domingo, 17 de octubre de 2010

El síndrome de la red social ataca a los políticos europeos

Sabemos que desde la Unión Europea lo tenemos muy difícil para comunicar. Las instituciones y los diputados europeos sufren de una total carencia de la cobertura mediática tradicional acerca de sus actividades. Machado nos señaló acertadamente que necio es confundir valor con precio, pero sin duda el valor de esa red social donde estamos todos (o casi) tiene adosado un precio, el coste de la necesidad de estar siempre ahí, menester que puede ser el reverso de ese afán de la omnipresencia, síndrome del que no están libres las instituciones europeas, todas presentes en Facebook o Twitter, e incluso sus representantes, comisarios, los presidentes de la Comisión y del Parlamento y, por supuesto, eurodiputados, ya que prácticamente todos tienen un perfil personal en Facebook, y que además en tiempos recientes se han apuntado a twittear en masa, tras la puesta en marcha este verano de una plataforma de diálogo continuo con los ciudadanos. A finales de septiembre empezaron las entrevistas a eurodiputados vía Twitter a través de ese proyecto Tweet your MEP, pero sigue creciendo la presencia de Facebook, una plataforma que ya se usó en las pasadas elecciones europeas de 2009.

Precisamente estos días se estrena en España la película La Red Social, dirigida por el brillante Robert Fincher, donde se narran las peripecias del padre de Facebook, ese gran invento de un alumno aventajado de Harvard (Zuckerberg) que ha cambiado nuestras vidas, ya sea porque ha magnificado nuestra visibilidad, ha abierto ventanas al reconocimiento público, y hasta ha amparado la explosión de nuevas afectividades, o por esa extraña proximidad del contacto online y las enormes posibilidades comunicativas de una red que funciona como una gigante conexión neuronal de más de 500 millones de usuarios en todo el planeta.

A los que estamos habitualmente conectados, siguiendo la información de Bruselas, no nos sorprende nada ver a los eurodiputados actualizando su información en Facebook en los plenarios. Lo que nos extraña son precisamente sus ausencias. La información online permite captar la atención y la posibilidad de movilizar a centenares o miles de personas. En el caso del Parlamento Europeo, en su página de Facebook se da cuenta de todas las disposiciones y leyes aprobadas, de los debates, temarios, reuniones, comisiones, visitas, etc. aunque nunca se profundiza en los debates ni se analiza a fondo la cuestión política. Uno de los puntos fuertes de la página oficial del Parlamento Europeo en Facebook son las imagines (fotos del día) que suelen generar debates espontáneos entre los seguidores, normalmente y de forma espontánea esos comentarios son en inglés, yo misma suelo comentar allí, aunque muchos comentan en su propio idioma, generando una suerte de Babel bastante ilustrativa de un multiculturalismo y de un multilingüismo muy presente, a pesar de que el inglés se vaya imponiendo de forma natural, también en las redes sociales, algo favorecido probablemente por las posibilidades sintéticas de este idioma. En la página además se difunde la tarea del presidente Buzek y se desarrolla la vertiente de relaciones institucionales, mediante imágenes y noticias breves. Aunque también es ilustrativo ver que en esa miscelánea de usuarios, países y temas, la mayoría de comentaristas tienen inquietudes parecidas, y que siendo más o menos europeístas, e incluso los extremadamente críticos con el proyecto político europeo, todos abogan por una mayor armonización, coordinación, por la puesta en común de objetivos y medios, claramente este es el caso de una energía gestionada en común, porque en definitiva reclaman que la acción política europea se concrete en resultados visibles, cuando no se vislumbra otra alternativa en los ámbitos nacionales. La mayoría de los participantes en los debates en Facebook son jóvenes menores de entre 18 y 35 años, que reclaman más transparencia y cercanía, y menos lenguaje burocrático.

Siendo cierto que el usuario de Facebook está altamente motivado para recibir información, también lo es que al político le ocurre otro tanto, y puede entrar en una suerte de competición por esa visibilidad o por trasladar la imagen de estar en constante movimiento. ¿Cómo hacer que una votación o una audiencia parlamentaria sea una noticia interesante? ¿Cómo puede hacerse más atractiva la información parlamentaria? ¿Hasta qué punto ha de ser atractiva esa información? ¿Están los eurodiputados afectados por el síndrome de Facebook, es decir aquello de que si no lo dices en Facebook no estás haciendo nada? En ese sentido, la red social es exigente, pero mucho más intensa es la exigencia en el entorno Twitter, donde se esperan y se ofrecen observaciones, pensamientos y reacciones totalmente inmediatas, lo que genera un fenómeno veloz y multiplicador cuyos efectos a menudo se escapan de los objetivos del propio emisor del mensaje, que debe condensar en unos 140 caracteres un pensamiento o una narración completa sin demasiadas posibilidades de contextualizar, más allá del uso de esas etiquetas precedidas de la almohadilla, lo que se conoce entre los internautas como hashtag, que de un vistazo nos ponen al corriente de los miles de asuntos que se twittean a lo largo y ancho del planeta cada minuto. En un comentario hace unos días en la página del personal del Parlamento Europeo se barajaba la posibilidad de que en las salas de reuniones parlamentarias se introduzca en breve una red wi-fi que permita colgar un resumen de los eventos en tiempo real, con el uso masivo de las hashtags, para reconocer al instante el carácter de un evento, de una reunión y sobre todo las opiniones al respecto de cada uno.

Salta a la vista que la inmediatez de estas redes supone un verdadero reto para los viejos sistemas de partidocracia donde todo se decidía en bloque y a puerta cerrada, ya que abre las ventanas a un nuevo aire fresco en la acción política, que en caso alguno debe banalizarse, a pesar de que se caiga a veces en la tentación del chismorreo o en el puro exhibicionismo de la vida personal. Lo cierto es que la comunicación en red es una herramienta con capacidades increíbles en términos de cercanía entre político y ciudadano. En la Unión Europea se lo están tomando muy en serio y lo que para algunos es un síndrome, o adicción, para la ciudadanía resulta alentador y abre posibilidades en el ámbito de la exigencia, la responsabilidad y, en definitiva, la rendición de cuentas de los cargos públicos. Los eurodiputados están en el corazón de la Europa política y queremos una Unión Europea más cercana, ágil, transparente. Estas son muchas de las razones para alegrarnos de la proliferación de este fenómeno que (hoy es Facebook pero mañana pueden ser otros) han dado en llamar la red social.