jueves, 11 de marzo de 2010

Totalitarismos, democracias y gobernanzas...

Hoy en Bruselas no hay rastro de la última nevada. En Barcelona todavía se palpa el caos vivido hace 48 horas, cuando un grueso y helado manto blanco truncó los impulsos primaverales que ya eclosionaban con apetito.

Hoy se recuerda en toda Europa a las víctimas del terrorismo, seis años después de aquel 11 M madrileño de poliédricas consecuencias e imborrables heridas, de contradicciones y sentimientos agudizados.

Ayer el Parlamento europeo reprochaba la falta de libertades del régimen totalitario cubano, donde los ciudadanos son desposeídos de sus básicos derechos, no ya civiles, sino humanos, simplemente. El totalitarismo es tan viejo como simple. La Europa heredera de la francesa Revolución de la libertad, la igualdad y la fraternidad se propone dar lecciones a las autoridades cubanas en materia institucional, para "favorcer la cultura democrática". Alguna vez he leído a algún experto plantearse la democracia en términos de interrogante empírico, como si la democracia tuviera una importancia relativa, ¿no es acaso una cuestión de supervivencia? Daría por buena hasta una definición minimalista.

Hay regímenes que pretenden tener un control total y absoluto. El conjunto de reglas y leyes que nos rigen a los ciudadanos europeos garantizan nuestra libertad de elección, e incluso la representatividad por doble partida (sufragio directo y representantes de los gobiernos nacionales). En la constelación internacional, Europa es el sistema político que mayores garantías democráticas ofrece a sus ciudadanos. Ahora podemos hablar de las estructuras formales y de las informales, del poder blando, de nuestra innovadora configuración institucional y de nuestra capacidad de gobernanza, aunque muchos nos recordarán luctuosos antecedentes para constatar cuán insuficiente es la buena disposición al diálogo.

Si de algo es sinónimo la Unión Europea en el mundo es del diálogo, si bien concedo que en ocasiones se trata de una bienintencionada disposición que se topa con lo incierto. El lenguaje sigue siendo determinante en política, y hoy democracia y Cuba son antagónicas. Sin que deje de sorprenderme, los cubanos llevan décadas pagando facturas pasadas. Ojalá el esfuerzo europeo saldara esa deuda que nadie contrajo, y ojalá la noción de democracia volatilizara la intangibilidad de los peligros que se esconden tras tantos y tantos totalitarismos, los disfrazados y los que se muestran desnudos con toda crudeza.

Cuanto más nos adentramos en el conocimiento, más frágil se vuelve el suelo que pisamos, mayor inseguridad y menos certeza. Y sigue su curso la Presidencia española. Si de algo podemos presumir es de intensidad de agenda, se multiplican las conferencias, eventos y reuniones formales e informales por toda la geografía española. La piel de toro se va europeizando, y debo felicitar a los que han pergeñado la Presidencia por la amplitud de temas abordados.

En Europa se están produciendo debates de gran calado, que hemos ido comentando en este blog, y que apuntan a un gobierno económico, a una vertebración de la unión política, a futuras y nuevas ampliaciones, a retos importanísimos para 2020. Y en ese contexto, la Presidencia española está dando la talla y doy fe de que se trabaja duro por hacer política europea con contenido. Admito que se está superando mi escepticismo inicial. No debo precipitarme, pero en día me tocará hacer balance de la contribución española a este proyectos europeo tan querido, en este fugaz semestre, que está casi alcanzando su ecuador. Qué veloz transcurre el tiempo, cuando tan alto y bien dispuesto se encuentra mi ánimo.