretanto Francia ha manifestado esta semana su apoyo a la candidatura china para la conferencia sobre el nuevo orden económico mundial a celebrar en 2011, y ahí podemos enmarcar también la cesión de asientos de Europa en el FMI, sin olvidar mencionar ese extraño rumor de un posible pacto franco-chino para una moneda mundial.

La cuestión monetaria, como decía, es la estrella de esta cumbre, además del gran problema en el comercio mundial, porque ahora mismo la mayoría de economías nacionales están enzarzadas en una competición para depreciar sus monedas y poder así aumentar sus exportaciones. Esto se debe a que ha habido errores en el reajuste global. Es decir, no hay reajuste automático. Por ejemplo, en la eurozona, tenemos un euro potente, lo que no impide que Alemania incremente sus exportaciones hasta el punto de que tiene superávit comercial. Se está viendo que los alemanes están siendo capaces de soportar bien un euro alto, pero no ocurre lo mismo con otros países de la eurozona. Ahí tenemos los países mediterráneos o Irlanda, que padecen déficit interno y externo, y no pueden depreciar su moneda para combatirlos.

Para entendernos, ahora mismo hay una guerra comercial que va inextricablemente unida a la guerra de divisas. Por un lado, Estados Unidos, que se está viendo perjudicado al disminuir sus exportaciones, sugiere un plan para limitar normativamente al 4 % los desequilibrios de cuenta corriente en el PIB, es decir un sistema que fije el máximo superávit. Obviamente, Alemania, un país que sí está siendo capaz de superar su crisis económica gracias a sus exportaciones y que tiene superávit comercial, se muestra totalmente contraria, posición a la que se han sumado China y Japón. Esta postura defiende además un sistema que evite la devaluación de divisas (arma tradicional para aumentar las exportaciones).

En cierta forma, se está vislumbrando una recuperación en el crecimiento en global, aunque ha habido países poco afectados por las crisis, por ejemplo los BRIC (Brasil, India, China), mientras que los que han padecido altos índices de desempleo o el riesgo de deflación siguen estando amenazados, ya que suelen presentar déficits presupuestarios elevados, como es el caso de Estados Unidos en que el banco central (FED) aumenta día a día la adquisición de valores públicos o hipotecarios, sin olvidar que la Reserva Federal acaba de inyectar 600.000 millones de dólares a la economía estadounidense (que según Obama pretende fomentar el crecimiento y en caso alguno devaluar el dólar), decisión muy criticada desde Europa, que está siguiendo procesos generalizados de consolidación fiscal.

El hecho es que esta dinámica está depreciando el dólar, ergo apreciando el euro, lo que perjudicaría a una Unión Europea que (a pesar de tener un crecimiento en torno al 1,5 %) está todavía estabilizando sus cuentas públicas, además de sostener a algunos de los Estados miembros de la eurozona (Grecia o Irlanda), al tiempo que debe compensar el incremento del valor del euro en el mercado de divisas. El argumento de Merkel para estar en contra de la limitación que propone Obama es que no hay justificación económica ni política para fijar artificialmente el superávit o el déficit de la balanza de cuenta corriente de los estados. Merkel tiene razón, pero el hecho es que se han venido tomando ya decisiones políticas que han afectado a la economía y, sin embargo, han sido avaladas. Por ejemplo, podemos plantearnos hasta qué punto no se están tomando decisiones políticas que desvirtuan la realidad económica cuando se emiten los Derechos Especiales de Giro (SDR en inglés, líneas de crédito en divisa internacional creada en 1969, que se calcula sobre una cesta de moneda, y se utiliza para cubrir el déficit en la balanza de pago de los países afectados). El argumento de Merkel parece defendible desde el punto de vista del sentido común, ahora bien se espera que los foros internacionales sean útiles para equilibrar la economía desde un punto de vista global.

En este contexto, algunos ven este G-20 como el foro adecuado para coordinar las respuestas, y evitar así una guerra proteccionista o incluso un aluvión de batallas comerciales, que acaben por debilitar las posibilidades de actuación de los propios bancos centrales. Es decir que hay una necesidad de reforzar la arquitectura financiera mundial, y también de que los países emergentes, en buena lógica, cobren relevancia, eso sí, exigiéndoles mayor responsabilidad. Es un hecho incontestable que la volatilidad del euro y su revalorización frente a otras monedas perjudica a las exportaciones europeas, pero Europa ha sido y es incapaz de reaccionar frente a esta realidad, por ello nos preguntamos si no es necesario disponer, en nombre de la eurozona, de una representación económica en los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial y el G-20. Curiosamente al plantearse esta pregunta, hay quien responde que nuestra moneda, el euro, se está utilizando para efectuar reajustes monetarios en un intento estadounidense para desvalorizar el dólar y revaluar el yuan. Se están topando, sin embargo, con la inflexibilidad de las autoridades chinas.

