sábado, 17 de abril de 2010

Los entresijos de la Asamblea Euromediterránea y el escenario internacional

Amaneció ayer viernes lluvioso en Barcelona, coincidiendo con un acto en la sede catalana del Parlamento Europeo organizado por el profesor de la Cátedra Jean Monnet, Garzón Clariana. El objetivo del acto es desmenuzar los entresijos del funcionamiento de la Unión para el Mediterráneo (organismo supranacional con recién estrenada sede en Barcelona) y más concretamente la Asamblea Euromediterránea (conocida como APEM). Por motivos de trabajo me he perdido la primera sesión matinal, donde se han abordado los aspectos más institucionales de la Asamblea y el funcionamiento de las interparlamentarias de la Unión, este último asunto tratado por el Sr. Nickel, DG de Políticas externas del Parlamento Europeo. Por cierto, debido a la nube volcánica que desde ayer invade el espacio aéreo del continente europeo procedente de Islandia, dos ponentes se quedan atrapados en Bruselas sin poder asistir, en concreto los eurodiputados Obiols y Romeva. Con todo, la parte que he podido presenciar ha sido formidablemente ilustrativa, y hasta provocadora en algunos momentos. Acostumbrada a presumir de puntualidad, no sé si la presencia de la lluvia en la ciudad es suficiente excusa, pero cuando logro llegar al Aula Europa ya está interviniendo el último ponente de la primera mesa redodna, el Sr. Biad, profesor de la Université de Rouen, centrado en los valores añadidos que aporta la Asamblea en las relaciones entre las dos cuencas mediterráneas. En su conclusión, contradice a aquellos que afirman que los Derechos Humanos dividen a las dos riberas mediterráneas, y destaca la universalidad de estos derechos, animando a la Unión Europea a desempeñar su papel económico y político, también en el diálogo interparlamentario, y planteando la necesidad de insistir en la vía del acuerdo entre las naciones implicadas.


Breve pausa, y la Dra. Esther Barbé abre la segunda mesa redonda, en la que debían tratarse los tras grandes ámbitos de acción del partenariado Euromediterráneo, si bien una de las patas quedará coja por la ausencia del diputado Romeva, quien debía tratar la vertiente social y cultural. Barbé señala muy bien y de forma muy concisa los desafíos que afronta el Parlamento Europeo en el contexto de la Unión del Mediterráneo, donde deben establecerse dinámicas para que los miembros de la cuenca sur se impliquen en la participación intergubernamental, para ello la dra. ha usado un anglicismo, el ownership, en el sentido de identificación con las instituciones por la parte de los países que no son miembros de la UE, aunque siempre bajo el liderazgo de la Eurocámara, que puede además aprovechar el momentum que aporta la reforma del Tratado de Lisboa. Asimismo cuenta Barbé que se observa una deriva funcionalista en la UMed, en el sentido de que en lugar de poner el foco en la legitimación vía democracia, o representatividad, se busca por medio de la eficacia, es decir mediante resultados del tipo económico, cosa que desvirtuaría el aspecto político más prometedor de la UMed, que es precisamente la posibilidad de asentar el parlamentarismo en la institución, y en cada uno de los Estados que forman parte de ella.

Salvador Garriga, eurodiputado del Partido Popular Europeo, y miembro de la Comisión de Economía de la Asamblea Euromediterránea, expresa una posición institucional, y también personal, al señalar la relevancia de la vertiente presupuestaria de la Asamblea para elevar la prosperidad y el nivel de vida de unos países, cuyo futuro está ya ligado por la propia globalización de los intercambios, donde sorprende que entre los dos territorios que une el estrecho de Gibraltar existe la diferencia de renta más grande en el mundo civilizado. Con todo, entre las dos riberas del Mediterráneo se realizan todavía limitados intercambios de carácter regional, a excepción del gran volumen que representan los hidrocarburos (especialmente con Argelia y Egipto). Desde 1995, gracias al impulso que representó el Proceso de Barcelona, la asociación Euromed ha permitido que la sociedad civil de los países implicados entre en el juego, ha logrado la creación de centros de investigación, y ha impulsado la presencia de los tratados de libre comercio, con las consiguientes rebajas arancelarias, todo ello traducido en un incremento anual del 10% de las exportaciones de la ribera sur en el período 2000-2006. Con todo, la inversión privada directa de la UE en la cuenca sur sigue rondando el 3%, cifra claramente superable, en países que presentan una pirámide poblacional sana, con gran potencial de futuro, si bien no exenta de riesgos de conflictividad social si no se canaliza adecuadamente la política de creación de empleo.

