lunes, 8 de marzo de 2010

Islandia, un caso sintomático

El resultado del referéndum ha sido tan aplastante como esperado. Un 93 % de votos negativos. Porcentaje arrollador y explicativo de hasta qué punto los asuntos de la cartera movilizan. Esta decisión de los islandeses afecta a dos Estados miembros, además de a Islandia, que suena -no sin polémica- como firme candidato a ingresar en la Unión. Reino Unido y Holanda son los dos acreedores. Se votaba la que se conoce como ley Icesave, que responde a la quiebra del banco Icesave, que dejó atrapados a 300.000 ciudadanos británicos y holandeses, lo que se tradujo en que sus gobiernos nacionales dedicaran 3.700 millones de € de dinero público para el rescate. Todo ello a cambio de un condicionante: que Islandia pagara dicho importe en un plazo de 15 años y a un 5,5% de interés.

Esta propuesta conjunta de ambos Estados miembros fue aprobada por el parlamento islandés, pero ha sido rechazada por los ciuadadanos en consulta este fin de semana. La propia primera ministra socialdemócrata, Sigurdartóttir, está desolada con el resultado del referéndum y cree que esto complicará la negociación con Londres y La Haya, y que además por efecto bola de nieve dificultará enormemente la llegada de fondos de otros Estados, e incluso de organismos multilaterales tipo FMI.

No es una situación nueva, porque Islandia ya tiene congelada la ayuda exterior desde hace unas semanas. Con todo, parece que el resultado de esta consulta no eximirá al país de devolver la deuda contraída con ingleses y holandeses. Cabe recordar que Islandia es un país en bancarrota, con una moneda hundida y un PIB negativo situado en -6,5% en 2009, arrastrando todavía las consecuencias de la crisis financiera, ya que los tres principales bancos islandeses habían experimentado un crecimiento espectacular a costa de la burbuja.

Desde Bruselas se insiste en que este incidente no tiene que ver con las negociaciones de adhesión de Islandia, aunque parece que se desencadenará una crisis de gobierno en aquel país ultraperiférico, algo que complicará más las cosas, sumado al hecho de que las agencias de rating han reaccionado con nerviosismo, y algunos comentaristas han interpretado el resultado del referéndum como un desafío a la comunidad internacional. Cierto es que Islandia es un país de larguísima tradición parlamentaria y democrática, pero la pregunta que cabe hacerse es si tenía sentido realizar esta consulta, si se ha planteado en los términos adecuados y a fin de cuentas si Islandia es un digno candidato a sumarse a una Unión Europea, que se fundamenta en valores como la cooperación, la cohesión, la solidaridad, el reconocimiento mutuo, el consenso y la reciprocidad.