Se entiende así la propuesta en cuya virtud la eurozona ofrecería a China y otros países asiáticos apoyo mediante una cesta de divisas que incluiría el dólar, el euro y el yen, cuyas proporciones aumentarían progresivamente frente al dólar. La pregunta es si esto generaría o reduciría desequilibrio económico global. En este sentido, la indexación del yuan en una cesta de divisas ya es una realidad, pero si el dólar cae frente al yuan, los chinos comprarían más euros, y esto sería pernicioso, China reequilibraría su actividad con una mayor demanda doméstica y menos exportaciones. No es por tanto únicamente un problema monetario. La realidad a medio plazo es que China deberá cambiar su política comercial, tendrá que lanzar políticas para reducir sus altos niveles de ahorro: un sistema de jubilación, subsidios por desempleo, sistema sanitario, etc., es decir, que a largo plazo el proteccionismo chino será insostenible.

Ahora bien, hay un detalle de grandísima relevancia, el euro posee un rasgo peculiar y es su inexistencia política, porque a día de hoy no existe una autoridad política que se exprese en nombre del euro, donde obviamente los estados han perdido la soberanía monetaria. Y de hecho, el mandato principal del Banco Central Europeo es apenas el de la estabilidad de precios, lo que genera un impacto desigual, ya que si el euro se debilitara aparecería un riesgo de inflación, lo que aumentaría el riesgo de asimetría, porque el BCE trabajaría para recuperar el valor del euro, ya que una moneda fuerte es el mecanismo típico para combatir la inflación, a pesar de que afecte también a los salarios, los precios y finalmente al empleo. En este complicado contexto para la UE, se ha presentado este otoño de 2010 una propuesta del eje franco-alemán para modificar las reglas presupuestarias en la eurozona, y lo cierto es que la situación presupuestaria en Europa es insostenible si se mantiene la actual enorme dispersión de criterios en cuanto a las medidas que deben tomarse. Ante este panorama de diversidad entre Estados miembros, el primer paso es implementar el sistema de alertas (penalizar), pero al mismo tiempo cooperando. Para la cooperación lo previo es la transparencia, relacionada con la reducción del gasto público y la aplicación de políticas de estabilización, sin olvidarnos de la inversión en innovación, para competir en el comercio mundial. No obstante, las reglas presupuestarias deben ir mucho más allá y en este sentido no hay vuelta atrás en la puesta en común de recursos y políticas en la eurozona, si de lo que se trata es de sobrevivir a largo plazo. Sin olvidar que el euro ahora mismo está afectando a las economías de los Estados miembros con incidencias muy diversas. Ante este panorama, ¿es viable articular una única voz política que pueda representar y defender los intereses comunes de todas las economías de la eurozona? ¿Hasta cuándo podrá ser viable el euro sin esa voz política en los foros de decisión internacionales, en un contexto global que tiende claramente hacia el incremento de la regulación?

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Las sociedades abiertas y la relevancia global de Europa

Hoy comento dos hechos que no tienen relación aparente, pero que sitúan a Europa en un contexto global cambiante de forma muy rápida. El primero se refiere a la capacidad decisoria de la Unión Europa en los organismos internacionales, así, hace algo más de una semana se produjo una noticia de gran relevancia histórica para Europa, de esas que marcan un punto de inflexión en la multipolaridad del planeta. Como recordarán, los ministros de Economía de Europa se reunieron en el G-20 (el mecanismo donde se toman las decisiones económicas globales, especialmente tras la crisis) y decidieron ceder derechos de voto y asientos en el Consejo del Fondo Monetario Internacional a China, Brasil e India, que poseerán el 10 % del peso. Con todo, la UE sigue controlando casi el 25 % de los votos en el FMI, precisamente el mismo porcentaje que ocupan en el G-20, donde Estados Unidos sigue dominando las negociaciones, lo que me lleva a preguntarme por qué no ha sido ese país el que ha renunciado a parte de su influencia en estos órganos decisorios.