En cuanto a la financiación de la Euromed, se destaca el instrumento europeo de vecindad (ENPI), que en las actuales Perspectivas Financieras de la UE, o sea las que llegan hasta 2013, incluye un total de 11.181 millones de euros, que en su 95% irán destinados a programas plurinacionales de cofinanciación de los procesos de fortalecimiento de los sistemas de gobierno, mientras que el restante 5% se destinará puramente a la cooperación transfronteriza. Los programas ENPI sustituyen a los antiguos MEDA, en los que Garriga se explaya largo rato desgranando algunos de sus logros más importantes, llegando a ponerlos como modelo del estilo de financiación y de proyectos que es capaz de desarrollar la Unión Europea.

Operativamente, el BEI es el que dota la financiación para el Partenariado, y lo hace por mandato expreso del Ecofin (Consejo de Ministros de Economía de los Estados miembros). Actualmente los tres proyectos en marcha son: 1) la descontaminación del Mediterráneo, 2) el plan Solar Mediterráneo, para la producción de energía solar, y 3) las autopistas del mar, relacionadas con los aportes de agua. En este punto, cabe indicar la presencia del plan del Banco Mundial con su Clean Technology Fund, que parece prometedor para las aspiraciones de la Euromed. En este contexto, es pertinente responder a la pregunta que plantea Garriga, en relación con el reto que supone traspasar la energía producida en la cuenca sur al territorio de la Unión Europea. Este gran desafío entronca con los estudios que se están desarrollando sobre la viabilidad de un cableado que permita transportar energía eléctrica a través del estrecho de Gibraltar. Por ahora, los costes de la infrastructura superan en mucho a la energía generada o recibida.

El ponente aprovecha esta etapa de su intervención para alabar profusamente la labor del BEI y reivindicar su función como seña de identidad de la Unión Europea, y como verdadero instrumento financiero de Europa en el mundo. A través del BEI, Europa es el mayor donante de ayuda humanitaria en todo el planeta, en programas de cooperación, y aportaciones financieras, vinculados siempre a la exigencia de respeto a los derechos humanos y a la democratización de los países receptores de fondos europeos. Todo ello refuerza el carácter genuinamente comuntario del BEI. En esta línea, Garriga rebate a aquellos que se muestran partidarios de crear un Banco Euromediterráneo de Desarrollo, que según se ha propuesto estaría constituido en un 51% con capital del BEI y en un 49% con contribuciones de los estados de la cuenca sur. Para el ponente esto supondría crear una institución financiera que ya no sería estrictamente europea, además de ser innecesaria. En buena lógica, lo razonable sería dotar al BEI de mayor capacidad financiera para seguir impulsando proyectos de financiación en infrastructuras, empresas, e incluso canalizarlo mediante préstamos y capital privado.

