martes, 15 de junio de 2010

Preguntas de gran calado en torno a las regiones

La siempre activa Fundació CatDem organizó ayer lunes un seminario en nuestra Aula Europa del Passeig de Gràcia. Su presidente, Joaquim Ferrer, se pregunta, con los ponentes, si el nuevo regionalismo puede promover el desarrollo económico y social. El belga Frans de Keyser nos pondrá al día de las actividades empresariales en la zona metropolitana de Bruselas, ilustrando su reflexión con cuadros elaborados por BakBasel, empezando por uno que indica el índice de descentralización en Europa (encabezado en este orden por Suiza, Bélgica, España y Austria), y vincula el PIB por cápita y el éxito económico de los estados justamente con el grado de descentralización política. Las grandes áreas urbanas se estudian como regiones o como centros de integración global, que plantean un reto a la hora de estructurar por ejemplo un sistema de federalismo fiscal, en un contexto de economías de escala.

El alemán Andreas Büttner, diputado regional de Brandenburgo por los liberales del FDP, hace una enconada defensa -con toques académicos- del sistema federal, impartiendo una breve lección sobre la Constitución alemana y la función del Bundesrat, como cámara regional, capaz de actuar sobre la legislación nacional en función de los intereses de los estados de la federación. Además, Büttner asegura que le federalismo encarna la esencia del liberalismo, gracias al principio de subsidiariedad, que consagra los derechos de la sociedad civil, permitiendo que el individuo sea partícipe de la toma de decisiones y minimizando los riesgos de un poder abusivo. Insiste por último en la división vertical de poderes (además de la tradicional división horizontal a lo Montesquieu) como elemento esencial para compartir y controlar el ejercicio del poder, que establecerá responsabilidades claramente definidas para cada uno de los niveles de gobierno, además de posibilitar la transferencia de la soberanía fiscal.

En tercer lugar, Mònica Sabata, como presidenta de Focir, considera que el regionalismo pierde peso en Europa y para ello se sustenta en la escasa visibilidad del Comité de las Regiones y en la incapacidad de las regiones con competencias para decidir directamente sobre las políticas europeas. Sin embargo, centra su exposición en el nuevo concepto de la diplomacia pública, que consiste en ejercer influencia mediante canales de la sociedad civil, es decir, redes académicas, líderes de opinión, asociaciones empresariales, clubes deportivos, ONGs de toda clase, etc. lo que permite configurar redes no gubernamentales internacionales capaces de generar nuevas agendas políticas. La solidez de estas redes puede llegar a dar poder a nuevos actores o impulsar nuevos discursos (como sucedió por ejemplo con el cambio climático en sus orígenes), por lo que invita a trabajar en esta línea, particularmente en el área del Mediterráneo.

En el turno de cierre y debate, se resalta la diversidad conceptual de la propio idea de región dentro de la Unión Europea, donde comparten instituciones regiones muy diversas, con o sin competencias, industrializadas o agrícolas, regiones económicas, regiones políticas, regiones metropolitanas, eurorregiones, etc., lo que una vez más nos lleva a tratar de encontrar un punto de contacto entre todas ellas, que pudiera facilitar una canalización de sus inquietudes. Partiendo de la premisa de que no puede haber un traje a medida para todas (One size fits all), los ponentes consideran que el hecho de que no pueda etiquetarse no significa que no exista una regionalización en Europa. En mi opinión, existe una creciente regionalización, que tiene que ver con la globalización de la economía, y que trabaja en una dinámica paralela a la de los intereses nacionales. Ahora bien, ¿qué fue antes? ¿La gallina o los huevos de oro? Desde mi punto de vista, seguramente se está cursando un cambio de perspectiva interna en la Unión Europea, donde las regiones ya son una realidad, aunque no haya un proyecto previo y premeditado. Se trata de un principio conocido y derivado de la propia esencia del método europeo, aquel que va de lo pequeño a lo grande, de la concreción de la acción en objeto, de la eficiencia y de los flujos de financiación y actuación entre lo privado y lo público, elementos que, una vez ordenados, enriquecen las posibilidades del desarrollo de las regiones.

P.S.: Y salgo corriendo hacia la UAB, donde tiene lugar la Multiconferencia Euromediterránea de Investigación, organizada simultáneamente en 19 ciudades de las dos cuencas del Mediterráneo. Tomo notas sin cesar en las brillantes ponencias de mis profesores Blanca Vilà y Jordi Bacaria. Próximamente contaré. Por cierto, se incluye una ponencia mía, que compartiré aquí, una vez publicada.