miércoles, 24 de marzo de 2010

Divorcio "a la europea"

O mejor dicho "estilo cooperación reforzada". Hoy la UE nos brinda un ejemplo práctico de lo que significa uno de los mecanismos propiamente comunitarios del que siempre he tenido una opinión favorable. Este artilugio institucional se instauró con el Tratado de Ámsterdam, en 1997, y permite que un grupo de Estados miembros entre en un proceso de integración más intenso para una determinada acción o área política. La ventaja es que aporta flexibilidad y permite reforzar la integración, generando un posible efecto que arrastre a otros Estados a adoptar ciertas políticas (véase como ejemplo el área de libre circulación Schengen), la desventaja es que podría consagrar una Europa de geometría variable, con una posible deriva desintegradora. Cierto es que en estos trece años de vida del mecanismo, nunca se ha producido una situación de retroceso político.

La Comisión ha lanzado hoy una propuesta para dirimir qué tribunal será competente en los casos de divorcio en matrimonios de distintas nacionalidades comunitarias, ya que los conflictos de leyes dan lugar a situaciones de especial complejidad jurídica y numerosos costes, dificultando los divorcios, incluso los de mutuo acuerdo. Con esta nueva ley, y cuando no haya acuerdo entre los cónyuges sobre el tribunal, se dará prioridad a la normativa del país de residencia habitual. Si ya no viven juntos, a la del último lugar de residencia conjunta. Si ninguno de los dos reside ya allí se aplicaría la legislación de la nacionalidad común de los cónyuges y, por fin, si son originarios y residen en Estados miembros distintos, la del tribunal al que se acuda. Como se ve, la norma no afectará a las legislaciones nacionales sobre divorcio, por lo que, en honor a la verdad, estamos lejos de un verdadero divorcio a la europea (como reza el título del post), aunque se facilitan los trámites para algunas parejas que puedan vivir el proceso de una forma más compleja.

Se han sumado 10 Estados miembros a la iniciativa ya que, debido a la exigencia de la unanimidad que impone el Derecho de familia comunitario, la propuesta no pudo sumarse el cuerpo legal de la Unión al prosperar el veto presentado por Suecia, cuando la Comisión había realizado la propuesta en el anterior mandato. El motivo del veto sueco es impedir que un tribunal suyo se vea obligado a aplicar una ley de otro Estado miembro.

La amenaza del veto es justamente el origen de este curioso mecanismo de integración, que en este caso ha resultado en una cooperación reforzada en la que participan España, Italia, Francia, Austria, Luxemburgo, Grecia, Bulgaria, Rumanía, Eslovenia y Hungría. Lo peculiar de la noticia de hoy no es que sea la primera cooperación reforzada bajo el Tratado de Lisboa, sino que se trata de la primera cooperación reforzada a instancias de la Comisión (el poder ejecutivo europeo) en toda su historia.