Al margen de estas prospecciones futuras, lo cierto es que actualmente el BEI promociona el libre comercio en los países del sur del Mediterráneo, en acciones concretadas mediante la financiación de 25 proyectos, que pretenden que realmente estos países (con democracias poco o nada desarrolladas) consigan crear una plataforma segura para el desarrollo económico y social, a través de la liberalización del comercio. Uno de los problemas que no debe pasar desapercibido es el escaso grado de integración que (paradójicamente) existe entre estos países de la ribera sur, hasta el extremo de que constituyen la zona del planeta con menor integración regional, siendo los intercambios comerciales entre ellos mínimos. Una de las explicaciones que apunta Garriga es la ausencia de un marco libre de funcionamiento para las pymes, ahogadas por un intervencionsimo y un marco regulatorio que distorsiona su funcionamiento. Por lo demás, el gran objetivo común entre la UE y estos Estados debería ser fijar la población activa en estos países del sur y no forzar una inmigración de baja calidad, con dos efectos perniciosos: despoblar al sur de su mejor arma (el capital humano formado) y producir tensiones migratorias en la UE. Destaca por tanto problemas que tienen que ver con la lógica regional y, para concluir la intervención, Garriga insiste en recordar que la Unión Europea debe seguir desarrollando un modelo de cooperación en el mundo, como una seña de identidad propia, y como oportunidad de recuperar el liderazgo de Europa, actualmente algo desdibujado, en el escenario internacional.

La tercera intervención corre a cargo de Stelios Stavridis, Investigador Senuor de ARAID, y experto en gobernanza mundial. Su discurso se centra en el ámbito de la diplomacia parlamentaria y la resolución de conflictos internacionales, aunque sin duda, dará mucho más de sí, y llegará a provocar ciertas encontradas reacciones y reflexiones. La primera gran pregunta que lanza al aire es por qué todavía somos incapaces de definir el sistema internacional actual, y seguimos hablando de pos Guerra Fría, cuando ya hace más de veinte años que cayó el Muro de Berlín. En este sentido, el ponente destaca el duopolio que ha surgido, formado por Estados Unidos y China, esta última generando graves trastornos en el Sistema Internacional, básicamente por dos factores, porque China ofrece dinero pero no democracia, es decir inyecta fondos a países sin exigencias en cuanto a derechos humanos, y por otro porque China paga la mayor parte de la deuda estadounidense.

Es decir, estamos en un momento de inflexión en que el arquetipo de la Unión Europea como potencia civil, aquella suma de democracia y derechos humanos, está perdiendo capacidad de influencia en el escenario internacional. Para el orador una de las cuestiones a plantear es hasta qué punto los decisores en el ámbito internacional deben formar parte de un sistema de democracia indirecta. Pone como ejemplo de la primacía de la democracia directa, en el propio Parlamento Europeo. En cuanto a la APEM, ésta forma parte de las setenta asambleas parlamentarias que existen aproximadamente por todo el mundo, lo que en principio parecería una señal de la extensión del parlamentarismo al ámbito de las RR.II., en el sentido de fomentar la gobernanza multinivel y dotar de fundamento moral al foro político, si entendemos los parlamentos como tribunas morales con efecto de socialización. Aún así, en el mundo de la diplomacia, lejos de ser electos, los cargos son longevos y no sometidos a control electoral alguno, lo que hace que el ponente no sea optimista y constate que el realismo sigue dominando, a pesar de que reconoce que en la resolución de conflictos la diplomacia parlamentaria juega en papel brillante.


En el caso que nos ocupa, el Euromediterráneo, Stavridis no puede evitar dejar patente su frustración, y denuncia que en las reuniones los parlamentarios de los países árabes defienden en bloque, y sin argumentación alguna, las posiciones de sus gobiernos. Comenta que siempre se posicionan en favor del elemento palestino y en caso alguno hay valoración moral o ética, algo totalmente incomparable a lo que ocurre con los parlamentarios que representan a la Unión Europea. Cierto es que la UE tampoco ha sido capaz de cuajar una posición común en política exterior, como también lo es que las reacciones en clave nacional se siguen expresando a nivel interparlamentario, pero lamenta que los países árabes consigan demasiado a menudo que las reuniones de la APEM acaben totalmente dominadas por el conflicto de Oriente Medio, y que a fin de cuentas se diluciden en posiciones totalmente maximalistas por parte de los representantes de unos países altamente jerarquizados, que además no viven en sociedades abiertas, y que simplemente deberán rendir cuentas ante su jefe al regreso.


