jueves, 18 de marzo de 2010

Invitados (a marcharse)

Lo que está ocurriendo en la Eurozona durante este mes de marzo es un auténtico sinvivir, de cada tres noticias dos cuestionan la supervivencia del euro. Merkel tan pronto propone un FME como amenaza con la retirada definitiva del carnet de socio. Sarkozy, afortunadamente, no muestra tanta premura. Y es que nos seguimos haciendo preguntas muy diversas, como por ejemplo para qué sirve un nuevo cargo si los gobiernos son incapaces de pactar una política exterior, a pesar de que caigan misiles en Oriente Medio coincidiendo con la visita de nuestra ministra Ashton. En fin.

Otro ejemplo, ¿puede sobrevivir el euro si el núcleo duro se muestra tan desesperado como denota la sobreactuada Merkel? La alemana no es dada a la sobreactuación, y no es dudosa de pretender una Europa dividida. Hoy, noticias como este sorprendente (y casi alarmante) llamamiento a los griegos del mundo a rescatar al país no resultan precisamente alentadoras. El gobierno de Papandreu es literalmente incapaz de hallar soluciones. Fíjense que esto no me resulta tan extraño. Hay gobiernos que sencillamente no disponen de los antídotos o, si disponen de ellos, no saben como administrarlos. También los hay incompetentes, los que ni siquiere reconocen la existencia del antídoto.

De momento vamos a ser benévolos o bienintencionados, y así situaremos el escenario de la incertidumbre a largo plazo. Podemos apoyarnos en distintas opiniones solventes, como la expresada ayer por Padoa-Schioppa (autor del famoso Informe de los años ochenta sobre eficacia, estabilidad y equidad), uno de los padres del euro, ex directivo del BCE y muchas otras e ilustres cosas, quien asegura que el euro ha sido mucho más exitoso de lo previsto, incluso por él mismo. Compro el mensaje optimista, ¿cómo no? Éxito en cuanto a estabilidad, no lo dudo. Y en cuanto a audacia, también.

Si existe una muestra de que las decisiones audaces son posibles es la propia existencia del euro, una moneda que no está ligada a un Estado, sino que se adapta a las reglas internacionales y a los tratados. La diferencia de opiniones entre Estados miembros, no obstante, puede agravarse en las situaciones de crisis económica, y más aún, está por ver si los Estados miembros no anteponen sus intereses nacionales, cuando algunos países ya se han saltado las normas comunes por motivos de supervivencia estatal, aunque en nombre de esa supervivencia al final algunos hayan cavado su propia tumba.

Los miembros de la unión monetaria ahora mismo no saben a dónde mirar, esperan señales, por eso Alemania está presionando en favor de imponer normativas fiscales muy estrictas, mientras que Francia no pasa de apoyar vagamente un gobierno económico europeo que funcione en paralelo a la UEM.

Ambas opciones podrían complementarse, aunque -e insistiré hasta la extenuación- el único y gran problema de raíz en todo esto es la distancia existente entre la política monetaria y la política presupuestaria. Está fuera de la lógica pretender que una unión monetaria perdure en el tiempo, mientras la política presupuestaria no acompañe y garantice la amortiguación de las perturbaciones, crisis, golpes o incluso políticas económicas nacionales inadecuadas, pero en caso alguno apoyamos la exclusión de ningún Estado de la unión monetaria. Contextualicemos la salida de tono de Merkel en la política de ámbito alemán, aunque ni así pierde un ápice de gravedad. Diría que porque Alemania ha sido la máquina del euro, tanto que sin el marco alemán el euro no habría nacido, pero sobre todo porque nadie debe ser invitado a marcharse. La exclusión de algún Estado miembro sería la consagración de la ruptura con la esencia de la Unión Europea.