miércoles, 5 de mayo de 2010

Decisivas elecciones británicas


Mañana, 6 de mayo, los británicos están convocados a las urnas, en unas de las elecciones generales más reñidas que se recuerdan. Los pronósticos son tan inciertos que marcan prácticamente un empate técnico en intención de voto a los tres candidatos. Si meses atrás el claro favorito era el líder Tory, David Cameron, desde hace apenas un par de semanas, el líder del partido LibDem, Nick Clegg, se perfila como la gran revelación, aupándose hasta unas cotas de intención de voto de alrededor del 30%, mientras que el actual primer ministro, del partido Labour, Gordon Brown, aún estando en horas bajas, resiste el tirón y mantiene un porcentaje cercano al 28%.

Si en el año 2005 Brown consiguió llegar a Downing Street con una participación baja (61,4 %), mañana se espera un incremento importante de ese índice, ya que la campaña ha sido muy intensa y parece que el efecto Clegg ha movilizado a muchos indecisos. Los analistas coinciden en augurar una legislatura complicadísima, ya que el Reino Unido tiene un déficit público del 11,6%, cercano al de Grecia, aunque con inferior endeudamiento y una estructura económica más saneada, gracias al índice de exportaciones.

Sin embargo, el primer reto del gobierno entrante es sanear el presupuesto público, lo que implica una reforma profunda del Estado. Auguran un mandato incómodo, en el que se especula con distintas rebeliones de carácter sindical. Este es el contexto que ha llevado a Cameron a insistir en la necesidad de un gobierno de mayoría, que pueda establecer un liderazgo consistente y rotundo. El mismo argumento lleva a Clegg a apostar por un cambio de sentir político, que rompa con rigideces del pasado, y que involucre a un nuevo consenso social en el Reino Unido (fíjense en un detalle significativo en la web oficial del partido). Por lo demás, Brown es el que tiene menos argumentos para defender una gestión de gobierno que, por distintas circunstancias externas e internas, ha resultado bastante gris, sobre todo en la última legislatura laborista, que suma ya 13 años gobernando. La buena noticia es que los tres líderes tienen una idea de proyecto de país (echen un vistazo) y ninguno de los tres líderes se plantea una limitación de las políticas sociales, bien al contrario, los tres asumen la necesidad de mantener y mejorar el NHS (National Health Service), lo que requerirá de verdaderos ejercicios de malabarismo, en una era de obligada contención del gasto público. Y es que la moderación presupuestaria es prescriptiva para todos los Estados, incluso para los que no pertenecen a la zona euro.

Hablando de euro, el único de los tres candidatos que se muestra partidario de conducir al Reino Unido hacia el euro es Nick Clegg, quien se compromete a realizar un referéndum al respecto. Clegg es el único líder británico europeísta sin complejos, que además ha transmitido en la campaña la idea de que solamente integrándose de pleno en el mayor mercado del mundo (la Unión Europea), el Reino Unido podrá evitar quedarse atrás en competitividad, justicia y prosperidad para sus ciudadanos.

No suelo decantarme demasiado políticamente, aunque sí lo hago en favor de aquellos políticos integradores, aquellos con capacidad y voluntad de unir y no de dividir, por ello creo que esta vez no hace falta que exprese cuál es mi preferido, resulta obvio que me sale de dentro animar a mis amigos británicos a votar por Nick Clegg, sobre todo porque por primera vez existe la posibilidad de romper con un bipartidismo dominante, que no refleja la realidad plural del país, hasta el punto de que la ley electoral distorsiona el nivel de apoyo real de los partidos.

El votante se enfrenta mañana al apasionante reto de cambiar la política británica para siempre. Incluso por la salud democrática. Este vídeo ilustra perfectamente esta idea (los Libdems con el mismo apoyo que los Labour obtienen 188 escaños menos, ¿sorprende?). Es imprescindible que en esta legislatura se aplique esta reforma, algo que sería un gesto para hacer sentir a la ciudadanía que sus votos son tenidos en cuenta, y que tienen una incidencia política que va más allá del simple criterio de la gobernabilidad. La cultura pactista es saludable y haría mucho bien en la tradición política anglosajona, y por ello el aire refrescante que aporta el proyecto equilibrado de Clegg merece un gran respaldo. Como europeísta convencida apuesto por una plena integración del Reino Unido en la Unión Europea, integración política, económica y, por supuesto, también en el euro. Me alegraría enormemente tener a un Premier que quisiera poner a los británicos en el corazón de Europa, que es donde históricamente debieron y deben estar. It's never too late!