Esta cesión europea se interpretó en la prensa internacional como un traspaso de autoridad progresivo hacia las potencias emergentes en las instituciones multilaterales, más cuando en este mismo año 2010 también se dio más poder de intervención a esos países en el Banco Mundial, entidad claramente dominada por los Estados Unidos. La teoría europea es la “marca de la casa”, verbigracia asumir que a medida que los estados emergentes posean más peso en el sistema internacional, más rápido y mejor se adaptarán a las reglas de juego occidentales. Sin embargo, los objetivos planteados en las cumbres del G-20 demasiado a menudo caen en saco roto, y el sistema multilateral está lejos de consolidarse e imponer reformas decisivas y duraderas, ya que lo verdaderamente complicado jamás llega a implementarse políticamente.

El segundo se refiere a los dos grandes retos de Europa, consecuencia también de la crisis, por un lado las carencias educativas y la escasa capacidad de innovación que se deriva de esa ausencia de mentes creadoras, y por otro el envejecimiento demográfico, que eleva la franja de personas subsidiadas a costa de una cada vez más escasa población activa. Estos dos problemas pueden hallar la solución en la gestión adecuada de los movimientos migratorios, porque es obvio que Europa necesita importar población, mano de obra nueva, y a ser posible altamente cualificada, máxime cuando estamos quedándonos atrás en la aparición de talentos científicos y somos incapaces de innovar, al tiempo que no ofrecemos un entorno investigador lo suficientemente atractivo como para que los talentos que están surgiendo en Asia deciden viajar e instalarse entre nosotros. Sin ir más lejos, esas potencias emergentes que mencionaba en la reflexión inicial, están desarrollando una gran capacidad para generar jóvenes talentos en materia científica. Europa debería ser una tierra de acogida para que esas mentes fructificaran. No es así.

El eje educación-investigación merece un análisis más profundo y específico, pero me parece pertinente apuntar dos ideas sobre el fenómeno inmigración, que ahora mismo está presente en los debates electorales en curso (también en el de las elecciones catalanas del próximo 28 N), ya que se viene observando cierto efecto contagio en el brote de partidos de carácter xenófobo o populista a lo largo y ancho de Europa, que en ciertos casos hasta obtienen representación parlamentaria o que participan en gobiernos democráticos. Esta presencia incremental de posiciones extremistas es preocupante, por representar valores contrarios a los consagrados por la Unión Europea.

Son abrumadora mayoría los partidos que en la UE se oponen a las posiciones extremistas que van contra los valores de la libertad y la igualdad, o que convierten en política una serie de prejuicios, cuando atentan por ejemplo contra minorías en función de sus orígenes, creencias e incluso orientación sexual, contraviniendo valores democráticos fundamentales. La instrumentalización política está también en el trasfondo, ya que el discurso extremista utiliza los recursos emocionales ligados al fenómeno migratorio. Además, en un marco de procesos electorales consecutivos, cuando un partido mueve ficha se entra en un efecto domino para contrarrestar los efectos de ciertos discursos de carácter populista. Más preocupante sería que estas posturas empezaran a tener predicamento en partidos moderados, que de forma más o menos velada, están comenzando a cuestionar la esencia de las sociedades multiculturales en Europa. Cierto es que a menudo el multiculturalismo se ha interpretado inadecuadamente, cuando se ha producido segregación, por ejemplo, en las escuelas de Alemania entre turcos y alemanes.

La integración lingüística, y también la religiosa, suele ir aparejada (aunque no siempre) de un discurso centrado en la identidad nacional. Con todo, en las coyunturas de bonanza económica, cuando la población inmigrante está ocupada no suele generase este debate social. La experiencia parece indicarnos que estos discursos se reproducen en los sucesivos contextos de crisis económica, cuando los ciudadanos ven peligrar el estado del bienestar. Se trata de un temor relacionado también con la inseguridad que genera la globalización y la presencia de países emergentes que amenazan con dejar a Europa relegada.

Siendo ciertas estas amenazas, no se justifica en caso alguno fomentar una sociedad cerrada como respuesta, no sólo por los hechos que arroja la historia pasada, sino más bien porque la intensa mundialización que estamos viviendo es inédita y de consecuencias no demasiado previsibles, aunque es ya tan imparable que pretender echar el cerrojo a las fronteras no conduciría sino a un frustrante aislacionismo. Debemos apostar por sociedades abiertas para gestionar mejor un mundo multipolar, para canalizar las oportunidades que la globalización brinda y desarrollar políticas migratorias sostenibles, especialmente para Europa, un continente en envejecimiento, con necesidades demográficas, pero también con limitaciones espaciales, infraestructurales y sociales.