Si bien sabemos que el conflicto israelí-palestino no debía formar parte de los objetivos a tratar en la UMed, tras escuchar la intervención de Stavridis una se queda con la sensación de que ese conflicto parece impregnarlo todo. En todo caso, en la APEM sí procede tratar estos asuntos, así la diplomacia parlamentaria entre los Estados de la Asociación trabaja teóricamente sobre tres conflictos: el de Oriente Medio ya mencionado, el de Chipre y el de Sáhara Occidental. Por ello se pregunta el orador por qué jamás se ha tratado el conflicto saharaui en un comunicado oficial, y sugiere que tal vez este sea el ejemplo más claro de que no hay interés común entre todos los estados de la Asociación. A esto se suma un mal de raíz y es la carencia de consenso sobre las reglas de juego, algo que impide avanzar. Para Stavridis el estancamiento es de tal magnitud que se pregunta si no sería adecuado que la UE empezara a aplicar algún mecanismo de sanciones económicas para obtener resultados políticos. Se pregunta por qué el Parlamento Europeo se muestrar tan reacio a utilizar esos recursos. Entretanto, y como se ha dicho, la ONU reconoce que la Unión Europea pierde influencia en sus órganos de decisión al ver que muchos países que en la década de 1990 se alineaban con Europa, en estos momentos optan por la posición china. Y se lamenta, para concluir, de la relevancia de los países soberanos en detrimento del potencial que representa la Unión Europea, cuyo Parlamento debe establecer un modelo a seguir.

Una vez concluida esta intervención, la Dra. Barbé recuerda que cabe establecer una distinción y es que en la Declaración de Barcelona de 1995 se establecía en sus artículos iniciales que el Proceso de Barcelona no se abría como foro para resolución de conflictos. Parte de la audiencia entra en debate, algunos ponen en cuarentena la visibilidad de las acciones internacionales de la Unión Europea, la pérdida de relevancia en los organismos internacionales, la incidencia del estilo de practicar la cooperación de China, y en el turno de preguntas algunas de las cuestiones que se lanzan al aire son por qué las interparlamentarias en el Magreb y en las zonas del sur están dominadas por los Estados que forman parte de la cuenca sur, o por ejemplo cómo se resuelven los cambios de postura en política exterior debidos a los cambios de gobierno nacionales en aquellos casos en que el PE debe adoptar una posición común (dice Garriga jocosamente que "para eso Dios creó a los funcionarios"), y justamente ahora que hablamos de cuestiones que encantarían a los expertos en institucionalismo, los ponentes nos invitan a plantearnos hasta qué punto disponemos de mecanismos e instituciones capaces de democratizar la política internacional, y llegar a institucionalizarlas en el mundo.


Garriga es partidario de insistir en la vía de la cooperación con instauración de valores democráticos y de respeto a los derechos humanos como único modelo posible, y recalca la necesidad de lograr una visibilidad de la Unión Europea y potenciar su relevancia y señas de identidad, destacando que es tan importante ganar prestigio como saber de qué manera nos ven los demás. Por eso las dinámicas de condicionalidad positiva (condicionar ayudas a derechos humanos) son más sugerentes que las dinámicas negativas (sanciones). Finalmente, Stavridis lanza una reflexión al aire que tomo y subrayo, dice que debemos prestar atención a las regiones que se están integrando a una velocidad enorme y sin instituciones, por ejemplo en Asia. Esta idea me recuerda a las tesis de Ohmae sobre el final de la era de las naciones y la emergencia de la regionalización en el mundo, una de mis tesis preferidas, aunque está por ver si éstas podrán prolongarse en el tiempo sin algún grado de institucionalización. Prometo investigarlo...

Satisfechos, ponentes y audiencia, por el dinamismo de la conferencia, salimos al Passeig de Gràcia a saludar al espléndido sol en un cielo que, a lo largo de la sesión, ha borrado el gris. Pensando que acaso la nube volcánica también se haya desvanecido y esos centenares de miles de europeos que están inmovilizados en tantos aeropuertos, puedan por fin llegar a sus destinos.