jueves, 4 de febrero de 2010

Cuando se negaba la evidencia

Hoy una ola de pesimismo invade las redacciones. Lean cualquier diario español, los columnistas y los cronistas de todas las tendencias empiezan a dar señales de colgar las botas en el que ha sido el deporte nacional durante mucho tiempo, demasiado: negar la evidencia. No podemos negar la evidencia, aunque nos duela. Tras el sonrojo del Foro Económico de Davos la semana pasada, ayer el gobierno español presentó su Informe de Estabilidad a la Comisión, un documento que incluye las directrices políticas que propone la Presidencia española para superar la crisis, y en especial lograr la estabilidad en la Eurozona hasta 2013.

Si ayer hablábamos de la vigilancia exhaustiva que someterá la Comisión a Grecia, no podemos negar ni un día más que esas nubes negras amenazan a los países periféricos de la Unión por su cara sur. Las cifras de déficit superan el 3% en varios países, también el límite del 60% para la deuda externa. España arojó un déficit de 11,4% en 2009, aunque la deuda externa se situó en un bastante razonable 55,2%, aún así España es el país con el índice más elevado de desempleo de toda la Eurozona, cerca del 20 %, duplicando el promedio de los países donde el euro es la moneda de curso. Sumemos a ello el previsible descenso de precios en el sector inmobiliario, y los miles de inmuebles vacíos que proliferan a lo ancho y largo del país.

A pesar de este escenario, sí es posible que España logre algún día revertir el déficit, pero lo tiene más complicado que otros países por el índice de paro y el lento ritmo de crecimiento de nuestra economía. Por lo demás, el sistema bancario español goza de un gran prestigio y solvencia, aunque también se han producido hace pocas semanas rescates para recapitalizar la banca, bajo los auspicios de la propia Comisión europea. Con todo, las principales entidades bancarias españolas arrojan resultados muy buenos, como BBVA y especialmente Santander, quienes han sabido gestionar adecuadamente el vendaval financiero. Vaticinan, en cambio, que 2010 será un mal año, por el ajuste del precio de los créditos.

¿Por qué no crecemos? Tal vez porque nuestro sector industrial ha quedado reducido a la mínima expresión, porque nuestros salarios han sido demasiado altos durante demasiado tiempo, tal vez porque no disponemos de mano obra cualificada para competir, o porque otros producen mejor y más barato, y no me refiero sólo a los chinos. ¿Reformas estructurales? Sin duda, aunque cuando lleguen puede ser demasiado tarde. Dicen fuentes informadas de Bruselas que el gobierno español presentó un informe a las 12 horas del mediodía de ayer, con la propuesta del retraso de la edad de jubilación o el recálculo de las pensiones a los 25 años de cotización (en lugar de los 15 vigentes). Dicho informe fue substituido por otro tres horas más tarde, aduciendo que aquellas propuestas se presentaban a modo de ejemplo y que en caso alguno eran vinculantes.

Las malas lenguas no son más que eso, y no merecerían más crédito si no fuera cierto que España está bajo sospecha en los mercados y foros internacionales. Almunia ha reconocido que compartimos problemas con Grecia y Portugal. Hoy el IBEX ha vuelto hablar.

Sé que estas afirmaciones contribuyen a incrementar el riesgo-país, pero sé que alguien tiene que tomar decisiones políticas para que se recupere la confianza. Mi voz no pretende sembrar alarma, sino que es una humilde invitación a que alguien reaccione de forma drástica, que tome decisiones quien tenga que tomarlas.

Tengo el convencimienta de que saldremos de ésta, como lo tengo de que hemos perdido tiempo y oportunidades. La Presidencia española está saliendo bien, pero hay que subir el listón en estos cinco meses que todavía quedan por delante, hasta ceder el testigo a Bélgica. Este es un buen momento para demostrar que hay capacidad de reacción en la política doméstica. No es momento de nerviosismos ni de reproches, acaso uno: demasiado tiempo negando lo que era evidente. Demasiado tiempo sin tomar decisiones. Decisiones valientes.