lunes, 22 de febrero de 2010

El irreconciliable doble mandato de Ashton

Que lady Ashton tendría que hacer malabares para no caer de la barra de equilibrio sobre la que transita, lo intuíamos, pero que tan pronto se fueran a visibilizar sus limitaciones tal vez no. Hoy es 22 de febrero, todos los ministros de Exteriores de la Unión están en Bruselas para la reunión del Consejo. Se siguen tratando de perfilar los nombramientos pendientes tras la instauración del Tratado de Lisboa, sobre todo con la intención de definir el cuadro del Servicio de Acción Exterior.

El Consejo representa los intereses nacionales, la Comisión es el Ejecutivo europeo (ratificado por el Parlamento, que es la soberanía ciudadana), y entretanto Ashton es la jefa de la diplomacia elegida por los Estados, aunque también vicepresidenta y comisaria de Exteriores, es decir debe lealtad al Consejo y a la Comisión, que no tienen necesariamente que tener los mismos objetivos y prioridades.

Todo esto viene a colación porque parece que a la británica le llueven los problemas. El último se deriva del conflictivo nombramiento del nuevo Embajador de la UE en Estados Unidos, el portugués Vale de Almeida (hombre de confianza y ex jefe de gabinete de Barroso), que ha sido el representante de la Comisión en los G-8 y G-20. Dicho nombramiento se ha efectuado según la norma que predominaba antes de Lisboa, es decir por cuenta y riesgo de la Comisión ya que, como sabemos, antes del actual Tratado las delegaciones de la Unión eran oficinas de la Comisión y no embajadas de la Unión, como es el caso.

He ahí el problema, si ahora existen embajadas, se espera que Ashton nombre embajadores, al menos así lo interpreta el ministro de Exteriroes sueco, Bildt (en la imagen junto a Barroso), que anteayer remitió una carta a Ashton solicitando explicaciones sobre el nombramiento de Almeida, y mostrando su disconformidad con el proceso. Bildt duda de la transparencia del nombramiento, y de la idoneidad del candidato ahora que EE.UU. atraviesa algunas dificultades con la Unión, tras la negativa del Parlamento Europeo a facilitar los datos SWIFT de los ciudadanos europeos a las autoridades estadounidenses.

Sea como sea, la carta es una muestra más de la rivalidad institucional que sigue existiendo en la Unión, a pesar del encaje de bolillos que el Tratado consigue entretejer. Por mucho descontento que haya, debe decirse en rigor que los Estados miembros habían sido informados previamente, y poco parece que se podía hacer por evitar el nombramiento, con el riesgo añadido de no lograr más que acrecentar el descrédito actual de la Unión como actor internacional. Tal vez Barroso, consciente de ello, aprovechó que la circunstancia de “vacío legal” le era favorable.

Objetivamente Barroso no ha incurrido en ilegalidad alguna, porque (por paradójico que parezca, estando ya Lisboa en vigor) la nueva arquitectura institucional y la nueva forma de realizar nombramientos todavía no está pactada, y la Comisión aún ostenta de facto el poder de nombrar embajadores. Ashton debe ponerse manos a la obra cuanto antes para evitar que con cada nuevo nombramiento se produzcan estas situaciones de confusión.

En mi opinión, el primer objetivo deber ser demostrar que la Comisión es el verdadero gobierno supranacional de la Unión, y que en caso alguno los Estados miembros pueden interferir continuamente en la gestión política que ésta realiza. Ashton debe cuanto antes dejar de transmitir la sensación de que los nombramientos en el entorno comunitario se van sucediendo, sin más efecto que el de difuminar el liderazgo real de Europa en la escena internacional. De ser cierto que no existe Política Exterior de la Unión, como denuncian algunos malintencionados, el auténtico mandato de Ashton es lograr que se materialice sin prisa pero sin pausa. Para eso se concibió su cargo.