domingo, 7 de febrero de 2010

Desdibujada política exterior

Por mucho que Lisboa diseñe una política de seguridad común, como nos recuerda hoy Westerwelle (mientras Ashton observa), en la clausura de la Conferencia de Seguridad de Múnich, el talón de Aquiles de la credibilidad política de la Unión es precisamente la ausencia de una posición común, en todo lo que extralimita sus fronteras. Las divergencias que ni siquiera el brillante y entregado Solana (hasta hace un par de meses Mr. PESC) pudo mitigar, rebrotan en cada conflicto.

En la edición del año pasado, Solana lamentaba que Rusia y la UE no alcanzaran un acuerdo sobre Kosovo, porque la primera era contraria a la secesión (España también, por cierto), mientras la UE se mostraba mayoritariamente proclive al reconocimiento de la todavía provincia sur de Serbia. El pasado viernes nuestro ministro de Exteriores, Moratinos, compareció en el Parlamento europeo donde no se arrugó en exigir a la cámara que diera prioridad a las iniciativas españolas, ya que Presidencia ha concretado medidas sobre política de vecindad, con el arco Mediterráneo y África, que deberían traducirse en decisiones comunitarias concretas. A todo esto, Ashton observa.

Son varias las propuestas españolas, pero hay un ejemplo que ilustra además a la perfección el mal endémico del desencuentro ideológico, me refiero a la presentada por España hace unos días con respecto al levantamiento del embargo de la venta de armas a China, que se estableció en 1989, tras la masacre de Tiananmen, y que también mantienen los Estados Unidos. ¿Hay alguna garantía democrática en China que permita levantar dicho embargo? Moratinos manifiesta que el gobierno español está valorando pros y contras de levantar ese embargo, considerando que China es un socio de primera en el mundo, posición que comparte Francia, pero no muchos otros Estados de la Unión. Además, el Parlamento europeo votó en contra del levantamiento de la prohibición en 2008, antes de las elecciones, aunque es posible que votaran en los mismos términos a día de hoy. Por lo demás, dado que este ámbito decisorio requiere unanimidad, parece que las posibilidades de que fructifique alguna iniciativa son nulas.

Este es un simple ejemplo de lo remotamente lejanos que estamos de perfilar una política exterior común, que consagre una posición común de los 27 en un área tan compleja como es la de las relaciones internacionales. Insisto, si de Lisboa podemos extraer la conclusión de que el objetivo es disponer de un ejército europeo, sometido al control parlamentario de la Unión Europea, a día de hoy ni siquiera podemos hablar de política exterior común. El "choque ideológico" que en otros parámetros de las políticas públicas se ha ido difuminando, aún es muy visible en las relaciones entre Estados que tienen que ver con actuaciones estratégicas y de seguridad.

España asegura que las presidencias rotatorias deben utilizarse para reforzar las políticas de vecindad. Moratinos se explaya el viernes desgranando la posición española en asuntos de lo más diversos. Ashton observa. Sigue el ministro de Exteriores español proclamando textualmente su entrega y disposición a Ashton, poco antes de confesar su deseo de luchar contra el sentimiento de irrelavancia de la Unión Europea en el mundo.

Por cierto, Rumanía va a acoger el famoso escudo antimisiles norteamericano que Polonia deseaba, ¿recuerdan? La noticia de última hora es que el Irán de Ahmadineyad decide enriquecer uranio al 20%. El momento elegido para lanzar la amenaza no es casual. Así se juega todavía en el escenario globalizado pero, a pesar de todo y aunque no suene demasiado académico, los hechos nos demuestran que en política internacional siempre hay un roto para un descosido, que no es poco.